sábado, 25 de febrero de 2012

«En el desierto de nuestras vidas»


                
«En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto, y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían. Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva»
Mc 1, 12-15
                               
Si comprendemos nuestra fe como un llamado a imitar los mismos sentimientos de Cristo y si valoramos nuestra vocación de cristianos como seguimiento a Jesucristo, no debería sorprendernos encontrarnos muchas veces “viviendo entre las fieras y los ángeles”. Nuestro compromiso como cristianos es un llamado profundo y real a ser “luz en medio de las tinieblas”. Instrumento de paz en medio de las discordias y de  las divisiones, de verdad en una sociedad plagada de mentiras,  de claridad y certezas en medio de confusiones y dudas. El cristiano vive por momentos en el desierto de la prueba y debe estar dispuesto a mantener firme su fe y su confianza en Dios aún cuando se sienta sólo.
Dios, en nuestra condición de hijos suyos, nos hace partícipes de la misión de su Hijo. Una misión destinada a comunicar al mundo la vida de Dios, aún cuando ella parece no querer escuchar su mensaje.
Jesús comienza su misión por el desierto. Es decir por la soledad, el vacío y la intemperie. Así es como llegará a comprender que el corazón del hombre debe anunciar la palabra de su Padre. Para anunciar su mensaje debe pasar Él mismo por el desierto. Soledad, vacío e intemperie es paisaje aterrador. Esto lo contemplamos en el alma de muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo.
Es sorprendente cómo muchas personas han llegado a talar el bello paisaje de sus almas, han dejado secarse las corrientes de alegría que surcaban sus vidas y se olvidaron de cultivar el amor y la esperanza.
Luego del bautismo, Jesús comienza su misión que tendrá una doble dimensión: transformar el corazón del hombre y gestar actitudes nuevas. Es decir, lo que opera el Espíritu en nosotros, se refleja en nuestros actos y en nuestras vidas…
Dios comienza primero por inundar nuestro propio ser y luego espera que seamos buenos discípulos. El “buen discípulo” comunica al mundo lo que Él ha dicho en el secreto de la oración.
Jesús se adentra en el desierto de mi propia vida, ahí donde viven las “fieras y habitan los ángeles”. En la intimidad de mi ser, dónde muchas veces he sentido la soledad, Él se hace compañía. Allí donde la decepción arrasó con la confianza, Él volverá ha convertirse en esperanza. Jesús comienza su misión por mis propios desiertos, allí donde abundó la generosidad y ahora quiere permanecer el egoísmo, dónde creció la misericordia y ahora quiere reinar la venganza, dónde puso su tienda la avaricia y ahora quiere crecer la caridad, entre “las fieras y los ángeles”…
Jesús inicia su misión en nuestros desiertos e inunda con su luz: entonces somos capaces de reconocer sin miedo el extravío y el error. Reconocemos la necesidad que existe de darle una nueva dirección a nuestras vidas cuando hemos equivocado el sendero. La luz de su gracia en nuestro corazón nos da la fuerza para dar un golpe de timón a nuestra vida y encauzarla hacia una vida más plena…donde la propia felicidad se convierte también en felicidad para los demás.
 La presencia de Dios en nuestra vida se reconoce porque engendra bondad: sentimos en nosotros el ansia de ayudar y de dar. Somos capaces de reconocer en el que sufre y en el necesitado el rostro de Cristo. Sentimos el deseo de acercarnos a Él. La bondad de Dios en nuestra vida nos permite romper las cadenas del egoísmo y de la avaricia, y nos libera para amar… Cuando Dios vive en nosotros podemos darnos y percibirlo en nuestros actos de caridad y de generosidad. Aprendemos el arte de amar y de dar. El que tiene presente a Dios en su vida puede decir como san Pablo “Ya no vivo yo, es Cristo quién vive en mí”.
Cuando Jesús está presente en nuestros desiertos, allí donde “viven las fieras y habitan los ángeles, nos enseña a ser fieles: un corazón sincero y una voluntad enamorada sabe decir “No” y sabe mantener la marcha aún en medio de las tentaciones. Porque como cristianos no sólo debemos cuidarnos de nuestras “propias fieras” sino también saber librarnos de las trampas que las tentaciones… Ser fieles, no significa solamente evitar traicionar a quienes amamos, sino también perseverar en las buenas obras, vivir con los sentimientos de Cristo y responder en cada situación como Cristo lo haría.
Hemos iniciado la Cuaresma y Jesús empieza a “misionar en nuestros propios desiertos”. Pidamos a Dios la gracia de colaborar con Él en su misión y disponernos a realzar  la belleza de nuestras almas. Que la luz de la fe, la esperanza y la caridad le devuelvan a nuestro corazón la vida nueva que tanto necesitamos experimentar.

 P. Javier  Rojas sj

QUÉ ES LA LECTIO DIVINA?

"Consiste en meditar ampliamente sobre un texto bíblico, leyéndolo y volviéndolo a leer, rumiándolo en cierto sentido como escriben los padres, y exprimiendo todo su jugo para que alimente la meditación y la contemplación y llegue a irrigar como la savia la vida concreta. Como condición, la lectio divina requiere que la mente y el corazón estén iluminados por el Espíritu Santo, es decir, por el mismo inspirador de las Escrituras, y ponerse, por tanto, en actitud de religiosa escucha. Esta es la actitud típica de María Santísima..."
Benedicto XVI

«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan.»

viernes, 24 de febrero de 2012

Lee este pensamiento despacito, degustándolo, saborea cada palabra y cierra los ojos...Deja que cada palabra te hable al corazón...
Qué crees que te pide Dios hoy?
Que consueles, que cures, que calmes a alguien? 
Quiénes te necesitan hoy? Tus hijos, tus amigos, tu compañero/a de vida? Acaso tus compañeros de trabajo? Algún conocido?
Piensa. Hay muchos que te necesitan.
@ Ale
"Si puedes curar.Cura
Si no puedes curar. Calma.
Si no puedes calmar,
Consuela."

C. Saunders
Si te caes te levantas. Vamos tú puedes. Hay momentos en los que deseas claudicar, tirar todo y no seguir...No, no te desesperes...Sólo pueden contigo si te acabas rindiendo.
Recuerda que hay Alguien que apuesta por ti. Y cree en tu capacidad de mejorar, de crecer, de enmendar, de luchar, de corregir, de amar...
En Dios siempre está presente la esperanza de tu cambio de rumbo hacia el bien...


“Caí, pero he de levantarme; vivo en tinieblas, pero el SEÑOR es mi luz”
(Miqueas 7,8)
El verbo para orar de esta semana es CUESTIONAR.
Qué significa cuestionar?


Salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino hizo esta pregunta a sus discípulos: “Quién dicen los hombres que soy yo?”
Marcos 8,27


Es posible que a este mundo no le hagan tanto daño las maldades de los malos como sí las omisiones de los buenos. El mundo quizá no tiene tantos culpables como cómplices.
Así, lo repetido nos produce costumbre, y la costumbre nos enseña a considerar como normal lo que al principio rechazábamos. Un paso más, y resultaremos defendiendo lo que antes nos escandalizaba. Todo sucede de modo tan suave y continuo, que no llegamos a verlo, precisamente porque nuestra vista se ha ido moviendo con lo visto…
No nos engañemos: el mal se agarra fuerte en nuestra vida a través de los bienes parciales que nos va reportando, y de los privilegios con los que nos adormece. Y así, soñolientos, como los Apóstoles en Getsemaní, resultamos incapaces de vencer la tentación o de sobreponernos al embate del Mal Espíritu.
Si la mitad del tiempo que gastamos en tratar de ser buenos la invirtiéramos en estar de verdad  despiertos ante el mal, seguramente venceríamos el doble de veces. Atentos, no obsesionados; lúcidos, no amargados; prudentes, no cobardes.
Muchas de nuestras batallas contra el mal las hemos perdido antes de empezar, porque su astucia nos encontró dormidos…
 Cuestionar, pues, es “estar despiertos”… infinitamente despiertos al bien que tan caro le ha costado a Dios; por eso, es mirar de nuevo lo sobreentendido; es preguntarse por lo obvio, lo natural y lo cotidiano.
Es cierto que no todo cuestionamiento es provechoso y bueno. Algunas pistas para saberlo son:
1. Procura tener claro especialmente a qué bien deseas acercarte, y no sólo de qué mal deseas apartarte.
 2. No cuestiones para que aparezcan tus preguntas, ni para que se vean las mentiras de los demás; cuestiona para ayudar a tu hermano a alcanzar su verdad.
3. Recuerda que ninguna vida resiste juicio. Cuando preguntes, pues, mira si hay en ti por lo menos tanta misericordia y tanta caridad cuanto hay de agudeza o de crítica.


Preguntas para la oraciónpersonal


1. ) Cuestionas tu realidad? 
2. ) Quién cuestiona tus actitudes y tu vida?
3. ) Te dejas cuestionar con facilidad? Por qué? 
4. ) Qué le cuestionarías a la Iglesia hoy?
5. ) Qué le cuestionas a un amigo o familiar?
 6. ) Te has cuestionado el porqué de tu vida? En qué situaciones?


 Culmina tu oración diciéndole a Dios: “Señor ayúdame a estar despierto, para más servirte y alabarte”

jueves, 23 de febrero de 2012

"Hoy el mundo necesita más que nunca una vuelta a la contemplación...
El verdadero profeta de la Iglesia del futuro será aquel que venga del 'desierto' como Moisés, Elías, el Bautista, Pablo y sobre todo Jesús, cargados de mística y con ese brillo especial que sólo tienen los hombres acostumbrados a hablar con Dios cara a cara".
A. Hortelano. Citado por Ignacio Larrañaga en Muéstrame Tu Rostro
¿Qué significa ser jesuita? Reconocer que uno es pecador y sin embargo llamado a ser compañero de Jesús como lo fue San Ignacio: Ignacio que suplicaba a la Virgen Santísima que “le pusiera con su hijo” y que vio un día al Padre mismo pedir a Jesús que llevaba su cruz, que aceptara al peregrino en su compañía .
Repite la antífona del Salmo todo el día, y deja que sus palabras resuenen en ti. Emprende tu vida cotidiana llevando la oración en tu interior. 

«Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme» (Sal 150)

miércoles, 22 de febrero de 2012

EL AYUNO QUE DIOS QUIERE
El ayuno que Dios quiere es éste:
que sueltes las cadenas injustas,
que desates las correas del yugo,
que dejes libres a los oprimidos,
que acabes con todas las opresiones,
que compartas tu pan con el hambriento,
que hospedes a los pobres sin techo,
que proporciones ropas al desnudo
y que no te desentiendas de tus semejantes.
Entonces brillará tu luz como la aurora
y tus heridas sanarán en seguida,
tu recto proceder caminará ante ti
y te seguirá la gloria del Señor.
Entonces invocarás al Señor
y él te responderá; pedirás auxilio
y te dirá: “Aquí estoy”
I.
Cada año, con el llamado "Miércoles de Ceniza", los católicos iniciamos el tiempo de la Cuaresma, tiempo en el que la liturgia de la Iglesia católica nos invita a una reflexión y actuación sobre nuestras vidas, sobre su sentido, su origen, su misión, su destino último.
Se trata, por tanto, de un tiempo "fuerte" para la "metanoia"o "conversión" que - en teología y vida cristiana - significa una adecuación de nuestro ser, existir y actuar a la misma vida de Jesucristo, a su evangelio, a sus valores, a sus convicciones, a su propuesta de vida: gastar la vida en servicio al evangelio, es decir, a favor de los otros, especialmente de los más necesitados, para obtener la vida eterna, la vida feliz, la vida plena.
Por ello, la Cuaresma es un camino bíblico, pastoral, litúrgico y existencial para cada creyente personalmente y para la comunidad cristiana en general que comienza con la ceniza y concluye con la noche del lucernario, la noche del fuego y de la luz: la noche santa de la Pascua de Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
La Cuaresma simboliza, nos señala y recuerda un "paso", una pascua, un itinerario a seguir de manera permanente: el paso de la nada a la existencia, de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida, de lo insignificante a la vida abundante en Dios, por medio de su Hijo Jesucristo. Y es que convertirnos significa destruir, dejar atrás, quemar, volver cenizas el "hombre viejo", el hombre-sin-Cristo para revestirnos del hombre "nuevo", el hombre-en-el-espíritu, que es fuego nuevo en el mundo.
El Miércoles de Ceniza, mientras el ministro impone la ceniza al penitente dice estas dos expresiones alternativamente: "Arrepiéntete y cree en el Evangelio" y/o "Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver." Signo y palabras que expresan muy adecuadamente nuestra creaturalidad, nuestra absoluta dependencia de Dios, nuestro peregrinaje hacia una patria definitiva, nuestra caducidad.
Miércoles de Ceniza en particular y Cuaresma en general son un tiempo litúrgico y una invitación a volver nuestra mirada y vida a Dios y a los principios del Evangelio. Así, si Cuaresma es tiempo para la conversión, para mejorar en el proceso de humanización personal y comunitario, entonces la Cuaresma coincide con la vida misma de todo creyente, con el ser y misión de toda la Iglesia y con la vocación de la entera comunidad humana.
Cuaresma es una invitación a cambiar aquello que tenemos que cambiar en la búsqueda de ser mejores y mas felices, una invitación a construir en vez de destruir y a mirar y volver hacia formas de vida más justas, más solidarias, más humanas. Cuaresma es una llamada para buscar diligentemente nuevas formas de ser y hacer Iglesia siendo mejores y más auténticos discípulos del Crucificado Resucitado.
El tiempo litúrgico de la Cuaresma - como nuestra propia existencia - lo recorremos con la mirada puesta en la Pascua de Resurrección y en la Pascua definitiva en Dios. Pascua de vida abundante que se opone a toda forma de discriminación y de envilecimiento del ser humano, de su dignidad, a toda forma de atropello y violencia, a toda forma de mentira, maldad y muerte, a toda forma de corrupción y división, a toda forma de marginación y opresión. Porque la Pascua, como punto de llegada, culmen y superación de la Cuaresma, es absoluta novedad de vida, de la vida abundante que Dios nos ofrece y a la que Dios nos invita en este tiempo y en todo tiempo.
Mario J. Paredes, presidente de la Asociación Católica de Líderes.
2009
Es bien difícil ser cristiano coherente...decirse seguidor de Jesús y verdaderamente serlo...
Pidamos a Dios Padre en esta Cuaresma, la gracia de seguir a Jesús y ser discípulo suyo...no predicando de oídas el Evangelio sino "practicándolo"

Tu evangelio es terrible

Cristo,
he oído predicar tu Evangelio
a un sacerdote
que vivía el Evangelio.
Los pequeños, los pobres,
quedaron entusiasmados;
los grandes, los ricos,
salieron escandalizados,
y yo pensé que bastaría predicar
sólo un poco el Evangelio
para que los que frecuentan las iglesias
se alejaran de ellas
y para que los que no las frecuentan
las llenaran.
Yo pensé que era una mala señal
para un cristiano
el ser apreciado por la “gente bien”.
Haría falta - creo yo -
que nos señalaran con el dedo
tratándonos de locos y revolucionarios.
Haría falta - creo yo - que nos armasen líos,
que firmasen denuncias contra nosotros,
que intentaran quitarnos de en medio.
Esta tarde, Señor, tengo miedo,
tengo miedo porque sé
que tu Evangelio es terrible:
es fácil oírlo predicar,
es todavía fácil no escandalizarse de él,
pero vivirlo...
vivirlo es bien difícil.

Michel Quoist.
Hoy Miércoles de Ceniza iniciamos el tiempo litúrgico de la Cuaresma. Un tiempo que comienza con la invitación: “Conviértete y cree en el evangelio”.
Se trata de 40 días de caminar junto a Jesús. Al participar del rito de la ceniza manifestamos el propósito de caminar a su lado convirtiendo nuestro corazón…
“Ayúdame Señor ha convertir mi corazón en un Santuario digno de tu Amor.”

martes, 21 de febrero de 2012

EN ESTA CUARESMA...
No realices sacrificios pueriles e insensatos. Jesús no los quiere.
Lo que desea Jesús es que seas mejor persona, que ames más y que seas feliz...y hagas felices a todos los que te rodean.
EN ESTA CUARESMA...

Nos conviene volver al silencio para saborear más la Palabra. Padre Karl Rahner, SJ

En el Evangelio de hoy Jesús nos dice "Si alguno quiere ser el primero, deberá ser el último de todos y el servidor de todos".

Concédenos tu fuerza Jesús para poder amar y servir a nuestros hermanos, en especial a los que más lo necesitan...
¿Qué quiero, mi Jesús?…Quiero quererte,
quiero cuanto hay en mí del todo darte
sin tener más placer que el agradarte,
sin tener más temor que el ofenderte.
Quiero olvidarlo todo y conocerte,
quiero dejarlo todo por buscarte,
quiero perderlo todo por hallarte,
quiero ignorarlo todo por saberte.
Quiero, amable JESUS, abismarme
en ese dulce hueco de tu herida,
y en sus divinas llamas abrasarme.
Quiero, por fin, en Ti transfigurarme,
morir a mí, para vivir tu vida,
perderme en Ti, JESUS, y no encontrarme.
CALDERÓN DE LA BARCA

lunes, 20 de febrero de 2012

No, no te detengas.
Comenzar bien es una gracia de Dios.
Continuar por buen camino
y no perder el ritmo...,
es una gracia todavía mayor.
Pero la gracia de las gracias,
está en no desfallecer,
con fuerzas todavía o ya no pudiendo más,
hecho trizas o añicos,
seguir avanzando hasta el fin.
Helder Camara
La opción radical es confiar en que, en todo momento, Dios estará contigo y te dará lo que más necesites. Dios te dice: “Te amo, estoy contigo, quiero verte acercarte a mí y experimentar la dicha y la paz de mi presencia Quiero darte un nuevo corazón y un nuevo espíritu…Todo lo mío es tuyo. Sólo confía en mí y déjame ser tu Dios”. Esta es la voz que tienes que escuchar. Al concluir este período de renovación espiritual, una vez más te enfrenas a una decisión. Puedes optar por recordar este momento como un intento fallido de renacer por completo, o puedes optar por recordarlo como el muy valioso momento que Dios comenzó a hacer cosas nuevas en ti que deben ser completadas.
Recuerda que estás a salvo. Eres amado. Estás protegido. Estás en comunión con Dios y con quienes te han sido enviados por Dios. Lo que es de Dios ha de perdurar. Pertenece a la vida eterna.
Henri Nouwen, “La voz interior del amor”
¿Cómo rezar con la palabra de Dios sin interrumpir las actividades diarias?
En primer lugar, lee lentamente el texto dejando resonar en ti las palabras. Deja que ellas inunden tu ser por completo y quédate con aquella que de manera significativa resuena con más fuerza o intensidad. En segundo lugar, lleva contigo esa palabra y recuérdalo en todo momento, en cualquier situación. Verás como Dios te habla en los acontecimientos de tu vida cotidiana a través de su palabra.

«13 ¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Que muestre por su buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. 14 Pero si tienen celos amargos y ambición personal en su corazón, no sean arrogantes y mientan así contra la verdad. 15 Esta sabiduría no es la que viene de lo alto, sino que es terrenal, natural, diabólica.
16 Porque donde hay celos y ambición personal, allí hay confusión y toda cosa mala. 17 Pero la sabiduría de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, condescendiente (tolerante), llena de misericordia y de buenos frutos, sin vacilación, sin hipocresía.
18 Y la semilla cuyo fruto es la justicia se siembra en paz por aquéllos que hacen la paz. (St 3,13-18)»

Sé faro, guía, maestro, ejemplo a seguir y motivo de alegría…

domingo, 19 de febrero de 2012

¿Porqué miras siempre hacia el otro lado? ¿Porqué piensas siempre que los otros, amigos, conocidos y vecinos, son más dichosos?, y dices con ligereza: " A los otros les va mucho mejor, y yo doy lo mejor de mi y no llego a nada" La otra orilla siempre es más bella. Yace muy lejos. Como petrificado, miras fijamente hacia la bella claridad.
Jamás tuviste en cuenta que también los de la otra orilla te observan y piensan que posees mucha mas felicidad, pues ellos solo ven tu parte agradable. Tus pequeñas y grandes preocupaciones no las conocen. Vivir feliz es un arte, para ello conviene sentirse satisfecho. "La felicidad no está en la otra orilla, está en ti". 
Phil Bosmans

«La loca de la casa»



Santa Teresa de Jesús llamó a la imaginación «la loca de la casa» porque al momento de rezar caía en la cuenta de con cuánta facilidad sus pensamientos la distraían de la oración. No sabemos si lo hizo queriendo expresar la cualidad “creativa” de la imaginación. Pero sí haciendo referencia al “interminable” carácter “discursivo” que adquieren los pensamientos y la imaginación.
Las ideas, los pensamientos, la imaginación, los recuerdos forman parte de nuestra vida. A partir ellos comprendernos, analizamos, sacamos conclusiones  y por supuesto “tomamos partida”, es decir, decidimos. Y aunque pueda parecer extraño, la verdad es que no decidimos en nuestra vida por las “ideas” que tenemos sino por los afectos que de ellos se desprenden.
Si bien pensamos con ideas, imágenes, etc, decidimos por afecto. El motor secreto de nuestra voluntad no es el pensamiento sino el afecto. Aunque no podemos negar la íntima relación de complementariedad que hay entre ambos.
Una idea, por más loable y maravillosa que sea, no tiene la fuerza suficiente para mantener voluntad firme si no está sustentada o afianzada en el afecto.
Para ilustrar valga este ejemplo. En ocasiones he escuchado a muchos padres decir a su hijo o hija, “ese chico/a no te conviene” y unir a esta sentencia una lista interminable de razones que ellos creen suficiente para cambiar la idea y la voluntad de su hijo/a. Pero he aquí, que la decisión que ha tomado el/la joven enamorado/a no responde a una elucubración lógica, sino a un movimiento del corazón. Es decir, muchas de nuestras decisiones en verdad no son resultado de un análisis del “todo objetivo” sino que hay una porción grande de carga afectiva. Por lo tanto, si bien podemos analizar a la perfección una situación concreta para luego tomar una decisión, ella no será completa o no tendrá la suficiente fuerza para mantenerse firme ante las pruebas si no tiene el componente afectivo suficiente para llevar adelante la decisión.
Esta realidad tiene enormes consecuencias en nuestra vida de relaciones personales y por supuesto también con Dios.
El relato del evangelio de Marcos da prueba de ello. En la situación relatada por el evangelista, podemos advertir dos realidades. Una en la que dice que “se reunió tanta gente, que no quedaba lugar ni siquiera delante de la puerta, mientras Jesús les anunciaba su mensaje” y en la que precisa que dentro “estaban ahí sentados algunos maestros de la ley”. La otra realidad es la de aquellos cuatro hombres que traían a un paralítico en su camilla y “abrieron el techo del lugar” donde estaba Jesús. Por allí  bajaron al paralítico para ponerlo delante de Él.
Es aquí donde el evangelista muestra con claridad el sentido profundo de lo que significa «tener fe». Podemos decir que la fe es esa “certeza irracional” que hace posible la disposición interior al milagro. ¿Por qué digo “certeza irracional”?
Ante la actitud de Jesús aquellos maestros de la ley pensaron «¿Qué está diciendo? Esto ofende a Dios, ¿Quién puede perdonar los pecados, sino Dios únicamente?». La verdadera conversión no radica en “saber mucho sobre Dios”, saber teología, recitar de memoria preceptos, dogmas, o mandamientos. No son nuestros pensamientos los que permiten reconocer a Dios sino ese sentimiento profundo que nos impulsa hacia la libertad, el amor, la verdad, en definitiva hacia Dios, aunque por momentos no podemos comprender acabadamente…
El paralítico seguramente sabía poco de la ley en comparación con los maestros. Pero en su corazón sintió seguramente una fuerza interior que lo llevó a pedir y a convencer a “cuatro hombres” a que llevaran la camilla hasta Jesús. En aquellas palabras que el paralítico dirigió a aquellos hombres había fe, sentimiento profundo y una certeza tal que no venía de sus ideas, sino de lo profundo de su  corazón.
La fe, la conversión y en definitiva la aceptación de Dios como nuestro Padre, creador y salvador no viene de conclusiones lógicas, sino que es “don” del mismo Señor en el corazón de aquellos que se disponen a aceptarlo en su vida. Esto no significa que la fe no puede ser comprendida racionalmente, sino que esto viene al final y no al inicio. Comprendemos luego, porque antes hemos amado…
Son muchos los cristianos que han llenado su vida de ideas, imágenes y recuerdos. Todo esto les impide acercase a Dios porque creen saber mucho sobre Él. Varios, como “maestros de la ley”, se contentan con aprender de memoria algunas frases piadosas o versículos pero no han entregado su corazón a Dios. No permiten a Dios que cure sus pensamientos y recuerdos…
Otros tienen miedo de dejarse curar por Dios, porque consideran que para ellos “no hay salida” y siguen así atesorando sus vidas para sí mismos… mientras la “polilla y la herrumbre” del tiempo van corroyendo sus almas.
Pidamos a Dios que purifique nuestros pensamientos de toda “idolatría” y nos ayude a disponer el corazón para aceptar su Amor gratuito aunque ello contradiga toda “lógica y elucubración humana”.

P. Javier  Rojas sj

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