sábado, 12 de noviembre de 2011

" El tiempo pasa" y ¿yo?.













XXXIII . Domingo 13 de noviembre –  Tiempo Ordinario
« `Porque el reino de los cielos es como un hombre que al emprender un viaje, llamó a sus siervos y les encomendó sus bienes.   ``Y a uno le dio cinco talentos  ``El que había recibido los cinco talentos, enseguida fue y negoció con ellos y ganó otros cinco talentos.  ``Asimismo el que había recibido los dos talentos ganó otros dos.  ``Pero el que había recibido uno, fue y cavó en la tierra y escondió el dinero de su señor. ``Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. ``Y llegando el que había recibido los cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: `Señor, usted me entregó cinco talentos; mire, he ganado otros cinco talentos.'  ``Su señor le dijo: `Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.'  ``Llegando también el de los dos talentos, dijo: `Señor, usted me entregó dos talentos; mire, he ganado otros dos talentos.'  ``Su señor le dijo: `Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.'  ``Pero llegando también el que había recibido un talento   y tuve miedo, y fui y escondí su talento en la tierra; mire, aquí tiene lo que es suyo.'  ``Pero su señor le dijo: `Siervo malo y perezoso, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí.  `Debías entonces haber puesto mi dinero en el banco, y al llegar yo hubiera recibido mi dinero con intereses.  `Por tanto, quítenle el talento y dénselo al que tiene los diez talentos.»
Mt 25, 14-3

El tiempo pasa deprisa. Los cambios se dan tan velozmente que apenas son perceptibles. Los hijos crecen, los padres envejecen, nuestros seres queridos parten… Las relaciones se rompen, los vínculos se restablecen. Lo esperado por fin llega, y lo que no imaginamos sucede. Lo que nunca buscamos acontece y lo que queríamos evitar, termina sucediendo. El tiempo corre, y, frente a este panorama ¿cómo estás tú? ¿Dónde te encuentras? ¿Cómo defines el momento que estás viviendo? ¿Tienes conciencia de quién eres? ¿Te conoces? ¿Sabes de lo que eres capaz?
A veces sucede que el alma se paraliza ante tantos cambios exteriores. Decimos con frecuencia «No queda tiempo para nada» o lo que es aún más gracioso «No tengo tiempo»... 
El tiempo no se “tiene”. El tiempo pasa y no se puede retener. No se puede aprisionar ni acorralar el tiempo caprichosamente. El tiempo fluye y si se siente que «no queda tiempo» o no se «tiene tiempo» es porque no se está viviendo. Vivir, no es “estar parado” sino caminar. No es detenerse, sino aprender a fluir. Animarse a cambiar. Dejarse transformar. Renovarse por dentro. Buscar siempre que el alma peregrine hacia ese horizonte donde entrará la paz.
Si la vida se estanca, como el agua termina pudriéndose y ya no sirve para refrescar ni para calmar la sed. Y así como el agua que se retiene en un estanque sirve para que las larvas se desarrollen y crezcan, así también una vida que no fluye y no se renueva por dentro, corre del riesgo de ser “incubadora” de sentimientos y emociones que terminan amargando la vida.

Distinguir es propio del hombre sabio

El miedo al riesgo y la desconfianza en uno mismo y por supuesto en Dios es lo que detiene o estanca una vida. Si bien el miedo no es malo necesariamente, es uno de los sentimientos que necesitan de toda nuestra atención porque con frecuencia nos lleva a confundir prudencia con cobardía… 
Hay cosas que son significativas en nuestra vida y que deben permanecer y ser cultivadas constantemente, pero también hay cosas que necesitan ser renovadas, cambiadas, transformadas. El miedo y la desconfianza son realidades internas que aprisionan con frecuencia el deseo grande de renovar la vida. Y así como lo esencial debe permanecer en nuestra vida, lo superfluo debe ser cambiado. 
Escucho con frecuencia que la gente dice «se ha perdido lo esencial de la vida», pero creo que en realidad lo que hemos hecho es acaparar cosas inútiles. No es que nos falte lo esencial sino que nos sobran cosas inútiles…

Perderse por tan poco

Aquel hombre del evangelio antes de salir de viaje reunió a sus servidores y les encargó sus bienes. A cada uno les dio «según su capacidad» y se marchó. Después de mucho tiempo volvió y les pidió cuentas. Dos de los tres siervos entregaron, duplicado, lo que habían recibido y el último que recibió menos dijo «Señor, yo sé que eres un hombre duro, que quieres cosechar donde no has plantado y recoger donde no has sembrado. Por eso tuve miedo y escondí en tierra tu dinero; aquí tienes lo tuyo» (Mt 24, 24-26) 
 El miedo lleva a confundir prudencia con cobardía. Seguridad con desconfianza, custodia con estancamiento. 
Cuando leemos que el patrón dice «Quítenle, por eso, el talento y entréguenle al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y tendrá en abundancia, pero al que no tiene se le quietará hasta lo que tiene», solemos pensar «¡Qué injusto!», «¡Pobre hombre, él no quería perder lo que había recibido de su Señor!», «¡El cuidó lo que recibió!». 
Cuando Jesús encontró a Marta llorando por su hermano Lázaro le dijo «Tu hermano resucitará» y le preguntó «¿crees esto?»… Cuando Pedro gritó porque se hundía en el agua, Jesús extendió su mano, lo tomó y le preguntó «¿Por qué dudaste?»…Cuando Jesús oyó que dijeron a Jairo «Tu hija ya murió, ¿para qué molestas ahora al maestro?», él dijo a Jairo «No temas, basta que creas»…
Y es que el milagro sucederá porque creemos en Él. Lo imposible para el hombre acontecerá ante sus ojos porque Dios lo hará posible. Él cosechará donde nosotros no hemos sembrado, pero necesita fe de nuestra parte. Necesita confianza, abandono, entrega. Porque creer es arriesgarse, es abandonar las propias seguridades y dar el paso… Es transitar por un camino nuevo, cuando lo viejo todavía no se ha abandonado por completo. Es tener certeza en lo que no se ve. Seguridad en lo que no se tiene. Y confianza en Aquel que llama, que entrega y que pide. 
Este es el dilema del servidor que recibió un talento. Si hubiera recibido, 2 o 5 talento como los otros ¿se hubiera arriesgado? No sabemos. Pero lo que sí sabemos es que la confianza en sí mismo y en el Patrón que «cosecha donde no plantó y recoge donde no sembró» no era fuerte. Le tenía miedo, no amor…

Descubrirse es valorarse

La situación del hombre actual es semejante a este último siervo que por miedo y desconfianza entierra el talento. Hay gente que piensa «Si yo estuviera en la posición de aquel», «Si tuviera los medios que aquel posee», Si tuviera, si estuviera, si podría, etc., etc., etc., ¡Mentiroso! ¡Cobarde! Igual enterrarías tu talento. Y aún si tuvieras todo, no harías nada…
Tenemos que convencernos a nosotros mismo que «tenemos lo suficiente y lo necesario» para vivir felices... Todo lo que necesitamos no radica en lo que poseemos, sino en lo que llevamos dentro. Tu valor no está en lo que posees, sino en lo que eres. Si no confías en ti y en Dios  jamás descubrirás tus capacidades. Creer que para conseguir mucho hay que tener mucho, en no valorarse lo suficiente.
Dice el evangelio de Mateo que el Patrón «dio a cada uno según su capacidad» lo cual no significa que el que recibió más tenía más capacidad que el que recibió uno. Esta interpretación es nuestra que identificamos el valor de las personas en relación a lo que tienen. El mensaje del evangelio es más audaz y profundo. Porque el Patrón sabía de las capacidades de cada uno es que  repartió los talentos. Deseaba que cada uno descubriera por sí mismo de lo que era capaz de conseguir.  Quería que tuvieran confianza en ellos y en la generosidad del patrón. Deseaba que descubrieran la propia riqueza interior en la pobreza de lo que  tenían. Pero, el servido tuvo miedo y desconfianza. Estaba convencido de  que «un» talento es muy poco y se identificó con lo poco. ¿Cuántas veces nos medimos por lo que poseemos y no por lo que somos! ¡Cuánta riqueza interior nos queda sin descubrir! ¿Qué pobre es nuestra confianza en Dios y en nosotros, creación de sus manos!
Pidamos a Dios tener una mirada de trascendencia hacia nosotros mismos. Animarnos a  descubrir la propia riqueza interior en la pobreza que tenemos. Reconocer a Dios en lo profundo de nuestro ser y confiar en Él. 


P. Javier  Rojas sj



viernes, 11 de noviembre de 2011

Existen ángeles a nuestro alrededor...sin alas, con rostros concretos que nos acercan a Dios...

Quiénes son esos ángeles en tu vida?
Tú eres ángel para otros?

La vida "oculta" de Jesús

‎"Si queremos seguir a Jesús en palabras y en los hechos, al servicio de su Reino, antes que nada debemos luchar por seguir a Jesús en su vida simple, nada espectacular y muy común, su vida oculta.
El ocultamiento es una cualidad esencial de la vida espiritual. Soledad, silencio, las tareas ordinarias, estar con gente que no lleva grandes agendas, dormir, comer, trabajar, jugar: ésa es la vida que Jesús vivió y que nos pide vivir a nosotros. Es en el ocultamiento donde podemos, como Jesús, progresar "en sabiduría, estatura y en gracia ante Dios y los hombres". Es en el ocultamiento donde podemos encontrar una verdadera intimidad con Dios y un verdadero amor por las personas.
Aún durante su ministerio activo, Jesús siguió volviendo a lugares ocultos para estar a solas con Dios. Si no tenemos una vida oculta con Dios, nuestra vida pública para Dios no puede dar fruto".
Henri Nouwen. Pan Para El Viaje

Tu vida es para "el afuera" o para Dios?
Mi libertad es «mi modo» de vivir con los demás, mi forma 
de enriquecer al universo siendo fiel a mí mismo y, por tanto, 
haciéndome mejor para servir a los demás. 

«La osadía de escuchar»


«Un padre dice a su hijo: ¡Vete a la cama!, y el niño sabe muy bien de qué se trata. Pero un niño educado en esta “cultura” tiende a argumentar: Papá me dice: vete a la cama. Quiere decir: estás cansado; no quiere que yo esté cansado. Pero también puedo descansar jugando. Por consiguiente, mi padre ha dicho: vete a la cama, pero, de hecho, quiere decir: ¡vete a jugar!»

Dietrich Bünhüeffer

Con frecuencia escuchamos lo que deseamos oír y en lugar de “obedecer” consentimos nuestros caprichos. ¿Escuchas?

Ser Cireneos...

Hace ya unos años, una amiga que tiene alas en el corazón, escribió un pequeño texto sobre el Cireneo. Aquél hombre que ayudó a Jesús a cargar con su cruz en su camino al Calvario.
Recuerdo que cuando me lo leyó con su voz suave y pausada sentí una profunda emoción. Se trataba de una invitación a ser “pequeños Cireneos” en nuestra vida cotidiana. Una llamada a ayudar a otros a llevar sus cruces, sosteniendo  al hermano caído y ayudándolo  a levantarse.
Hoy volvió a mi memoria ese escrito y me cuestioné cuántas veces he sido un Cireneo para los demás.  En cuántas ocasiones he asistido al hermano caído y he aliviado su dolor?  O si por el contrario he caminado indiferente esquivando sus miradas tristes?
Aquel precioso texto hablaba de caminar al lado del sufriente. Del  que injustamente es tratado, del pobre que vive en la miseria, del aturdido en una vida de mentiras, del enfermo y del que está en soledad.
Se trata de un ayudar a otros a llevar sus cruces con verdadero amor de hermano. Sin vanidades de “yo puedo más” y  amorosa  consciencia de que si todos somos hijos del mismo Padre  merecemos un destino de felicidad, amor y justicia.
Cada uno desde nuestros  lugares podemos ser Cireneos para otros. Comencemos   por los que tenemos cerca…
                                                                                                                   Ale Vallina

jueves, 10 de noviembre de 2011

Todos estamos de visita en este momento y lugar. Sólo estamos de paso. Hemos venido a observar, aprender, crecer, amar y volver a casa.”

Dicho aborigen australiano
“Sabes que se puede volar con alas; aún no has aprendido a volar sin ellas. Estás familiarizado con la sabiduría de aquellos que saben, pero aun no conoces la sabiduría de aquellos que no saben".
Thomas Merton
Aprende a relacionarte con tu silencio interior y recuerda que todo en esta vida tiene un propósito; que no hay errores ni coincidencias: todos los acontecimientos son bendiciones que nos son dadas para que aprendamos algo de ellas.
 Elisabeth Kubler-Ross

miércoles, 9 de noviembre de 2011

¿ Alguna vez tocaste los pétalos de una rosa con los ojos cerrados? ¿ Qué se siente, cómo es su textura?
Y al contemplar el color...¿te conmueves? ¿Reconoces el regalo de Dios en cada flor? 
Y el aroma... ¿Qué te sugiere el aroma de una rosa?
¿Alguna vez tu corazón se ha llenado de muda admiración cuando has oído el canto de un pájaro? ¿o cuándo ves la calidez de un nido? ¿ tu alma vibra de emoción cuando siente el latido de la naturaleza?

Aplicando sentidos

Señor, déjame ir contigo
sólo quiero caminar
detrás, pisar donde pisas
mezclarme entre tus amigos.
Recorrer esas aldeas
que habitan los olvidados
los que no recuerda nadie
ver como los recuperas.
Quiero escuchar tu palabra
simple y preñada de Dios
que aunque a muchos incomode
a tanta gente nos sana.
Quiero sentarme a tu mesa
comer del pan compartido
que con tus manos repartes
a todos los que se acercan.
Y un día tocar tu manto
como esa pobre mujer
suave, sin que tú lo notes
arrancarte algún milagro.
Esa que todos marginan
se atreve a abrazar tus pies
y derrama su perfume
porque en ti se ve querida.
Que de tanto ir junto a ti
pueda conocerte más,
tú seas mi único amor
y te siga hasta morir.


Javier Montes SJ

martes, 8 de noviembre de 2011

Desapego

¡Desapego de todo aquello que nos quita libertad! El apego a las cosas y a las personas genera en nosotros mucha angustia. El que vive apegado a personas o cosas no disfruta, se angustia, porque siempre está latente la posibilidad de perderlo.
Las cosas pueden deteriorarse, romperse, nos las pueden robar…
Las personas no son posesiones nuestras. “Soy tuyo o tuya” dejémoslo para las canciones románticas. Nadie es posesión de nadie... El AMOR más auténtico entre dos personas, reflejo del amor de Dios, es darse al otro con generosidad, sin perder la individualidad, sin dejar de ser quien se es, sin asfixiar ni dejarse asfixiar.
La libertad interior, que es fruto de la confianza es lo único que garantiza la felicidad. La lucha interna que padece quien está apegado es tan grande que puede llegar a amargar la vida.
                                                                                                                 P. Javier Rojas sj

Llegar a mi propia cima

Hay una cima a la que no se llega superando a los demás, sino a uno mismo. No es fácil hacer cumbre en uno mismo…Por momentos  se hace espinoso el camino, perturbador de a ratos y fatigoso en muchas ocasiones. Pero a pesar del cansancio es un sendero que es imprescindible recorrer para lograr la madurez…
Desde siempre los hombres han deseado conocerse a sí mismos sin disfraces y sin máscaras. Pero claro, se requiere de mucha de valentía y voluntad para hacer cumbre  ya que no todo lo que hallemos en esta travesía a nuestro "mundo interno" será bello y luminoso. Habrá tanto que remover y tanto que pulir! Y es tan posible que demos dos pasos y retrocedamos tres… porque hasta el mismísimo Jesús descendió a los infiernos!.
Pero cuando aquietamos los sonidos internos y logramos escuchar lo que el alma tiene para decirnos reconocemos la invitación  a no claudicar. Es como un llamado o una exhortación. Y como intuimos que ese el “camino” hacia la libertad, redoblamos el empeño...
Los montañistas dicen que instantes antes de hacer cumbre, el corazón  se les inflama, el alma se  dilata y las palmas de las manos se abren como entregando tanto esfuerzo…
El camino es “hacia arriba" ( o hacia adentro, según lo veamos). Hacia la cima. Es una llamada a conocernos de veras, a aceptarnos tal cual somos y a contemplarnos con  autenticidad:  “Este soy…me conozco y me acepto.”
Y al fin abrir las palmas para entregarle a Él nuestro esfuerzo. Allá en la cima...
                                                                                                                    Alejandra Vallina

Estar donde Dios esté

Cuando experimentas una gran necesidad de afecto humano, debes preguntarte si las circunstancias que te rodean y las personas con quienes estas son aquellas con quienes verdaderamente Dios quiere que
estes. Sea lo que sea lo que estes haciendo (mirando una pelicula, escribiendo un libro, haciendo una presentacion, comiendo o durmiendo), tienes que estar en la presencia de Dios. Si sientes una gran soledad y un gran deseo de contacto humano, tienes que ser extremadamente juicioso. Preguntate si esta situacion esta verdaderamente dada por Dios. Porque, donde Dios quiera que estés, El te mantiene a salvo y te da paz, aun cuando haya dolor.
Vivir una vida disciplinada es vivir de manera tal que solo quieras estar alli donde Dios este
contigo. Cuanto mas profundamente vivas tu vida espiritual, mas facil sera discernir la diferencia entre vivir con Dios y vivir sin Dios, mas facil sera alejarse de los lugares en los que Dios ya no este contigo.
El gran desafio es aqui la lealtad que hay que vivir en las opciones de cada momento. Cuando comer, beber, trabajar, hablar o escribir no son para gloria de Dios, debes dejar de hacerlo inmediatamente porque, cuando dejas de vivir para la gloria de Dios, empiezas a vivir para tu propia gloria. Entonces, te separas de Dios y te haces dano.
Tu pregunta fundamental siempre deberá ser si algo es vivido con o sin Dios. Tienes tu propio conocimiento interior para responder esa pregunta. Cada vez que haces algo que proviene de tus necesidades de aceptacion, reconocimiento o afecto, y cada vez que haces algo que aumenta estas necesidades, sabes que no estas con Dios. Estas necesidades nunca seran satisfechas; solo se incrementaran cuando cedas a ellas. Pero, cada vez que hagas algo para la gloria de Dios, reconocerás la paz de Dios en tu corazon, y alli encontrarás reposo.

                                                                                                                                      Henri Nouwen

lunes, 7 de noviembre de 2011

Comencemos a pintar!

Si pudieras pintar tu vida de colores, con cuáles la pintarías hoy, en este aquí y ahora?
Quizá el rojo impetuoso de la pasión. Pasión por la vida, por la familia, por los amigos y el trabajo…
Quizá de azul profundo. Calma, estabilidad, reflexión…
O es el naranja el que vibra en tu alma hoy…O quizá el verde, el negro, amarillo o  gris…
Esta es una pregunta que no tiene nada de ingenua. Porque de acuerdo sea tu respuesta sincera podrás descubrir mucho de cómo tu espíritu se encuentra. A veces intentamos engañarnos a nosotros mismos, pero los gestos, los colores que apreciamos, con los cuales nos vestimos, los modos en los que miramos a las personas dicen mucho más que las palabras... Incluso la “vestimenta” de tu casa, que no tiene nada que ver con que ésta sea opulenta o sencilla.
Una casa con vida y calor de hogar está vestida de colores, fotografías, libros, juguetes, plantas y mascotas. Te has percatado?. Aunque no estamos hablando aquí de una verdad matemática los colores de tu casa dicen mucho también de ti. No es necesario ser experto en decoración para advertir que hay casas cálidas y otras tristes y apagadas. Sin calor ni color. Como las personas…
Por eso cierra los ojos, respira pausadamente y observa cuál es la paleta de colores con la que hoy está pintada tu vida…
Recuerda que el mejor pintor es Dios, que nos ofrece toda la paleta de colores. Todos ellos están a nuestro alcance. Nos los  presenta para que pintemos nuestra vida de calidez, ternura y entusiasmo.
Dios nos mira a nosotros, sus hijos, como si fuésemos arco iris luminosos y radiantes. Desea que nuestra vidas sean muy felices y plenas…
Por eso cuando vayan mal las cosas reza. Mucho. Y trata de pintar tus mañanas de verdes y amarillos, y tus tardes y tus noches de naranjas y turquesas. Aunque vayan mal las cosas como a veces suelen ir…
Nadie dijo que sea fácil... pero tomemos los pinceles y comencemos a pintar!
 De qué color está tu vida hoy?
                                                                                                                      Alejandra Vallina

«Globos hinchados»

«En el mundo hay dos clases de hombres: los que valen por lo que son y los que sólo valen por los cargos que ocupan. Los primeros están llenos; tienen el alma rebosante; pueden ocupar o no puestos importantes, pero nada ganan realmente cuando entran en ellos y nada pierden al abandonarlos. Y el día que mueren dejan un hueco en el mundo. Los segundos están llenos como una percha, que nada vale si no se le cuelgan encima vestidos y abrigos. Empiezan no sólo a brillas, sino a existir, cuando los nombran catedráticos, embajadores o ministros, y regresan a la inexistencia el día que pierden tratamientos y títulos. El día que se mueren, lejos de dejar un hueco en el mundo, se limitan a ocuparlo en un cementerio. (...) Lo verdadeamente asombroso es que la inmensa mayoría de las personas no luchan por "ser" alguien, sino por "tener" algo; no se apasionan por llenar sus almas, sino por ocupar un sillón; no se preguntan qué tienen por dentro, sino qué van a ponerse por fuera. Tal vez sea esa la razón por la que en el mundo hay tantas marionetas y tan pocas, tan poquitas personas. (...) Aunque sabemos que la fama, el prestigio y el poder suelen ser simples globos hinchados, nos pasamos la vida peleándonos por lo que sabemos que es aire»

José Luis Martín Descalzo
Toma un minuto para pensar:

Tú ¿Por qué luchas en la vida?
¿Qué cosas te quitan el sueño?

domingo, 6 de noviembre de 2011

«Necios o prudentes en tiempo de cambio »


«Creo – ha dicho el filósofo agnóstico Rafael Argullol- que bajo nuestra apariencia de fortaleza material y técnica hay una debilidad sustancial. Se va adelgazando la silueta espiritual del hombre»
Es cierto. La experiencia de la fluidez en todos los ámbitos, la comprobación de que los “síes” se transforman mañana en “noes” y viceversa ha generado en nuestro interior un desequilibrio tal que se manifiesta en sensaciones de inseguridad, angustia y miedo.
Hemos comprobado que nuestras “seguridades” no lo son tanto. Que las conquistas materiales y técnicas no han logrado cubrir nuestras expectativas de felicidad, ni las promesas recibidas de que podemos retrasar la partida de un ser querido. Todo, absolutamente todo lo que creemos o creíamos tener se encuentra bajo el dominio del devenir y del fluir. Y esto nos asusta y nos preocupa, tanto, a veces, que nos quita el sueño y nos desequilibra emocionalmente.
Y aunque somos muy hábiles y astutos para realizar todo tipo de cálculos y previsiones para no correr riesgos en el futuro, la inestabilidad de todo lo que vemos sigue amenazando nuestras seguridades. Por momentos nos sentimos invadidos de una fuerza tal que no podemos controlar.
La sensación de que “todo pasa” y de que todo es tan “relativo” nos lleva a que tengamos dos posibles posturas ante el tiempo actual:
1.- Vivir la inmediatez: es algo muy distinto de “vivir el presente”. Porque mientras ésta es la actitud positiva de quien sabe valorar y gozar los momentos internamente. De quien construye su vida desde la roca firme de la esperanza…vivir la inmediatez es la actitud que quien la ha perdido. Aquel que vive la inmediatez es el hombre desengañado y desilusionado de sus propias seguridades. Aquel hombre o aquella mujer que no han sabido trascenderse a sí mismos y han construido durante mucho tiempo su “casa (su vida) sobre arena”.
El hombre de la inmediatez pierde la capacidad de maravillarse ante la belleza porque ha desarrollado un vertiginoso dinamismo de consumo que convierte todo lo creado, e incluso a las personas, como algo que se “usa y se tira”… El hombre de la inmediatez vive ansioso y acelerado porque sabe que todo se acaba y perece, pero en lugar de pararse positivamente ante esta realidad y disfrutar a fondo todo lo que vive en el hoy, prefiere atragantarse consumiendo todo lo que puede como si con esa actitud pudiera arrancarle algo al tiempo que fluye. El hombre de la inmediatez se encuentra triste y desanimado porque no puede controlar nada y llora ante lo que se va y termina.
2.- Vivir en esperanza: Esta es la actitud de las mujeres «prudentes» del evangelio de Mateo. La esperanza de que lo mejor está por venir. Esto no significa que lo que tenemos o vivimos no sea bueno. Sino que el hombre que vive en esperanza ha trascendido las seguridades propias de este mundo (que son buenas y limitadas) y ha puesto su confianza en Aquel que es el dueño de la vida, del tiempo y de la muerte. Muchos hablan de este tiempo “quejándose”. Hacen referencia a lo que se vive “lamentándose”. Este presente les resulta insoportable, ruidoso y agresivo. Miran su entorno frunciendo el ceño y moviendo la cabeza de un lado a otro expresando descontento y rechazo. Hubieran preferido que todo sea como ellos imaginaron. Seguramente, según sus puntos de vista, el mundo sería mejor si sus ideas se hubieran materializado en la realidad y si el ritmo del devenir hubiera respetado sus deseos. Prefieren lamentarse de que el mundo no gire en torno a ellos. Esta es la actitud de las «necias» del evangelio, no «darse cuenta», «no tomar conciencia», «olvidar lo fundamental», «negar lo evidente».
El hombre que vive en esperanza se asemeja al niño que mira un desfile, y mientras ve pasar aquello que lo maravilla y engrandece sus sentidos no se lamenta porque pase y no se detenga frente a él . Fija sus ojos en lo que acontece y contempla fascinado que lo ocurre ante sus narices. En el rostro del niño y del hombre esperanzado siempre encontraremos un mismo gesto: Asombro y gratitud…Esto es lo maravilloso de la esperanza, que nos ubica en la sorpresa agradecida…
Y es así, que el hombre esperanzado tiene impreso en su corazón la gratitud y por ello no necesita poseer ni retener nada sino que disfruta del momento. Un “momento” que no está “signado” por la quietud sino por el fluir. Lo más bello está en contemplar aquello que pasa…Como el niño ante el desfile…
Mientras en otros tiempos lo fundamental fijaba los ojos en la meta , este tiempo nos ha descubierto la belleza que tiene el viaje. Desde esta perspectiva es que las palabras del poeta estremecen nuestro espíritu «Caminante, no hay camino, se hace camino al andar…”
Personalmente considero que este tiempo que vivimos es maravilloso. Nunca como hoy el hombre es consciente de lo que es… aunque aún pelee contra sí mismo y contra la realidad por no descubrir la verdad. Y la verdad es que nuestra vida “es pasar”. Y nuestras seguridades y nuestras esperanzas no pueden estar cimentadas en este mundo donde todo camina rápido, donde todo fluye y todo cambia…. Nuestra vida debe estar fundada en Cristo, la roca firme. Este tiempo es la gran maestra del desapego y de la libertad. De lo esencial y de lo fundamental. Porque mientras intentamos arropar nuestra vida de cosas materiales y de superficialidades, el hoy nos desnuda y nos deja nuevamente a la intemperie y ello nos exige nuevamente buscar… Sólo Dios nos puede cubrir de aquello que tanto buscamos y anhelamos.


P. Javier  Rojas sj

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