sábado, 26 de mayo de 2012

«¿Peregrino o vagabundo espiritual?»



Domingo 27  de mayo – Fiesta de PENTECOSTÉS



«Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos. Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo.”¡La paz esté con ustedes!” Mientras decía eso, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: “¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes”. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: “Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes de los retengan».

Jn 20, 19-23


¿Quién es el Espíritu Santo? Es la promesa. Es el abogado. Es el que acude en nuestro auxilio cuando se lo invoca. Es quién viene a llevar a la plenitud la obra de salvación. Es, en definitiva, el que obra en nosotros ese proceso de transformación que nos llevará a la divinización. El que forja en nosotros la semejanza con Dios.
 Esta es la misión del Espíritu Santo. Llevar a la plenitud la creación de Dios. Realizar el sueño de Dios de que lleguemos a ser uno con Él, como Cristo y el Padre son uno. Desde toda la eternidad Dios padre nos soñó junto a Él, y su obra de salvación no es otra cosa que su amor atrayéndonos hacia él.  Este es el Espíritu, el amor de Dios que nos empuja hacia esa comunión profunda con quien es el origen y fin de nuestra existencia.
Este proceso de ser semejantes a Dios se realiza en nuestra historia personal. En las decisiones de nuestra vida. En el ejercicio de nuestra libertad. Estamos en camino hacia esa unión personal con Dios, en compañía del Espíritu Santo.
El hecho de caminar hacia el encuentro con Dios nos convierte en peregrinos del espíritu, pero siempre cabe la posibilidad de que elijamos convertirnos en vagabundos espirituales.
¿Cómo discernir si nuestro caminar es de peregrinos o vagabundos? ¿Cómo saber si nuestro peregrinar acontece bajo la acción del Espíritu de Dios?
 Quiero compartir a continuación algunos puntos que me inspiró la lectura del libro de P. Francis Nemeck, O.M.I. El autor ofrece, con agudeza desafiante, claves para discernir entre peregrinar bajo la acción del Espíritu de Dios o vagabundear espiritualmente. 
Los peregrinos del espíritu saben encontrar a Dios en las cosas creadas. Saben apreciar la obra de Dios, y tienen por ella respeto y admiración. Por el contrario, los vagabundos huyen del contacto con la realidad hacia dimensiones “espiritualistas” que no hacen otra cosa que deshumanizarlos. Llegan incluso a definirse como “personas religiosas” y “comprometidas” mientras juzgan a los demás con crueldad.
Los peregrinos tienden a establecer amistades profundas, a colaborar. Sienten el deseo de formar parte “de”, de colaborar “con”, de donar su tiempo “para”. Por el contrario, los vagabundos espirituales, no son propensos a establecer relaciones sanas y duraderas. Suelen tener problemas de comunicación y básicamente son pocos sociables. Son los que quieren llegar a Dios a base de romper con el mundo. Pero si se comprometen o asumen responsabilidades lo hacen apartando a los demás y no dejando que nadie se interponga entre ellos y lo que “se debe hacer”. El vagabundo, de personalidad egocéntrica, busca su propia santidad independiente de la caridad y solidaridad con los demás.
Los peregrinos, son comprometidos con la realidad que les toca vivir. No espiritualizan vanamente la realidad, sino que saben tomar lo bueno de los acontecimientos y sopesar las dificultades que la misma vida acarrea. Los vagabundos, por el contrario, suelen ser personas que con frecuencia se privan a sí mismos de alegría y placer. Y cuando encuentran placer en algo, les da culpa y remordimiento.
La ascética cristiana y la autodisciplina siempre serán necesarias, pero dentro de sus propios límites.
Los peregrinos del espíritu normalmente piensan más en los demás que en sí mismos. Están atentos a las necesidades de los demás y dispuestos a renunciar a sus propios criterios para favorecer la unión y acrecentar la comunión. Los vagabundos espirituales, se cierran sobre sí mismos y rehúyen a un compromiso serio. No quieren implicarse y generalmente son propensos a justificar su falta de integración responsabilizando a los demás de ser “pocos espirituales y devotos”. Los vagabundos suelen cobijarse bajo alguna “autoridad espiritual” para lograr protección y cuidado. Buscan la cercanía con el poder para sentirse fuertes. 
El peregrino espiritual, no es aquel que se queda apegado a las cosas, sino que vive su compromiso hasta el fondo, traspasando todo lo creado, hasta llegar a la verdadera meta que es Dios. Pero lo hace afrontando el “aquí y ahora” de su vida. En contacto con la realidad que le toca vivir.
Al peregrino del espíritu se le ve dispuesto a tomar riesgos. Cuando se dan cuenta de que Dios les marca un nuevo camino, están dispuestos a abandonar sus seguridades para adentrase en lo nuevo y desconocido. El vagabundo espiritual muy por el contrario, se aferra a sus seguridades. Esta apegado a la norma, a la ley, a la autoridad para salvaguardarse. Desconfía de los cambios y se llama a sí mismo “prudente” para disimular su cobardía.
Ante el discernimiento, los peregrinos del espíritu, están abiertos a descubrir a Dios a través del sentido común, de las autoridades legítimas, de los amigos, de las innumerables situaciones que les toca vivir. Los vagabundos espirituales, rehúsan a encontrar a Dios en lo “común” y cotidiano de su vida. Tienden a poner toda clase de restricciones sobre el modo como Dios puede comunicárseles. Creen tener línea directa con el Señor y aseguran que se les revela sólo por intervención directa. Rechazan obstinadamente al aceptar interpelaciones o sugerencias de nadie. Exigiendo a sí mismos y a los demás una adhesión rígida a la letra de la ley, permaneciendo ajenas al espíritu de ésta. Se muestran guardianes de la ortodoxia para justificar su proceder y para esconder sus verdaderas motivaciones.
Por último, para conocer si nuestro caminar es de peregrinos del espíritu o vagabundos espirituales es necesario ver cómo nos relacionamos con la soledad.
El peregrino espiritual, busca estar solo como necesidad integrante de su relación personal con Dios. Surge del anhelo de intimidad amorosa y serena. Por el contrario, el vagabundo espiritual, quiere de le dejen solo para seguir aislado. Su soledad es más huir de todo que estar con el Todo. Es más un retirarse de la vida que un esfuerzo por penetrar en las profundidades de ésta. O, por el contrario, multiplican exageradamente sus compromisos para tener la agenda llena. Buscan estar en “todo” y no perderse de “nada”.
En fin, el peregrino espiritual es una persona que vive en plenitud su “estar en el mundo” sin ser del mundo”; mientras que el vagabundo, no sólo huye del mundo, sino que además construye el suyo propio desentendiéndose de todo y de todos…
Pidamos al Espíritu Santo, que nos ayude a discernir nuestro camino en pos de esa unión íntima con Dios. Primero en relación con todo aquello que nos toca vivir, para luego recapitular toda nuestra historia en Él.



P. Javier  Rojas sj


 Querido Señor, aun cuando supiera todo acerca de ti, aun cuando haya estudiado todas las Escrituras con cuidado, aun cuando tengo un gran deseo y fuerza de voluntad para trabajar a tu servicio, no puedo hacer nada sin el don de tu Espíritu. Me doy cuenta, a menudo, de que la visión más clara de la vida verdadera, y el deseo más sincero de vivirla, no son suficientes para convertirme en un verdadero discípulo. Sólo cuando tu Espíritu haya penetrado en lo más profundo de mi ser
podré ser un cristiano real, un hombre que vive en ti, contigo y a través de ti.
Tú previniste a tus amigos que no debían abandonar Jerusalén, sino que debían " permanecer en la ciudad hasta que fueran investidos con el poder de lo alto "
( Lucas 24, 49 ).
Oh, Señor, rezo por el poder de tu Espíritu. Deja que este poder me invada y me transforme en un discípulo real, dispuesto a seguirte aun a donde prefiriría no ir. 
Henri Nouwen


Que este nuevo Pentecostés nos lance a perdonar pecados, a lavar culpas, a devolver la inocencia a los caídos, a dar la alegría a los tristes, a expulsar el odio, a promover la concordia y a construir la paz.
Pregón Pascual.


DECÁLOGO DE PENTECOSTES
1.            PENTECOSTES es COMUNIDAD. El Espíritu Santo une lo que está resquebrajado; acerca lo que está distante. Siempre existen más motivos para la unión que para la dispersión. ¿Por qué no buscas más lo que adhiere y no separa?
2.            PENTECOSTES es VIDA. El cielo, una vez más, abre sus puertas y –a través de ellas- desciende la voz de Dios, su fuerza y su poder. ¿Guardas silencio en y con tu vida?
3.            PENTECOSTES es CONFIRMACION. El cristiano se siente acompañado y protegido por la mano del Señor. Siente que no está sólo, Alguien le sostiene. ¿Te dejas llevar frecuentemente por el puro y duro activismo?
4.            PENTECOSTES es ALEGRIA. Frente a las dificultades, el Espíritu, nos hace ver el otro lado afable de la vida. No todo es tan negro como el mundo nos enseña. ¿Eres optimista o has plegado las alas de tu ilusión?
5.            PENTECOSTES es VALENTIA. La cobardía, en el fondo, es fruto de la inseguridad. El Espíritu nos aporta certidumbre en el combate de la fe, fortalece los muros de nuestra personalidad cristiana. ¿Te preocupa algo en este momento?
6.            PENTECOSTES es ECLESIALIDAD. El Espíritu Santo nos reúne con su carisma, nos habilita para el bien, para la comunión fraterna. Nos hace estar en permanente guardia frente aquellos que intentan dividirnos. ¿Cómo ves a la Iglesia? ¿La amas de verdad?
7.            PENTECOSTES es APERTURA. El Espíritu Santo nos guía por los caminos que conducen hacia Cristo. Abrirse al Espíritu es sentir curiosidad por las cosas de Dios, por la vida del Hijo, en la Gloria del Espíritu Santo. ¿Te acercas con frecuencia a la lectura de la Palabra de Dios?
8.            PENTECOSTES es INTREPIDEZ. El Espíritu Santo nos capacita para dar testimonio de nuestra fe. Nos llama a la perfección, a la audacia y a la insistencia evangelizadora. ¿Estás comprometido en algún movimiento o tarea eclesial?
9.            PENTECOSTES es DINAMISMO. El Espíritu Santo nos instala en los caminos de la vida. Es necesario que la Buena Noticia sea conocida, proclamada, vivida y escuchada. ¿Encontrará el Señor mensajeros de sus Palabras?
10.          PENTECOSTES es MISION. El Espíritu Santo hace que nos interroguemos ¿Qué puedo hacer yo por Cristo? ¿Qué hago yo en su Iglesia? ¿Soy positivo en mi comunidad? 
                                                                        


viernes, 25 de mayo de 2012



Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?". El le respondió: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis corderos".
Le volvió a decir por segunda vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?". El le respondió: "Sí, Señor, sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas".
Le preguntó por tercera vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?". Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: "Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas.
Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras".
De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: "Sígueme".
Jn 21,15-19.

El amor consiste en comunicación de las dos partes, es a saber, en dar y comunicar el amante al amado lo que tiene o de lo que tiene o puede, y así, por el contrario, el amado al amante; de manera que si el uno tiene ciencia, dar al que no la tiene, si honores, si riquezas, y así el otro al otro.
Ignacio de Loyola

jueves, 24 de mayo de 2012


Espíritu Santo,
eres el alma de mi alma.
Te adoro humildemente.
Ilumíname, fortifícame,
guíame, consuélame.
Y en cuanto corresponde al plan
del eterno Padre Dios
revélame tus deseos.
Dame a conocer
lo que el Amor eterno desea de mí.
Dame a conocer lo que debo realizar,
dame a conocer lo que debo sufrir,
dame a conocer lo que, silencioso,
con modestia y en oración,
debo aceptar, cargar y soportar.
Si, Espíritu Santo,
dame a conocer tu voluntad
y la voluntad del Padre.
Pues toda mi vida
no quiere ser otra cosa,
que un continuado y perpetuo Sí
a los deseos y al querer
del eterno Padre Dios. Amén
P. José Kentenich
Evita, por encima de cualquier circunstancia, la tristeza; que tu alegría no sea fruto de las circunstancias favorables, sino fruto de ti mismo...

Agradecida Señor por un día más de vida. Una nueva oportunidad que me brindas para seguirte y alabarte. Nueva oportunidad de enmendar errores,  y solucionar conflictos, de servir sin esperar nada a cambio, de alegrarme con lo simple, de llevar consuelo y de ser consolada, de disfrutar de tus regalos...
Nuevo día para amar y ser amada. Para aprender con humildad y para enseñar con delicadeza…
María Auxiliadora, intercede ante Dios Nuestro Señor,  para que esta jornada sea de Su agrado.
Hoy sumemos alegrías y restemos tristezas. Bendecido jueves para todos!
@Ale

Ignacio seguía al Espíritu, no se le adelantaba. De ese modo era  conducido con suavidad a donde no sabía. Poco a poco se le abría el camino y lo iba recorriendo. Sabiamente ignorante, puesto sencillamente su corazón en Cristo…
Padre Nadal

miércoles, 23 de mayo de 2012


Padre nuestro que estás en el cielo
con tu Hijo y con el Espíritu:
envía tu Espíritu que nos enseñe
a santificar tu nombre,
a reconocer tu santidad.
Haz que actúe la energía de tu Espíritu
para que vaya llegando tu reinado paternal.
Danos un espíritu generoso,
la fuerza del Espíritu que nos capacite
para cumplir tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día
y del mañana: tu pan consagrado,
porque es el Espíritu que da vida.
Envía tu espíritu del perdón
que perdone nuestras ofensas como nosotros, inspirados por El,
perdonamos a los que nos ofenden.
En la prueba, en nuestro desierto,
confórtanos con tu Espíritu
para que no sucumbamos.
Que tu Espíritu poderoso
se enfrente y venza en mí
al espíritu del mal. Amén.
Luis Alonso Schöke
El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir...
Y tu para qué viniste?

EE [46] "Pedir gracia a Dios nuestro Señor para que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de su divina majestad."
Evangelio de hoy.

Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti. Padre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros. 
Mientras estaba con ellos, cuidaba en tu Nombre a los que me diste; yo los protegía y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura.
Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto.
Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno.
Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad.
Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo.
Por ellos me consagro, para que también ellos sean consagrados en la verdad.
Jn 17,11-19.

martes, 22 de mayo de 2012


Todos nuestros problemas, sin excepción, derivan del hecho de querer retener algo. Y este querer retener, este intento de retener, es falso. El vivir es un riesgo permanente de inseguridad, de mutación, de cambio. La vida es un río, yo soy un río, y el río no se va a detener. Cuando quiero retener algo, estoy creando violencia…, y al fin el río sigue su curso. Dichosos aquellos que descubren pronto que todo es inestable, porque estos encontrarán al final la Fuente de donde mana la única Verdad, la única seguridad, el único Ser eternamente estable.
Antonio Blay


La humildad es el fundamento de todo el edifico espiritual, ya que expulsa el primer vicio de todos, que es la soberbia.
Santo Tomás de Aquino.
Del Evangelio de hoy

"Se han dado cuenta de que en verdad he venido de ti, y han creído que tú me enviaste."
Jn 17, 1-11

lunes, 21 de mayo de 2012



Podemos pedir a Dios "¡Oh Señor, envía tu Espíritu!", pero debemos buscarlo, alimentarlo. Para esto es nuestra oración, la lectura frecuente del Evangelio, la participación activa en la Eucaristía...  y el compromiso en servicios concretos que mantengan vivo nuestro espíritu de servicio. Examinar ante Dios si cultivo esa planta o espero que crezca sola, o me conformo con que no crezca...
Ven, Espíritu Creador,
visita el corazón de tus hijos.
Llénalos de tu fuerza,
Tú que los has creado.
Tú que eres el Salvador,
regalo del mismo Dios,
fuente viva, fuego, amor,
dulzura y fuerza de Dios.
Da luz a nuestros sentidos,
pon amor en los espíritus,
llena de tu fortaleza
la debilidad de nuestras vidas.
Aleja nuestros temores,
concédenos la paz,
haz que, guiados por Ti,
nos liberemos del mal.
Haz que conozcamos al Padre,
que comprendamos a Jesús,
y que siempre creamos
en Ti, Espíritu de la vida.
Demos gracias a Dios Padre
y al Hijo, Jesús resucitado,
y al Espíritu vivificador,
por los siglos de los siglos.
José Enrique Ruiz de Galarreta SJ

Santo Espíritu de Dios, sopla sobre mí...

CREEMOS EN EL ESPIRITU SANTO…
Cuando tenemos una esperanza total en la vida, a pesar de nuestras caídas y nuestra dudas.
Cuando se siente la desesperación y, sin embargo, se experimenta un consuelo interior que nadie nos puede quitar.
Cuando experimentamos el desgarrón de la muerte propia o ajena y la sabemos asumir con fe y esperanza.
Cuando aceptamos libremente una responsabilidad, aunque no tengamos claras perspectivas de éxito y de utilidad.
Cuando vivimos con serenidad y perseverancia la existencia de cada día, a veces amarga, decepcionante y aniquiladora, y la aceptamos por una fuerza, cuyo origen no podemos abarcar ni dominar.
Cuando nos entregamos sin condiciones y cuando el caer se convierte en un verdadero estar de pie.
Cuando en el fondo de nuestras interrogantes y nuestros conocimientos nos sentimos abrazados  por  un misterio que nos acoge y nos salva y que experimentamos como el fondo más profundo y auténtico de nuestro ser.
Cuando vivimos las tinieblas del aparente sin-sentido en nuestra vida, porque esperamos una  promesa que no podemos entender.
Cuando vivimos las experiencias fragmentarias del amor, la belleza y la alegría,  como promesa del amor, la belleza y la alegría plena que un día recibiremos junto a Dios.
Cuando somos capaces de orar en medio de las tinieblas y el silencio, sabiendo que siempre somos escuchados, aunque no percibamos una respuesta que se pueda razonar.
Karl Rahner

domingo, 20 de mayo de 2012

Con la ascensión, Cristo no se alejó, sino que asumió una vida con la que realmente podía estar más cerca de nosotros, adquirió una eficacia infinita que le permitía estar en todas partes. 
José Luis Martín Descalzo

«Oír la voz interior»


Domingo 20 de mayo - VI  - Ascensión del Señor

«En aquel tiempo, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. Jesús se acercó a ellos y les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo»
Mt, 28, 16-20

Seguramente muchos hemos jugado al gallito ciego;  nos vendan los ojos, nos dan un par de vueltas y, de repente, todo nuestro horizonte de percepción se desvanece y nos sentimos perdidos, mareados y bastante desorientados. Extendemos las manos buscando algún indicio de referencia externa que nos permite ubicarnos.  No sabemos si con el próximo paso nos daremos contra la pared o iremos a parar al suelo. En este juego nos sentimos profundamente inseguros.
Si analizamos este juego infantil, podemos encontrar en él dos momentos bien claros.
Al no “ver” –porque nos cubren los ojos- nos sentimos inseguros. Esta situación genera angustia y si no sabemos manejarla termina en desesperación.  Esta situación desesperada nos hace agitar las manos y girar de un lado a otro sin descaso. Tan acostumbrados estamos a “ver” para sentir seguridad que no hemos desarrollado los demás sentidos.
La oscuridad nos aflige y como consecuencia nos sentimos perdidos. Pero en un segundo momento, y tal vez cansados de marchar sin rumbo, nos serenamos, o por lo menos, dejamos de movernos. Nos detenemos, como si buscáramos dentro de nosotros “otra brújula” que nos permita ubicarnos para dar un paso más seguro. Es entonces cuando comenzamos a oír. Ponemos nuestra seguridad en otra dimensión de naturaleza humana que es la capacidad de escuchar.
Los momentos difíciles se resuelven con frecuencia cuando logramos tomar conciencia de la situación y evaluar las alternativas. Cuando damos credibilidad a la voz que viene de nuestro interior: Dios.
Este proceso interno que va de la angustia a la desesperación y de la serenidad a resolución del conflicto  lo vivimos con frecuencia en nuestra vida cotidiana y en nuestra fe.    
Como seres humanos, necesitamos sentirnos seguros y nos aferramos a cualquier cosa que pueda darnos una pizca de esa seguridad. Seguridad que, en estos tiempos de cambios tan vertiginosos, se convierten en sinónimo de felicidad.
Necesitamos estar seguros de que mañana será un día mejor, de que ese proyecto que vamos a emprender funcionará, de que con nuestra pareja todo se va a arreglar, de que nuestros hijos han sido bien educados…en definitiva seguridad  de que lograremos ser felices.
Necesitamos que alguien nos de esa seguridad, aunque sabemos que tal certeza no existe. Dejamos que nos lean las manos, leemos el horóscopo, consultamos la carta astral y los más osados se animan a confiar su futuro a la “Mai” que con un par de “gualichos” le traerá nuevamente a la persona que amada.
Lo más gracioso es que tal vez no estamos seguros de conseguir lo que queremos, pero necesitamos algo en qué creer y sentir seguridad.
Por eso la fe, que no deja de ser una gracia de Dios, nos es tan connatural.
Pero, ¿por qué si tenemos fe, sentimos angustia? Si creemos en Dios ¿por qué nos desesperamos con frecuencia? En juego el gallito ciego podemos encontrar la respuesta.
San Ignacio de Loyola recomendaba al ejercitante que estaba pasando por un momento difícil, que nunca tomara una decisión en momento de crisis. La desolación ciega la capacidad de evaluar la situación y decidir bien.
A esta sensación de inseguridad y duda que vivimos en nuestra vida de fe, san Pablo nos  dice; «Una esperanza que ya se ve, no es esperanza; porque, lo que uno ve no necesita esperanza. Pero, si esperamos lo que no vemos, aguardamos con paciencia» (Rom 8, 24-26)
Esto es lo que descubre el que juega al gallito ciego. En algún momento del juego tiene que serenarse y poner todos los sentidos en alertas. Cuanto mejor evalúe la situación en la que se encuentra, más “chance” tiene de salir de allí. Cuanta mayor confianza le adjudiques a la voz que viene de tu interior, menor es la necesidad de seguridades externas.
Hay situaciones en nuestra vida en que la fe, que nos hace esperar con paciencia el momento de Dios, es el mejor aliado para salir de situaciones difíciles.
Nuestra fe es la que nos permite serenarnos y buscar dentro de nosotros esa “brújula interna” que nos orienta. Es el Dios mismo, que vive en nosotros, el que nos aconseja y nos ayuda a decidir bien.
Los discípulos, al igual que la virgen María, guardaron las palabras Jesús en su corazón. Y el eco de esa voz les dio la fuerza y el coraje necesario para enfrentar las dificultades. La ascensión de Jesús a los cielos desafía a los discípulos a poner la confianza en otro sentido; el oír. Escuchar la Palabra de Dios, es fuente de seguridad y confianza.
La vida implica riesgo, implica oportunidades y peligros. Todos los sabemos. Y para vivir felices necesitamos  aprender a convivir tanto  con la duda como con la fe. Para jugar al juego de la vida debemos romper con nuestros “gualichos” y ganar en confianza con Dios. Debemos optar por dejar resonar las palabras de Jesús en nuestro interior: « Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo »
P. Javier  Rojas sj

Blogroll