sábado, 10 de diciembre de 2011

«Quédense con lo bueno»

                   

Esta mañana al revisar el correo electrónico me encontré con uno, que me había enviado un feligrés de esta comunidad, que decía «La felicidad es contagiosa».
Era el artículo de un estudio realizado en Harvard por notables médicos y científicos de esa prestigiosa casa de estudios. Los investigadores analizaron información acerca de la felicidad de 4739 personas y sus conexiones con otros miles de personas (esposos, familiares, amigos cercanos, vecinos y relaciones laborales) entre 1983 y 2003 y después del análisis de la información llegaron a la conclusión de que la felicidad es “contagiosa”.
Dice el texto: "Su felicidad depende no sólo de sus elecciones y acciones, sino también de las hechas por personas que uno ni siquiera conoce, con dos o tres grados de separación"
Esta fascinante verdad, y sin quitarle mérito a los catedráticos de Harvard, es una revelación que los cristianos hemos recibido en el evangelio... Lo cual no significa que lleguemos a creerlo por completo, pero si nos abre el pensamiento para seguir creyendo que fe y razón no se oponen y que cuando la verdad es genuina en algún punto siempre se tocan.
Pero el artículo no termina ahí, porque expresa también “"si el amigo del amigo de su amigo se alegra, esto tendrá un impacto mayor en su felicidad que poner $ 5000 en su bolsillo".
Para quienes prefieren definirse como racionales antes que incrédulos esta es una prueba más que el evangelio es camino de vida nueva.
 Hoy el evangelio de Juan y la Carta de san Pablo a los cristianos de Tesalónica, tienen una conexión enorme. Por un lado Pablo aconseja «Estén siempre alegres, no extingan la acción del Espíritu y examinen todo y quédense con lo bueno». Y por otro, la pregunta del millón que hacen a Juan «¿Quién eres tú?».
Si en este tiempo alguien te preguntara ¿Quién eres tú? ¿Qué responderías?. Tal vez te sorprenderías al escucharte que te defines por las cosas buenas o malas que han sucedido. Atribuimos nuestra identidad a los logros y fracasos. O lo que es más triste aún, creemos que “somos” lo que logramos o lo que perdemos.
Nuestra identidad no puede definirse en función de lo que hacemos o de lo que nos pasa, porque si fuera así estaríamos condenados a vivir persiguiendo los éxitos para lograr sentirnos personas.
Dice san Pablo, que no debemos “extinguir el Espíritu” que es la presencia viva de Dios en nosotros y esa presencia de Espíritu está dada por la capacidad “alegría” que podemos albergar en nuestro alma, alegría que en definitiva es lo que se contagia a los demás…
A esta conclusión es a la que han arribado los científicos de Harvard: la total aceptación de uno mismo con sus luces y sombras no definen la identidad, sino que la conforman. Porque el hecho de que mi vida esté sembrada de logros y fracasos, de triunfos y derrotas,  no hace de nosotros hombres y mujeres felices. Lo que nos convierte en verdaderamente felices, es “examinar nuestra vida y quedarnos –siempre- con lo bueno”…

P. Javier  Rojas sj
            
Cuántos nacimientos hay en nuestras vidas? Son tantos! Lo has advertido?
Nacemos cada vez que pedimos perdón a los que hemos dañado. Cada vez que auxiliamos al que lo necesita. Nacemos cuando queriendo llorar elegimos sonreír esperanzados.
Cuando oramos con vehemencia sabiendo que seremos escuchados. Cuando trabajamos por el Reino de Dios aquí en la tierra. Cuando nos hacemos solidarios con el necesitado, que muchas veces no está en un país lejano si no en nuestra propia casa.
Nacemos con Jesús el 25 de diciembre, y cada mañana cuando amanecemos con sueños y proyectos.
Y como bebés que arriban a la vida podemos aprender a caminar de nuevo sin caernos. Y a levantarnos si  tropezamos. A hablar, con palabras prudentes y atinadas. A escuchar atentamente al que nos habla y a ser alegres con muy poco…A obedecer al que sabe, y a aprender humildemente.
Nacemos cuando nos sorprende y maravilla la naturaleza, y cuando nos estalla el corazón de emoción por lo bueno y santo que nos circunda.
Que cuántos nacimientos tenemos? Tantos como deseemos…Sólo basta la disposición del volver al vientre de la Madre, y de que Ella nos geste de nuevo.
Quién dijo que todo sería fácil? Pero cada día nos trae la esperanza de un comienzo…
Cuándo podemos nacer? Hoy mismo. Si tú quieres…
Ale Vallina
“Hazme entender mi Señor,
por qué tu ser sobre todo nombre
ha renunciado al poder, 
y opta ser pequeño y pobre.”


Martín Valverde

viernes, 9 de diciembre de 2011

Enséñame cómo se va a ese país
que está más allá de toda palabra
y de todo nombre.
Enséñame a orar a este lado de la frontera,
aquí donde se encuentran estos bosques.
Necesito que tú me guíes.
Necesito que tú muevas mi corazón.
Necesito que mi alma se purifique
por medio de tu oración.
Necesito que robustezcas mi voluntad.
Necesito que salves y transformes el mundo.
Te necesito a ti para todos cuantos sufren,
para todos cuantos padecen prisión,
peligro o tribulación.
Te necesito para todos cuantos han enloquecido.
Necesito que tus manos sanadoras
no dejen de actuar en mi vida.
Necesito que hagas de mí,
como hiciste de tu Hijo,
un sanador, un consolador, un salvador.
Necesito que des nombre a los muertos.
Necesito que ayudes a los moribundos a cruzar el río.
Te necesito para mí, tanto si vivo como si muero.
Es preciso. Amén. 
          
Thomas Merton

«... y verás con claridad... » Lc 6, 42

«Amar no es proyectar sino descubrir. Una mirada libre de egoísmo es la que puede descubrir la bondad del ser humano. Por ello, amar verdaderamente es estar abierto a la sorpresa y la novedad del otro. No puedo amar con sinceridad si con la mirada juzgo con dureza a los demás. ¿Cómo puedes pretender descubrir a Dios si tu mirada está teñida de  rencor y resentimiento? «Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad» (Lc 6, 42) Mientras te preparas a contemplar el nacimiento del Hijo de Dios, no te olvides de preparar el corazón para recibirlo. Recuerda que los ojos son las ventanas del alma y quien se asoma a ellos descubre la grandeza o estrechez del corazón humano. Reconcilia tu corazón y entonces verás con claridad el nacimiento del niño Dios.» (Javier Rojas SJ)
Esperaré a que crezca el árbol
y me dé sombra.
Pero abonaré la espera con mis hojas secas.
Esperaré a que brote el manantial
y me dé agua
Pero despejaré mi cauce
de memorias enlodadas.
Esperaré a que apunte
la aurora y me ilumine.
Pero sacudiré mi noche
de postraciones y sudarios
Esperaré a que llegue
lo que no sé y me sorprenda
Pero vaciaré mi casa de todo lo enquistado.
Y al abonar el árbol,
despejar el cauce,
sacudir la noche
y vaciar la casa,
la tierra y el lamento se abrirán a la esperanza.
Benjamín González Buelta sj

“Cada día que comienza es un milagro”, y “A cada día le basta su faena”, son dos frases conocidas por todos. Hoy resuenan especialmente en mi memoria…
No puedo comenzar cada mañana mirando el ayer o preocupada por el futuro. Si lo hago me  privo de un “hoy” cargado de sorpresas y de  vida…
Tampoco puedo “enroscarme” en el pasado. O peor aún, quedarme en él.
Y respecto del futuro? No ha llegado, no sé nada de él…por eso: para que perder el tiempo pensando en lo que no llegó?
En ocasiones, nuestra mente nos intriga con  jugarretas insanas e inquietantes. Y contra esas intrigas enmarañadas hay que luchar…porque nada de lo que pudiera hacer hoy cambiaría mi pasado. Y nada de lo que pueda imaginar sobre el futuro puede ser cierto.
Qué queda pues entonces? Lo más sano  es cada mañana abrir los brazos para recibir lo mejor que ese día quiera regalarme…Pedir al Señor fortaleza y alegría. Lanzarme a la vida con entusiasmo y luchar contra los malos pensamientos que entristecen.
Y cómo se lucha contra los pensamientos que desconsuelan? Con oración…
 Cada vez que asolan las buenas razones “aparentes”, o aparece la sombra de la amargura, eleva tu mirada a Dios y reza. Reza siempre y con perseverancia. Reza con los ojos cerrados o abiertos. Reza en silencio o con palabras. Reza de noche y de día. Reza para dar gracias o para pedir. Poco a poco el desaliento desaparecerá y un dulce bienestar inundará tu alma…
Dios nos desea unidos a Él, no alejados…Y la oración siempre nos acerca a la fuente de la Vida.

Ale Vallina


jueves, 8 de diciembre de 2011

Cada 8 de diciembre al preparar el pesebre, me recorre el mismo sentimiento de gratitud… Dios que miró la pequeñez de María y la hizo Madre del Salvador… también es Madre nuestra!
Ella, la jovencita humilde que con su “SI” nos abrió las puertas del cielo no deja de mostrarnos el rostro amoroso y “femenino” del Padre. Él quiso que su Hijo naciera de mujer, de la fragilidad y la suavidad de una dama…
No hay vientre más bello que el de Ella, ni mirada más dulce que la suya…María, la siempre Virgen fue Madre por decisión del Señor y sigue siendo Madre con cada uno de sus hijos cada día de nuestras vidas…
Mientras preparo el pesebre la percibo en la espera confiada de ese Hijo que le está por llegar…Recorro con mi imaginación su dulce rostro de “espera”, su figura menuda y su sonrisa tranquila... Nada en ella es desorden, es sólo armonía que “aguarda”…
Observo, con mis ojos cerrados, su vientre abultado donde la Vida se gesta magníficamente. Presiento la alegría  que se despliega en nueve meses, pero que a su vez es eterna… Presiento su  alma delicada cuando medita en Él que está por venir…
Vuelvo a mirar mi pesebre. Como cada 8 de diciembre. Coloco las figuras en sus sitios. Y Ella, en sitial de honor, esperando al Niño…
Me brota el agradecimiento y el júbilo…
Le digo, uniendo mis manos: “María, la llena de gracia, cuánto amor que brota de tu corazón  por nosotros, tus hijos. Madre del Salvador y Madre nuestra eres  compañía permanente de los que te buscamos,  no nos desampares…”
Como cada 8 de diciembre cuando coloco las figuras en el pesebre, la miro embelesada…Todo está en orden, en espera paciente y confiada…Todo aguarda al Que Viene.
A ese Dios encarnado, cuya Madre es mi Madre…

Texto Ale Vallina
Pintura Mónica Ozámiz Fortis
‎"ALÉGRATE, LLENA DE GRACIA, EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO"

En tu bondad y en tu poder fundo mi vida. En ellos espero, confiando como niño. Madre Admirable, en Ti y en tu Hijo, en toda circunstancia, creo y confío ciegamente.
Yo también quisiera poseer, Santa María,
ojos tan lúcidos como los tuyos.
Para comprender el Misterio que te hace grande,
Para entender la Palabra que te hizo feliz,
Para no perder los caminos que conducen
a la alegría viva y permanente que brota en el cielo.
Yo también quisiera tener tus ojos, Santa María,
para descubrir definitivamente a Jesús
y no perderlo ante tanto escaparate que la vida me ofrece.
Yo también quisiera tener tus ojos, Santa María,
y por encima de valles y de montes
saber que me espera un horizonte en Dios
con los brazos abiertos.
¡Ayúdame, Santa María!
Dame esos ojos grandes que ven a Dios,
Dame esos ojos limpios que contemplan a Cristo,
Dame esos ojos penetrados por los rayos del Espíritu.
Y, si acaso no puedo,
sólo te pido que no dejes de mirarme.

«Madre nuestra»

Señor, Tú que nos diste por Madre a María,
en la que tenemos el modelo
de la nueva humanidad,
haz que estemos, como ella,
abiertos a la Verdad
y que seamos humildes servidores
de la Palabra
para proclamarla con fidelidad.
Que testimoniemos las maravillas del Padre,
su amor y misericordia
entre los hombres.
Te lo pedimos a Ti,
que vives y reinas
por los siglos de los siglos.


                                                   AMEN.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

QUIEN PUEDE DECIR LO QUE DIOS HARIA DE NOSOTROS SI NOS ATREVIERAMOS, SOBRE SU PALABRA, A SEGUIRLE HASTA EL FINAL DE SUS INSPIRACIONES Y A ABANDONARNOS A SU PROVIDENCIA?


Teilhard de Chardin

¿Dónde está Dios?

«Preguntamos con frecuencia ¿Dónde está Dios? ante el dolor, el sufrimiento y la soledad. Preguntamos ¿Dónde está Dios? en los fracasos, en la muerte y en la tragedia. Preguntamos ¿Dónde está Dios? ¿Dónde estuvo? Y ¿estará Dios?. Nuestros cuestionamientos lanzados al aire resuenan al unísono cuando el misterio de la vida se muestra en toda su realidad. Cuando nuestro proyectos no se concretan, cuando nuestros deseos no se cumplen o cuando nuestro mezquino parecer acusa a Dios por no responder a la imagen que de él nos hemos formado. Pero, ¿No resulta extraño que vinculemos a Dios con el sufrimiento y no con la felicidad? En los momentos de alegría y gozo, nos preguntamos ¿Dónde está Dios? Cuando logramos nuestros objetivos, nos preguntamos ¿Dónde está Dios? Cuando alcanzamos nuestras metas, nos preguntamos ¿Dónde está Dios?. Pregunto; ¿A quién adoras en realidad? ¿En quién has puesto tu confianza? ¡Que no te sorprenda descubrir que tal vez, sólo te buscas a ti mismo» (Javier Rojas sj)

martes, 6 de diciembre de 2011

Fe + Providencia

«Saberse siempre en las manos de Dios; ésa es, pues, la formulación exacta de la fe en la providencia, por más que no siempre pueda ser una experiencia sensiblemente verificada. De ella surge un tipo de hombre y de mujer capaces de admirar y amar la creación, de luchar contra toda forma de mal en ella, de olvidarse un poco de sí y de entregar su presente y su futuro a Dios. También el de las personas a las que se ama» (José A. García sj)

Amor + Aceptación

«Quién está empeñado seriamente en aceptar ser uno mismo en cualquier aspecto de su vida y se ha expuesto a dejarse conocer libremente por el otro sin incurrir a coberturas defensivas, sabe lo difícil que es permanecer así de "transparente" a uno mismo y al otro, pero además constata que sólo asumiendo esta postura, los encuentros se convierten en claros y constructivos» (Bruno Giordani)

lunes, 5 de diciembre de 2011

El mundo está lleno de mil razones diarias para la alegría. No
hace falta inventarlo, soñándolo mejor de lo que es; no es siquiera
necesario ignorar sus zonas negras. Basta verlo con ojos abiertos y luminosos.
Basta con no ponerse las diabólicas gafas de las tinieblas...

José Luis Martín Descalzo
“Razones para la esperanza”

domingo, 4 de diciembre de 2011

«Cuando venga mi Hijo,
me callaré.
Si él es la Palabra
yo ¿qué?...
Belén está ya cerca,
casi se ve.
Se acaba la tarea
que comencé.
Porque cuando en mis brazos
nacido esté,
el "hágase" que dije
repetiré.
Y ya no diré nada.
Ya ¿para qué?
Si él es la Palabra
me callaré».


José Luis Martín Descalzo

Quiero, Señor, preparar tu camino.
Luchando, por rebajar todas esas
colinas de autosuficiencia.
Avanzando, para llenar lo que la sociedad
caprichosa e insolidaria, mezquina y sin sentido,
pretende dejar lo más sagrado, vacío y sin contenido.
Quiero, de verdad Señor, preparar tu camino.
Despejar nuestras mentes embarulladas por lo efímero
y colmarlas con tu presencia, con tu Nacimiento.
Denunciar falsedades o verdades a medias
y, con la trompeta de tu nuevo día,
pregonar a este mundo que todavía
es posible la esperanza.
Javier Leoz

Confianza

«Unirse a alguien es emigrar hacia él, saliendo de nosotros mismos. Es perderse. Es vaciarse para dejarse invadir. Es comulgar con Dios hasta que él sea todo en nosotros» (José A. García SJ)

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