sábado, 5 de mayo de 2012


Eterno Señor de todas las cosas,
Siento tu mirada puesta en mí,
Sé que tu Madre está aquí cerca
Y que, en torno a ti, hay una multitud
De hombre y mujeres, de mártires y santos.
Si tú me ayudas,
Quisiera ofrecerme a ti:
Es mi determinación más firme y mi deseo
Si Tú me aceptas,
Proceder en este mundo como tú procediste.
Sé que viviste en una pequeña aldea,
Sin comodidades, sin educación especial.
Sé que rechazaste el poder político.
Sé lo mucho que sufriste:
Las autoridades te rechazaron,
Los amigos te abandonaron.
Pero, para mí, es algo maravilloso
Que me invites a seguirte de cerca.

Adaptación del original de Ignacio de Loyola


Este fin de semana soltamos, en cuanto de nosotros dependa, y con la gracia de Dios, todo aquello que nos amarra a la tristeza, al desconsuelo y a la amargura. En la certeza de que el Señor es nuestro Pastor y de que reconforta nuestro alma nos desprendemos de toda pena y aflicción, y vemos el vaso “medio lleno” de nuestra vida, que está repleto de maravillas que nos dona Dios a  cada uno de nosotros…
 Confiamos, como dice el salmo 23, en que Él nos hace reposar y que aunque atravesemos oscuras quebradas estará a nuestro lado.
El Dios da la Vida nos cuida y nos asiste, a quién temeremos entonces?.
Demos gracias a Dios por tanto bien recibido!
Saludos a todos!
@Ale.

viernes, 4 de mayo de 2012


Si la vida espiritual, al cabo de los años, no favorece
en nosotros el sentido de la realidad y el crecimiento
de nuestra libertad interior, no está siendo
bien llevada.
 Jean Gouvernaire.

Del Evangelio de hoy:
Tomás le dijo: "Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?". 
Jesús le respondió: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí”
Juan 14,1-6.

Con inmensa alegría les contamos que en los próximos días en Nepal se celebrarán los 60 años de la presencia de la Compañía de Jesús en esas tierras.
Serán conmemorados en una solemne ceremonia que tendrá lugar en el 6 de mayo en la St. Xavier's School (Jawalakhel, Katmandu) al término de tres días de asamblea de los jesuitas de la Región.
Demos gracias al Señor por estos seguidores de Ignacio...

jueves, 3 de mayo de 2012


‎"La verdadera amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido".
Rabindranath Tagore

Cuántas veces perdemos de vista la vida nueva que está surgiendo...

“Espíritu que aleteas sobre las aguas, calma en nosotros las disonancias, los flujos inquietos, el rumor de las palabras, los torbellinos de vanidad, y haz surgir en el silencio la palabra que nos recrea”
Himno de la Vigilia de Pentecostés


Del Evangelio de hoy:
“Porque tanto amó Dios al mundo, que le entrego a su Hijo único, para que todo que crea en Él no perezca, si no que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, si no para que el mundo se salvara por Él”
Juan: 3,13-17

Te sientes amado/a por Dios? Aún en las tribulaciones y desconciertos?
Tu relación con el Señor se basa en el amor o en el temor?
Crees firmemente que Dios envió a su Hijo para salvarte y no para condenarte?

miércoles, 2 de mayo de 2012


Cuando tienes que decidir entre dos o más cosas buenas puede ayudarnos...


"El signo seguro que nos permitirá detectar sin riesgo de error lo mejor de nosotros es el gusto interior, el gozo.  Al ver la estrella, los magos se llenaron de inmensa alegría(Mt 2,10). En el caso de un estudiante, gracias al gusto profundo que experimentatá por un autor, una materia, un deporte o una actividad, irá descubriendo poco a poco su tesoro oculto. El gozo es la brújula de la vida, la estrella de la verdadera felicidad. Esta búsqueda de nuestro tesoro exige paciencia y escucha, es decir, atención y disponibilidad a las señales que Dios nos hace, en nosotros mismos y a nuestro alrededor."
Jacques Fédry SJ

Es de gran utilidad para progresar [ en la vida espiritual] contar con un amigo capaz de advertirte de tus defectos...
Ignacio de Loyola.

Jesús exclamó: "El que cree en mí, en realidad no cree en mí, sino en aquel que me envió. Y el que me ve, ve al que me envió. Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas. Al que escucha mis palabras y no las cumple, yo no lo juzgo, porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvarlo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he anunciado es la que lo juzgará en el último día. Porque yo no hablé por mí mismo: el Padre que me ha enviado me ordenó lo que debía decir y anunciar; y yo sé que su mandato es Vida eterna. Las palabras que digo, las digo como el Padre me lo ordenó".
Jn 12, 44-50

martes, 1 de mayo de 2012



El Dios Poder y el Dios Amor[1]

Una de las dificultades más serias en la comprensión del mensaje de Jesús procede, sin duda, de la resistencia que experimentamos a abandonar determinadas imágenes de Dios que proceden, entre otras cosas, de los sueños infantiles de omnipotencia. Desde esas ilusiones infantiles, tendemos a configurar nuestra imagen de Dios -mediante una proyección maléfica de nuestras aspiraciones narcisistas- como la representación suprema del poder. Situamos así uno de los más serios obstáculos para la comprensión de lo que Dios nos quiso decir de sí mismo a través del Señor Jesús. Nunca se llamó a Dios Todopoderoso en los evangelios.
Como ha puesto de manifiesto la teología bíblica reciente, la conducta y las palabras de Jesús más bien nos hablan de un Dios débil, porque Dios aparece esencialmente como amor y el amor es débil cuando en su oferta es rechazado. Por ello, la entrega de Jesús hasta la muerte constituye la manifestación suprema de Dios como amor sin límites (y ahí está el todo-poder de Dios) y, por ello mismo, de un Dios débil, en cuanto impotente frente al rechazo de su ofrecimiento.
Las consecuencias de estas diversas configuraciones de Dios en nosotros son fundamentales a un nivel tanto personal como histórico y colectivo. El Dios omnipotente conduce fácilmente a la bota y la espada, a la hoguera y la inquisición, a la colonización y la conquista.
A otro nivel, la insistencia en el Dios Todopoderoso introduce de inmediato en el corazón humano la ambivalencia afectiva, el amor que se somete y el odio que desea liberarse de ese Dios-Todo, que parece no dejar espacio alguno para la realización de lo humano. Y de la ambivalencia más o menos camuflada surge toda una dinámica de carácter sacrificial, que se entiende como un necesario precio a pagar como condición para relacionarse con Dios. Toda una dinámica espiritual de automutilación y muerte surge de modo paralelo a esta comprensión de Dios y de la salvación que nos ofrece.
La pasión y muerte de Jesús, que figuran como trasfondo de la propuesta ignaciana en la «Tercera manera de humildad», no pueden ser entendidas (tal como determinadas estructuras inconscientes pretenden) como resultado de un deseo enigmático o de una voluntad arbitraria del Padre, sino -como en la muerte de otros tantos seres humanos injustamente ajusticiados-, producto de la responsabilidad de los hombres y de unas contingencias históricas determinadas. Expresado en otros términos, no fue Dios el causante de la muerte de Jesús, sino la malicia humana en su negativa a comprender y aceptar lo que significaba el que Dios venga a ser por igual Padre de todos los hombres.
No podemos olvidar, por otra parte, que cuando Dios se representa con un deseo de dolor y de muerte para su Hijo, el sufrimiento y la muerte quedan automáticamente sacralizados para el creyente.
El dolor se exalta y se magnifica en el autosacrificio, en el exterminio consentido del propio deseo y de la propia voluntad. Se reprueba y se menosprecia el cuerpo y, al mismo tiempo, se propicia una vinculación con Dios que adquiere tonos manifiestamente sado-masoquistas.
En definitiva, una dinámica de muerte y una deificación de la crueldad se instalan en el seno de la experiencia de fe.
Ese es el enorme peligro que pudieron tener determinadas lecturas de la «Tercera manera de humildad»: el de una exaltación del sufrimiento que, paradójicamente, se constituía en vía privilegiada, a pesar de sus camuflajes, para el orgullo y un verdadero enclaustramiento narcisista. Se olvidaba así que el dolor y el sufrimiento, desde un punto de vista cristiano, no poseen por sí mismos ningún valor y, por tanto, no se les puede considerar como elementos deseables y, menos aún, jurídicamente exigidos por Dios.
El dolor y el sufrimiento, los opprobios, el ser estimado por vano y loco no pueden tener otro sentido en la propuesta al ejercitante que el que adquieren -como en el caso de Jesús- al ser asumidos como parte de una fidelidad extrema y -desde ahí- como una manifestación de lo que Dios es con los seres humanos: amor que se expone y no poder que se impone. Sólo así podremos evitar la trampa del masoquismo que tantas veces merodeó en las propuestas de la humildad y sólo así comprenderemos que, en realidad, en ella se nos invita a disponernos para lo que constituye la mayor liberación: el éxodo de nuestro narcisismo que posibilita la libertad para el Reino.
La «Tercera manera de humildad» expresa la necesaria disposición para poder optar por el Dios de Jesús, es decir, por el Dios amor que se expone y se abaja hasta el final. Porque en ese abajamiento, al estar impulsado por el amor y sólo por eso, se encuentra la plenitud de la vida. Ese es el lugar privilegiado donde Dios se revela y manifiesta en radicalidad: no en la ostentación de poder, sino en la ofrenda de sí mismo. No se trata -hay que insistir- en glorificar el dolor y el sufrimiento, la pobreza y la humillación. Se trata de estar convencido de que si existe alguna fuerza eficaz en el mundo para transformarlo en algo mejor, en esa utopía del Reino de Dios que perseguimos, esa única fuerza es la del amor, la de la entrega que es capaz de llegar hasta el final y no la fuerza del narcisismo, la soberbia o la violencia.
Si comprendemos, pues, que con suprema facilidad el Dios poder induce a la soberbia y el Dios amor induce a la humildad, la propuesta ignaciana de las «Tres maneras de humildad» podrá seguir manteniendo toda la fuerza que el Evangelio posee antes y después de la postmodernidad.


[1] Carlos Dominguez Morano, SJ Psicodinámica de los ejercicios ignacianos. Madrid. SalTerrae.


Que siempre tengamos trabajo, que siempre podamos dar trabajo a otros, y que si nos falta no perdamos la esperanza. 
FELIZ DÍA DEL TRABAJADOR!!!

lunes, 30 de abril de 2012

De niño le daba miedo subir al trampolín de la piscina. Llegaba a lo más alto, caminaba por el tablón, se asomaba al borde, con una mezcla de vértigo y ganas, y aunque el agua allí abajo ofrecía mil promesas, también le asustaba pensar en todo lo que podía salir mal. «¿Y si me doy un planchazo? ¿Y si no es tan hondo como parece? ¿Y si alguien se ríe?» Y así estaba, un paso adelante, y otro paso atrás, sin decidirse nunca a saltar.
No recordaba la cantidad de ocasiones en que se había rendido. Desistía. Volvía a bajar por la escalerilla, con una mezcla de vergüenza y decepción, y el estómago encogido por la frustración y los nervios. Pero aunque trataba de no volver a subir, la promesa de zambullirse, al fin, en el agua fresca, le atraía de nuevo a lo alto. Llegó el día en que pudo más el anhelo que la prudencia, la promesa que la desconfianza, el valor que el miedo. Se acercó al extremo. Miró abajo. Se dejó caer inclinando el cuerpo para que la cabeza fuera por delante. Y en esos instantes eternos de vuelo y júbilo, antes de sumergirse en el agua viva, tuvo la certidumbre de que el riesgo merecía la pena.

José María Rodríguez Olaizola, sj

Siempre
la hora más importante
es la presente.
Siempre
la persona más importante
es la que se encuentre frente a ti
en el momento presente.
Siempre
el hecho más importante
es el amor.
                   Meister Eckehard.


“El recuerdo y la esperanza,
Dios conmigo y yo con Dios,
es la invencible alianza.
¿Quién podrá contra los dos?”
Pierre Gouet, sj.


domingo, 29 de abril de 2012

"No el mucho saber harta y satisface el alma, sino el sentir y gustar de las cosas internamente”
Ignacio de Loyola.
Llévame donde los hombres necesiten tu Palabra...
Necesiten tus ganas de vivir..
Donde falte la esperanza, donde todo sea triste simplemente por no saber de Tí Señor

“Te conozco, sé quién eres”




 Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas.   Pero el que es un asalariado y no un pastor, que no es el dueño de las ovejas, ve venir al lobo, y abandona las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa.   Él huye porque sólo trabaja por el pago y no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor,  y conozco mis ovejas y las mías me conocen,   de igual manera que el Padre me conoce y yo conozco al Padre, y doy mi vida por las ovejas.   Tengo otras ovejas que no son de este redil; a ésas también me es necesario traerlas, y oirán mi voz, y serán un rebaño con un solo pastor.   Por eso el Padre me ama, porque yo doy mi vida para tomarla de nuevo.  Nadie me la quita, sino que yo la doy de mi propia voluntad. Tengo autoridad para darla, y tengo autoridad para tomarla de nuevo. Este mandamiento recibí de mi Padre.
Jn 10, 11-18


“Te conozco, sé quieres eres”. El relato del Buen Pastor reconduce nuestra mirada al corazón del evangelio. Lo central del anuncio de Jesús no es una teoría sobre Dios, sino es revelación del corazón de Dios.
En los ojos de Jesús conocemos cómo el Padre nos mira. En sus gestos comprendemos la ternura y misericordia que brota de las entrañas de su Padre. En sus palabras oímos “¡Levántate!”, “No tengas miedo”. Son palabras de ánimo que acompañan y fortalecen.
En otras ocasiones Jesús ha dicho, “Yo soy el camino, la vedad y la vida” o “Yo soy la luz del mundo”, pero ahora utiliza la imagen del Pastor para expresar la manera que tiene de amarnos. Jesús nos ama cuidando… y dando la vida. Y este es y debe se el rasgo distintivo de todo cristiano, amar cuidando…
Hay tres amores que debemos cuidar
Cuidar el amor a Dios; Con frecuencia olvidamos cuán necesario es cultivar la relación personal con Dios. Podremos llegar a hacer grandes cosas por Él, pero si se pierde o descuida la relación personal con El, nos convertimos en empresarios de la religión o gerentes en espiritualidad. Muchas veces creemos que por emprender grandes tareas por Dios somos discípulos de Jesús. La identificación con Jesucristo no viene dado solamente por lo que hacemos, sino por la manera que tenemos de relacionarnos con Dios. Y es a partir de esa relación que personalmente tenemos con el Padre como todo lo hacemos nos convierte en discípulos de su Hijo. 
Cuidar el amor a los demás; Es muy conocida la frase “hay amores que matan”. Cuando amas de verdad quieres el bien del otro, aun cuando ese bien no te incluya a ti. Es decir, amar a los demás como nos enseñó Jesús, puede  en ocasiones  incluir alejarse “por el bien del otro”. Esto es lo más difícil; amar y querer el bien del otro. No todo “amor” incluye el bien del otro. Una manera de conocer si el amor que siento por el otro es auténtico es preguntarme si quiero su bien, si lo procuro aun cuando ello signifique alejarme “por el bien del otro”.
Cuidar el amor a uno mismo; ¿Por qué en ocasiones no nos amamos a nosotros mismos? ¿Es posible llegar a odiarse a si mismo? ¿Es cristiano despreciarse a sí mismo? Hay quienes predican y anuncian que el odio o el desprecio a sí mismos, es una condición para ser discípulos de Jesús. ¡Qué mentira más sucia! Creo que quien no tiene un sano amor a si mismo difícilmente pueda amar sanamente a los demás. El mandamiento del amor al prójimo no excluye el propio, se funda en él. Cuando el hombre conoce el amor que Dios le tiene, sabe amarse a sí mismo. Cuida de sí porque se sabe amado por Dios. Se valora a sí mismo, porque se comprende como obra de Dios...
El rol de pastor que adquiere Jesús con nosotros es de amar cuidando, conduciendo y acompañando.
Pidamos a Dios no descuidar el amor en su triple dimensión. Amar es querer el bien. Amar es renunciar por el bien. Amar es cultivar el bien.
P. Javier  Rojas sj

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