viernes, 22 de noviembre de 2013

Muchas personas no se acercan a la iglesia porque se reconocen pecadores. Cometen las mismas faltas una y otra vez. Intentan ser buenos y terminan no siéndolo. Se autoexcluyen de la iglesia, sin saber, que para Dios no existen “causas perdidas”. Que todos tenemos un lugar en la casa del Padre. Y que por más de que nos equivoquemos cien veces, y caigamos en las tierras de la desolación, el Señor nos levantará ciento una vez…y aún más, las que sean necesarias.
Sorprende encontrar dentro de las comunidades eclesiales personas que se consideran a sí mismas puras y libres de toda mancha. Creen que sus conductas son irreprochables y rebosantes de virtudes…Desprecian a los “pecadores”, olvidando, lamentablemente, que todos lo somos. Y que justamente, Jesús vino para los que se hallan perdidos. No son los sanos los que necesitan de un médico, sino los enfermos…
La debilidad, las faltas, los pecados, una fe debilitada y dormida, necesitan del “médico” que todo lo sana, que todo lo cura.
Si tu fe está fría o tibia. Si te consideras que ya no tienes remedio, acércate a Jesús. Él tiene preparado un lugar para escucharte, para sanarte, para perdonarte. Sólo necesitas reconocerte pecador y desear enmendarte. Lo demás es puro regalo…
No te alejes del fuego que da vida. Recuerda que por el inmenso amor que nos tiene, somos pecadores perdonados.

@Ale Vallina

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