lunes, 4 de marzo de 2013

«Enmendarse a tiempo»



« En aquella misma ocasión, algunos estaban allí contándole de ciertos galileos cuya sangre Pilato había mezclado con la sangre de sus sacrificios. Respondiendo Jesús les dijo: "¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron estas cosas, habrán sido más pecadores que todos los galileos? Os digo que no; más bien, si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre de Siloé y los mató, ¿pensáis que ellos habrán sido más culpables que todos los hombres que viven en Jerusalén? Os digo que no; más bien, si no os arrepentís, todos pereceréis de la misma manera." Entonces dijo esta parábola: "Cierto hombre tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo halló. Entonces dijo al viñador: 'He aquí, ya son tres años que vengo buscando fruto en esta higuera y no lo hallo. Por tanto, córtala. ¿Por qué ha de inutilizar también la tierra?' Entonces él le respondió diciendo: 'Señor, déjala aún este año, hasta que yo cave alrededor de ella y la abone. Si da fruto en el futuro, bien; y si no, la cortarás.'" »
                                                                                                                         Lc 13, 1-9

Este evangelio pone de relieve la enorme fragilidad de la existencia humana. 
¿Acaso es posible que el ser humano que ha recibido la existencia, con sus inagotables recursos naturales, malgaste su vida inútilmente o la vuelva vacía y estéril?
Cuando miramos de manera adulta la fe práctica que vivimos, advertimos que es distinta de la fe teórica que profesamos. Nos percatamos de que nos falta decisión. Rezamos mucho, pero actuamos poco…y, no pocas veces, nos quedamos como paralizados…
Somos conscientes de nuestras debilidades y fragilidades humanas, pero no terminamos de salir de las situaciones desagradables. O del pozo en el que hemos caído…Podemos comprender lo que nos pasa o lo que está mal, pero no tomamos la decisión de cambiar de rumbo.
¿Por qué nos cuesta tanto el cambio? ¿Por qué preferimos pilotear nuestra vida entre lo malo conocido y no nos atrevemos a cambiar a “lo bueno por conocer”? ¿Por qué justificamos el pecado y el mal en nosotros?
La realidad es que elegir entre vivir o vegetar, es una decisión personal que nadie la puede tomar por uno. Decidir vivir en libertad o sobrevivir en mi esclavitud…es una decisión que sólo cada uno puede tomar.
Lucas, en su evangelio, nos pone frente a la posibilidad de que nuestra vida sea una higuera estéril que “malgasta la tierra”. Es decir, una vida que desperdicia lo que recibió de Dios.
El tiempo de cuaresma nos “sacude” de manera profunda con la parábola de la higuera estéril y nos lanza una pregunta a la conciencia: ¿Es fértil nuestra vida? ¿Dan frutos nuestras palabras y actitudes? 
Lo verdaderamente grave en nuestra vida, no es reconocer que necesitamos una renovación espiritual profunda, sino el dilatar y posponer el comienzo. Lo grave en nuestra vida es la pereza de la conciencia y la tibieza del alma…
Por ello creo que este tiempo dedicado a la oración, a la penitencia y a la limosna, es un momento propicio para enmendar tres aspectos de nuestras vidas.
• Enmendar a tiempo el amor: En gran parte, nuestra vida es reflejo de lo que sembramos en el corazón de los demás. Aquello que damos y ofrecemos a los demás da cuenta de lo que somos. Cuando nuestros gestos y nuestras palabras, persiguen “dobles intenciones”, entonces no amo sino que “adulo…Algo muy distinto es amar a los demás. El que “adula” busca su propio interés, el que ama busca el bien del otro y el suyo propio. ¿Estamos a tiempo de enmendar el amor? Amar es una decisión que no se acaba en las palabras, sino que comienza en los gestos y se fecunda con el tiempo.
• Enmendar a tiempo la verdad: Es sorprendente como los seres humanos podemos acomodarnos con la mentira y vivir tanto tiempo junto a ella sin “pestañear”. Por ejemplo, uno de los graves errores que se comete es ocultar al cónyuge lo que hace su hijo. Cuántas veces hemos escuchado “¡Si tu padre/madre se entera, te pega!”. Qué triste y doloroso es para una persona vivir con alguien que nos miente, que nos oculta la verdad, que no es transparente con uno y que sin embargo dice que nos ama. Vivir con verdad, no significa contar todo a todos, o simplemente no mentir, sino ser transparente y sincero con uno mismo, con los otros y con Dios. 
• Enmendar a tiempo la fe: Nuestra fe necesita “transfusión de vida y renovación”. En nuestras prácticas religiosas abunda el palabrerío, que muchas veces aburre y además se practica poco la caridad. Nuestra fe está llena de definiciones dogmáticas, prohibiciones, cláusulas, mandamientos y sentencias… pero está como estancada, inválida o sumergida en la indolencia. Tiene la boca abierta para pedir, pero los puños cerrados para dar. Si nuestra fe, pierde la caridad pierde en gran medida su esencia. Si lo que creemos y profesamos no se traduce en actitudes nuestra fe irá muriendo lentamente.
Debemos tomar la decisión de enmendar nuestra vida y nuestra fe a tiempo antes de quedar secos y estériles.
                                                                                                          P. Javier Rojas sj

Para pensar:
¿Qué pequeño gesto de amor y hacia quién, puedo brindar hoy? 
¿Tengo algún asunto particular en mi vida en el que no estoy siendo sincero? ¿Cómo puedo empezar a trabajarlo?
¿Podría esta semana, agenda en mano, decidir una acción concreta, que sirva para energizar mi fe?

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