miércoles, 22 de mayo de 2013


La encarnación del Hijo de Dios en las capas más empobrecidas de Nazaret nos ha revelado para siempre la manera de actuar de Dios en la historia. En ese pueblo aplastado por el imperio, saqueado por los impuestos religiosos y civiles y minimizado por las leyes de la sinagoga, surge en Jesús la salvación de Dios, alimentada por lo mejor de esa misma realidad, pero también respirando la ambigüedad destructora de esa cultura y purificándola en su corazón lleno del Espíritu.
Benjamín González Buelta sj

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