sábado, 22 de septiembre de 2012


"Hablar de conversión sin preocuparse por corregir los viejos modos de proceder es seguir relatando un cuentos de hadas. Cuando estás enamorado de verdad, tus acciones cambian." Javier Rojas sj

"Todo brota de una convicción radical. Dios no abandona ni se desentiende de aquellos a quienes crea, sino que sostiene su vida con amor fiel, vigilante y creador. No estamos a merced del azar, el caos o la fatalidad. En el interior de la realidad está Dios, conduciendo nuestro ser hacia el bien." José Antonio Pagola

viernes, 21 de septiembre de 2012

Reconozcámonos, pues, como quienes somos en realidad: derviches locos de un amor secreto y terapéutico que no es posible comprar ni vender y al que los políticos temen más que a la revolución violenta, porque la violencia no cambia nada, 
mientras que el amor lo cambia todo.

Thomas Merton


¿Te enojas contigo mismo cuando cometes el mismo error? Existe una reacción casi inmediata a “esconder” los errores cuando los cometemos. Tal vez porque hemos internalizado las correcciones o reprensiones de nuestros padres. Cuando cometemos errores tenemos siempre el cuidado de que no se note,  o por el contrario, borrar esa acción errónea con otra.
Y aquí es donde se encuentra el mayor problema. La causa por la que cometemos, generalmente, el mismo error de debe a la falta de reflexión sobre los actos realizados. Si nos apresuramos a “borrar” una acción errónea con otra o a esconderla sin reflexionar previamente sobre el error cometido, lo más probable es que lo volvamos a cometer.
Cuando no se reflexiona adecuadamente sobre los “errores”, “fracasos”, “metidas de pata”, etc., ni sobre los sentimientos que ellos acarrean, sino que por el contrario intentamos “borrarlos” de la conciencia propia y de los demás con nuevas acciones, es evidente que no hemos aprendido nada. Por eso cometemos nuevamente los mismos errores.
Aprender a relacionarse adultamente con los propios errores y fracasos es una condición para madurar. Los errores y fracasos son una oportunidad para aprender a obrar bien. Reflexionando sobre nuestros errores o equivocaciones nos ayuda a tomar conciencia de que es posible enriquecer la vida a partir de las experiencias que suelen resultar poco grato. 

jueves, 20 de septiembre de 2012



"El amor humano es la más potente de las energías. No hay fuerza atómica que pueda conseguir lo que un padre y una madre logran puestos a amar a sus hijos" J.L. Martín Descalzo. 

miércoles, 19 de septiembre de 2012


Trato de acercarme a mi oración como al lugar del desvelamiento, al ámbito de la diafanidad. Orar es hacer posible el éxtasis o, más discretamente, el éxodo: salir de mí mismo, hacia un Lugar inalcanzable donde Él y la Vida me salen al encuentro de un modo diferente a la errancia, al extravío de mi torpe autocentramiento.
Mi oración se ha ido simplificando con el tiempo. No hay textos. Sólo un rincón en mi habitación y un icono. Allí me recojo en la noche, cuando todo calla. Convocado al Silencio, una Presencia se desvela. Sentado sobre un banquillo, la cercanía del suelo me ‘humilla’, me hace tierra. Necesito este contacto con el principio que me fundamenta, del cual emerge la verticalidad de mi ser como presencia y ofrecimiento. Tomo entonces conciencia del altar de mi cuerpo, copa y ofrenda. Y a través de la respiración me adentro en el movimiento primordial de la vida: inspirando, acojo el don de la existencia que me es dado en este momento; expirando, trato de entregar el mismo don que me está siendo ofrecido. Pero no consiste sólo de llegar a ser consciente de mi respiración, sino de devenir todo yo respiración como el vehículo más tangible de lo que es el misterio de existir: receptividad y donación. Esto mismo es lo que me introduce en la vida intratrinitaria: acogiendo y entregando, soy llevado al mismo abrazo que se da entre el Padre y el Hijo a través del aire que respiro, imagen del Espíritu.
A veces, a la respiración incorporo una palabra: ‘Señor’, ‘Jesús’, ‘Te amo’,… Palabra que se hace mía al inspirarla y se expande más allá de mí al expirarla, hasta que entra tan adentro, que se hace sustancia de mi ser. Entonces callo del todo.
Otras veces se da sólo la contemplación del Rostro. Un Rostro –Su Rostro- con rasgos o sin ellos. Insinuación de una Presencia que se vislumbra. Anhelo indecible de Belleza infinita y de ser bañado en misericordia, de ser mirado y recreado. De ser otro para Otro, de perderme en Quien me mira desde una inalcanzable cercanía.
En ocasiones, irrumpen otros rostros, rostros de otros que se hacen presentes sin saber cómo. Entonces la oración se convierte en intercesión.
Otras veces, me siento mendigo, amigo infiel o distraído, exiliado, ansioso y con angustias. Y las ramas de mi árbol se pueblan de pájaros errantes que apenas se posan en ellas, dejándome solitario en medio de un páramo desolado dentro de mi propio vacío. 
Un día sin oración es como una jornada sin sol, donde la mirada queda retenida en la niebla baja de mi propia autorreferencia. Tomo conciencia de mi exilio cuando percibo que me he convertido en la medida de todas las cosas, en lugar de dejar que Dios dé su medida. Es así también como noto si doy suficiente tiempo a la oración o si caigo en un fatal activismo: si las personas que me rodean las percibo como Rostros, destellos del Misterio ‘en el cual somos, nos movemos y existimos’, o si tropiezo con ellas como meros bultos que me estorban.

Sólo recentrándome en Aquél que me descentra puedo percibirme como ínfimo receptáculo que, colmándome, me vacía y me desborda.
Xavier Melloni Sj

Señor, Tú me conoces desde siempre; 
conoces mi vida y mi corazón.
Todo lo bueno que he aprendido y comunicado 
ha hundido su raíz en Ti.
Tú has sido, a pesar de mis pecados, 
el Señor de mis alegrías y de mis penas.
Renueva en mí la capacidad de amar y de servir 
con toda la fuerza del amor primero,
y sorpréndeme nuevamente recogido en tu presencia.
Haz posible lo imposible: compromete mi vida para siempre 
con un amor fuerte y responsable,
fiel a los últimos, a los pobres, a los hermanos, 
en los que Tú, Señor, estás presente.
Amén.

John Henry Newman
Intenciones del Papa Benedicto XVI para este mes:
Septiembre de 2012
General: Los políticos
Para que los políticos actúen siempre con honradez, integridad y amor a la verdad.

Misionera: Ayuda a las iglesias pobres
Para que aumente en las comunidades cristianas la disponibilidad al envío de misioneros, sacerdotes y laicos, y de recursos concretos a las iglesias más pobres.

martes, 18 de septiembre de 2012


Jesús ha gastado cada minuto de su vida en un continuo acto de servicio.  Ese es el secreto de su triunfo.  De su muerte va a brotar en seguida la resurrección. De la entrega total brota el optimismo cristiano. Hoy mucha gente vive triste, angustiada por la crisis internacional, por los problemas que  azotan a la sociedad, a la Iglesia, a los individuos.  Es cierto que debemos poner toda la carne en el asador para solucionarlos, casi como si sólo dependieran de nuestras fuerzas y nuestro interés.  Pero luego ¿por qué estar tristes?  Un hombre de fe que vive su disponibilidad, su diaria entrega a los hermanos, tiene dentro de sí el secreto de la Pascua. ¿Cuál es el secreto del optimismo?  Creo que simplemente un problema de fe.  Yo creo en Dios.  Yo creo en Cristo.  ¿No basta esto para tener un gran optimismo?  ¿Qué me puede pasar que me quite la alegría de estar salvado por Jesús y de entregar mi pequeña existencia al servicio de los demás?  Creo que este fue el secreto de los santos, el mismo secreto que resucitó a Jesús: vivir nuestra entrega diaria, sin miedo, con un corazón confiado y humilde, pero dando de verdad lo que tenemos a nuestros hermanos.  Así, detrás de todo, incluso de los acontecimientos contemporáneos que nos inquietan, estará brillando la luz de la esperanza.
 Pedro Arrupe sj Las siete palabras del Cristo viviente – marzo, 1977


Llorar, gritar, dar una nota discordante… no siempre es malo. Son mecanismos de ajuste y equilibrio que cuidarán nuestra salud física y moral; que descargarán las tensiones reprimidas y evitarán dolores de cabeza, úlceras irritantes y conflictos en nuestro círculo familiar. Lo malo es “aguantar como un guerrero”. Lo malo es no saber llorar. Lo malo es no tener un amigo con el que poder tomar un café y hablarle de nosotros mismos, cuando es la verdad que nos sentimos muy gratificados en su modo de comprendernos, en su modo de hacer importantes nuestras “pamplinas” y nuestras aparentes “tonterías”… ¡Cuántos amigos de éstos nos harían falta! Y cuántas tensiones pueden quedar desparramadas en la mesa de una cafetería. Y si tenemos que llorar, lloramos, y si tenemos que gritar, gritamos, y si tenemos que romper un plato, pues lo rompemos. Pero hay que sacar los demonios que llevamos dentro, las angustias que nos oprimen, las depresiones que nos ahogan… para que podamos sonreír…
Ediciones Mensajero


Jesús, mi Dios, mi Redentor, mi Amigo,
mi íntimo Amigo, mi corazón, mi cariño.
Aquí vengo, Señor, para decirte
desde lo más profundo de mi corazón
y con la mayor sinceridad y cariño
de que soy capaz,
que no hay nada en el mundo que me atraiga,
sino Tú sólo, Jesús mío.
No quiero las cosas del mundo.
No quiero consolarme con las criaturas.
Sólo quiero vaciarme de todo y de mí mismo,
para amarte sólo a Ti.
Para Ti, Señor, todo mi corazón, todos sus afectos,
todos sus cariños, todas sus delicadezas...
¡Oh Señor!, no me canso de repetirte:
nada quiero sino tu amor y tu confianza.
Te prometo, te juro, Señor,
escuchar siempre tus inspiraciones,
vivir tu misma vida.
Háblame muy frecuentemente en el fondo del alma
y exígeme mucho,
que te juro por tu Corazón
hacer siempre lo que Tú deseas,
por mínimo o costoso que sea.
¿Cómo voy a poder negarte algo,
si el único consuelo de mi corazón
es esperar que caiga una palabra de tus labios,
para satisfacer tus gustos?
Señor, mira mi miseria, mi dureza, mi debilidad...
Mátame antes de que te niegue algo que Tú quieras de mí.
¡Señor, por tu Madre! 
Señor, por tus almas!dame esa gracia...

Pedro Arrupe sj
Y lo mejor de todo es saber que después de la siembra NO viene la cosecha...Viene la espera... DESPUÉS viene la cosecha. 
NO TE DESESPERES.

lunes, 17 de septiembre de 2012


Recuerdo un comentario en la Biblia Latinoamericana, a propósito de los que ya no ven a la Iglesia como madre...Hoy son 99 ovejas fuera del redil, y muchos nos empeñamos en trabajar con la ovejita que se quedó, y así no exigirnos demasiado... ¡Cómo faltan esos gestos que sirvan de disparadores de una transformación del corazón, y de la vista! Y..¡locos que se animen a exponerse!
Kelo Sj.


Cada uno de nosotros, ya sea en tu familia o en tu comunidad eclesial debemos preguntarnos: ¿Soy alimento para los demás? ¿Mis gestos y palabras, nutren la vida de los demás?
P. Javier Rojas sj

La vida es un regalo. Y aunque "no soy digna de que entres en mi casa", Tú Señor la sanas, la salvas y me la ofreces como don...
Doy gracias por el regalo de mi propia vida y de la vida de todos los que amo. 
Me abrazo a la vida con la fuerza que me viene de Ti.
@Ale.

Evangelio de hoy

Cuando Jesús terminó de decir todas estas cosas al pueblo, entró en Cafarnaún. 
Había allí un centurión que tenía un sirviente enfermo, a punto de morir, al que estimaba mucho. 
Como había oído hablar de Jesús, envió a unos ancianos judíos para rogarle que viniera a curar a su servidor. 
Cuando estuvieron cerca de Jesús, le suplicaron con insistencia, diciéndole: "El merece que le hagas este favor, 
porque ama a nuestra nación y nos ha construido la sinagoga". 
Jesús fue con ellos, y cuando ya estaba cerca de la casa, el centurión le mandó decir por unos amigos: "Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres en mi casa; 
por eso no me consideré digno de ir a verte personalmente. Basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará.
Porque yo -que no soy más que un oficial subalterno, pero tengo soldados a mis órdenes- cuando digo a uno: 'Ve', él va; y a otro: 'Ven', él viene; y cuando digo a mi sirviente: '¡Tienes que hacer esto!', él lo hace". 
Al oír estas palabras, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, dijo: "Yo les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe". 
Cuando los enviados regresaron a la casa, encontraron al sirviente completamente sano. 
Lucas 7,1-10.

Entramos a la nueva semana laboral y de estudios pintándonos la cara "color esperanza"...

Sé que hay en tus ojos con solo mirar 
Que estás cansado de andar y de andar 
Y caminar , girando siempre en un lugar.. 
Sé que las ventanas se pueden abrir 
Cambiar el aire depende de ti 
Te ayudará, vale la pena una vez más. 
Saber que se puede, querer que se pueda 
Quitarse los miedos sacarlos afuera 
Pintarse la cara color esperanza 
Entrar al futuro con el corazon. 
Es, mejor perderse que nunca embarcar 
Mejor tentarse a dejar de intentar 
Aunque ya ves que no es tan fácil empezar. 
Se que lo imposible se puede lograr 
Que la tristeza algún día se irá 
Y asi será la vida cambia y cambiara.. 
Sentirás que el alma vuela 
Por cantar una vez mas 
Saber que se puede, querer que se pueda 
Quitarse los miedos sacarlos afuera 
Pintarse la cara color esperanza 
Entrar al futuro con el corazón.
Vale más poder brillar 
Que solo buscar ver el sol 
Pintarse la cara color esperanza 
Entrar al futuro con el corazón. 

Diego Torres.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Creo que lo que se opone al amor no es el odio...sino el miedo.

«El dios imaginado»



Domingo 16 de septiembre  –XXIV – Tiempo Ordinario

Palabra de Dios
Primera Lectura: Is 50, 5-9
Sal 114, 1-6. 8-9
Segunda Lectura: Sant. 2, 14-18


«27 Salió Jesús con sus discípulos a las aldeas de Cesarea de Filipo; y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo?  28 Y le respondieron, diciendo: Unos, Juan el Bautista; y otros Elías; pero otros, uno de los profetas.  29 Él les preguntó de nuevo: Pero vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo.  30 Y Él les advirtió severamente que no hablaran de Él a nadie.  31 Y comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre debía padecer muchas cosas, y ser rechazado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, y ser muerto, y después de tres días resucitar.  32 Y les decía estas palabras claramente. Y Pedro le llevó aparte y comenzó a reprenderlo.  33 Mas Él volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro y le dijo: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!, porque no tienes en mente las cosas de Dios, sino las de los hombres.  34 Y llamando a la multitud y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame.  35 Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.»

Mc 8, 27-35


Seguramente, en más de una ocasión, nos hemos identificado con algunos de los personajes del evangelio. En cada encuentro de Jesús con ellos nos hemos visto, de algún modo, reflejados. Al contemplar cómo son curados, liberados y reconciliados podemos ver nuestra propia vida renovada. En esas personas que pudieron contemplar el rostro de Cristo cada uno de nosotros tiene su lugar. 
Pero si hay una persona con la que casi todos podemos identificarnos es sin dudas con Pedro. Este hombre a quien Jesús también amó de un modo propio y particular es el prototipo del cristiano actual, que tiene que enfrentarse con la imagen que se ha forjado de Dios. 
Por momentos, parece comprender perfectamente el modo de actuar y proceder de Jesús. Pero por otra parte, queda desconcertado ante sus palabras y sus actitudes.
En el evangelio de hoy contemplamos a Pedro pasando de un estado de ánimo a otro, en cuestión de segundos. 
Podemos imaginar el corazón orgulloso de Pedro al haber respondido tan acertadamente a la pregunta de Jesús; «Tu eres el Cristo». Y podemos imaginar también el desconcierto al escuchar decir a Jesús; «¡Quítate de delante de mí, Satanás!, porque no tienes en mente las cosas de Dios, sino las de los hombres».
Al responder a Jesús, ¿estaba seguro Pedro de lo que estaba diciendo? ¿Vio, Pedro, una ocasión para salir de su duda interna? ¿Estaba convencido de que este hombre, al que conoció en Galilea, era el Mesías esperado? ¿Se aventuró este discípulo, conforme a su espíritu apasionado, a lanzar una afirmación de la que no estaba completamente seguro?
Sabemos, por muchos otros relatos del evangelio, que los discípulos tuvieron que hacer un largo camino para aceptar el mesianismo de Jesús. Ellos tenían demasiadas imágenes erróneas de lo que debía ser un “mesías” y del modo de comportarse... Tenían muchos intereses propios colgados de su propia imagen de “mesías” como para deshacerse de ellos por un hombre que no terminaba de  “cuadrar” en sus esquemas. 
Tal vez por ello Jesús les hace esa pregunta; «ustedes, ¿quién decís que soy yo?». 
En la respuesta de Pedro y en la actitud siguiente podemos comprobar que no estaba dispuesto a abandonar sus propias imágenes de mesías. 
Pedro, afirma con fuerza «Tú eres el Cristo» y a renglón seguido comienza a reprender a Jesús porque ha dicho que sería rechazado por los ancianos y que iba a morir. 
Este discípulo que iba reconociendo poco a poco a Jesús con el mesías prometido, no estaba dispuesto a aceptar un mesianismo distinto al de sus ideas. Él quiere un mesías triunfador. Un mesías poderoso, fuerte, capaz de doblegar a los enemigos y de reconquistar el país ocupado por fuerzas extranjeras. Pedro no está dispuesto a que el verdadero mesías, quiebre sus ilusiones y sus propios sueños. Este discípulo cautivado por la persona de Jesús, no quiere aceptar toda la verdad. Quiere un mesías a su medida. Quiere un salvador que colme sus expectativas y satisfaga todas sus necesidades.
El cristiano actual tiene la misma tentación. Con frecuencia identifica a Dios con su propio parámetro de felicidad. Con su propio bienestar personal. Con sus logros y con las conquistas de sus propias metas. Y si esto no sucede, entonces comienza a reprender a Dios como lo hizo Pedro.
El hombre y la mujer de este tiempo desean más que nunca que toda la realidad se adecúe a sus sueños.  Y esperan que Dios les ayude a alcanzar lo que ellos por si sólo no pueden lograr. Buscan un ser con más poder que el de ellos para asegurarse la propia felicidad. ¿Se ha convertido Dios en un “dios” de bolsillo para el cristiano actual? 
Cada vez más personas confiesan que han quedado desilusionadas de alguien. Se quejan y critican a los demás porque no se comportan o actúan como ellos las han imaginado. Sufren profundamente cuando la realidad los desengaña. Piden una y otra vez que Dios haga el milagro de que la realidad calce en sus esquemas mezquinos. 
Dios tampoco ha quedado fuera de las mismas proyecciones. 
El Dios imaginado no coincide con la revelación que de Él ha hecho el evangelio. Con frecuencia citamos y recordamos sólo aquellos episodios del evangelio que nos son favorables o que responden a nuestros intereses propios. Y cuando Jesús no responde a nuestras ideas o fantasías nos enojamos y “lo reprendemos”.
Solemos decir que Jesús es nuestro amigo pero no nos preguntamos si nos comportamos como amigos con Él.  Deberíamos interrogarnos más sobre nuestro concepto de amistad. Creo que este don precioso está demasiado teñido de intereses personales.  
Queremos un Dios que elimine el sufrimiento, y que responda a todas nuestras preguntas. Deseamos que “castigue” a los malos y “premie” a los buenos. Nos enojamos cuando no hace las cosas como se las pedimos. O no nos concede todo lo que queremos. Tomamos de Dios lo que nos interesa y suplimos con “otras cosas” lo que falta para completar el sueño de felicidad que tenemos. 
¿Es posible amar a quién no se conoce? ¿Amamos a Dios o estamos enamorados de nuestra idea de Él? ¿Cómo podemos decir que somos discípulos de Jesús, si no lo aceptamos tal cual es? No podremos enamorarnos verdaderamente de Jesús si no estamos dispuestos a limpiar nuestra imagen de Dios. Jesús no puede convertirse en la proyección de mi propio ego, ni en el anhelo de la propia omnipotencia infantil. 
Pidamos a Dios en este día que nos ayude a conocer a su hijo. Pidamos, como nos enseña san Ignacio de Loyola, «interno conocimiento del Señor, que por mí se ha hecho hombre, para que más le ame y le siga» [EE 104]
P. Javier  Rojas sj

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