sábado, 3 de diciembre de 2011

"Tres pasos para la conversión"

Cada Navidad es una instancia para renovar y reafirmar nuestro propio nacimiento. En la vida nueva que trae el Espíritu, nosotros jugamos un rol distinto de la vida que recibimos de la carne.
Esta instancia de renacer en nuestra vida que ofrece Jesús en cada Noche Buena puede ser aceptada o rechazada. Frente al ofrecimiento de Jesús de transformar nuestra propia existencia en acción de gracias, podemos estar totalmente indiferentes.
Por ello el Adviento se convierte en el tiempo propicio para reflexionar y ahondar en nuestra propia vida y así poder tomar conciencia de esos espacios del alma que necesitan renacer.
En ocasiones, nuestro propio corazón se convierte en un espacio oscuro y desértico. El dolor y la soledad, el egoísmo y la hipocresía, la avaricia y la indiferencia terminan arrancando del corazón la luz de la esperanza y de la fe, convirtiéndolo en un espacio frío e infecundo.
Marcos se refiere a Juan el Bautista, como la «voz que clama en el desierto» y dice «preparen el camino, enderecen los senderos». Esa es la voz Dios, es el llamado que nos hace para recibir, en la oscuridad del corazón, la luz de la esperanza. Y sembrar, en el desierto del corazón, la semilla de la fe.
Pero, ¿es posible que el desierto del corazón vuelva a ser un lugar fecundo? ¿Puede el alma volver a recuperar la luz de la esperanza y fe? ¿Es posible una vida nueva cuando el egoísmo y el rencor, el odio y la venganza han dejado secuelas en el alma?
Es posible. Y la conversión de la vida, el cambio de rumbo o sentido de mi vida, puede devolver al corazón todo lo que el pecado le arrancó.
Podemos hablar de la conversión como el proceso de recuperación de la armonía interior, donde los pensamientos, los sentimientos y la voluntad logran liberarse de la esclavitud de la tragedia y de la desesperación.
La conversión para que sea auténtica no debe dejar afuera ninguna dimensión de nuestra vida, porque todo está llamado a renacer.
Podemos identificar tres aspectos en nuestra vida que deben recuperar su armonía interior y que constituyen la base de una sana y genuina conversión.
La primera es la dimensión de los pensamientos. El pecado gesta pensamientos de fatalidad y de perdición. Este aspecto del pecado gesta en nosotros pensamientos negativos de miedo e inseguridad y lo vemos reflejado en un razonamiento que queda entrampado en la desesperación, pues la tragedia está siempre asechando…El pensamiento debe recuperar la confianza, la certeza de que Dios es providente y cuida de cada uno de sus hijos. La conversión en los pensamientos se ve reflejada cuando comienza a albergar en su mirada esperanza y fe.
La segunda dimensión es la de los sentimientos. El resentimiento o la hipersensibilidad constituyen la base de la oscuridad del alma. Los sentimientos dolorosos que son alimentados internamente van tiñendo el corazón de resentimiento. Podemos comprobar la necesidad de conversión del corazón cuando no podemos despegarnos de la necesidad de ser valorados o tenidos en cuenta. O cuando comprobamos que dependemos desordenadamente de la valoración de los demás. La conversión del corazón se ve reflejada cuando experimentamos libertad frente al parecer de los demás. Cuando podemos confiar en los propios sentimientos y logramos expresarlos sin miedo.
Y la tercera dimensión que constituye el proceso de una sana y genuina conversión, es la voluntad.
La conversión de la voluntad es tal vez la etapa más importante del proceso. Porque aprender a “pensar en positivo” o “liberar los sentimientos enmarañados del corazón” no resulta tan comprometedor como tomar la decisión o ELEGIR tomar un nuevo camino en pos de la renovación de la vida. Elegir que el futuro no sea como el pasado…
Es posible que entre los cristianos lleguemos a un acuerdo en las ideas. Y tal vez seamos capaces de sentir lo mismo, pero ello no significa que al momento de ponerlo en práctica estemos decididos a hacerlo.
Es sorprendente encontrarse con cristianos que no han elegido su fe  ni su modo de vivir. Viven su fe no por elección, sino por temor al castigo y a la condena. Es cada vez más común encontrarse con hombres y mujeres que confiesan temer a Dios.
Es necesaria la conversión de la voluntad para que seamos capaces de elegir a Dios por amor y no por miedo. Vivir conforme a su Evangelio no puede ser consecuencia de la amenaza, sino promesa de amor y bendición
Es necesario allanar los caminos del corazón y enderezar los senderos del alma para que el mensajero de la paz y de la fe, de la esperanza y del amor llegue a lo más profundo de nuestro ser…
Pidamos a Dios que nuestros pensamientos, sentimientos y voluntad sean iluminados por el amor y no por el temor.

P. Javier  Rojas sj
               

                
El P. Arrupe, a quien le preguntaban qué significaba para él Jesucristo respondía: «Todo. Para mí Jesucristo es todo... Fue mi ideal desde mi entrada a la Compañía, fue y sigue siendo mi camino, y ha sido siempre mi fuerza. Quiten a Cristo de mi vida y TODO se desplomará, como un cuerpo al que se le quita el esqueleto, el corazón y la cabeza»
"La Luz miró hacia abajo, y vio las tinieblas.
Allí quiero ir, dijo la Luz.
La paz miró hacia abajo, y vio la guerra.
Allí quiero ir, dijo la Paz.
El Amor miró hacia abajo, y vio el odio.
Allí quiero ir, dijo el Amor.
Así apareció la Luz, y resplandeció.
Así apareció la Paz y ofreció reposo.
Así apareció el Amor y trajo la Vida.
Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros."
(L. Hosman)

viernes, 2 de diciembre de 2011

María, Virgen del Adviento,
esperanza nuestra,
de Jesús la aurora,
del cielo la puerta.
Madre de los hombres,
de la mar estrella,
llévanos a Cristo,
danos sus promesas.
Eres, Virgen Madre,
la de gracia llena,
del Señor la esclava,
del mundo la reina.
Alza nuestros ojos
hacia tu belleza,
guía nuestros pasos
a la vida eterna.


Si quieres descender desde la cabeza, tendrás que pasar por el corazón... Ese es el cruce de caminos. No puedes ir directamente hasta el centro de tu ser, no hay ningún camino: tendrás que atravesar el corazón.
Te pedimos la paz que nos es tan necesaria
como el agua y el fuego la tierra y el aire
La paz que es perdón que nos libera
de la rabia y la ira, de la envidia y la sangre
La paz que es amnistía de presos y exiliados
que desean un hogar más digno y estable.
La paz que es libertad, la vida siempre abierta
en la casa y en la fábrica, en la plaza y la calle.
La paz que es el pan amasado cada día
que se rompe en la mesa con júbilo y con hambre.
La paz que es la flor de tu reino que esperamos
y que hacemos más bello y cercano cada tarde.
Te pedimos la paz y a nosotros nos pedimos
porque somos hermanos y Tú eres nuestro Padre.

Víctor Manuel Arbeloa

jueves, 1 de diciembre de 2011

El Adviento es un momento de espera confiada. Sin embargo, en ocasiones, hay situaciones difíciles por las que tenemos que atravesar, problemas de salud, malos entendidos con otras personas, inquietudes, confusiones e incertidumbres...Es ahí cuando se prueba nuestro temple y nuestra "fe práctica en la Divina Providencia".
Aunque vayan mal algunas cosas, confiemos...Confiemos en que todo está en los planes de amor del Señor. Confiemos en el que está por nacer...
Digamos "Señor en vos confío" y que no sean sólo palabras vacías...
A propósito de este tema les compartimos esta breve reflexión del cardenal Newman.
Padre Javier Rojas y Alejandra Vallina

"Confiaré en Dios. Sea lo que fuere, nunca podré ser desecho. Si padezco malestares, mi enfermedad puede servirle. En tiempos de confusión, mi perplejidad puede servirle. Nunca son vanos sus designios. Sabe bien lo que hace. Puede quitarme a mis amigos. Puede colocarme entre extraños. Puede hacerme sentir desolado, hacer que mis esperanzas se hundan. Puede ocultarme mi futuro y, aún así, sabe bien lo que hace." (John Henry Newman)
Tienes todo el derecho a caer...a ser frágil...
Pero no te permitas estar mucho tiempo abajo...
Lleva las manos a la espalda y toca...son tus alas...
Puedes volver a volar de nuevo...una vez más...
Levántate...abre los brazos...cierra los ojos...
Y vuela...vuela de nuevo...arriba...muy arriba...
No necesitas motor...si tú quieres te llevará la brisa...
Y si vuelves a caer no olvides que puedes volver a subir muy alto.
Comenzamos el mes de diciembre. El último del año. La mayoría de nosotros nos sentimos cansados y esperamos el tiempo de vacaciones para el reposo y el sosiego. Sin embargo, diciembre es un mes largo y plagado de emociones diversas: nuestros hijos terminan el año escolar, se acercan la Navidad y el Año Nuevo, asistimos a reuniones familiares y de amigos, hay un arbolito que levantar y un pesebre para armar, compramos obsequios para los más pequeños de la casa y nos inundan los deseos de que la familia se reúna para estas fiestas en paz y en armonía.
No debemos dejar que la vorágine del fin de año opaque nuestras buenas intenciones: disfrutar de la Navidad, de ese Dios encarnado que llega a sostenernos…
No permitamos que el deseo de descanso y sosiego nos adormezca al punto de no alegrarnos de la Buena Noticia… 
No escatimemos los esfuerzos por acompañar a tantos solos y enfermos en estas fiestas…
No dejemos que la mirada se pose en lo intrascendente y nos impida reconocerlo, a Él, que viene…
Mes de diciembre, mes de balances. Pongamos al Señor en nuestro balance…Porque Él estuvo a nuestro lado en las buenas y en las malas en este año…Y sigue llegando a hacer morada en nosotros…Una vez más. Como cada año.
Misterio de amor, inmenso…
Cansados sí, pero no dormidos Señor…Te lo pedimos con alegría.
Ale Vallina

miércoles, 30 de noviembre de 2011

«En este Adviento no dejes de expresarlo»
No tenemos en nuestras manos las soluciones para los problemas del mundo. Pero frente a los problemas del mundo, tenemos nuestras manos...
Cuando el Dios de la historia venga, nos mirará las manos...

Cómo están tus manos? Curtidas por las labores? Gastadas de dar, ofrecer y animar? Son manos amistosas que acarician y abrazan, o crispadas y esquivas?
Mírate las manos y ábrelas a la vida...
Dice María:

"Nadie notó en Nazaret
lo que estaba sucediendo:
que teníamos dos cielos,
uno arriba, otro creciendo.
¿Dios está en el cielo?
El cielo está en Dios?
yo por los montes
llevando a los dos."
José Luis Martín Descalzo

martes, 29 de noviembre de 2011

Adviento: certeza de un Dios que acompaña en modos humanos nuestro caminar...
En este Adviento saquémonos las máscaras y hagámonos sencillos como el Niño que está por llegar....

Me preguntas cómo me volví loco. Ocurrió así: Un día, mucho antes de que nacieran los dioses, desperté de un profundo sueño y descubrí que se habían robado todas mis máscaras, las siete máscaras que había modelado y usado en siete vidas.
Huí sin máscara por las atestadas calles gritando: "¡Ladrones! ¡Ladrones! ¡Malditos ladrones!".
Hombres y mujeres se reían de mí, y algunos corrieron a sus casas temerosos de mí.
Y cuando llegué a la plaza del mercado, un muchacho de pie sobre el techo de una casa, gritó: "¡Es un loco!".
Alcé la vista para mirarlo y por primera vez el sol besó mi rostro desnudo. Por primera vez el sol besó mi rostro desnudo, y mi alma se inflamó de amor por el sol y ya no deseé más mis mascaras. Como en éxtasis grité: "¡Benditos, benditos sean los ladrones que me han robado mis máscaras!"
Así fue cómo me volví loco.
Y he hallado libertad y salvación en mi locura; la libertad de estar solo y a salvo de ser comprendido, porque aquellos que nos comprenden esclavizan algo nuestro.
Khalil Gibran
“El camino hacia Dios no está en un lugar; no depende de un género de vida. Donde quiera que esté, mi camino hacia Dios está en mí, y penetra todo el espesor de mi ser”.
Yves Raguin

" Si no ríes, no vives"

La risa es salud, el buen humor es salud.
¿Estás seguro de pensar lo suficiente
en este aspecto de tu bienestar?
Si, a causa de las preocupaciones,
envejece el corazón,
y también tu rostro aparecerá
pronto lleno de arrugas.
La risa libera, el humor relaja.
La risa es capaz de liberarte
de los falsos problemas.
La risa es el mejor cosmético
para tu belleza externa
y la mejor medicina para tu vida interna.
Sí, riendo tus músculos trabajan
regularmente, tu digestión
resultará beneficiada,
e incluso tu apetito
se estimulará y tu presión
arterial permanecerá estable.
La risa y el buen humor
te liberarán de aquella lúgubre
seriedad que vuelve los problemas
pesados como el plomo;
te liberarán, además,
del triste "tran-tran" cotidiano.
La risa y el buen humor
crean espacios nuevos
para alegrías desconocidas.
Un día en que no has reído,
es un día perdido.


Padre Phil Bosmans
Yo le sigo creyendo a Dios.
Aunque me digan ilusa.
Le creo que llega otra vez hecho niño.
Le creo que quiere hacer morada en mí.
Que me busca siempre y sin cansancio.
Que nace en diciembre.
Y también cada día del año…
Le creo que nada de lo que haga,
me aparta de su amor…
No porque yo sea buena.
Si no porque Él es bueno…
Ale Vallina

lunes, 28 de noviembre de 2011

"Circunstancias"

El águila empujó gentilmente sus hijitos hacia la orilla del nido. Su corazón
se aceleró con emociones conflictivas, al mismo tiempo en que sintió la
resistencia de los hijos a sus insistentes empujones.
¿Por qué la emoción de volar tiene que comenzar con el miedo de caer? pensó
ella.
El nido estaba colocado bien en el alto de un pico rocoso. Abajo, solamente el
abismo y el aire para sustentar las alas de los hijos. ¿Y si justamente ahora
esto no funcionase ? pensó ella.. A pesar del miedo, el águila sabía que aquel
era el momento. Su misión estaba presta a ser completada; restaba todavía una
tarea final: el empujón.
El águila se llenó de coraje. Mientras sus hijos no descubriesen sus alas no
habría propósito para sus vidas. Mientras ellos no aprendieran a volar no
comprenderían el privilegio que era nacer águila.
El empujón era el mejor regalo que ella podía ofrecerles. Era su supremo acto
de amor. Entonces, uno a uno, ella los precipitó hacia el abismo.
¡¡Y ellos volaron!!
A veces, en nuestras vidas, las circunstancias hacen el papel del águila. Son
ellas las que nos empujan hacia el abismo. Y quien sabe ... Tal vez sean
ellas, las propias circunstancias, las que nos hacen descubrir que tenemos
alas para volar...
María, vientre del mundo hecho ternura.
Camino hacia el Padre, redentora con el Redentor.
Señora de mis días y de mis noches.
Incondicional de mi corazón. 
Sencilla mujer de Dios, que con su “sí”,
abrió la puerta del Amor… 
Servicio callado y generoso, 
De lealtad sin fronteras.
María, vientre del mundo hecho ternura… 
Ruega por nosotros, tus hijos, distraídos…
Ale Vallina

Adviento nos recuerda que hay alegría esperando y comienza el año de la Iglesia, adviento no es una navidad corriendo para ir de compras, adviento no es una carrera hasta el 25 de diciembre, adviento no es un arrepentimiento o una limpieza más de primavera en nuestras vidas, Adviento es una preparación para dar la bienvenida a un invitado especial... Jesús.

domingo, 27 de noviembre de 2011

«Hacer un lugar»

Todos los años al llegar el Adviento sabemos que ingresamos en un tiempo especial de preparación para celebrar la Navidad.  Y como todos los años también, repetimos aquella famosa frase «este año quiero prepararme bien para la Navidad». Pero al final terminamos repitiendo casi  las mismas palabras que el año anterior «se me vino la Navidad encima y no hice nada de lo había planeado”
¿Cómo quiero este año recibir la Navidad? ¿Dónde desearía recibir al Hijo de Dios? ¿Qué ámbitos o zonas de mi vida necesitan luz de esperanza?
San Alberto Hurtado tiene una expresión, que a mí particularmente me llena de alegría y esperanza. Él, hablando del amor inmenso que siente Dios por nosotros, dice  que «quedó cautivado de amor al contemplar al hombre» y que desde entonces ha procurado nuestro amor y amistad… Esta certeza que tenemos todos, porque Jesús mismo lo confirmó con su vida y con su muerte, debe disponernos con convicción a preparar un lugar al Hijo de Dios en nuestra vida.
¿Por dónde te gustaría comenzar? En definitiva preparar el corazón al Hijo de Dios, es hacer un lugar entre tantas cosas que tenemos y vivimos. Recibir a Dios en nuestro corazón y en nuestra vida es permitirle que su presencia ordene nuestra vida desde la perspectiva del Evangelio.
Estos 6 pasos nos pueden ayudar reflexionar sobre los ámbitos por dónde podríamos comenzar a ordenar o preparar nuestro corazón.

1.         El primero: El valor de la propia persona. Tómate un tiempo y pregúntate ¿cómo estoy viviendo? Recuerda que no se puede amar sanamente a los demás si primero no comienzas por ti. Tal vez esté haciendo falta ordenar tus tareas, tus tiempos, tus obligaciones. Recuerda que «tener más no significa amar más». A veces por equivocación amamos a los demás con «cosas» sin entregarnos nosotros mismos como ofrenda de amor.
2.         El segundo: En la tarea que desempeñas. En cualquier lugar en el que realices una labor, ya sea que se haga con las manos o con el alma, toma conciencia que estás construyendo o impidiendo que algo crezca o se desarrolle. Tus acciones «crean realidad». Por medio de tus acciones o de tus omisiones, creas una realidad que puede ser beneficiosa o dañina para ti y para los demás. Tal vez en este tiempo de Adviento esté haciendo falta revisar si tus actitudes y tus palabras siembran paz, esperanza y amor o por si lo contrario siembran cizaña en medio del buen trigo que Dios ha sembrado en el alma de los que te rodean. ¿Qué estás sembrando en la vida de los demás?
3.         El tercero: El amor puesto en obras. Para nosotros el amor no es solamente un sentimiento sino sobre todo una actitud, una decisión. Es un acto de la voluntad cargada de afecto. El amor es siempre una fuerza que sale de mí hacia el mundo con el deseo profundo de traducir en obras los sentimientos que laten por dentro. Por ello la caridad o la solidaridad es la expresión más grande del amor. Este tiempo de Adviento es un momento especial para cultivar la caridad. ¡Cuántas cosas tienes acumulada que no usas! Si están en buen estado ¿Por qué no donas a quien lo necesita? Despréndete y ayuda a los demás…
4.         La cuarta: Una incesante búsqueda de justicia. Hace unos días atrás leí una frase que decía  «El final del hombre no es la felicidad sino la bondad» Y, creo, que es muy cierto. El hombre bueno es aquel que busca la justicia. Pero no la justicia que busca la venganza y el castigo. Esa no es la justicia de Dios. El justo para Dios es aquel que busca que el otro viva… Es decir, el hombre que busca la misericordia y la conversión. Necesitamos desarrollar un agudísimo olfato para encontrar la bondad en las personas que no nos caen bien o que nos han ofendido. ¿Albergas venganza en tu corazón? ¡Hazle un lugar a Dios ahí, para que transforme y sane tu corazón! No dejes que el odio y el rencor enfermen tu alma. Libérate de ello...
5.         La quinta: Un apasionado amor a la verdad. En este tiempo en que prevalece la apariencia y la simulación,  el amor a la verdad se entiende como el deseo enorme de ser auténticos. El peor daño que podemos hacernos a nosotros mismos es edificar una vida sobre la mentira y el engaño. Pues nada que se construya sobre la mentira puede durar. Nada que tenga la falsedad como base se sostendrá en el tiempo. El tiempo de Adviento, no es sólo un momento de preparar el corazón para Dios, sino también un tiempo para tomar conciencia de mi vida... ¿Edificas tus relaciones en la verdad o en la mentira? ¿Qué ventajas tiene edificar la propia vida sobre la arena de la falsedad?
6.         La sexta: Una fe radical en el futuro.  Vivir con fe en este tiempo es un signo de abandono y confianza. Hoy más que nunca están de moda las “previsiones” de todo tipo, tener fe es sinónimo de locura... Confiar en Dios y tener fe en Él cuando la realidad que vivimos parece contradecir todas sus promesas es un gesto inmenso de amor y confianza en su providencia. Tener fe en Dios es entregarle mi confianza. Es ofrecerle mi vida y la de los que amo para que bajo su protección marchemos hacia adelante, aún y en medio de las dificultades. Confiar en Dios no significa que desaparecerán las luchas y las pruebas, sino que Él será mi cayado firme. Es saber que me sostendrá en la tempestad, y, que si caigo me levantará…  En definitiva tener fe es fundar mi vida en una única certeza: que «somos amados desde lo alto de los cielos y desde lo ancho de la tierra.» ¿Es tu fe una confianza “ciega” en Dios?
 Revisar la propia vida desde la perspectiva de la venida del Hijo de Dios, nos ayuda a “hacer lugar” en el corazón. Si no logras ordenar tu vida como desearías, no le cierres la puerta… Y si por miedo o vergüenza arrimas la puerta no cierres la ventana… Él quiere hacer morada en tu vida.
Pidamos a Dios la gracia de disponer el corazón a su venida. 


P. Javier  Rojas sj

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