sábado, 14 de abril de 2012



Yo sé que me hablas todos los días. 
Yo sé que no dejas de preguntarme cómo me va.
Yo sé que te comunicas intensamente conmigo.

Señor, quiero escuchar tu voz

Yo sé que estás presente 
sosteniendo y alentando mi vida,
yo sé que día a día esperas para conversar conmigo.
Yo sé que dentro mío me hablas
de amor y servicio.

Señor, quiero escuchar tu voz

Pero.... 


Cómo me gustaría descubrirte
en mis hermanos, cómo me gustaría vivir más preocupado de la caridad que de la norma
del catecismo.
¿No decías que el vino nuevo necesitaba odres nuevos?.

Señor, quiero escuchar tu voz

Cómo me gustaría escuchar
tu voz en los políticos, que hablan de justicia pero cada vez están más crispados y lejanos de los problemas del pueblo.
¿No decías que la persona es lo más importante?

Señor, quiero escuchar tu voz

Cómo me gustaría escuchar tu voz en los jóvenes,
deseosos de ser libres, y muchos de ellos embotados por un estilo de vida que sólo crea más sed, más ansiedad y esclavitud.
¿No decías que dónde tengas tu tesoro tendrás el corazón?

Señor, quiero escuchar tu voz

Cómo me gustaría escuchar
tu voz en los medios de comunicación, que hablan de la verdad, pero ocultan la sinceridad y nos enseña con sus mentiras.
¿No decías que nuestro sí sea un sí y nuestro no un no?

Señor, quiero escuchar tu voz

Cómo me gustaría escuchar
tu voz en tanta gente, que vive sin tiempo,

 hipotecada, consumida, maquillada...encerrada en sí misma.
¿No decías que había que preocuparse por la justicia
y que lo demás se nos dará por añadidura?

Señor, quiero escuchar tu voz

Cómo me gustaría escuchar
tu voz en medio de los cristianos,
¿No decías que había que sentarse y compartir el pan y el vino para hacer el camino?

Señor, quiero escuchar tu voz

Cómo me gustaría escuchar
tu voz serena, amable, amorosa, pacificadora, fuerte, humana y hermana.
Yo sé que tú me hablas, yo sé
que tú me escuchas todos los días, yo sé que tú sabes que lo sé.

Pero...Cómo me gustaría escuchar tu voz

Señor, quiero escuchar tu voz
Mucha actividad en nuestro mundo, mucha de nuestra super actividad viene de una huida de la relación, se tiene miedo de encontrarse con los demás, se tiene miedo de relacionarse con los demás, se tiene miedo de sentirse responsables de los demás, se tiene miedo de compartir las propias debilidades y de hacerse interdependientes unos de otros. Y por eso se cierra uno dentro de sí.


Jean Vanier


El amor, en el matrimonio, en lugar de ir desplegándose en un movimiento de expansión, puede ir replegándose en un movimiento de involución. Los amores que se congelaron a los pocos años de casarse, no significa que hubiesen sido espurios ode mala ley sino que los esposos no acertaron a cultivarlos con el esmero con que se cultiva una tierna planta… No los cuidaron con la atención que se da a una delicada criatura, porque al fin eso es efectivamente el amor: una frágil criatura".


Ignacio Larrañaga. El Matrimonio Feliz


Si puedo hacer, hoy, alguna cosa,
si puedo realizar algún servicio,
si puedo decir algo bien dicho,
dime cómo hacerlo, Señor.
Si puedo arreglar un fallo humano,
si puedo dar fuerzas a mi prójimo,
si puedo alegrarlo con mi canto,
dime cómo hacerlo, Señor.
Si puedo ayudar a un desgraciado,
si puedo aliviar alguna carga,
si puedo irradiar más alegría,
dime cómo hacerlo, Señor


Grenville Kleiser

jueves, 12 de abril de 2012



Sopla Señor en mi vida… y le darás consuelo y calma
Sopla Señor en mi vida… le brindaras amor y abrigo
Sopla Señor en mi vida… y fortalece mis pies vacilantes
Sopla Señor en mi vida… hazme fiel a tus promesas.
Sopla Señor en mi vida… y devuelve la alegría a mi vida.
Sopla Señor en mi vida… pues sin ti me siento perdido y tristezas.
Sopla Señor en mi vida… y arranca los miedos
Sopla Señor en mi vida… hazme de nuevo.
Sopla Señor en mi vida… y bendice a mis hermanos

miércoles, 11 de abril de 2012




Imperdible reflexión 


Me parece que la primera cosa que tendríamos que enseñar a toda persona que llega a la adolescencia es que los humanos no nacemos felices ni infelices, sino que aprendemos a ser una cosa u otra y que, en una gran parte, depende de nuestra elección el que nos llegue la felicidad o la desgracia. Que no es cierto, como muchos piensan, que la dicha pueda encontrarse como se encuentra por la calle una moneda o que pueda tocar como una lotería, sino que es algo que se construye, ladrillo a ladrillo, como una casa.
Habría también que enseñarles que la felicidad nunca es completa en este mundo, pero que, aun así, hay raciones más que suficientes de alegría para llenar una vida de entusiasmo y que una de las claves está precisamente en no renunciar o ignorar los trozos de felicidad que poseemos por pasarse la vida soñando o esperando la felicidad entera.
Sería también necesario decirles que no hay «recetas» para la felicidad, porque, en primer lugar, no hay una sola, sino muchas felicidades y que cada hombre debe construir la suya, que puede ser muy diferente a la de la de sus vecinos. Y porque, en segundo lugar, una de las claves para ser felices está en descubrir «qué» clase de felicidad es la mía propia.
Añadir después que, aunque no haya recetas infalibles, sí hay una serie de caminos por los que, con certeza, se puede caminar hacia ella. A mí se me
- Valorar y reforzar las fuerzas positivas de nuestra alma y de nuestra corporeidad. Descubrir y disfrutar de todo lo bueno que tenemos. No tener que esperar a encontramos con un ciego para enterarnos de lo hermosos e importantes que son nuestros ojos. No necesitar conocer a un sordo para descubrir la maravilla de oír. 
- Asumir, después, serenamente las partes negativas o deficitarias de nuestra existencia. No encerrarnos masoquistamente en nuestros dolores. No magnificar las pequeñas cosas que nos faltan. No sufrir por temores o sueños de posibles desgracias que probablemente nunca nos llegarán.
- Vivir abiertos hacia el prójimo. Pensar que es preferible que nos engañen cuatro o cinco veces en la vida que pasarnos la vida desconfiando de los demás. Tratar de comprenderles y de aceptarles tal y como son, distintos a nosotros. Pero buscar también en todos más lo que nos une que lo que nos separa, más aquello en lo que coincidimos que en lo que discrepamos. Ceder siempre que no se trate de valores esenciales. No confundir los valores esenciales con nuestro egoísmo.
- Tener un gran ideal, algo que centre nuestra existencia y hacia lo que dirigir lo mejor de nuestras energías. Caminar hacia él incesantemente, aunque sea con algunos retrocesos. Aceptar la lenta maduración de todas las cosas, comenzando por nuestra propia alma. Aspirar siempre a más, pero no a demasiado más. Dar cada día un paso. No confiar en los golpes de la fortuna.
- Creer descaradamente en el bien. Tener confianza en que a la larga -y a veces muy a la larga- terminará siempre por imponerse. No angustiarse si otros avanzan aparentemente más deprisa por caminos torcidos. Creer en la lenta eficacia del amor. Saber esperar.
- En el amor, preocuparse más por amar que por ser amados. Tener el alma siempre joven y, por tanto, siempre abierta a nuevas experiencias. Estar siempre dispuestos a revisar nuestras propias ideas, pero no cambiar fácilmente de ellas. Decidir no morirse mientras estemos vivos.
- Elegir, si se puede, un trabajo que nos guste. Y si esto es imposible, tratar de amar el trabajo que tenemos, encontrando en él sus aspectos positivos.
- Revisar constantemente nuestras escalas de valores. Cuidar de que el dinero no se apodere de nuestro corazón, pues es un ídolo difícil de arrancar cuando nos ha hecho sus esclavos. Descubrir que la amistad, la belleza de la naturaleza, los placeres artísticos y muchos otros valores son infinitamente más rentables.
- Descubrir que Dios es alegre, que una religiosidad que atenaza o estrecha el alma no puede ser la verdadera, porque Dios es el Dios de la vida o es un ídolo.

- Procurar sonreír con ganas o sin ellas. Estar seguros de que el hombre es capaz de superar muchos dolores, mucho más de lo que él mismo sospecha.
La lista podría ser más larga. Pero creo que, tal vez, esas pocas lecciones podrían servir para iniciar el estudio de la asignatura más importante de nuestra carrera de seres humanos: la construcción de la felicidad.


 J.L. Martín Descalzo.


Nadie fabrica un candado sin llaves...
Dios, ante los problemas, no te deja sin soluciones...

martes, 10 de abril de 2012

Quieres ver un milagro de amor? Mírate en el espejo y dale gracias a Dios.

Resuélvete a elegir en el presente, aquel modo de vivir y aquel proceder en todas tus acciones que eligieres si estuvieses de cara a tu muerte.
San Ignacio de Loyola




Y si hoy nos proponemos no culpar a nadie, ni a Dios, ni a la vida, ni al vecino, ni al destino de lo que nos pasa?
Y si nos proponemos hoy aceptarnos a nosotros mismos con nuestra historia, nuestros logros y nuestros fracasos?
Y si reconocemos de una vez y para siempre que tal y como somos Dios nos acepta y ama, y que sólo falta la autoaceptación para llevar una vida plena y feliz?
Buenas preguntas...Les deseo las mejores respuestas...
@Ale Vallina.

«Arranca de ti la tristeza, porque ésta es hermana de la duda y la impaciencia... La tristeza es el peor de los espíritus y más que ningún otro corrompe al hombre y consume al Espíritu Santo... La duda y la impaciencia son penosas para el Espíritu Santo. Arranca de ti la tristeza y no entristezcas al Espíritu Santo que mora en ti... porque el Espíritu de Dios que fue infundido en esa carne tuya, no soporta la tristeza ni la angustia. Revístete, pues, de la alegría, que halla siempre gracia de Dios y le es grata. Porque todo hombre alegre obra bien y piensa bien y menosprecia la tristeza. El triste, por el contrario, es en todo malo, primero porque entristece al Espíritu Santo que el fue dado alegre al hombre» HERMAS, El Pastor - Mandamiento décimo, 1-2  (Obra Cristiana del siglo II)
El Evangelio de hoy.

María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro 
y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús.
Ellos le dijeron: "Mujer, ¿por qué lloras?". María respondió: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto".
Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.
Jesús le preguntó: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?". Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: "Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo".
Jesús le dijo: "¡María!". Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: "¡Raboní!", es decir "¡Maestro!".
Jesús le dijo: "No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes'".
María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.

Jn 20, 11-18

Buscamos al Señor como María Magdalena? Anunciamos Su Palabra? Buenas preguntas para comenzar este día...

lunes, 9 de abril de 2012

Si quieres ser amado y tener amigos, empieza a amar. Brinda gratuitamente tu amistad y tendrás amigos. Piensa más en dar que en recibir y terminarás recibiendo mucho más de lo que tú das. Lo malo es que muchos no dan esperando recibir primero. Estos se quedan vacíos y solos en su espera. Sal de ti y date generosa y gratuitamente y recibirás. 
M. Melendo

Brindas tu amistad?
Cómo eres como amigo?

“En todas partes, en la sociedad, en los pueblos, en los barrios, en las fábricas y en las oficinas, el corazón de piedra, el corazón seco, debe mudarse al corazón de carne, a un corazón abierto”
Juan Pablo II.


Vamos a ver si es cierto que le amamos vamos a mirarnos por dentro un poco ¡Hay cosas colgadas que a él le lastiman freguemos el suelo y abramos las puertas! Borremos los nombres de la lista negra, pongamos a los enemigos encima de la cómoda, invitémosles a sopa. Toquemos las flautas de los tontos, de los sencillos. Que Dios se encuentre a gusto si baja.

Gloria Fuertes

"Cuando un hombre descubre sus faltas, Dios las cubre. Cuando un hombre las esconde, Dios las descubre, cuando las reconoce, Dios las olvida". San Agustín


Porque la soledad, el miedo o el cansancio llegan cuando quieren y como quieren. Llegan sin preguntar. Unas veces despacito, poquito a poco, como la puerta que se abre lentamente para que también despacio se vaya metiendo el frío del desánimo por el cuerpo. Otras veces llegan de golpe; la soledad, el miedo o el cansancio, entran como elefante en cacharrería y me tumban, me hunden. Hasta ahí he llegado. Por eso es tan importante tenerte cerca. Poder hablar, compartir, llorar, mirar y sentirte cerca. Porque me escuchas con increíble paciencia. Nunca te excusas para responder, siempre tienes tiempo, nunca tienes prisa. Antes leías aquellas tristonas cartas, ahora skype, el móvil o el mail ponen en directo lo que a veces son historias repetidas, los problemas de siempre, aunque yo me esfuerce porque suenen nuevos. Pero lo mejor son los cafés. Un paseo y un café, lo más parecido a un trocito de cielo, aquí en la tierra. La amistad es el sacramento de Jesús resucitado. La amistad nos sumerge en una realidad más profunda, más densa y más santa. No es ya mi vida limitada, estrecha, es la vida compartida. La amistad nos llena de una luz que no ciega, transparenta. Ya no más oscuridad sino verdad y confianza. La amistad rompe el gran maleficio, nunca más solo. Gracias por estar cerca. 


José Ignacio García Jiménez sj

domingo, 8 de abril de 2012


Jesús mío: ayúdame a esparcir tu fragancia donde quiera que vaya;
inunda mi alma con tu espíritu y tu vida;
penetra todo mi ser y toma de él posesión
de tal manera que mi vida no sea en adelante
sino una irradiación de la tuya.
Quédate en mi corazón en una unión tan íntima
que las almas que tengan contacto con la mía
puedan sentir en mí tu presencia;
y que al mirarme olviden que yo existo
y no piensen sino en Ti.
Quédate conmigo. Así podré convertirme en luz para los otros.
Esa luz, oh Jesús, vendrá toda de Ti;
ni uno solo de sus rayos será mío.
Te serviré apenas de instrumento
para que Tú ilumines a las almas a través de mí.
Déjame alabarte en la forma que te es más agradable:
llevando mi lámpara encendida
para disipar las sombras
en el camino de otras almas.
Déjame predicar tu nombre sin palabras…
Con mi ejemplo, con mi fuerza de atracción
con la sobrenatural influencia de mis obras,
con la fuerza evidente del amor
que mi corazón siente por Ti.
John Henry Newmann

Vivir como Resucitados




«El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la piedra quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: - «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.» Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le hablan cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no hablan entendido la Escritura: que él habla de resucitar de entre los muertos»

Jn 20, 1-9

Durante el tiempo de cuaresma hemos escuchado decir “¡Es un tiempo de preparación y conversión!”. Entonces nos disponíamos a reflexionar y tomar conciencia de nosotros mismos para poder conocer los pecados y defectos.  
Se nos invitaba a la penitencia y el ayuno con el fin de poder disponer el alma para la conversión. Y como buenos y obedientes cristianos nos privamos de la carne pero comíamos “salmón con salsa roquefort”.
Es tan fácil mal interpretar nuestra fe, que a veces damos por cierto cualquier tipo de prácticas, que de religiosas no tienen nada. Es tan penoso, encontrarse con cristianos dispuestos a combatir por la fe, pero que son ignorantes. Es triste escuchar a cristianos que viven con una culpa enorme por sus pecados y todo ello por ignorancia religiosa. Si vivimos mal nuestra fe, enseñamos a vivirlo mal. Creo que deberíamos dejar de hablar del pecado y del demonio y más del amor y del servicio.
Hojeando el libro de  Martín Descalzo, “Razones para vivir” leí lo siguiente que quiero compartir con ustedes, porque creo que nos puede ayudar a comprender profundamente el espíritu de la pascua de resurrección.
«Cuando yo era muchacho oí predicar muchas veces que el hombre debía convertirse y que para ello tenía que “agere contra, trabajar contra sus propias tendencias, ir contra corriente de su alma, cambiarse como un guante al que se da la vuelta. Así,  si eras orgulloso e impetuoso, tenías que volverte humilde y un poco apocado, si eras tímido, tenías que convertirte en atrevido; si eras lento, en rápido, si nervioso, en tranquilo, si impulsivo, en sereno. Yo pensaba: ¿Es posible que Dios se haya equivocado tanto al hacer a los hombres? Si quería que el tímido fuera atrevido ¿por qué no empezó por ahí? ¿Es que a Dios le encanta ver a los hombres peleándose con su naturaleza?»
La verdad que la invitación a la resurrección puede convertirse en un verdadero “calvario” si no sabemos comprender el sentido profundo de la pascua de Jesús. ¿Por qué? Por que a veces entendemos la conversión o la resurrección como un proceso de desnaturalización. Creemos que conquistar la vida, como lo hizo Cristo, es luchar de por vida contra nosotros mismo.  Bajo el cliché de santificar la vida, iniciamos una batalla con nosotros mismos que nos lleva a la tristeza y la desolación. Y esto ya lo advirtió Jesús, cuando dijo «Un reino dividido internamente va a la ruina, una ciudad o casa dividida internamente no se mantiene en pie» (Mt 12, 25).
Si no entendemos en qué consiste la VIDA NUEVA que Cristo nos trajo con su resurrección, corremos el riesgo de no vivir como resucitados.
Martín Descalzo explica así la verdadera conversión que nos trae la pascua;
«El ejemplo de San Pablo fue claramente iluminador para mí. El apóstol de Tarso era un violento, un fariseo militante y exacerbado, brioso como un caballo pura sangre, enamorado de la lucha por lo que él creía el bien, tan peligroso como un león en celo. Perseguía a los cristianos porque creía que era su deber y porque le salía de los riñones. Y un día Dios le tiró del caballo y le explicó que toda esa violencia era agua desbocada. Pero no le convirtió en un muchachito bueno, dulce y pacífico. No le cambió el alma de fuego por otra de mantequilla. Su amor a la ley se trasmutó en amor a otra Ley, a la que serviría en e l futuro con el mismo apasionamiento con el que antes sirviera a la primera. Este es el cambio que se espera de lo hombres; que luchemos por el espíritu como hasta ahora hemos peleado por el poder; que nos empeñemos en ayudar a los demás como hasta ahora nos empeñábamos en que todos nos sirvieran a nosotros. No que apaguemos nuestros fuegos. No que le echemos agua al vino de nuestro espíritu, sino que se convierta en un vino que conforte y no emborrache ».
 Éste es el espíritu de la resurrección, vivir en paz con uno mismo. Si sabes que eres egoísta, y te empecinas por luchar contra tu egoísmo lo más probable es que te pases la vida tratando de no ser egoísta, pero sin empezar a compartir. Si sabes que eres materialista y vives luchando contra la compulsión de comprar y tener, lo más probable es que termines resintiéndote, pero si por el contrario empiezas a tomar en serio tu vida espiritual, es probable que pronto descubras que poca cosa era el dinero, el poder y la imagen.
No luches contra ti mismo, vive en paz y no pierdas la alegría. Cultiva aquello que puede convertirte en hombre nuevo, con las mismas ganas de vivir que antes.



P. Javier  Rojas sj

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