sábado, 4 de febrero de 2012

«Un Amor sin estrenar»

«  29 Inmediatamente después de haber salido de la sinagoga, fueron a casa de Simón y Andrés, con Jacobo (Santiago) y Juan.  30 La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y enseguida hablaron a Jesús de ella.  31 El se le acercó, y tomándola de la mano la levantó, y la fiebre la dejó; y ella les servía.  32 A la caída de la tarde, después de la puesta del sol, trajeron a Jesús todos los que estaban enfermos y los endemoniados.  33 Toda la ciudad se había amontonado a la puerta.  34 Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y expulsó muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque ellos sabían quién era El.  35 Levantándose muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, Jesús salió y fue a un lugar solitario, y allí oraba.  36 Simón y sus compañeros salieron a buscar a Jesús.  37 Lo encontraron y Le dijeron: "Todos Te buscan."  38 Jesús les respondió: "Vamos a otro lugar, a los pueblos vecinos, para que Yo predique también allí, porque para eso he venido."  39 Y fue por toda Galilea, predicando (proclamando) en sus sinagogas y expulsando demonios.»
Mc 1, 29-39



Las relaciones de pareja, amistad, laboral, religiosa, etc. que se sustentan en el “aprecio” y “valoración del otro” desarrollan una dinámica que es interesante advertir.
Todos apreciamos ser queridos y amados por los demás. Pero, ¿ponemos límites y condiciones al amor del otro? ¿Aceptamos ser amados sin condiciones?
Solemos decir que es “amor” lo que sentimos por la otra persona cuando nos despierta cariño, ternura, compasión. Cultivamos gestos, palabras, actitudes con los cuales pretendemos manifestar externamente el sentimiento profundo que llevamos por dentro.
Sabemos, por experiencia propia, que el amor “potencia” lo mejor de nosotros. Descubrimos realidades personales que permanecían ocultas y de manera significativa nos reconocemos con capacidad de salir de uno mismo e ir al encuentro del otro.
Me gusta oír cuando las personas dicen “Amo a Dios” o cuando expresan “desde que conocí al Señor mi vida cambio” y ver como ese sentimiento les abre el corazón para servir y ayudar a los demás. Es maravilloso ver al ser humano  enamorado de Dios porque en su rostro se refleja un pedacito de cielo, un trocito del Edén.
Pero aun así, por momento percibo que ponemos límite al amor del otro y como consecuencia de ello “hay una porción de Amor que queda sin estrenar”.
No podemos negar que, aunque muy lentamente, la imagen del Dios castigador y vengativo va quedando en el pasado. La religión del cumplo y miento (cumplimiento)  que durante mucho tiempo sirvió para tranquilizar las conciencias escrupulosas, se va transformando gracias a quienes han sabido mostrarnos, como lo hizo Jesús a sus contemporáneos, el rostro paterno de Dios.
El hombre de hoy no teme el castigo ni la venganza de Dios. Siente la libertad para amar o rechazar a Dios, e incluso para “negar su existencia”.
Y nosotros, los que decimos amar a Dios y aceptar su amor ¿Dejamos que Dios nos ame como él quiere? ¿Aceptamos sin condiciones el amor que quiere ofrecernos? ¿Dejas a tú que Dios te ame como él quiere? ¿Le permites a Dios que elija como amate?
En ocasiones creo que nos falta mucho camino por transitar. Haber perdido el miedo a Dios, no significa que hayamos aceptado su amor: Su manera de amar.
Y ¿Cuál es ese modo de amar de Dios? ¿Cómo elige Dios amar al hombre? Marcos en el evangelio de hoy dice que «la tomo de la mano y la levanto» (Mc 1, 31).
Dios ama extendiendo la mano y tocando. No tuvo asco del barro cuando modelo al hombre en sus manos. No dudo Jesús en tocar al leproso, al ciego, al paralítico, a los poseídos por espíritus inmundos. Dios no se escandaliza de la miseria del hombre ni de su pecado. No se fija en la “suciedad” que lleva encima. Se acerca hasta el lugar donde hombre yace deprimido y desolado por sus faltas y “repara sus fuerzas”. Dios fortalece al abatido, levanta al caído y lo pone en pie.
Con frecuencia nos avergonzamos ante Dios cuando hemos pecado porque queremos ofrecerle un corazón limpio y un alma inmaculada. Nos entristecemos  como el niño que “mancha” su prenda de ropa nueva y limpia. Quedamos con lágrimas en los ojos pensando que no hemos estado “a la altura del Amor De Dios”.
¡Qué poco sabemos del amor de Dios! ¡Cuántos límites ponemos a su manera de amar! Pensamos que el pecado y Dios son “irreconciliable”, que el amor que debemos ojfrecer debe ser siempre puro y limpio, pero pocas veces nos preguntamos ¿Cómo elige amarme Dios? ¿No hay acaso mayor amor en aquel que acoge incondicionalmente? ¿No es “puro y limpio” el amor que se derrama sobre aquel que no tiene mérito para merecerlo? ¿Tiene límite el amor de Dios hacia nosotros?
Deja a Dios que se acerque tu miseria y no te avergüences de ello. Permítele a Dios que el elija como amarte. No le pongas límites ni condiciones. “Estrena” el amor que tiene para darte. Es un amor que viene de lo alto, un amor que es divino.
Pidamos a Dios, libertad para aceptar “su” manera de amar. Que nos libere de los prejuicios que tenemos hacia él.


P. Javier  Rojas sj
Espíritu Santo,
eres el alma de mi alma.
Te adoro humildemente.
Ilumíname, fortifícame,
guíame, consuélame.
Y en cuanto corresponde al plan
del eterno Padre Dios
revélame tus deseos.
Dame a conocer
lo que el Amor eterno desea de mí.
Dame a conocer lo que debo realizar,
dame a conocer lo que debo sufrir,
dame a conocer lo que, silencioso,
con modestia y en oración,
debo aceptar, cargar y soportar.
Si, Espíritu Santo,
dame a conocer tu voluntad
y la voluntad del Padre.
Pues toda mi vida
no quiere ser otra cosa,
que un continuado y perpetuo Sí
a los deseos y al querer
del eterno Padre Dios. Amén

P. Kentenich
Lo que es de Dios durará. Pertenece a la vida eterna.
 Henri Nouwen
¡Señor Jesús! 
Mi Fuerza y mi Fracaso 
eres Tú. 
Mi Herencia y mi Pobreza. 
Tú, mi Justicia, 
Jesús. 
Mi Guerra
y mi Paz.
¡Mi libre Libertad!
Mi Muerte y Vida,
Tú,
Palabra de mis gritos,
Silencio de mi espera,
Testigo de mis sueños.
¡Cruz de mi cruz!
Causa de mi Amargura,
Perdón de mi egoísmo,
Crimen de mi proceso,
Juez de mi pobre llanto,
Razón de mi esperanza,
¡Tú!
Mi Tierra Prometida
eres Tú...
La Pascua de mi Pascua.
¡Nuestra Gloria por siempre
Señor Jesús!
Pedro Casaldáliga
Pintura Paco Ponce.

viernes, 3 de febrero de 2012

Dios no quiere propiamente nuestro tiempo o nuestra atención, ni siquiera todo nuestro tiempo y toda nuestra atención.  Nos quiere a nosotros. Carl Lewis
LAS FALSAS IMÁGENES SOBRE DIOS
− Un Dios que tapa agujeros, un Dios mentolatum, al que acudo solamente en momentos difíciles. Es 
un Dios milagrero si cumplimos mandas y promesas o peregrinaciones. Dios puede hacer milagros, 
pero normalmente deja que las leyes de la naturaleza sigan su propio curso. Dios promete ayudarnos
“si pedimos el Espíritu”, pero no nos ahorra la dificultad y limitaciones de la vida humana.
− Un Dios que es controlador como el aparato ese que se pone a la entrada de las empresas para fichar
la hora de entrada y salida. Y es controlador porque lo conoce y sabe todo. Quien cree en un Dios
así, construye su relación con El desde la Ley: es como el fariseo que cumple la Torah. Nunca puede
sentir cariño por Dios, sentirá sólo la frialdad de cumplir leyes.
− Un Dios castigador “que premia a los buenos y castiga a los malos”. No se parece al Cristo de la
Cruz que perdonó al ladrón. Ante ese Dios se siente miedo más que amor. Es lo que le ocurre al de la
parábola de los talentos que no puede crecer porque siente miedo ante Dios. Y por eso escondió el
talento que se le dio. Ante el miedo, uno se bloquea ante Dios. Como Adán y Eva que se esconden
por miedo de Dios.
− Otra imagen frecuente es un Dios que ya no tiene novedad para mí, es como una película ya conocida,
ya vista que nunca me puede sorprender porque ya sé su final. Es un Dios memorizado pero nunca
experimentado. No lo dejo que me sorprenda. Ante ese Dios solemos usar el nombre de Dios en
vano, usamos el Templo y lo religioso para nuestro propio provecho personal, manipulamos a Dios
pero no nos dejamos tocar por Dios, no dejamos que Dios entre en su templo.
− Otra imagen en circulación frecuente es la de un Dios que nos pide continuamente obras, como que
nos dice “obras son amores y no buenas razones”. Se nos medirá por las obras. Frente a ese Dios
surge el activista ante Dios: Marta, Marta, ¿por qué te afanas? Como que uno tiende a creer que al fin
de nuestra vida se nos va a pedir cuenta de lo que hacemos mas que de lo que somos.
− También es frecuente entre la gente joven sentir a un Dios como el enemigo de mi libertad. Lo que
Dios me pide suele ser lo contrario de lo que me produce placer o felicidad aunque sea pasajera. Es
como un Dios anti-felicidad que sólo busca que me acomode a un código preestablecido de lo que es
felicidad. Siempre que pienso en él se me viene a la mente palabras como “no se puede, no es lícito,
no es correcto, no está bien...” Dios se me convierte en un inmenso código de prohibiciones que van
contra mi felicidad sexual, afectiva, en contra de mi personalidad, de mis relacione y de mi
independencia. Al fin siento una contradicción entre mi libertad que Dios me dio y el uso de ella.
− Otra imagen típica de Dios es la que requiere que uno se presente ante El siendo perfecto, limpio, sin
mancha ni tachadura y no acepta que la hierba buena convive con la mala y Dios lo asume. No
entiendo que Cristo ha venido a buscar a los pecadores.
− Una ultima imagen es la de un Dios ancianito que ni ve lo que pasa, una especie de abuelito que ni se
entera de lo que ocurre alrededor de El y al que se puede calmar con algunas oraciones o prácticas
religiosas. Dios no es ajeno ni distante, es Verdad.
Frente a todas estas imágenes lo único que nos dice la Escritura es que la imagen de Dios de la que
Jesús habló es la del Abbá, el papito, el Padre que es capaz de un amor incondicional.
Eugenio Valenzuela
Dios está entre nosotros y, sin embargo, hay que buscarlo. Quien cree haberle hallado ya, está muy lejos de El. Desde el momento en que Iñigo tuvo el primer encuentro con el Señor, no cesó nunca de buscarle. Hemos de buscar a Dios porque, a pesar de que se encuentra en todas las encrucijadas de la vida, nuestro corazón no siempre es transparente a su presencia. Hay que descubrir, pues, al Dios-con-nosotros mediante el cambio constante de actitudes y comportamientos.
José María Rambla, SJ

jueves, 2 de febrero de 2012

Cuando una persona alza su mirada hacia Él, hacia Jesucristo,
le sobreviene una transformación, en comparación
con la cual la mayor revolución es una nimiedad.
Consiste, sencillamente, en que quien alza la mirada hacia
Él, cree en Él, puede llamarse y ser aquí en la tierra hijo de
Dios. Es ésta una transformación interior que, sin embargo,
resulta imposible que se quede en algo puramente interior.
Por el contrario, cuando se produce, se abre paso
con fuerza hacia fuera. A esa persona le amanece una gran
luz, intensa y constante. Y precisamente esa luz se refleja
en su rostro, en sus ojos, en su conducta, en sus palabras y
en su manera de comportarse. A una persona así, incluso
en medio de sus preocupaciones y sufrimientos, pese a todos
sus suspiros y gruñidos, se le causa una alegría: no una
alegría gratuita y superficial, sino profunda; no pasajera, sino
permanente. Y precisamente esa alegría lo convierte,
aun cuando esté triste y sus circunstancias sean igualmente
tristes, en una persona de la que, en el fondo, se adivina
que es una persona alegre. Digámoslo con franqueza: ha
recibido algo por lo que reír, y no puede reprimir esa risa
ni siquiera cuando, por lo demás, no tiene nada de qué reír.
No se trata de una risa malvada, sino bondadosa; ni de
una risa sarcástica, sino amable y consoladora; tampoco es
una risa diplomática, como se ha hecho habitual en el ámbito
de la política, sino una risa sincera, procedente de lo
más profundo de su corazón.
Kart Barth.

El abandono en Dios es un don y al mismo tiempo, la mayor manifestación de la libertad del hombre.
No te rindas, recuerda que a veces la última llave es la que abre...
Hay personas que parecen decirle a Dios: Vengo a decirte dos palabras para cumplir contigo.... Con frecuencia pienso que cuando venimos a adorar a nuestro Señor, conseguiríamos todo lo que quisiéramos si le pidiéramos con fe viva y un corazón puro. 
Santo Cura de Ars 
El Silencio interior es el preámbulo necesario
en la mística de la adoración espiritual.
Esto es lo que significa, el silencio interior:
es una Oración de alabanza pero sin palabras.....

miércoles, 1 de febrero de 2012

Creo en Dios, como el ciego cree en el sol… no porque lo ve sino porque lo siente. En todo momento y en todo lugar...
Que tus lágrimas sean como perlas jamás como espinas…

Recemos por el aumento de vocaciones sacerdotales y religiosas. Y para que haya más laicos comprometidos en anunciar la Buena Nueva. 
Así como cuando vivía Jesús ibas, Madre, con el cántaro sobre la cabeza a sacar agua de la fuente, ven ahora a tomar agua de la gracia y tráela, por favor, para nosotros que tanto la necesitamos.
San Alberto Hurtado, SJ 

martes, 31 de enero de 2012

Reza, pero no dejes de remar...
De la boca del hombre sale lo que habita en su universo...
Palabras de amor o palabras de odio. Palabras de alegría o palabras de tristeza.
Qué habita tu universo?
Cuando afirmamos constantemente la verdad de ser los elegidos, pronto descubrimos dentro de nosotros un vivo deseo de revelar a los demás su propia condición de elegidos. En vez de hacernos sentir que somos mejores, más preciosos o más valiosos que los otros, nuestra conciencia de ser elegidos abre nuestros ojos a la realidad de la elección compartida con los demás.
Henri Nouwen
¿Vale la pena ser jesuita? Se le pregunta a Fernando Prado sj, misionero en África
Pues claro que sí, para mí es una vocación fabulosa (si tuviera que volver a empezar, lo haría sin la menor duda y repetiría mi vida con puntos y comas).
Basta con ver todo lo que hace la Compañía y todos los servicios que presta en todo el mundo y en todos los campos actualmente (y si tienes en cuenta la historia, más todavía), para ver que vale la pena pertenecer a ese grupo apostólico al servicio de la iglesia y de la humanidad. Pero a condición de asumir a fondo la vocación con todas sus exigencias, para integrarlas, única manera de realizarse espiritual y humanamente. Lo que no se asume, se lo padece, y eso no dura. Todo se juega entre esas dos palabritas, asumir o padecer, no hay término medio.
¿Una frase que resuma su vida jesuita (misionero o no)?
Ninguna vida puede llegar a su plenitud si no fue plenamente aceptada.


lunes, 30 de enero de 2012

Para ayudarte a descubrir a Dios en tu vida
1. Al final del día me relajo y silencio el ruido interior.
2. Reveo el día que termina y respondo las estas preguntas:
- En dónde descubro que Jesús estuvo actuando en el mundo? En qué acontecimientos, en qué personas?
- Descubro la acción de Jesucristo dentro de mí: en qué sentimientos, en qué deseos, en qué impulsos del corazón?
- Cómo me incorporé a la acción de Jesuscristo en el mundo y en mí durante esta jornada?
3. Doy gracias "por tanto bien recibido" durante ese día.
4. Pido perdón por mi amor tan limitado.
5. Ofrezco mi persona para amar más en relación a lo que este día Jesús me hizo sentir o me movió internamente.
La oración de esta semana se basará en el verbo "Cooperar". 

Después de esto, designó el Señor a otros 72, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Lucas 10,1

Co-operar es obrar-con. Cooperar implica obrar de tal modo que haya espacio para mi hermano, o mejor: de modo que haya espacio para ambos.
Lo contrario de la cooperación es la autosuficiencia, que empobrece a uno sin enriquecer al otro. De hecho, la sola falta de cooperación produce ya varios males:
1. Ineficiencia en la gestión de los recursos. Todos tenemos dones diferentes y eso es lo que hace maravillosa la obra de cooperar, porque cada uno aporta miradas diferentes sobre una misma realidad. 2. Repetición innecesaria de tareas. El autosuficiente no delega y muchas veces debe ejecutar las mismas tareas. 3. Envidia y competencia desleal. 4. Epidemia de murmuraciones y calumnias. El que “se corta solo” como comúnmente se dice, provoca todo tipo de malestares en los otros que desearían pero no pueden cooperar. 5. Desatención de los problemas esenciales. Es inevitable, cuando cada uno sólo quiere ocuparse de sus intereses, que poco se caiga en la cuenta de aquello que afecta a todos y que desde luego es racionalmente más importante que lo que tiene que ver sólo con algunos…
A la vista de estos males, surge espontánea la pregunta: cómo educarnos en una cultura de la cooperación?
Es importante que no se pierda nunca de vista esa maravilla que se llama el “bien común”. Piense en términos de “nosotros”. Pronto comprobará que un pensamiento así es contagioso. Esto vale para una amistad, pareja, iglesia…
No pretenda saberlo todo, ni resolverlo todo; no se presente como el gran redentor: usted . también necesita ayuda. Agradézcala entonces cuando le llegue y no pretenda decidir todo con autosuficiencia.
Sobre todo, no se fíe de sus solas fuerzas, especialmente si nota que el ambiente no se presta para muchas colaboraciones. Ore por sus compañeros, jefes y subalternos. Nunca deslinde su propio bien del futuro de su grupo, familia o empresa…Respete los tiempos de los otros…
Preguntas para el diálogo
1. ) Bajo qué criterios te decides a cooperar en algo y con alguien?
2. ) Te es fácil cooperar en las ideas de otros?
3. ) Quién (es) te han cooperado en tu vida, y en qué?
4. ) De qué forma cooperas en tu familia?
5. ) Cuál es tu concepto del cooperar?
6. ) En qué forma le cooperas a tus amigos?
7. ) Cómo y en qué te cooperan tus amigos?
8. ) Cómo crees que ha cooperado Dios en tu vida?
9. ) Dios necesitará de nuestra cooperación? Cómo puedes cooperar con Él?

Nosotros cooperamos con Cristo (2Cor 6,1) especialmente cuando trabajamos por el alimento que no perece (Jn 6,27), cuando trabajamos por la paz (Mt 5,9), por nuestra propia salvación (1Tes 1,3) y en general en las obras de aquel que envió a su Hijo (Jn 9,4), pues la gracia misma de Dios coopera con nosotros (1Cor 15,10) hasta que lleguemos al descanso en el que Cristo nos ha precedido (Heb 4,10; Ap 22,12).

“Todos, bajo palabras contradictorias, expresamos los mismos impulsos. Nos dividen los métodos, no los fines. Y vamos a la guerra los unos contra los otros en dirección de las mismas tierras prometidas”. A. S. Exupéry.
TALITA KUM (LEVÁNTATE), TALITA KUM
TALITA KUM (LEVÁNTATE), TALITA KUM

Si el miedo silencia tu vida
durmiendo todos tus sueños
de un mundo justo y humano
en el que Jesús sea el centro.

Si el ruido ensordece tu oído
sin dejarte escuchar su Palabra,
atrévete a ser tu mismo;
Él toma tu mano y te alza.

Si envuelto en el ritmo diario
no aciertas a hallar su presencia
recuerda que habita en ti mismo,
Él sana tu herida y te alienta
Cristo es la respuesta total a la pregunta total
del hombre.
 Karl Rahner

domingo, 29 de enero de 2012

Quién eres, cuáles son tus valores, qué representas… son tu ancla, tu norte. No vas a encontrarlo en ningún libro; lo encontrarás en el alma. 
A. Mulcahy.

«Cállate y sal de él»


« En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a Cafarnaúm. Al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús, entonces, le conminó diciendo: «Cállate y sal de él». Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él. Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen». Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.».


Mc 1, 21-28


Antes de entrar en la reflexión de este pasaje del evangelio conviene hacer una distinción entre Satanás y los demonios que existía en la época de Jesús. Satán, que originalmente se denomina el “acusador”, era el que vigilaba las acciones de los hombres con el fin de informar a Dios de su conducta y tener motivo “de que acusarles”. Por el contrario, los demonios –daimon- que significa fantasma, eran los responsable de los males físicos. De ahí que a los demonios se atribuyeran las enfermedades internas, aquellas que no eran perceptibles en heridas externas y que impedían al hombre realizar correctamente sus funciones. Las enfermedades externas nunca se les atribuyen a los demonios. Jesús hace lo único que en su tiempo podía hacer, ordenar a los demonios que salieran del cuerpo del poseído.
Con esto no pretendo iniciar una reflexión o discusión sobre los demonios. Ya hay demasiada gente aventurada en cazarlos y perseguirlos. Más bien quiero centrar mi atención en las palabras de Jesús, sobre toda en aquellas que el evangelista deja entrever sutilmente.
Cada vez estoy más convencido de que en la mente de muchas personas viven ideas que no son suyas, y no lo digo porque existen “pocas ideas” sino porque han creído en todo lo que le han dicho sin ningún espíritu crítico ni capacidad de discernir y quedarse con lo “bueno”.
Esas ideas, que un día fueron palabras, quedaron grabadas en lo más profundo y están allí acusando y martirizando a quien no puede ni tiene el valor para defenderse de ellas. ¿A qué me estoy refiriendo? A las malas palabras y no por groseras, sino por dañinas que han pronunciado otros sobre nosotros y las hemos acogido como verdaderas. ¿Has tomado conciencia de las palabras que usas para dirigirte a tus hijos? ¿Eres consciente de que como adulto tus palabras tienen peso?
Escucho muchas veces a padres y docentes quejarse de que sus hijos o alumnos no son obedientes porque no escuchan y no responden a lo que se les manda, y al poco tiempo de conversar con ellos me digo a mí mismo “¡que sanos son estos chicos que hace oídos sordos a tales palabras!”. Es increíble el daño que pueden hacer unas malas palabras… El dolor que dejan puede durar muchos años…incluso toda la vida.
Lo peor es que en virtud de la “autoridad” de quien lo diga (padres, docentes, sacerdotes, religiosas) esas palabras tienen una fuerza tal que sólo un poder opuestamente superior puede desterrarlos del alma.
Es aquí donde Jesús tiene palabras de vida eterna. Cómo cuesta creer en las palabras de amor de Jesús cuando en el interior del hombre resuenan palabras de acusación, desvalorización y desprecio…
Cuando nos encontramos con personas que tienen muy poco aprecio por sus vidas es porque pocas palabras de valor les han dirigido. Cuando nos encontramos con personas iracundas es porque existieron palabras que fueron mandatos y exigencias. Cuando vemos hombres y mujeres buscando amor y estima por todos lados es porque pocas palabras de amor han escuchado.
Hay tantas ideas erróneas sobre nosotros mismos viviendo en el interior de nuestra alma que como fantasmas nos asustan y nos impiden vivir libremente. Andamos poseídos por “malas palabras” que no hacen otra cosa que acusar y remorder la conciencia día y noche… Ecos de aquellas dañinas palabras que siguen resonando en el interior diciendo “no puedes, no tienes, no vales…”
Aquel hombre en la sinagoga dijo a Jesús «¿Qué quieres de nosotros Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos?». Podemos imaginar la respuesta de Jesús, “Si, vengo a acabar con ustedes!”, porque he venido a traer vida y libertad. He venido a decir al hombre que mi Padre lo ama. He venido a reconciliar al hombre consigo mismo y con Dios. He venido a pronunciar una sola palabra y quedaran sanos: “¡Amor!”. Por eso «Cállate y sal de él”.
Aquellas palabras dejaron a todos sorprendidos porque fueron pronunciadas a favor del hombre. En cambio, desgraciadamente como en tiempo de Jesús, encontramos en la Iglesia que la Palabra que fue derramada en nuestros corazones en favor de la libertar del hombre es pronunciada para esclavizar, martirizar y llenar de culpa. Que pena me da escuchar que en nombre del Autor de la Vida se pronuncian palabras de acusación. ¡Cómo es posible que se llamen a si mismos servidores de Dios, cuando llevan en su labios palabras de acusación!
Podemos terminar esta reflexión con esta oración: “Señor Jesús, Palabra del Padre Eterno libra mi mente, mi corazón, mi vida de aquellas palabras que me atormentan. Destierra de mi corazón el dolor y la pena que me oprime y restaura en mí la verdadera imagen de Hijo amado.


Amén.
P. Javier Rojas sj

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