sábado, 20 de octubre de 2012

En algún lugar debajo de tu piel está Dios,

¡búscalo!.

No temas encontrarte cara a cara con Él,

¡Atrévete!, descubrirás que hay en ti nostalgia de Dios.

En los surcos de tu mano y en tu voz está Dios,


¡búscalo!.

No debes olvidarlo, nuestra vida es buscar,

Cada canción despertará en tu caminar Nostalgia de Dios.

En tu agitado, inquieto corazón, está Dios.

¡búscalo!.

Los días de penumbra pasarán, ya verás;

Y el nuevo sol, a contraluz, te hará sentir

nostalgia de Dios.

viernes, 19 de octubre de 2012


Todos estamos destinados a ser madres de Dios. Porque Dios siempre necesita nacer...
Maestro Eckhart
En qué lugar de tu vida necesita nacer Dios hoy?


Cuáles son mis contribuciones para que el mundo sea más justo, más alegre y más sano?
Actúo en favor de los más necesitados? O me quedo rezongando sobre como “debería” ser el mundo, pero no colaboro para lograr cambios positivos?
A qué personas admiro por su contribución activa a favor de una sociedad más justa y equitativa?
Qué puedo hacer por mi familia, mis amigos y la comunidad en la que vivo? 
Conozco instituciones que ayudan a los enfermos, indigentes, huérfanos? Me gustaría colaborar allí? Estimulo a mis hijos para que participen en grupos parroquiales, fundaciones u ong que ayudan al prójimo necesitado?
Conozco cuáles son mis dones y talentos? Los pongo al servicio de Dios?
Qué puedo hacer hoy por Cristo?
Jesús deja las cosas claras. Su Iglesia no se construye desde la imposición de los de arriba, sino desde el servicio de los que se colocan abajo. No cabe en ella jerarquía alguna en clave de honor o dominación. Tampoco métodos y estrategias de poder. Es el servicio el que construye la comunidad cristiana.
José Antonio Pagola

jueves, 18 de octubre de 2012


En la tierra nueva
las casas no tienen llaves
ni los muros rompen el mundo.
Nadie está solo.
No se habla mucho del amor,
pero se ama
con los ojos,
las manos,
y las entrañas.
Las lágrimas son fértiles,
la tristeza se ha ido
para no regresar,
y se ha llevado con ella
la pesada carga
del odio y los rencores,
la violencia y el orgullo.
Es extraña la puerta
que abre esa tierra:
es la sangre derramada
de quien se da sin límite,
es la paciencia infinita
de quien espera en la noche,
es la pasión desmedida
de un Dios entregado
por sus hijos; nosotros,
elegidos para habitar
esa tierra nueva.
José M. R. Olaizola sj



La casa no sólo hace alusión a ese lugar en el que habitamos sino también al corazón donde viven los sentimientos, afectos, deseos y sueños del ser humano. Es ciertamente maravilloso encontrar personas que cuando se acercan a  nuestra casa traen palabras de consuelo, amor, reconciliación y paz. Ellos son portadores de la Buena Nueva de Dios. Pero lamentablemente también hay personas dedicadas, casi exclusivamente, a teñir nuestros hogares de angustia, dolor, desaliento y desesperanza. Debemos estar atentos a cobijar a todo aquel que traiga paz al propio hogar, y saber poner límites a aquellos que pretenden introducir división en nuestras vidas. Pero todavía es más importante examinar nuestras propias palabra y actitudes  para descubrir si somos o no portadores de la Buena Noticia del Reino para corazón y a los hogares de los demás, o si por el contrario, somos de aquellos que nos dedicamos a contagiar desesperanza. El Espíritu de Dios no divide, INTEGRA. 

"Señor, concédenos la gracias de ser portadores de la Buena Noticia de tu Reino". Amén.

P. Javier Rojas, sj
QUE TODO LO QUE HAGAMOS SEA PARA LA MAYOR GLORIA DE DIOS...

miércoles, 17 de octubre de 2012

Los sentidos sen el instrumento privilegiado, mejor dicho, la aproximación personal totalizante, apropiada para meterse con cuerpo y alma en la contemplación de los misterios de Cristo, y para meterse los misterios de Cristo en lo más hondo del alma.
Horacio Bojorge sj
Los dependientes se han entregado tanto a su fuente de apego que han perdido contacto con su yo auténtico. Quizá ya no recuerdes cómo o quién eras antes de establecer la simbiosis del apegado, pero si escarbas en ti mismo con perseverancia volverás a encontrarte y reconocerte.
Walter Riso
El día que lo comprendamos, no tanto con nuestra cabeza sino con el corazón viviremos más felices, agradecidos y amorosos los unos con los otros...
Ale Vallina

En ocasiones exigimos tanto a los demás que les imponemos cargas imposibles de sobrellevar. Pero lo peor es que esas exigencias ni siquiera es para su bien. Lo hacemos por capricho, avaricia o ambición. El "pequeño déspota" dentro de nosotros no sabe reconocer en el otro la imagen de Dios. Exigimos, exigimos y exigimos.. que cambien los otros, pero nosotros no movemos un dedo para cambiar nosotros. 

P. Javier Rojas, sj

martes, 16 de octubre de 2012



Ignacio recuerda de inmediato el propósito de nuestra existencia, que es Dios y su servicio. Todas las realidades de esta tierra pueden ser ayudas u obstáculos con vistas al fin; de ahí la necesidad de hacemos «indiferentes», es decir, libres interiormente ante toda cosa creada, «solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados».
«Hacernos indiferentes», porque no lo somos espontánea ni naturalmente. Es preciso que nos liberemos de todas nuestras afecciones desordenadas, que estemos dispuestos a desprendernos de nuestros proyectos para acoger el de Dios. Si no se realiza esta tarea de liberación interior, la decisión no se tomará de manera debida, porque las cosas estarán «retorcidas» de entrada. Solo realizaremos lo que pensamos que Dios quiere, no lo que efectivamente quiere.La falta de libertad interior falsea a menudo las decisiones que toman los hombres, solos o en grupo.

Jacques Fédry, SJ



«El magis [más] no es ignaciano sino en la medida en que se aprende a insertarlo en el deseo personal que vive y habla en el corazón de cada hombre. Para Ignacio fue una liberación descubrir que su deber no era inventarlo todo él mismo, sino que Dios hablaba en lo más profundo de su corazón y le impulsaba delicadamente hacia un plus de vida. Así, poco a poco, desarrolló y refino su arte del discernimiento de espíritus. Ignacio fue convirtiéndose en san Ignacio a medida que aprendía a escuchar el soplo del Espíritu orando en lo más profundo de su corazón. Aprendió a discernir entre las mociones que invitan a un plus de vida, gozo, paz y esperanza (el buen espíritu), y otras que, pese a lo atractivas que puedan parecer en un principio, conducen finalmente al “impasse”, la angustia, la tristeza o el vacío (el mal espíritu).
A menudo el magis llevará a un plus de actividad, pero partirá siempre de la escucha de esa voz silenciosa que habla en nuestro corazón. Por eso nos gusta calificar la espiritualidad ignaciana de “contemplativa en la acción”. De ello se sigue que edificar la vida sobre el fundamento del magis no es una tarea limitada a un periodo concreto de la vida. Se trata más bien de una actitud y una sensibilidad continuas y dinámicas, un modo de vida que hace que se desee crecer y afirmarse. No al precio de esfuerzos voluntaristas y obsesivos, sino porque se han descubierto en lo más profundo del corazón las huellas de una presencia viva que nos impulsa y que proporciona por sí misma la fuerza requerida. En efecto, cuanto más podemos aproximamos a la fuente que es nuestro deseo personal, tanto más hacemos la experiencia de que se nos otorga una energía casi ilimitada» 

Nikolaas Sintobin

lunes, 15 de octubre de 2012


Pienso que la amistad viene del amor, y el amor, de la libertad; que para ser amigo hay que amar, y para amar, ser libre; que sólo el libre puede amar, y sólo el que ama puede ser amigo; y que, en último término, quizá la expresión más grande de la libertad esté en el amor, y la del amor, en la amistad.
Carlos Toledo
“Dios por encima de todo… Dios nunca me ha abandonado”
Ludwig van Beethoven

Vivo ya fuera de mí después que muero de amor, porque vivo en el Señor que me quiso para sí. Cuando el corazón le di, puso en él este letrero: que muero porque no muero. Esta divina prisión del amor en que yo vivo, ha hecho a Dios mi cautivo, y libre mi corazón; y causa en mí tal pasión ver a Dios mi prisionero, que muero porque no muero. ¡Ay! ¡Qué larga es esta vida! ¡Qué duros estos destierros, esta cárcel, estos hierros en que el alma está metida! Sólo esperar la salida me causa un dolor tan fiero, que muero porque no muero. ¡Ay! ¡Qué vida tan amarga do no se goza el Señor! Porque si es dulce el amor, no es la esperanza larga; quíteme Dios esta carga, más pesada que el acero, que muero porque no muero. Solo con la confianza vivo de que he de morir, porque muriendo el vivir me asegura mi esperanza; muerte do el vivir se alcanza, no te tardes, que te espero, que muero porque no muero. Estando ausente de ti, ¿qué vida puedo tener, sino muerte padecer la mayor que nunca vi? Lástima tengo de mí, por ser mi mal tan entero, que muero porque no muero. Mira que el amor es fuerte: Vida no me seas molesta; mira que sólo te resta, para ganarte, perderte; venga ya la dulce muerte, venga el morir muy ligero, que muero porque no muero. Aquella vida de arriba es la vida verdadera, hasta que esta vida muera, no se goza estando viva: muerte, no me seas esquiva; viva muriendo primero, que muero porque no muero. Vida ¿qué puedo yo darle a mi Dios, que vive en mí si no es perderte a ti, para mejor a Él gozarle? Quiero muriendo alcanzarle, pues a Él sólo es el que quiero, que muero porque no muero.
Santa Teresa de Jesús.

domingo, 14 de octubre de 2012

« Te falta una cosa»


Domingo 16 de septiembre  –XXIV – Tiempo Ordinario

« Un día que Jesús se ponía ya en camino, uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante Él, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para tener en herencia la vida eterna?». Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre». Él, entonces, le dijo: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud». Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme». Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!». Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: «¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios». Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: «Y ¿quién se podrá salvar?». Jesús, mirándolos fijamente, dice: «Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios». Pedro le dijo: «Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido». Jesús respondió: «Te aseguro que el que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna»
Mc 10, 17-30

Un evangelio como este nos interroga sobre el sentido  y la  profundidad  de nuestro seguimiento a Jesús. ¿Por qué? Porque seguir a Jesús y cumplir los mandamientos no son necesariamente la misma cosa. Hemos confundido en ocasiones ambas realidades. Se puede vivir fielmente el cumplimiento de los mandamientos, pero ello no significa que seamos discípulos de Jesús. Hay quienes están cerca de Jesús por la recompensa que les espera. Piensan en lo que vendrá, en los lugares que pueden ocupar, en los cargos o poder que puedan desempeñar.
El seguimiento de Jesús es un itinerario de transformación el corazón. Es un camino para profundizar la relación filial con Dios.
 No se puede dudar de las buenas intenciones de aquel joven que se acercó a Jesús para preguntarle: «Maestro bueno: ¿qué debo hacer para tener en herencia la vida eterna?» (Mc 10,17). Pero sin embargo, resulta revelador que utilice los verbos “hacer” y “tener” para realizar la pregunta.
Si aquel joven hubiera utilizado el verbo “estar”, en lugar de “tener” para realizar su pregunta, tal vez su decisión habría sido otra.  ¿No le resultó suficiente estar con Jesús? ¿Necesitaba tener algo más que la compañía de Jesús? Y a ti, ¿te basta su presencia? ¿Te conformas con estar con Él?
Este hombre buscaba algo más. Sentía que algo le faltaba, pero no supo descubrir que ese “algo” que anhelaba era distinto del “tener”.
Hay mucha gente que siente que le falta “algo” en su vida, pero al igual que este joven piensa sólo en “tener”,  en acumular o llenar vacíos cuando en realidad de trata de todo lo contrario.
Aunque puede llegar a sorprender, en ocasiones, lo que muchas personas necesitan es en realidad  “espacio” interior. Necesitan vaciarse…hacer lugar a la presencia de Alguien. Están tan atragantadas de cosas que ya no pueden respirar. Acumulan y acaparan en el corazón todo lo que pueden pensando con ello sentirse más plenas, pero en realidad se asfixian a sí mismas.
Seguir a Jesús exige saber educar el corazón para estar con Él.  Aprender a despojarse. Acostumbrarse a valorar el ser-estar antes que el tener.
Acumular normas y principios, prohibiciones y mandamientos, no nos hace más cristianos si no estamos dispuestos a amar más. Hay personas en las que los mandamientos en lugar de liberarles el amor y la libertad los hace más “tacaños” y “déspotas”. Buscan a quien castigar con sus rigideces “religiosas” en lugar de comunicar misericordia y compasión.
                San Alberto Hurtado, santo chileno, escribió lo siguiente «Para algunos, la moral cristiana es un código sumamente complicado, largo, detallado, estrecho... que puede ser violado aún sin darse cuenta. Es un conjunto de leyes ordinariamente negativas: no hagas esto, ni aquello... ¿Cómo voy a poder llenar mi vida con negaciones? Pero, felizmente, la verdad es muy distinta. El cristianismo no es un conjunto de prohibiciones, sino una gran afirmación... y no muchas, una: Amar. »
Jesús invito a aquel hombre a “vaciarse”, a despojarse de todo aquello que le asfixiaba para volver a sentirse libre. Le propuso un camino distinto donde se valora el ser-estar antes que el tener. Le brindó la posibilidad de descubrir que ese algo es en realidad Alguien, pero aquel joven no se atrevió a despojarse. ¿Tuvo miedo tal vez que la sola presencia de Alguien no le fuera suficiente? ¿Estaba apegado a sus bienes o más bien tenía miedo de amar a Alguien más que a sus posesiones?
Convertirnos en discípulos de Jesús es una tarea que nos llevará toda la vida. No se llama discípulo a aquel que cumple las normas que se le imparte sino a aquel que vive como su maestro.
Pidamos a Dios la gracias de amar a Jesús, para convertirnos en sus discípulos
P. Javier  Rojas sj

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