sábado, 5 de noviembre de 2011

«No vayas por la vida con esa actitud»

«A los 17 años aprendí que lección que nunca olvidaré. Un día el director del Instituto entró en nuestra clase con una inmensa hoja de papel blanco, un metro de largo por un metro de ancho, que tenía un pequeño punto negro en una esquina. La extendió ante nuestros ojos y nos preguntó:
-Muchachos, ¿qué ven?
Todos gritamos al unísono:
-¡Un punto negro!
Él movió con tristeza la cabeza y dijo:
-¿Ninguno de ustedes ha sido capaz de ver esta hoja de papel blanco? Muchachos, no vayan por la vida con esa actitud». Kofi Annan (Ex-secretario de la ONU)

viernes, 4 de noviembre de 2011

Poner a Dios en el centro de nuestra familia

Tener a Dios en el centro de nuestra familia significa mucho más que la bendición diaria de la mesa o tener un crucifijo en el comedor…
Tener al Padre en el centro implica diálogo amoroso con el esposo, la esposa y  los hijos; amor sin condicionamientos, sin  frases hirientes u ofensivas como “Te voy a querer si te comportás de tal  o cual manera” o “ Me has defraudado, yo quería que estudiaras tal carrera” o  “ No actuás como yo lo hubiera hecho…”
Tener a Dios en el centro es sonreír a todos los que viven en mi hogar, abrazar con ganas, decirles cuánto los amo muchas veces en el día…
Enseñar que Dios es un Padre bueno y que nos ama con locura, es educar a los hijos en la esperanza cristiana, es intercambiar opiniones respetando las de los otros, es divertirnos y jugar juntos…
Tener a Dios en el centro de mi familia es mirar a la familia de Belén y pedir la gracia de actuar como ella en los momentos de alegría y en los de tristeza. No es tener la estampita de José, María y Jesús en la mesita de luz y creernos buenos por ello…Es enseñar valores, pero antes practicarlos. Es no exigir de mi familia lo que no puedo dar, es no engañar y es  pedir perdón cuando nos equivocamos. Es hablar con la verdad aunque dura sea y expresar el amor en obras y con gestos…
De qué sirve colaborar con los de “afuera” si dentro de mi familia reina el caos, si no escucho a los míos y no hay en mi casa calor de hogar? Es que acaso el "afuera" se ve, y el "adentro" no?
Pidamos a Dios que se ubique en el centro de nuestra familia, que nos eduque en el verdadero amor, ese que es sincero, “jugado” y  que no ahoga... Ese que siempre ve el vaso medio lleno, ese  que brinda cobijo, abrigo y consuelo…

Alejandra Vallina

«La belleza de lo creado...»

Con palabras de San Agustín: "Hay algunos que leen libros para encontrar a Dios... La belleza de lo creado es un gran libro... Contempla, examina, lee todo lo grande y lo pequeño... Dios no se sirvió de letras para que le conocieras..., sino que puso delante de tus ojos las cosas mismas que hizo."
Con palabras de san Ignacio de Loyola: " No el mucho saber harta y satisface el alma sino el sentir y gustar internamente de las cosas."

martes, 1 de noviembre de 2011

«Celebrar»

Convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado. Lc 15, 32

Celebrar es aquel verbo lleno de belleza y de misterio que reúne el descansar, disfrutar,alegrarse,  expresarse, acoger y agradar. Es un verbo que supera esta tierra, porque de algún modo la bienaventuranza del cielo no es sino una inmensa celebración...
Es tan connatural al hombre, que no conocemos una sola cultura, ni antigua ni moderna, que no tenga sus rituales, sus fiestas y sus celebraciones...Ya se trate de conciertos de rock, festivales o celebraciones íntimas, todos los pueblos tienen algún género o muchos géneros de celebración. Tal parece que todos necesitamos ponernos solemnes alguna vez, y todos necesitamos llorar juntos alguna vez, y todos necesitamos alegrarnos juntos alguna vez y muchas veces...Han advertido las caras largas y la mirada agria de las personas que no celebran? Aquellas que no encuentran motivos de celebración, que se han olvidado de expresar el gozo  y el disfrute? Disfrutar con amigos es una de las mayores bendiciones que Dios nos ha regalado....No es triste pues que haya gente que no haya sabido cultivar la amistad y la celebración de la amistad? Personas que viven para hacer, rendir, ganar, triunfar...pero jamás celebran?
En la vida cristiana cuántos momentos tenemos para celebrar!!! El nacimiento del Señor, la Pascua de Resurrección, fiesta de santos y de nuestra Madre del cielo María...

Sería muy bueno orar con algunas de estas preguntas:
. Qué celebras en tu vida?
. Compartes y participas en las celebraciones de otros?
. Cuál es tu manera de celebrar, de qué forma?
. Piensas que hay muchas ocasiones en la vida para celebrar; o más bien pocas? Si pudieras aquí hacer una pequeña lista, tal vez te ayudaría a visualizar cuántas ocasiones diarias de celebración  te regala el Señor.
. Cuáles son los motivos de celebración en tu familia?
. Para qué celebras?

Si volviera a vivir, sería más flexible. Tendría más preocupaciones reales y menos imaginarias. Si hubiera de repetir mi existencia, viajaría más liviano la próxima vez. Contemplaría más salidas de sol y jugaría con más niños...

Celebra, celebra, celebra porque siempre hay motivos para celebrar...

domingo, 30 de octubre de 2011

Cansados de oír y hartos de ver.

«Indignados por lo que oímos y escandalizados por lo que vemos». Esta realidad sigue latiendo en el corazón y en los pensamientos de muchas personas en este tiempo aunque no podemos negar que el sentimiento generalizado sea de apatía y descreimiento.
En muchas ocasiones hemos comprobado que la hipocresía parece ser el modo común que tenemos para relacionarnos entre nosotros. La hipocresía se pasea por nuestras calles,  adquiere prensa en televisión, espacio de difusión en las cadenas de radio y se sube a los estrados y escenarios para hablar con total descaro e impunidad.
Hace tiempo que la hipocresía se ha puesto de moda pero nunca como ahora que marca tendencia entre nosotros. La hipocresía es uno de los venenos más mortales para hombre. Vivir en la hipocresía  es tal vez la manera más acertada para destruir  la confianza, la verdad y el amor.
Si en nuestras familias, lugares de trabajo, en la iglesia y, sobre todo, si en los espacios de actividad pastoral o espiritual se filtra la hipocresía destruirá lentamente todo.
Sutil, callado y silenciosamente terminara por destruir la plataforma sana de relación que establecen la confianza, la verdad y el amor. Si estos tres elementos esenciales para vivir relaciones y vínculos sanos se destruyen –y desde dentro- no quedará piedra sobre piedra. Todo se derrumbará en cuestión de segundos.
 Deseamos que sean veraces con nosotros. Decimos que preferimos que nos sean sinceros. Anhelamos que «nos digan» las cosas de frente. Pero ¿es suficiente eso para afirmar que «amamos» la verdad? ¿Es suficiente rechazar la mentira para afirmar que vivimos en la verdad? ¿Rechazar la hipocresía es decir «Amo la Verdad?»
La primera tarea es desterrar la hipocresía de nosotros mismos antes de señalar a los de enfrente. Porque la verdad desgraciadamente es amada sólo si todos la viven. Porque si encontramos uno sólo que «no vive ni procede como predica», entonces encontramos justificada la tendencia a vivir en la simulación.
Escuchamos frases como «¿No seré yo el único tonto, todos lo hacen!», «!Si éste que tiene que dar el ejemplo no lo hace!».
Tal vez porque la situación en la que vivió Jesús no fue «tan distinta» a la nuestra es que dijo al pueblo y a sus discípulos «Hagan y cumplan todo lo que dicen, pero no imiten, ya que ellos enseñan y no cumplen»
Las palabras de Jesús son muy profundas y cuestionadoras porque está poniendo de relieve una actitud que por «naturaleza» tiende a imponerse a veces sutilmente en nosotros. Hay que distinguir la verdad de lo que se dice, de quien lo dice. Porque si queda supeditada la verdad que se anuncia a que quien lo anuncia no lo vive, entonces pasa a pérdida toda la verdad. O dicho de otra manera: la verdad es buena no porque el que lo diga lo viva, sino porque es verdad.
Nadie es totalmente o suficientemente coherente en su vida. Todos de alguna u otra manera contradecimos lo que decimos con lo que hacemos, pero no podemos confundir por eso hipocresía con limitación. Porque mientras la hipocresía quiere hacer creer algo que no es verdad, la limitación no es sino la comprobación de que estamos en camino y en marcha hacia una vida más coherente.
Debemos rescatar lo bueno, bello y verdadero que hemos oído de aquellos que nos han transmitido enseñanzas y verdad que nos han ayudado a ser mejores personas.  Vivir en la verdad es una decisión personal y no corporativa. El pedido de Jesús es vivir según las enseñanzas buenas que hemos recibidos y a no supeditar esa sabiduría a la conducta de quién lo ha dicho.
Pidamos a Dios la gracias de fundar en nuestra vida decisiones claras y firmes para vivir libremente.

P. Javier Rojas sj 

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