sábado, 18 de febrero de 2012

“Este es mi Hijo amado; escúchenlo” nos dice el Evangelio de hoy.
Ante este imperativo del Señor no podemos ni taparnos los oídos ni cerrar los ojos. Dios nos lo dice claramente: que escuchemos a Jesús.
Pero cómo nos cuesta dejar de oír lo que nos conviene y escucharlo a Él...Dejemos que esta frase resuene en nuestro corazón…y preguntémosle: Qué tengo que escuchar mi Dios?
Te rogamos Señor que nos hagas permeables a tus palabras, a tus valores y a tus enseñanzas. Que mis impulsos sean los tuyos Señor. Amén.
Ale.

Cinco maneras de actuar para convertirme en mi propio “verdugo”

¿Cuáles son las diferentes formas que puede adoptar esta tiranía del imaginario llevándonos a exiliarnos de nosotros mismos?

Yo veo cinco, ligadas entre sí como los dedos de la mano.

a) Los celos: «La felicidad está ahí, ¡y yo no estoy!» Huyo de mí mismo, eludo la felicidad que podría encontrar en mí e intento vanamente apoderarme de la que imagino en los demás. No puedo ver la vida en otro sin sentirme excluido, que es la lógica de exclusión en que se encierran quienes están bajo el dominio del Celoso, aquel al que la Biblia llama «Satán», y Teresa de Jesús «ese pobre desdichado que no sabe aman»...
b) Rechazo de mis limitaciones: sueño con ser otro, no acepto verdaderamente mis limitaciones físicas, intelectuales y relacionales. Me siento desgraciado por ser lo que soy. El «me habría gustado...» me envenena y aprisiona.
c) Falta de confianza en mí mismo: ya no sé ver el don recibido de Dios, porque, en última instancia, es del donante de quien desconfío. Dudo que me haya dado lo necesario para actuar por mí mismo.
d) Obsesión por mi imagen: no vivo más que de la mirada ajena, de su estima. Mi vida se convierte en una carrera sin aliento en pos del reconocimiento de los demás. Lo que me hace vivir es aparentar, que me miren «con buenos ojos», no ser. Es lo que los autores espirituales denominan «vanagloria» y Teresa de Jesús «pundonon».
e) Voluntad de resolver los problemas de los demás: sueño de una generosidad devoradora y sofocante que me impulsa a correr a salvar a mi prójimo, aunque no me haya pedido nada. Sin darme cuenta, so capa de actuar por él y por su bien, estoy ocupando su lugar. Del «si yo fuera tú...» he pasado al «pásame el volante...». O, por poner otra imagen, quiero meter mis pies en los zapatos ajenos. Por eso, ya no me tomo tiempo para vivir para mí ni para hacer -o dejar hacerse en mí- el trabajo que me corresponde. Me encuentro disperso continuamente, buscando e inventando constantemente nuevas coartadas, siempre en otra parte.


FÉDRY, JACQUES SJ, Decidir según Dios, “El método de Ignacio de Loyola”, España, Editorial SalTerrae – Mensajero, 2012 págs 79-81

Continuará….
A pedido de varios amigos que nos solicitan que les recomendemos libros sobre espiritualidad, pensamientos cristianos y/o historias de superación personal es que inauguraremos en breve una sección sobre este tema. Gracias por hacernos crecer con sus sugerencias!
P. Javier Rojas sj
Alejandra Vallina.

viernes, 17 de febrero de 2012

“A cada día le es suficiente su propio esfuerzo”... Todo lo demás es ansiedad que nos quita la paz y nos impide vivir lo que tenemos que vivir.
Es tan esencial en nosotros la búsqueda de lo absoluto, que vivimos alternando entre eternizar el momento de dicha y eternizar el momento de dolor.
Cuando absolutizamos el momento de dicha vivimos temiendo su fin. Cuando absolutizamos el momento de dolor vivimos temiendo que no acabará nunca.
Es de sabios saber lo que es obvio y recordarlo: todos los días tienen su noche y todas las noches tienen su día.
Cuando nuestro espíritu es capaz de detenerse en estas verdades, tomamos conciencia de que más allá de problemas y alegrías vivimos inmersos en un insondable misterio.
 La única sabiduría ante el misterio es la aceptación: el acto más lúcido, valiente y cordial de que es capaz la razón humana.
Solamente los rebeldes que lo son hasta las últimas consecuencias, son capaces de llegar a la serenidad consciente de la aceptación.
Hemos perdido la noción del tiempo porque hemos multiplicado y desmedido el deseo del deseo. Ya no tenemos tiempo ni para disfrutar de lo alcanzado.
El deseo es fuente de energía. Pero hay deseos y deseos; y cuando enloquece es capaz de destrozar la vida que debe movilizar hacia más vida.
Cuando aprendemos a vivir nuestros tiempos, descubrimos normalmente la experiencia maravillosa del abrazo cósmico... y en él la certeza de que no estamos solos. 
 Julio César Labaké

¿Sabes por qué se llama al Espíritu Santo el Paráclito? 

La palabra griega "parakletos", literalmente significa «aquel que es invocado». Es una palabra de la literatura joánica que designa, no la naturaleza, sino la función de alguien. Así, invocar al Espíritu Santo es llamar a «aquel que viene cuando es invocado». El que viene por tanto es el abogado, el mediador, el defensor.... Jesús nos presenta al Espíritu Santo diciendo: "El Padre os dará otro Paráclito" (Jn 14,16). No dejes de llamarlo, de invocarlo, para que “venga en tu ayuda”.. ¡Ven Espíritu Santo!!!
"Si tú quieres ser libre hay un camino que empieza desde dentro hacia las cosas. Nos han acostumbrado a equivocarnos, a pensar que elegir es lo importante, que lo que vale es que no nos mande nadie y podamos actuar según las ganas.
"Y por eso vivimos en tensiones, dispuestos a atacar o a defendernos, según la realidad que nos rodee.
"La libertad no está en escoger cosas, sino en saberse ya escogido, sin miedo a las personas ni a las fosas y riesgos que surgen del camino que nace a cada paso.
"La libertad no está en cambiar lo que nos cuesta ni en oponerse, sin más, a los destinos. La libertad es el crear desde lo profundo la posible actitud que nos disponga a enfrentar, enraizada en lo más hondo, nuestra muerte posible y nuestra vida".

José María Camarero

Dios nos está perdonando siempre


«Como nosotros reaccionamos de distintas maneras ante las personas, según respondan o no a nuestros deseos y expectativas, creemos que también Dios es alguien que nos ama cuando le agradamos y nos rechaza cuando le desagradamos. Nos imaginamos a Dios resentido por nuestras faltas, airado ante nuestros pecados. Un Dios que solo nos perdona si previamente hacemos algo para merecerlo. Sin darnos cuenta hacemos de Dios un ser semejante a nosotros, pequeños y mezquinos, que solo sabe amarnos si respondemos a sus deseos» José Antonio Pagola

Para reflexionar: "Cuéntame como vives  y te diré a qué Dios rezas"

jueves, 16 de febrero de 2012

VERBOS PARA ORAR: El verbo de estos días es "Creer"

Dice Jesús: “No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?”
Juan 11,40


Cambiando el orden usual del refrán, uno no sabe si hay que ver para creer o creer para ver. Son tantas las realidades que se abren a nuestros ojos cuando creemos, que casi puede decirse que el creyente y el no creyente caminan la misma tierra pero no viven el mismo mundo…Así de simple…
Es imposible vivir sin creer en algo o en alguien. La cuestión fundamental es a quién creerle…
Creer no es lo contrario de pensar. Dios quiere que creamos no que no pensemos. Nos invita con sus palabras y señales a que tengamos fe, no a que dejemos de tener razones.
En el creyente, la razón no elimina a la fe, ni demuestra la fe, ni disminuye el mérito de la fe, sino que la defiende, purificándola de fábulas e ingenuidades…Ayuda a estructurarla y a exponerla.
Dice Santo Tomás de Aquino que en su núcleo mismo Creer es pensar con asentimiento. Y lo explica así: creer tiene de suyo la firme adhesión a algo, y en esto el que cree se parece al que tiene su certeza a la vista. Por eso dice: “con asentimiento”. Pero por otro lado, el conocimiento de la fe no es el de la perfecta visión, y en esto el que cree se parece al que duda… Diríamos que creer es un “saber en camino”, es una luz indispensable pero no aún plena; es un claroscuro…
Creer es un don de Dios. Los argumentos o los milagros o los testimonios pueden remover los obstáculos pero sólo Dios puede levantarnos por sobre nosotros mismos…Creer es una gracia, un regalo, un deleite y un auxilio que nos llega de lo Alto. Es como respirar, es oxígeno para vivir…

“Creo que eres el Dios vivo bajado del cielo…”

Preguntas para la oración:
1)A quién/ quiénes le crees?
2)Por qué te parece que son creíbles?
3)A quién le creíste en un momento dado, y ya hoy no? Por qué?
4)Cómo relacionas creer y esperar?
5)A ti quién te cree?
6)Crees en ti mismo?
7)Qué le has creído y qué le crees a Dios?


Jesús invita a creer; su primer anuncio es: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; conviértanse y crean en la Buena Nueva” (Mc 1,15). Y al enseñarnos cómo orar insiste: “Todo cuanto pidan en la oración, crean que ya lo han recibido y lo obtendrán” (Mc 11,24). La fe abre ampliamente las puertas de su inmenso poder, como constatamos en el caso de aquellos ciegos que se acercan a Él, a quienes solamente les pregunta: “Crees que puedo hacerlo?” (Mt 9,28).
La fe en Jesucristo actualiza para el creyente las obras propias de Aquel Espíritu que resucitó al Señor de entre los muertos (Hch 3,16; 14,9; 16,31). Esta fe nace de la predicación (Rom 10,17); por ella son purificados nuestros corazones (Hch 15,9), fortalecidos (Hch 27,25) y dispuestos para toda obra buena ( Hch 6,5; 11,22-24; 16,5).

Creo posible que un hombre, mirando la tierra, se vuelva ateo. Me parece, en cambio, inconcebible que ese mismo individuo, mirando al cielo, diga que no existe un Creador. A. Lincoln.

Dios nos concede tanta libertad de pensar, que nos permite hasta el derecho de negarlo. Plácido Alfonso.
Para comprender un poco mejor esta inefable procesión de amor, dejemos por un momento la metafísica divina e interroguemos simplemente a nuestro corazón, y él nos dirá que en el amor consiste toda su vida. El corazón late, late continuamente hasta que muere, y en cada latido no hace sino repetir: Amo, amo; ésa es mi misión y única ocupación. Y cuando encuentra, finalmente, otro corazón que le comprende y le responde: «Yo también te amo», ¡oh, qué gozo tan grande! Pero ¿qué hay de nuevo entre estos dos corazones para hacerlos tan felices? ¿Acaso el solo movimiento de los latidos que se buscan y confunden? No. Estoy persuadido que entre mí y aquella persona que amo existe alguna cosa. Esta cosa no puede ser mi amor ni tampoco el amor de ella; es, sencillamente, nuestro amor, o sea, el resultado maravilloso de los dos latidos, el dulce vínculo que los encadena, el abrazo purísimo de los dos corazones que se besan y se embriagan: nuestro amor. ¡Ah, si pudiéramos hacerlo subsistir eternamente para atestiguar, de manera viva y real, que nos hemos entregado total y verdaderamente el uno al otro! Esta fatal impotencia, que, en los humanos amores, deja siempre un resquicio a incertidumbres crueles, jamás puede darse en el corazón de Dios.
Porque Dios también ama, ¿quién puede dudarlo? Es El, precisamente, el amor sustancial y eterno: Deu caritas est (1 Jn 4,16). El Padre ama a su Hijo: ¡es tan bello! Es su propia luz su propio esplendor, su gloria, su imagen, su Verbo... El Hijo ama al Padre: ¡es tan bueno, y se le da íntegra y totalmente a sí mismo en el acto generador con una tan amable y completa plenitud! y estos dos amores inmensos del Padre y del Hijo no se expresan en el cielo con palabras, cantos, gritos..., porque el amor, llegando al máximo grado, no habla, no canta, no grita; sino que. se expansiona en un aliento, en un soplo, que entre el Padre y el Hijo se hace, como ellos, real, sustancial, personal, divino: el Espíritu Santo.

ARRIGHINI, Il Dio ignoto.
Jesús fue considerado por sus contemporáneos como un curador singular. Nadie lo confunde con los magos o curanderos de la época. Tiene su propio estilo de curar. No recurre a fuerzas extrañas ni pronuncia conjuros o fórmulas secretas. No emplea amuletos ni hechizos. Pero cuando se comunica con los enfermos contagia salud.
          Los relatos evangélicos van dibujando de muchas maneras su poder curador. Su amor apasionado a la vida, su acogida entrañable a cada enfermo, su fuerza para regenerar lo mejor de cada persona, su capacidad de contagiar su fe en Dios creaban las condiciones que hacían posible la curación.
          Jesús no ofrece remedios para resolver un problema orgánico. Se acerca a los enfermos buscando curarlos desde su raíz. No busca solo una mejoría física. La curación del organismo queda englobada en una sanación más integral y profunda. Jesús no cura solo enfermedades. Sana la vida enferma.
          Los diferentes relatos lo van subrayando de diversas maneras. Libera a los enfermos de la soledad y la desconfianza contagiándoles su fe absoluta en Dios: "Tú, ¿ya crees?". Al mismo tiempo, los rescata de la resignación y la pasividad, despertando en ellos el deseo de iniciar una vida nueva: "Tú, ¿quieres curarte?".
          No se queda ahí. Jesús los libera de lo que bloquea su vida y la deshumaniza: la locura, la culpabilidad o la desesperanza. Les ofrece gratuitamente el perdón, la paz y la bendición de Dios. Los enfermos encuentran en él algo que no les ofrecen los curanderos populares: una relación nueva con Dios que los ayudará a vivir con más dignidad y confianza.
          Marcos narra la curación de un paralítico en el interior de la casa donde vive Jesús en Cafarnaún. Es el ejemplo más significativo para destacar la profundidad de su fuerza curadora. Venciendo toda clase de obstáculos, cuatro vecinos logran traer hasta los pies de Jesús a un amigo paralítico.
          Jesús interrumpe su predicación y fija su mirada en él. ¿Dónde está el origen de esa parálisis? ¿Qué miedos, heridas, fracasos y oscuras culpabilidades están bloqueando su vida? El enfermo no dice nada, no se mueve. Allí está, ante Jesús, atado a su camilla.
          ¿Qué necesita este ser humano para ponerse en pie y seguir caminando? Jesús le habla con ternura de madre: «Hijo, tus pecados quedan perdonados». Deja de atormentarte. Confía en Dios. Acoge su perdón y su paz. Atrévete a levantarte de tus errores y tu pecado. Cuántas personas necesitan ser curadas por dentro. ¿Quién les ayudará a ponerse en contacto con un Jesús curador?
 José Antonio Pagola

Debemos ser hombres de Dios y, para decirlo más sencillamente, hombres de oración con el suficiente valor para arrojarnos en ese misterio de silencio que se llama Dios sin recibir aparentemente otra respuesta que la fuerza de seguir creyendo, esperando, amando y, por tanto, orando. 
Karl Rahner sj
Quién dices que soy Yo?
“Amo a todas las religiones, pero estoy enamorada de la mía.”
Madre Teresa de Calcuta

miércoles, 15 de febrero de 2012

Dios nos quiere recordar el sentido más profundo de nuestra humanidad: estamos hechos para amar y para poner todas nuestras capacidades al servicio de la construcción de una sociedad más acogedora en la que cada uno encuentre su lugar.
Jean Vanier. Amar hasta el extremo.
De la web
El P. John Foley, SJ, que trabajó durante varios años en el Perú y que fundó en los Estados Unidos el proyecto Cristo Rey Jesuit High School que ofrece educación de calidad a grupos más necesitados. Fue homenajeado en la Casa Blanca por su liderazgo en la educación católica pública.
«El hombre no debe acceder a Dios porque le "interese", sino porque nace de él un profundo deseo de gratuidad. Una verdadera y sana relación con Dios no se da a partir de lo que "me falta", sino a partir de la gratuidad.» 
Javier Rojas sj

martes, 14 de febrero de 2012

Siempre que discriminamos desde nuestra supuesta superioridad moral a diferentes grupos humanos (vagabundos, prostitutas, toxicómanos, sidóticos, inmigrantes, homosexuales...), o los excluimos de la convivencia negándoles nuestra acogida, nos estamos alejando gravemente de Jesús.

José Antonio Pagola
"Nada ocurre dos veces y no ocurrirá
Por esta razón nacimos sin práctica y moriremos sin rutina.
Aunque fuéramos los más torpes alumnos en la escuela del mundo no repetiríamos ningún invierno ni verano
Ningún día se repetirá
no hay dos noches parecidas
dos besos iguales
ni dos miradas idénticas en los ojos"

W. Szymborska

Cuando confiamos profundamente en que el día de hoy pertenece al Señor y que el día de mañana está a salvo escondido en el amor de Dios, nuestros rostros pueden relajarse, y podemos devolver la sonrisa a quien nos sonríe".
Henri J.M. Nouwen
 Reina en mí la oscuridad,
pero en Ti está la luz;
estoy solo, pero Tú no me abandonas;
estoy desalentado, pero en Ti está la ayuda;
estoy intranquilo, pero en Ti está la paz;
la amargura me domina,
pero en Ti está la paciencia;
no comprendo tus caminos,
pero Tú sabes el camino para mí.

Bonhöeffer, Dietrich. 

lunes, 13 de febrero de 2012

¡Exulta!
Si tienes mil razones para vivir, 
si has dejado de sentirte solo,
si te despiertas con ganas de cantar,
si todo te habla
-desde las piedras del camino
a las estrellas del cielo,
desde las luciérnagas que se arrastran
a los peces, señores del mar-, 
si oyes los vientos 
y escuchas el silencio,
¡exulta!
El amor camina contigo,
es tu compañero,
es tu hermano...
Helder Camara



No se puede llegar al alba sino por el sendero de la noche. 
Khalil Gibran 
 Alguien decía que la serenidad es entregarse incondicionalmente a lo inevitable. Pienso que allí radica el núcleo duro de la sabiduría: aprender a discriminar cuándo vale la pena o se justifica luchar y cuando no. Lo que para uno es vital, de entraña o de principio. Cuando la renuncia no cabe ni la aceptación funciona. Hay un reducto personal de dignidad que no estamos dispuestos a regalar porque es nuestra esencia. Pero a la vez: ¡peleamos por tantas estupideces! Si algo escapa definitivamente de mi control que la vida se encargue. La serenidad de lo incontrolable: nada puedo hacer, que Dios o la providencia decidan por mi. Sosiego y modestia adaptativa: la supervivencia del más sensible. 
 Walter Riso.
Dondequiera que pongas tu mirada, dondequiera que fijes tu atención, dondequiera que un átomo subsista, encontrarás a Dios.
En las formas diversas de las nubes, en los rayos dorados que da el sol, en el brillo que lanzan las estrellas, encontrarás a Dios.
En los dulces balidos que en los prados, el rebaño da al silbo del pastor, en los trinos cambiantes de las aves, encontrarás a Dios.
En la sangre que corre por tus venas, en la misma conciencia de tu Yo, en los propios latidos de tu alma, encontrarás a Dios.
En la santa figura de este mundo, cuyo vientre la vida te donó, en la franca sonrisa de la gente, encontrarás a Dios.
En el rostro del que acepta tu mirada, o el que por algún motivo esquivó, si no te paraliza y lo miras con amor, encontrarás a Dios.
En las horas de sombra y amargura, cuando a solas estés con tu dolor, si lo buscas con fe en esas noches, encontrarás a Dios.
Arturo Gutiérrez Martín       
Cuando se te da luz para que veas claro... es porque tú la has pedido. Acéptala, agradécela e irrádiala.

domingo, 12 de febrero de 2012

Caminando

Caminando por la vida
me encontré con tu mirada
y me dijo que eras tú
esa es mi cruz
doy mi palabra,

Caminando por la vida
renuncié a jugar mis cartas
me perdió el corazón y ahora mi voz es la que manda
Y ahora respira , mira hacia arriba
queda camino por andar

Borra tus huellas, toma las riendas
Solo es cuestión de caminar

Caminando por la vida,
cantaré por el camino,
que en las penas y alegrías,
me encontré con el destino.

Y él me dijo "Vida mía, lo mejor, ser uno mismo,...
es mirar hacia adelante y no perder jamás el rumbo"

Caminando por la vida
comprendí que lo importante,
no es saber lo que uno tiene
es saber lo que uno vale.

que no es cierto esto que cuentan
tanto tienes tanto vales
que no importa cuanto caigas
lo mas grande es levantarse

Y ahora respira , mira hacia arriba
queda camino por andar
borra tus huellas, toma las riendas
solo es cuestión de caminar…

Caminando por la vida,
cantaré por el camino,
que en las penas y alegrías,
me encontré con el destino.
Y él me dijo "Vida mía, lo mejor, ser uno mismo,...
es mirar hacia adelante y no perder jamás el rumbo"

Y ahora por ti , y ahora por mí
y ahora por que venga lo que tenga que venir,
y ahora que la suerte está conmigo ,
que hoy decido mi camino
yo te digo olvida todo
lo que importa es ser feliz

Caminando por la vida,
cantaré por el camino,
que en las penas y alegrías,
me encontré con el destino.

Y él me dijo "Vida mía, lo mejor, ser uno mismo,...
es mirar hacia adelante y no perder jamás el rumbo"

Caminando por la vida,
cantaré por el camino,
que en las penas y alegrías,
me encontré con el destino.

Y él me dijo "Vida mía, lo mejor, ser uno mismo,...
es mirar hacia adelante y no perder jamás el rumbo"

(Amaia Montero)

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