sábado, 30 de junio de 2012


Ver nuestro mal no fue para Jesús paralizante, sino exactamente al contrario: le empujaba a un total y mayor amor. 
José Luis Martín Descalzo



El criticón -el que se pasa la vida hablando mal de los demás- lo hace porque no es feliz y proyecta su amargura sobre el criticado. Lo que realmente no le gusta es su propio corazón. Y todo su desencanto por sí mismo lo vuelca en cuanto mira. Si una jarra llena de vinagre rebosa, rebosar vinagre… Al criticón le disgusta el mundo que le rodea y el que tiene dentro. Pero, como es demasiado orgulloso para reconocer que él tiene parte de culpa de ese mundo molesto, necesita inventarse culpables, y los encuentra en todos los que le rodean. (José Luis Martín Descalzo)

El sentido de la máxima

Lo que esta en juego es la relación entre la gracia de Dios y la libertad del hombre, cuestión difícil sobre la que los teólogos han reflexionado mucho y se han enfrentado a menudo, buscando el camino apropiado evitando dos escollos: por un lado, pensar que el hombre únicamente alcanza la salvación mediante su esfuerzo y su voluntad (pelagianismo); por otro, ponerse totalmente en manos de Dios sin cooperar, puesto que es El quien debe hacerlo todo (quietismo).
La originalidad de la máxima consiste en establecer la relación o, mejor aun, marcar la unidad entre la confianza en Dios y la confianza en el hombre: tener fe en Dios es ponerse a trabajar sin esperar su intervención, pero confiando plenamente en los medios, recursos y talentos de los que yo dispongo, que son don suyo: confío lo bastante en El como para creer que me ha dado lo necesario para arreglármelas por mi mismo. Este es el centro de la paradoja: confía lo bastante en Dios como para lanzarte a la acción sin contar con su intervención, puesto que es El quien te ha dado la capacidad de actuar. (Jacques Fedry, SJ – Decidir según Dios)

viernes, 29 de junio de 2012


Siempre está bien tener en una comunidad una abuela que recuerde a las personas que tiene un cuerpo y una afectividad, que a menudo se hacen montañas de pequeños problemas y que les convendría descansar un poco.
Jean Vanier



Y TÚ QUÉ CREES?

Necesitamos cambiar nuestra imagen de Dios:
• Del dios del temor al Dios del Amor.
• Del dios intervencionista (que controla todo) al Dios que respeta nuestra libertad.
• Del dios que pide sacrificios al Dios que promueve la vida.
• Del dios fuera de nosotros (exterior) al Dios que nos rodea.
• Del dios individualista al Dios solidario.
• Del dios violento al Dios de la paz.
• Del dios solitario al Dios comunidad (Trino).
José Ma. Mardones


QUE ASÍ SEA!!!




Imaginemos a un estudiante que acaba de finalizar sus estudios universitarios y se pregunta qué camino debería tomar: ¿estudiar una maestría de tiempo completo o comenzar a adquirir experiencia laboral?
En los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola encontramos varios consejos sobre cómo tomar las mejores decisiones. El texto nos remite a la tradición de la espiritualidad ignaciana, es decir, al discernimiento de los movimientos que ocurren en el corazón de los seres humanos.
Para comenzar con el proceso de elección, el universitario tiene que estar en estado de consolación. Es decir, su estado anímico deberá ser de tranquilidad y de esperanza presente y futura. En palabras sencillas, no es aconsejable tomar una decisión cuando la persona pasa por un periodo de desequilibrio emocional o de rabia y desesperación, porque es muy probable que “se tomen decisiones desde el hígado” y no desde lo más hondo y profundo del corazón humano.
Ignacio recuerda que la finalidad de toda elección radica en buscar “la mayor gloria de Dios”, es decir, que “el hombre tenga vida y vida en abundancia”. El universitario ha de tener presente que fue creado para amar y servir a Dios en todo momento y, por consiguiente, a la humanidad.
Supongamos ahora que nuestro universitario se halla en estado de consolación. Las dos opciones que tiene frente a él son buenas —San Ignacio sostiene que solamente se deberán incluir buenas opciones o caminos: de entre lo bueno, es necesario elegir lo mejor. Sin embargo, el estudiante está confundido.
Ignacio le propone que haga una lista de pros y contras de ambas opciones. Es muy probable que este ejercicio racional le ayude a tener más claridad para reconocer aquello en lo cual puede servir mejor a los demás. Si este ejercicio racional no le da la seguridad suficiente, Ignacio le sugerirá que se apoye más en el afecto e imagine que está en su lecho de muerte, rodeado de todos sus seres queridos ¿Qué decisión le hubiera gustado haber tomado? La respuesta a esta pregunta le producirá movimientos de esperanza o de frustración. Atención a estos movimientos: es necesario elegir aquella decisión que mayores movimientos de esperanza produzca.
Una vez hecha la elección, Ignacio le dirá al universitario que ponga delante de Dios la decisión tomada y espere una confirmación. Si ha tomado la mejor decisión, toda su persona se experimentará integrada, con ánimos y deseos profundos de completar la ruta que ha elegido. Sentirá fortaleza interior y pasión por lo que se ha de comenzar. 
J Luis Orlando Pérez Jiménez SJ


La imagen de Dios como padre

Se nos ha enseñado frecuentemente a mirar a Dios como padre. Jesús, que llamaba a Dios Abba («querido Padre»), dijo a sus discípulos: «Orad de este modo: "Padre nuestro que estás en el cielo"» (Mt 6,9), indicando que tenemos una relación similar con Dios. Muchos se han sentido alentados por esta imagen de Dios como padre o madre y, como consecuencia de su uso, han logrado llegar a un amor de Dios que les resultaba imposible cuando Dios les parecía intimidante. Normalmente, sin embargo, cuando predicadores y maestros hablan de Dios como padre o madre, suscitan imágenes de un niño pequeño con su padre o su madre: «Dios nos tiene en su brazos como una madre a su hijo». «Dios quiere consolarnos y confortarnos como un padre acaricia a su hijo». «Dios recibe a los pecadores como un padre o una madre reciben a un hijo díscolo». «Dios nos castiga como un buen padre lo hace para nuestro bien»... A veces, naturalmente, estas imágenes son apropiadas para una persona adulta. Pero ¿cómo reacciona a esas imágenes un padre de 45 años de edad, que trabaja a tiempo completo y tiene hijos pequeños? ¿Cómo reaccionas tú?

Propongo que la relación entre un hijo adulto y su padre o madre refleja mejor la relación que Dios desea tener con nosotros, adultos. Pensemos por un momento en la relación entre una persona adulta y sus padres. A medida que, en la edad adulta, maduramos, nos hacemos como iguales con nuestros padres. Por supuesto, siempre serán nuestros padres; siempre serán «mamá» o «papá», y continuaremos considerándoles con una especie de reverencia, porque les debemos habernos engendrado y educado. Pero, con la excepción de circunstancias muy especiales, no esperamos que nos tomen en sus brazos. Ni tampoco esperamos que nos digan qué hacer con nuestras vidas, aunque algunos padres no parecen renunciar nunca al deseo de decirles a sus hijos lo que tienen que hacer. Más bien, nos hacemos como iguales a ellos al desempeñar el mismo papel de adultos que ellos han ejercido. Ahora que sabemos lo que la edad adulta conlleva, crece nuestra simpatía hacia ellos, porque caemos en la cuenta de lo que para ellos supuso ganarse la vida y educarnos en nuestra infancia y, sobre todo, en nuestra juventud. Podemos encontrarnos en situación de tratarlos como buenos amigos, confiando en ellos sin esperar que carguen sobre sus hombros con el peso de situaciones que, sabemos, sólo nos incumben a nosotros.
Yo creo que este tipo de relación entre un hijo adulto y sus padres se parece más a lo que Dios quiere de nosotros cuando entramos en la edad adulta. Además, me parece que un mayor número de adultos encontrará la predicación y la enseñanza más atractiva, estimulante e incluso apasionante
si los que nos dedicamos a estos ministerios empezamos a usar esas imágenes cuando hablamos de nuestra relación con Dios. ¿Qué te parecen estas ideas? (William A. Barry, SJ - Una amistad como ninguna)

jueves, 28 de junio de 2012


Yo sé que las nubes duran sólo un momento y que el sol sale todos los días...
R. Tagore

Señor, aquí estoy delante de Ti, abriendo todo mi corazón porque necesito de tu presencia maravillosa, En mi vida, hay sentimientos de inferioridad, de miedo, de dolor, de tristeza y de incapacidad que me llevan a estar dependiendo de personas que no me aman, que no me valoran y que se aprovechan de mi situación. Por eso, Señor, estoy aquí con todo mi ser a tu disposición, porque requiero que me llenes de tu amor y hagas que todos los vacíos de mi vida sean llenados por ti. Quiero sentir que me amas y que ese amor recorre toda mi propia historia sanando todas las heridas que tengo y fortaleciendo todos esos conceptos sobre mí que me no me permiten estar dichoso de ser quien soy.
Amén.
P. Alberto Linero


Pon tu palabra en medio de mi vida.
Pon mi vida en tu mano, pon tu mano
en la voz que ahora digo.
Pon el sol en mis ojos, pon tus ojos
aquí, en estas preguntas; tus caminos
trázalos en los míos. Quiero irme
en tu marcha, quiero darles
tu música a mis pasos.
Estos hombres 
que veo, que me miran,
a los que yo les hablo, que preguntan
al pasar por tus señas, son, seguro,
el destino marcado 
de mi vida, mi mano, mi palabra.
Ponme de par en par porque te encuentren.
Valentín Arteaga




"...en una humanidad dividida
por las enemistades y las discordias,
tú diriges las voluntades
para que se dispongan a la reconciliación.
Tu Espíritu mueve los corazones
para que los enemigos vuelvan a la amistad,
los adversarios se den la mano
y los pueblos busquen la unión
Con tu acción eficaz consigues
que las luchas se apacigüen
y crezca el deseo de la paz;
que el perdón venza al odio
y la indulgencia a la venganza."


PLEGARIA EUCARÍSTICA SOBRE LA RECONCILIACIÓN II
La reconciliación con Dios, fundamento de la concordia humana.

Del Evangelio de hoy
El que me oye y hace lo que yo digo, es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. Vino la lluvia, crecieron los ríos y soplaron los vientos contra la casa; pero no cayó, porque tenía su base sobre la roca. 
Mt 7, 21-29.

miércoles, 27 de junio de 2012


SABÍAS QUE A ALGUIEN LE GUSTARÍA SER TU AMIGO???


Qué es ser un apóstol con identidad cristiana?
No hay que ser un gran orador, ni tener dinero, ni ser licenciado o graduado en nada. Basta con ser hijo de Dios y dejarse llevar por Su Amor hasta el corazón del amigo, de los demás, que esperan unas palabras llenas de cariño y resolución…
Tomado de Oleada Joven

Hay situaciones que no nos hacen felices. Hay personas amargadas que quieren invadirnos y contagiarnos su pesadumbre. Hay situaciones dolorosas de las que no acabamos de soltarnos. Hay recuerdos que vuelven porque los convocamos una y otra vez. Hay defectos que nos llevan al desconsuelo y a la amargura. Hay apegos que nos quitan la libertad.
Hay un pasado que ya se fue. Un futuro incierto que aun no llega. Y un presente que descuidamos indolentemente.
Hay cosas con las que debemos cortar para vivir mejor. Puedes identificar lo que te hace infeliz?...Si logras identificarlo ya es un paso importante. Después nos queda "actuar" para vivir en el HOY, CON SERENIDAD Y ACEPTACIÓN.
@Ale Vallina.

«Dios nos acepta tal como hemos sido y somos, como limitados y pecadores. Esta conciencia parece indispensable para asumir en paz y de forma positiva nuestro pasado y presente con sus culpas, responsabilidades, traumas, complejos, equivocaciones, omisiones, frustraciones y rencores, etc. Hemos de aceptar nuestra propia historia humana, para convertirla en «historia de salvación». Fernando Martínez Galdeano - Cambiar de adentro a fuera


«Cuanto más siento tu grandeza inaccesible,
siento más mi pequeñez y mi nada,
pero al ahondar más y más
en el abismo de esa nada,
te encuentro en el fondo mismo de mi ser:
intimior intimo meo,
amándome,
creándome
para que no me reduzca a la nada,
trabajando por mí,
para mí, conmigo,
en una comunión misteriosa de amor»

Pedro Arrupe, SJ

Ezequiel habla para todos los tiempos; su palabra vale para el que mira su propia vida poco generosa y su fe débil; vale para el que vio fracasar sus ilusiones y le falta el ánimo; vale para el que se entristece al ver su comunidad cristiana fría y divida; vale para el que sufre por un amigo o familiar enfermo; vale para quien es piedra de tropiezo para otros y causa de escándalo para los pequeños; vale para quienes, en un país, observan como sus dirigentes políticos se corrompen corriendo detrás de la avaricia y el poder; vale quienes no encuentran la paz y se encuentran confundidos....vale para ti y para mi. «Yahvé entonces me dijo: "Habla de parte mía al espíritu, llámalo, hijo de hombre y dile de parte del Señor, Yahvé: Espíritu, ven por los cuatro lados y sopla para que estos muertos vivan" (Ez 37, 9)

martes, 26 de junio de 2012


«Vivir es dejar que el amor brote y fluya por nosotros como el latido, el pulso y el ritmo de nuestra vida, conectándonos con nosotros mismos, con nuestro prójimo, con la familia entera de las criaturas de la tierra y con Dios, el alfa y la omega del amor. Amar (que es vivir) es buscar, fomentar y mantener conexiones con lo que es distinto y otro, sin dominio, absorción ni fusión, en gozo, solicitud y compasión» (James H.  Olthuis, - The Beautiful Risk: A New Psychology of Loving and Being Loved)

Y en este testamento he de dejar aún mi única riqueza:
mi esperanza.
Tengo metros y metros para hacer con ella millones
de banderas,
ahora que tantos la buscan sin hallarla,
cuando está delante de los ojos,
porque Tú, Halcón,
bajaste de los cielos sólo para sembrarla.
No, Mundo, sábelo: no me resignaré jamás a tu
amargura,
no dejaré que el llanto tenga sal,
ni que al dolor le dejen la última palabra,
no aceptaré que la muerte sea muerte
o que un testamento sea un punto final.
Si me muero (que aún está por ver)
envolvedme en su bandera verde
y estad seguros de que mi corazón sigue latiendo,
aunque esté más parado que una piedra,
estad seguros
de que, aunque mi sangre esté ya fría,
yo seguiré amando.
Fragmento de J.L. Martín Descalzo

«Hay un enorme número de personas que parece que en su vida eligieron siempre las aceras en sombra en pleno invierno. Se pasan la vida remasticando sus dolores o fracasos, en lugar de paladear sus alegrías o alimentarse de sus esperanzas; dedican más tiempo a quejarse y lamentarse que a proclamar el gozo de vivir» J.L. Martín Descalzo

Evangelio de hoy


No den las cosas sagradas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos.
Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas. 
Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí.
Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran.
Mateo 7,6.12-14.
En ocasiones, nos olvidamos que Dios quiere nuestra amistad. Que está interesado en mantener con nosotros esa relación recíproca de amor y confianza. Que nuestro amor no le es indiferente y que comparte con nosotros la alegría de ser nuestro amigo. Dios es feliz porque existes. Tu vida, es para Él motivo de alegría. ¿Qué sentimientos surgen en ti al leer esto? ¿Puedes percibir la alegría de Dios por ti?

lunes, 25 de junio de 2012


Yo sostengo que cada pobre, cada vagabundo, cada mendigo es Cristo en persona, que carga su cruz.
 San Alberto Hurtado


El tema de la pobreza es un tema que duele. Duele mucho. Mientras nosotros tenemos para comer, y elegimos un alimento porque nos agrada y dejamos de comer otro porque nos disgusta; cientos de millones de personas en el mundo no tienen nada que comer. Ni lo que les agrada ni lo que les desagrada. Cientos de millones de personas fallecen por desnutrición, enfermos de hambre. A veces solos.
En el Evangelio, en las vidas de santos, en las organizaciones no gubernamentales de nuestro tiempo encontramos claros ejemplos de lo que podemos hacer. Tal vez nuestra ayuda será limitada e insuficiente. Con seguridad será mínima…pero para el que ayudemos será “máxima”. 
En alguna ocasión leí unas palabras del padre Mamento Menapace que me interpelaron fuertemente: “Si yo tengo hambre, es para mí un problema físico. Pero si mi hermano tiene hambre eso es para mí un problema moral.”
Que muera gente de hambre en un mundo en el que sobran los alimentos es un pecado gravísimo. Realmente es un problema moral.
Hay muchas acciones que podemos emprender para mejorar la vida de las personas que viven con sus necesidades básicas insatisfechas. Desde enseñar a nuestros hijos a no tirar ni una miga de pan a la basura, hasta colaborar en comedores comunitarios, hospitales, escuelas y organizaciones que ayudan a combatir el hambre en el mundo. También podemos cocinar para gente necesitada e ir directamente a encuentro del que nada tiene que llevar a su boca. 
Conozco gente que ha hecho de la solidaridad su modo de vivir. Personas “para y con los demás…”. Admiro a esas personas, porque además de buena gente son discretos y humildes. Su mano derecha ni se entera de lo que hace la izquierda…
“Involucrarnos y comprometernos” son las claves. Todos podemos hacer algo, aunque sea pequeño.
No se trata de caridad…Se trata de justicia.
@Ale Vallina.

Todo miedo es un impedimento para que el amor surja. Y el miedo no es algo innato, sino aprendido.
"No teman"...son palabras de Jesús.

San Ignacio da por supuesto que Dios está siempre interesado en nosotros: que siempre nos tiene presentes. Cuando saboreas tales experiencias, entras en un período parecido a una luna de miel en tu relación con Dios: quieres estar con Dios y sentir más y más la presencia de Dios. (William A. Barry ,SJ - Una amistad como ninguna)


"Vale más la amistad con la que nosotros sostenemos a otros que aquella con la que mendigamos que nos sostengan" J.L. Martín Descalzo

domingo, 24 de junio de 2012




Compañía de Jesús quiere decir Compañía de amor y conformidad de ánimos, y no de rigor ni temor servil.
San Francisco Xavier sj

UN HOMBRE DE CRISIS



¿Quién de nosotros no ha pasado alguna vez por un momento “difícil”? ¿Quién no ha experimentado en alguna ocasión esa “extraña” sensación de fracaso?
 Seguramente, que en más de una ocasión hemos visto resquebrajarse nuestros planes, proyectos, deseos, etc.  Y cuando ello ocurre solemos responder hundiéndonos en la tristeza, o tornándonos agresivos.  ¿Por qué? Porque son esos momentos en los que  experimentamos a fondo la propia impotencia.
Cuando las cosas no marchan como deseamos o planificamos, nos encontramos de frente con el propio límite. Es entonces, cuando nos damos cuenta que en realidad son muy pocas las cosas que podemos controlar a nuestro antojo.
Pero, ¿sólo es posible responder con tristeza y rabia ante la impotencia? ¿Puede una situación difícil ayudarnos a crecer y madurar como personas? ¿De qué manera es posible capitalizar las “situaciones desagradables” a nuestro favor?
Una primera respuesta puede ser; “Si quieres convertir tus experiencias en instancias de crecimiento no te instales en la pena y lamentación”. Las crisis son situaciones de transito. Son bisagras que abren y cierran momentos de nuestra vida. Son umbrales que dan paso a una nueva y, seguramente distinta, manera de percibirme a mí mismo y a la realidad.
Las situaciones críticas logran algo que pareciera que de otra manera no serían posibles; nos hacen despertar. Si, ¡despertar!. Despertar de la fantasía, de la ilusión. Abrir los ojos a la realidad aun cuando sea difícil de aceptar.
Las experiencias criticas son fundantes y decisivas porque separan una etapa de otra y perfilan un horizonte a veces completamente distinto.
Tenemos miedo a las crisis porque ellas siempre están relacionadas con perder “algo”. Nos atemoriza saber que tal vez no lleguemos a conseguir lo que tanto deseamos o creemos que es esencial a nuestra existencia. La crisis es el momento de poda del que habla el evangelio de Juan; «Todo sarmiento que en mi no da fruto, lo quita; y todo el que da fruto, lo poda para que dé más fruto» (Jn 15, 2).
Lo decisivo en las crisis es despertar de una buena vez. Es abrir los ojos a la realidad y no negarla. Hay personas que en las situaciones críticas no acaban por despertar. Se quedan en una especie de somnolencia. Ocultan lo que resulta evidente por medio de justificaciones religiosas o a través de tinglados de razonamiento.
En definitiva, las crisis son esas instancias en que se nos permiten corregir, enmendar, redefinir, redireccionar, etc., nuestra vida y nuestras relaciones. Y esto es lo decisivo en nuestra vida; aceptar que es posible equivocarse y que las crisis en muchas ocasiones son esos momentos en que tomamos mayor conciencia de nuestra realidad.
Cuando una crisis es bien vivida no significa que el sufrimiento aminore. En ocasiones ni siquiera la rabia y la tristeza disminuye. Pero cuando podemos comprender los momentos difíciles como instancias de crecimiento, no nos quedamos instalados en lamentaciones infecundas, sino que por el contrario, nos abrimos a encontrar detrás de lo que ocurre una verdad nueva que nos hace avanzar y crecer.
Juan bautista, a quien recordamos hoy, fue un hombre de crisis. Un hombre que introdujo la crisis en Israel e hizo despertar a muchos somnolientos.
Un momento de crisis, es en palabras de Juan, un momento de conversión del corazón. Una invitación a la renovación de la mente. Una instancia donde miramos nuestra propia realidad para preguntarnos si verdaderamente somos auténticos.
La crisis que introdujo Juan en Israel descascaró el revoque de la ley. Puso en evidencia que se puede ser obediente a la ley y sin embargo ser injustos. Denuncio que detrás del maquillaje de religiosidad se ocultaba la avaricia y el deseo de poder. Puso en evidencia que la religión cuando se pervierte produce un daño enorme en las personas.
La predicación de Juan dejó al descubierto a muchos lobos disfrazados de corderos. Condenó duramente a quienes se jactan de ser religiosos en los templos pero luego se comportan de manera cruel con los demás. Las palabras de Juan, fueron una espada afilada que penetró en la médula de la religión de su tiempo y dejó al descubierto su necesidad de renovación interior.
En ocasiones, Dios suscita cerca de nosotros a un Juan Bautista que nos “complica” la vida. Son esas personas que nos hacen ver que estamos dormidos sobre la fantasía y cubiertos de ilusión. Son personas que nos cuestionan y hacen descubrir la necesidad que tenemos de conversión.
Pero en otras situaciones, es la propia vida y la realidad cotidiana la que nos dice ¡Despierta!, ¡Despierta!, es hora de ¡despertar!. Abre los ojos y mira la realidad. No ocultes tu mirada a lo que es evidente. Deja ya de justificar tu vida con razonamientos vacíos y pregúntate de una buena vez, si estás viviendo como Jesús nos mando hacerlo. Deja ya de disfrazar y maquillar tus ansias de poder y deseos incontrolables de poseer. Libérate de una buena vez de todo aquello que te aprisiona el corazón y te estrecha los horizontes.
Las crisis son esos momentos en que la vida se convierte en un nuevo vientre materno dispuesto a «darnos a luz». Es nueva vida lo que ofrece, pero requiere de nuestra parte “¡pujar!” con fuerza por medio de la oración para ver una nueva luz.
Pidamos a Dios, que nos de fuerza y valentía para no retroceder ante estos momentos de crecimiento. Que no permita que nos quedemos llorando por los “platos rotos”, sino que por el contrario nos abramos a la posibilidad de vivir de manera nueva y renovada.



P. Javier  Rojas sj

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