lunes, 25 de febrero de 2013

En cuaresma nos acercamos al dolor, a la injusticia y al sufrimiento como en ningún otro momento del calendario litúrgico. Pero no podemos quedarnos eternizados allí. Es necesario, como con todos los dolores de nuestras vidas, que logremos darle una dimensión nueva que los resignifique. Es decir, sufrir con Cristo sufriente pero poder volver a la vida con Cristo resucitado.
Ale Vallina

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