martes, 11 de junio de 2013


El hombre, en general, no ora de buena gana y fácilmente experimenta en la oración tedio, embarazo, repugnancia e incluso animosidad. Cualquier ocupación se le antoja más interesante e importante y se dice así mismo: 'no tengo ahora tiempo para orar' o 'aquella ocupación es más urgente ahora'. Y ordinariamente el tiempo no empleado en la oración se malgasta en las cosas más superfluas. Es absolutamente necesario que el hombre cese de engañarse a sí mismo y de intentar engañar a Dios.

Romano Guardini

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