sábado, 25 de agosto de 2012


Los Ejercicios Espirituales son un proceso de experiencia de Dios para buscar, descubrir y seguir su voluntad. San Ignacio propone hacer esta experiencia a fondo, completa, durante  un mes, en retiro y con dedicación plena. Y, pedagógicamente, marca los pasos, las etapas -"semanas"- que el ejercitante ha de atravesar:
-La toma de conciencia de uno mismo y de Dios (principio y fundamento).
- El reconocimiento del propio pecado y el perdón de Dios.
- La disposición para el seguimiento de Jesús.
- La contemplación de los misterios de Cristo para mejor conocerle, amarle, seguirle e identificarse con Él en su vida, pasión y resurrección.
- La profundización agradecida en el camino recorrido para disponerse a amar y servir, a buscar y hallar a Dios en todas las cosas de la vida diaria (contemplación para alcanzar amor). 
Estas fases se siguen con el acompañamiento y guía de una persona que ayuda a discernir y orientar la oración del ejercitante según el Espíritu se va manifestando en él. Muchos otros consejos y reflexiones de gran sabiduría completan el proceso que san Ignacio recoge en el libro de los Ejercicios Espirituales, fruto de su experiencia y su interiorización. 
Ese mismo proceso puede vivirse de modo más reducido en los Ejercicios de pocos días. También en la vida diaria, adaptándose al ritmo y necesidades de La persona que no interrumpe su actividad habitual. 
La intuición profunda que el Espíritu regaló a la Iglesia por medio de Ignacio de Loyola, y que hoy revitalizan y transmiten los jesuitas y otras personas de espiritualidad ignaciana, sigue germinando en múltiples formas. Éstas pueden ser muy variadas, pero el fin es siempre el mismo: que la experiencia personal y eclesial de Dios lleve a un estilo de vida que busque en todas las cosas la voluntad de Dios y el seguimiento de Jesús.
Albino García, SJ

viernes, 24 de agosto de 2012


Eclesiastés 3:1-8

3 Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora:
2 Tiempo de nacer
y tiempo de morir,
tiempo de plantar
y tiempo de arrancar lo plantado,
3 tiempo de matar
y tiempo de curar,
tiempo de destruir
y tiempo de edificar,
4 tiempo de llorar
y tiempo de reír,
tiempo de hacer duelo
y tiempo de bailar,
5 tiempo de esparcir piedras
y tiempo de juntarlas,
tiempo de abrazar
y tiempo de abstenerse de abrazar,
6 tiempo de buscar
y tiempo de perder,
tiempo de guardar
y tiempo de tirar,
7 tiempo de rasgar
y tiempo de coser,
tiempo de callar
y tiempo de hablar,
8 tiempo de amar
y tiempo de aborrecer,
tiempo de guerra,
y tiempo de paz.

Las semillitas que ha ido plantando el Señor en nuestro corazón a lo largo de nuestra vida necesitan de nuestro riego constante y amoroso para que florezcan.  No hay persona sobre la tierra a la que Dios no le haya regalado semillas repletas de dones y talentos.  Abonar esas semillas, cuidarlas y  protegerlas de posibles perjuicios  y daños  es tarea de todos los días.
 El mismo  Dios nos entrega las herramientas adecuadas para labrar la tierra, y abonos sanos para cuidar de las semillas. Pero nos cuesta hacer buen uso de los mismos tanto por exceso como  por defecto…Razón por la cual siempre debemos volver a la oración para rogar al Señor nos ayude a que prosperen nuestras  semillas. En ocasiones, “Su” colaboración viene de la mano de buenos amigos, ángeles sin alas  que coloca en nuestro camino. También a través de lecturas o de aquella “coincidencia” que nos sorprende ( en el mundo de Dios nada es fruto del azar sino del Amor, por lo cual, nada sucede por casualidad).
Semillas pequeñas, semillas grandes. Todos  poseemos dichas simientes. Sólo esperan pacientemente para fructificar en cada uno de nosotros…Dios no apura nuestros procesos, pero desea que podamos  discernir  porqué ha sembrado esas semillas en nuestra tierra.  En palabras de Ignacio de Loyola: “dejarnos conducir por Él”…
@Ale Vallina.


Padre Bueno, en tus manos ponemos este día. Guíanos hacia las buenas acciones, ayúdanos a servir, amar y solidarizarnos con la necesidad de nuestro prójimo. Protégenos de todo mal y cuida a nuestras familias. 
Ayúdanos a ser sencillos y sinceros como son los niños…
Amén.


Jesús ha gastado cada minuto de su vida en un continuo acto de servicio. Ese es el secreto de su triunfo. De su muerte va a brotar en seguida la resurrección. De la entrega total brota el optimismo cristiano. Hoy mucha gente vive triste, angustiada por la crisis internacional, por los problemas que azotan a la sociedad, a la Iglesia, a los individuos. Es cierto que debemos poner toda la carne en el asador para solucionarlos, casi como si sólo dependieran de nuestras fuerzas y nuestro interés. Pero luego ¿por qué estar tristes? Un hombre de fe que vive su disponibilidad, su diaria entrega a los hermanos, tiene dentro de sí el secreto de la Pascua. ¿Cuál es el secreto del optimismo? Creo que simplemente un problema de fe. Yo creo en Dios. Yo creo en Cristo. ¿No basta esto para tener un gran optimismo? ¿Qué me puede pasar que me quite la alegría de estar salvado por Jesús y de entregar mi pequeña existencia al servicio de los demás? Creo que este fue el secreto de los santos, el mismo secreto que resucitó a Jesús: vivir nuestra entrega diaria, sin miedo, con un corazón confiado y humilde, pero dando de verdad lo que tenemos a nuestros hermanos. Así, detrás de todo, incluso de los acontecimientos contemporáneos que nos inquietan, estará brillando la luz de la esperanza.
Pedro Arrupe SJ

jueves, 23 de agosto de 2012


No hay errores. Los acontecimientos que atraemos hacia nosotros, por desagradables que sean, son necesarios para aprender lo que necesitamos aprender; todos los pasos que damos son necesarios para llegar adonde hemos escogido.
Richard Bach


Aceptación es una palabra frecuente, a veces inútil porque, lo acepte o no, lo que es, es. Solemos escuchar: no me acepto, no acepto mi cuerpo, mi carácter, mi edad, mi trabajo… Aceptación es establecer una relación positiva con lo real. Veré lo que es y convivir y crecer con ello. La aceptación es sensatez amorosa que distingue lo que me gustaría, apetecería, ilusionaría, de lo que, por ser mío, por ser yo y mi circunstancia es realidad que me integra y afecta. La aceptación supone haber erradicado culpabilidades insanas que me impedirían esa palabra madurante, al no poderme relacionar conmigo mismo y con mi pasado. La aceptación es la capacidad de ver lo que considero “limitación” sin que me oculte mis posibilidades reales.
Aceptar no es aprobar una dimensión de la realidad. Es establecer una justa relación que, entre otras opciones, puede elegir la cercanía o la distancia como mal menor. Aceptar es construir sobre la realidad que conozco, que tengo. La sabiduría popular nos dirá: “hay que arar con los bueyes que tengo”.
Aceptarse supone conocerse, saberse interrogar y amarse. No conlleva complacencia narcisista. El que no acepta pasa la vida peleándose con lo real sin dar el primer paso del cambio: la aceptación.
Aceptarse necesita autoestimarse. Sin autoestima es casi imposible aceptarse.
José Antonio García Monge sj


Por más lejos que me sienta de Ti, la largueza de tus brazos, me habla de lo cerca que me tienes.
Javier Albisu sj

miércoles, 22 de agosto de 2012


En la medida en que alguien te quiere dañar, en esa medida ese alguien se daña a sí mismo...Pero el problema es de esa persona y no tuyo. 
Qué puedes hacer entonces? Rezar por él o por ella…


Debemos ser hombres de Dios y, para decirlo más sencillamente, hombres de oración con el suficiente valor para arrojarnos en ese misterio de silencio que se llama Dios sin recibir aparentemente otra respuesta que la fuerza de seguir creyendo, esperando, amando y, por tanto, orando. 
Karl Rahner


Ser feliz no es tener una vida perfecta. Ser feliz es reconocer que la vida vale la pena vivirla, a pesar de todas las dificultades.
Con esta certeza comenzamos este nuevo día que Dios nos regala. Con alegría, con gratitud, con oración.
Nos encomendamos a María Reina, Madre de Dios y nuestra, para que guíe nuestros pasos en el día de hoy.

martes, 21 de agosto de 2012


Ignacio de Loyola:
•Descubrió los entresijos -las cosas ocultas- de la persona humana, para que así sea posible ayudar a que se conozca, crezca y genere nuevos modos de relacionarse con ella misma, con los otros, con el entorno y con Dios.
•Experimentó que la persona, en lo más íntimo suyo, encuentra la presencia de Dios actuando en ella, sin olvidar que lo encuentra también en las personas que sufren, en quienes padecen, en quienes pasan necesidad de cualquier índole.
•Encontró -también en las propias honduras de la persona humana- cómo el mal del mundo seduce y engaña.
•Captó que las cosas de la historia tienen estructuras que son las que tienen que ser modificadas, si se quiere cambiarle el rostro a nuestra historia, que es cada vez más particular, pero también cada vez más global
.•Reconoció la necesidad del discernimiento y del análisis de la realidad, como medios para ir descubriendo cada día quién soy, qué sentido tiene mi vida y qué debo hacer por el bien de las demás personas..
Carlos Cabarrús SJ


La experiencia de ser pecador(a) perdonado(a), es la que matiza y empuja todos los rasgos de la espiritualidad lgnaciana. A la manera como nos invita Ignacio a experimentarlo, ser pecador(a)"abierto(a) a Dios" no aleja, sino que acerca a Dios -contra toda la expectativa religiosa habitual.
Carlos Cabarrús SJ

NO TE MALTRATES: DIOS YA TE HA PERDONADO...


Encontrarse con Dios no es difícil. Dios está siempre atalayándote para toparse contigo de muchas maneras. Y fijate, el primer lugar donde lo puedes encontrar es dentro de ti, en lo más profundo de ti.
Carlos Cabarrús, SJ


Jesús dijo a sus discípulos: Les aseguro que difícilmente entrará un rico en el Reino de los cielos. 
Les repito que es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja, que para un rico entrar en el Reino de Dios.
Al oírlo, sus discípulos se asombraron más aún, y decían: Entonces, ¿quién podrá salvarse?
Jesús los miró y les contestó: Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible.
Pedro le dijo entonces: Nosotros hemos dejado todo lo que teníamos y te hemos seguido. ¿Qué vamos a recibir?
Jesús les respondió: Les aseguro que cuando llegue el tiempo en que todo sea renovado, cuando el Hijo del Hombre se siente en su trono glorioso, ustedes que me han seguido se sentarán también en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
Y todos los que por causa mía hayan dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o hijos, o terrenos, recibirán cien veces más, y también recibirán la vida eterna. 
Pero muchos que ahora son los primeros, serán los últimos; y muchos que ahora son los últimos, serán los primeros.
MATEO 19, 23-30

lunes, 20 de agosto de 2012



Les comparto esta frase que leí por estos días:
"Dios está entre nosotros y, sin embargo, hay que buscarlo. Quien cree haberle hallado ya, está muy lejos de Él."
Me pareció una frase muy contundente: Dios está siempre a nuestro lado. Somos nosotros, los que en ocasiones lo apartamos, o dejamos de mirarlo y de seguirlo. Dios es nuestro horizonte al que llegaremos a contemplar completamente cuando acabemos esta vida terrena.
Ese misterio grandioso que es el Dios Trino, se nos revela en los acontecimientos de nuestra vida, en las personas que se cruzan en nuestro camino, en nuestros gozos y dolores...Pero nadie, puede asegurar que ya sabe todo de Dios, ni que lo ha hallado por completo...Humildad, es una palabra clave para hablar de Dios y para dialogar con Él...

@Ale Vallina.

Llevar a Cristo a los demás es un objetivo de la misión, pero a condición de que no nos creamos poseedores en exclusiva de la verdad ni propietarios del Cristo universal. Aquel que queremos 
llevar a los demás nos precede en los corazones de éstos y, en la medida en que sepamos descubrirlo en ellos, podremos, llegado el momento, nombrarlo...
Jean-Claude Dhôtel, SJ


Señor, dame entrañas de misericordia ante la miseria humana, porque también son mis propias miserias...


Cuando Ignacio pedía a los suyos que se formaran en «tratar y conversar con las gentes» (CC,8 14), no pensaba únicamente en las ventajas del saber adquirido o de la amabilidad natural, sino más todavía en el abandono de toda suficiencia que pudiera deberse a dichas ventajas. Cuando yo estoy ante otro, ¿qué importancia tienen mi ciencia y hasta mi propia fe?» Ya «aunque tuviera el don de profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia: aunque tuviera bastante fe como para mover montañas, si no tengo caridad, nada soy» (1 Cor 13,2). Amar es avanzar hacia el otro, que es igual a mí, que es mi hermano, con las manos desnudas, dispuesto a acogerlo, diga lo que diga y haga lo que haga, como un don de Dios. Sólo entonces estaré en condiciones de avudarle.
Jean-Claude Dhôtel, SJ

domingo, 19 de agosto de 2012


La capacidad de asombro es un don espiritual.
Es la capacidad de reconocer, apreciar y disfrutar los muchos regalos de Dios,  la belleza y las maravillas de la creación y el misterio del reino de Dios dentro de nosotros y en nuestro entorno.
Sin la capacidad de asombro, una rosa es solamente una planta.  Su aroma, su color y su forma no nos deleitan de manera especial, y mucho menos nos llevan a maravillarnos del hecho de que Dios haya puesto una cosa tan bella en nuestro mundo.
Dios creó todo el mundo (minerales, plantas, animales y a los seres humanos) como un regalo para nosotros.  Sin la capacidad de asombro no podemos ver todo esto como un signo del amor de Dios por nosotros.  ¿Cómo entonces reconoceremos a Jesús como Emmanuel, Dios con nosotros, o lo recibiremos como el mayor regalo del amor de Dios  hacia nosotros?
 Rebekah Rojcewicz


Evangelio de hoy 
Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo". 
Los judíos discutían entre sí, diciendo: "¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?". 
Jesús les respondió: "Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. 
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. 
Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. 
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. 
Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí. 
Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente".
Juan 6,51-58.

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