sábado, 19 de enero de 2013



"He plantado mi fe en ti como un árbol junto a un manantial, y me es imposible pensar que a mis raíces puede faltarles la savia. He sentido demasiadas veces que me llevas en tu seno, como lleva una madre a su hijo, como para temer que me olvides o me dejes caer. He escuchado demasiadas veces tu silbo de pastor congregando a tu rebaño, buscando a las ovejas perdidas, llevando sobre tus hombros a las recién paridas o a las enfermas, como para ser capaz de imaginar que vas a dejar a tu rebaño perderse entre la niebla. Te he visto trabajando con tanto amor en el Adán que creaste, modelando su arcilla entre tus dedos, como para herirte con la sospecha de que puedas abandonar la obra de tus manos…"[...]
"No sé cómo va a ser mi final, Abba, ni el de aquellos que me siguen, y quizá lo último que escuches de mi garganta sea un grito. Como mis hermanos, estoy envuelto en una flaqueza que me hace en todo semejante a ellos, menos en la desconfianza. Pero estoy seguro de que, por debajo de mi queja, Tú sabrás acoger el abandono incondicional con el que, también en ese momento, seguiré poniendo confiadamente mi vida entre tus manos."
Jesús.
Dolores Aleixandre


Me pregunto por qué se resisten tanto a relacionarte con la fiesta, el banquete, la danza y la mesa compartida y, en cambio, tienden el oído a quienes les hablan de tu poderío, tu justicia implacable, tus imperativos o tu omnisciencia que escruta hasta sus mínimas faltas.
Jesús
Dolores Aleixandre

viernes, 18 de enero de 2013

¿Cómo hacerles entender que de Ti nunca nacerá nada que les limite o les agobie, porque tú eres un Dios que quiere hacer ligeras sus cargas y que no les pides penosas ascensiones hacia montañas sagradas, ni templos en los que pagar diezmos, ni altares donde inmolar holocaustos? Por eso, cuando los veo preguntándose cómo agradarte, les recuerdo las palabras de Miqueas: lo que el Señor espera de vosotros no son humillaciones ni postraciones, sino que caminéis humildemente junto a Él aprendiendo de su ternura y su justicia. Porque Tú no buscas criados que te sirvan, sino hijos con los que compartir el sueño de tu Reino, colaboradores entusiasmados por hacerlo llegar a todos los que lo están esperando, tirados en las cunetas de los caminos.
Jesús
Dolores Aleixandre. Dame a conocer tu nombre.
"Aquel día miré al hombre de la camilla y leí en sus ojos, más allá de la humillación de su impotencia y de su deseo de curarse, un temor antiguo, una convicción sombría de no ser nada ni valer nada, ni siquiera de poder enfrentarse a la vida puesto en pie. Como si sus piernas débiles y deformadas fueran la confirmación corporal de su incapacidad de soportar un peso vital que le abrumaba. Me pareció que antes de curarle tenía que comunicar a aquel hombre, que estaba ante mí como un combatiente abatido en la batalla de la vida, que tú estabas de su parte, que tu amor torrencial llegaba hasta el agujero negro en el que él se sentía hundido, y que nada ni nadie podía interponerse entre él y tú. Le dije lo que estaba seguro que tú querías que le dijera, Abba: “¡Ánimo, hijo, tus pecados te son perdonados!” Y al decírselo sentía que mis palabras no eran más que la acequia por la que llegaba hasta él el caudal de tu perdón y de tu ternura, la buena noticia de que Tú querías cambiar su suerte. Y fue eso lo que le hizo capaz de ponerse en pie de nuevo al sentir que sus piernas volvían a sostenerle. Una historia de postración y de parálisis se había transformado en calzada real, y ahora podía recorrerla pisando con firmeza, recordando su pasado sin miedo y caminar llevando él mismo la camilla que lo había retenido durante tantos años. Los dos oímos murmurar al grupo de fariseos, indignados al oírme perdonar pecados, ajenos a la parálisis que los aqueja y los amarra a viejos pergaminos y atrofia su capacidad de descubrirte en el camino de la vida. Ellos conocen de memoria los salmos de David y te invocan piadosamente envueltos en su manto de oración: “Dios mío, roca mía, alcázar mío ... “; pero fue la gente sencilla la que aquella mañana en Cafarnaúm celebró gozosamente conmigo tu voluntad de poner en pie a aquellos que amas."
Jesús

Dolores Aleixandre. “Dame a conocer tu nombre”

“Tienen casi siempre miedo, Abba; lo leo en sus ojos cuando se acercan a mí, o yo a ellos. Me di cuenta por primera vez al ver cómo reaccionaba Pedro cuando le pedí que se viniera conmigo: «Aléjate de mí, que soy un pecador>, me dijo, y me hizo recordar a lsaías, temblando de pies a cabeza cuando se le manifestó tu gloria en el templo. Y también al atemorizado Jeremías diciéndote: “Mira que no sé hablar, que sólo soy un muchacho …”Entiendo que la misión que les confiabas les asustara: también yo siento la mía gravitando sobre mis hombros, y a veces me abruma, como si me faltara el suelo debajo de los pies. Pero en esos momentos, cuando soy consciente de mi fragilidad, escucho, como Elías en el Horeb, tu voz silenciosa diciéndome: "No tengas miedo, yo estoy contigo". En esos momentos siento que todo mi ser se apoya seguro sobre roca, que en torno a mí se alza una muralla inexpugnable, o que estoy en lo alto de un picacho rocoso, con abasto de pan y provisión de agua ... […]He aprendido a vivir así, Abba, seguro de que tú eres para mí guardián que  nunca duerme, almena y escudo que me defiende, manos en cuya palma está escrito mi nombre ... Pero ¿cómo hacérselo saber a ellos?; ¿cómo convencerles de que pueden apoyarse en ti sin temor? Me doy cuenta de que temen, sobre todo, aquello que no pueden controlar, y desconfían de aquello que no son capaces de constatar inmediatamente…”
Jesús
Dolores Aleixandre. “Dame a conocer tu nombre”
"En nada encuentro tan reflejado tu amor, Abba, como en la manera de relacionarse los padres o las madres con sus hijos. Cuando se me acerca alguien que tiene un hijo o una hija enfermos, sé que terminarán siempre venciéndome y convenciéndome para que los cure. Hay veces en que intento resistirme, por temor a esas reacciones inesperadas de la gente, empeñada en leer mis signos como un ejercicio de poder utilizable para sus causas. Pero cuando son un padre o una madre los que vienen a suplicarme, sé desde el principio que tengo perdida la batalla y que mis reticencias son inútiles. El amor por sus hijos los hace tan fuertes, tan decididos, tan audaces y tan insistentes, que me hace bendecirte por la misteriosa transformación que acontece en tus criaturas cuando la maternidad o la paternidad los ha hecho generadores de vida. Por eso no puedo encontrar otra palabra mejor para invocarte que la de «Padre» o «Madre », y me llena de alegría el que te des a conocer sobre todo a los que participan de tu amor entrañable y, en cambio, te ocultes a los que pretenden alcanzarte sólo con sus saberes o su ciencia."
Jesús.

Dolores Aleixandre. Dame a conocer tu nombre.

jueves, 17 de enero de 2013


Según el Evangelio, “ser uno mismo” significa cavar hasta que uno encuentre ese don insustituible que está escondido en cada ser humano. A través de ese don único, que no se parece en nada al don del otro, el ser humano se realiza en Dios.
R. Schutz


Querido Señor, voy a seguir inquieto, tenso e insatisfecho hasta que pueda estar totalmente es paz en tu casa. Pero sigo en camino, sigo viajando, todavía cansado y fatigado, y preguntándome si alguna vez llegaré a la ciudad sobre la colina. Como Vincent Van Gogh, sigo preguntándole a tu ángel que encontré en el camino: “¿Sigue el camino todo el tiempo hacia arriba?” Y la respuesta es: “Sí, justo hasta el final.” Y vuelvo a preguntarle: “¿Y andar ese camino me llevará todo el día?” Y la respuesta es: “Desde la mañana hasta la noche, amigo mío”.
Entonces, Señor, sigo; cansado, a menudo frustrado, irritado, pero siempre con la esperanza de llegar, algún día, a la ciudad eterna lejana, resplandeciente en el sol de la tarde.
No hay certidumbre de que mi vida sea más fácil en los años venideros, o que mi corazón esté más calmo. Pero existe la certeza de que Tú me estarás esperando y que me recibirás en casa cuando haya perseverado en mi largo viaje a tu casa.
Oh, Señor, dame el coraje, la esperanza y la confianza.
Amén.
Henri Nouwen



Tú me has hecho, Señor, Tú el alfarero
de mi greda salobre y mi sequía.
Siento el trabajo de tus dedos, siento
rodar el barro, y tu suspiro escucho
aquí mismo, en los ojos, en el alma,
dentro del corazón, en cada dedo
de los pies; me vas naciendo. Aún
Tú me modelas; nunca
dejes de estar haciéndome, alfarero
de mi altura de sueños, de los días
que vendrán volanderos a mi frente.
Artífice de ayer, de mis raíces,
con tu barro celeste de hace siglos,
creador de mi hoy, hazme mañana.
¡Qué gozo estarse siempre entre tus manos!
Valentín Arteaga
"Señor, si quieres, tócame".
Toca mi vida, toca mis enfermedades, miedos, dolores y sáname...

miércoles, 16 de enero de 2013



¡Qué extraño trato con Dios...!
¡Señor, concédeme esto!
¡Señor, que consiga tal cosa!
¡Señor, cúrame!
Como si Dios no supiera, mejor que nosotros,
lo que necesitamos.
¿Acaso el pequeño dice a su madre:
“Prepárame tal papilla”?
¿O el enfermo al médico:
“Recéteme tal medicina”?
¿Quién podrá decir si lo que nos falta
no es cosa peor que lo que tenemos?
Digamos, pues, tan sólo esta plegaria:
“Señor, no dejes nunca de amarnos...”
Raoul Follereau.
Cuando el amor te llame, síguelo.
Aunque su camino sea arduo y penoso.
Y cuando sus alas te envuelven, entrégate.
Aunque la espada, entre ellas disimula, te lastimara.
Y cuando te hable, cree en él.
Aunque su voz desgarre tus sueños,
como el viento del norte agosta el jardín.
Porque así como el amor te enaltece, así te crucifica.
Así como te acrece, así te poda.
Así como te eleva a lo más alto,
y acaricia tus ramas más tiernas,
que palpitan bajo el sol,
así descenderá hasta tus raíces
y las conmoverá en un abrazo con la tierra.
Todo esto hará el amor en ti,
para que puedas entender los secretos de tu corazón.
Y convertirte, por ese entendimiento,
en un fragmento del corazón de la vida.

Kalhil Gibran
Si tienes el amor arraigado en ti, 
ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos.
San Agustín
Apuesta al amor...

martes, 15 de enero de 2013


Si santa Teresa dice que 'quien a Dios tiene, nada le falta', cualquiera de nosotros puede observar que quien a Dios no 'tiene', sentirá que todo le falta aunque tenga el mundo entero en sus manos.
Ignacio Larrañaga. 
Aprendamos de María la confianza absoluta en Dios...
Tratemos de mirarnos menos el ombligo, y más a los costados...

Jesucristo ha dicho:
"Quien quiera economizar su vida, la perderá;
y quien la gaste por Mí, la recobrará en la vida
eterna".
Pero a nosotros nos da miedo gastar la vida,
entregarla sin reservas.
Un terrible instinto de conservación nos lleva
hacia el egoísmo y nos atenaza
cuando queremos jugarnos la vida.
Tenemos seguros por todas partes, para
evitar los riesgos.  Y sobre todo está
la cobardía...
Señor Jesucristo, nos da miedo gastar la vida,
pero la vida Tú nos la has dado para gastarla;
no se la puede economizar en estéril egoísmo.
Gastar la vida es trabajar por los demás,
aunque no paguen; hacer un favor al que
no va a devolver; gastar la vida es lanzarse aun
al fracaso, si hace falta, sin falsas prudencias;
es quemar las naves en bien del prójimo.
Somos antorchas que solo tenemos sentido
cuando nos quemamos; solamente entonces
seremos luz.
Líbranos de la prudencia cobarde,
la que nos hace evitar el sacrificio,
y buscar la seguridad.
Gastar la vida no se hace con gastos
ampulosos, y falsa teatralidad.  La vida
se da sencillamente, sin publicidad,
como el agua de la vertiente,
como la madre da el pecho a su guagua,
como el sudor humilde del sembrador.
Entrénanos Señor, a lanzarnos a lo imposible,
porque detrás de lo imposible
está tu gracia y tu presencia;
no podemos caer en el vacío.
El futuro es un enigma, nuestro camino
se interna en la niebla; pero queremos
seguir dándonos, porque Tú estás esperando
en la noche, con mil ojos humanos
rebosando lágrimas.
Luis Espinal SJ

domingo, 13 de enero de 2013



El pueblo estaba en la duda y todos se preguntaban interiormente si Juan no sería el Cristo. Por lo que Juan hizo a todos esta declaración: “Yo bautizo con agua, pero pronto va a venir el que es más poderoso que yo, al que no soy digno de soltarle los cordones de su zapato; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Un día, con el pueblo que venía a bautizarse, se bautizó también Jesús. Y mientras estaba orando, se abrieron los cielos y se vio que el Espíritu Santo bajaba sobre él en forma de paloma. Y del cielo llegó una voz; “Tú eres mi hijo, el Amado, al que miro con cariño”
Lc 3, 15-16.21-22

¿Te ocurrió alguna vez que sentiste ganas de ser más bueno? Ganas de amar más y mejor? Deseos de manifestar a tus seres queridos lo mucho que los quieres?. Son esos días en los que percibes que tienes “más” amor que de costumbre…
No estoy haciendo referencia a esos momentos cotidianos de amor por los seres queridos que te rodean. No. Sino a ese “plus” de amor que se extiende incluso a las demás, a los “ajenos” de tu entorno familiar. Son esos días en que verdaderamente te sientes bueno. Te percibes bien por dentro y ves la realidad de manera muy diferente a la de costumbre.
Es como si “algo” se hubiera apoderado de ti y te hiciera hacer cosas que de costumbre no harías. Hace que te expreses y te comportes de manera “extraña”, o al menos, así lo perciben los demás.
¿Te ha pasado también que hay días que no te “soportas” ni a ti mismo? Esos días en que parece que el mundo entero está confabulado en contra tuyo?. Todo sale mal. Percibes que te irritas por cualquier cosa y, ante el menor detalle, “explotas”… Incluso tú mismo te notas “extraño”. Como si estuvieras molesto por algún motivo concreto. Aún si lo tuvieras, no parece ser suficiente para tamaña reacción.
Tanto en una como en otra situación los demás quedan sorprendidos. A veces están más habituados a vernos de mal humor, pero incluso en esos momentos nos observan como si no nos reconocieran.
Se preguntan ¿qué le pasó? O ¿qué le ocurre?, o en el mejor de los casos ¿Qué “bicho” le ha picado?. En realidad, ha ocurrido algo.
Creo, personalmente, que cuando una persona siente que posee ese sentimiento de amor por los demás, cuando percibe ese deseo de ser bueno a raíz del  “plus” de amor que experimenta, es porque ha recuperado su identidad. Sí, su identidad más honda. Ese amor que siente por dentro es su verdadera identidad, la que tal vez estaba perdida y ha recuperado. El amor nos dice quiénes somos y a qué estamos llamados.
El amor da identidad y misión en la vida. Otorga un sentido a la propia existencia.
Cuando nos ocurre esto dejamos de compararnos con los demás. Olvidamos o situamos los problemas en el lugar adecuado. Miramos a los demás con mayor benevolencia y sin ánimo de exigir ni criticar nada. Es como si la identidad recuperada nos ofreciera un nuevo modo de mirar a los demás y la realidad, y comprenderlos.
En la escena que nos relata Lucas encontramos al Padre revelando la identidad del Hijo; “Tú eres mi Hijo Amado”. En Jesús reconocemos al Hijo de Dios. Es el Hijo amado de Dios. Y en Jesús, nosotros somos sus hijos amados. Ésta es la identidad que no debemos olvidar o que necesitamos recuperar.
Sin identidad, sin saber quiénes somos en realidad, “vagamos” por este mundo sin destino.
“Vagamos” en las relaciones personales sin poder comprometernos de verdad.  “Vagamos” por distintas carreras o trabajos, porque no sabemos qué queremos o qué  buscamos. “Vagamos” como  un perro sin dueño, sin casa y sin amor…
La fiesta del Bautismo de Jesús, es una invitación a reflexionar sobre la propia identidad. Tu identidad es la ser amado por Alguien. Eres amado por Dios, y en ello radica tu identidad y tu misión en la vida. Aprender a amar a los demás.
Una personas sin identidad vaga en penumbras entre el origen que no conoce y el destino que no encuentra.
Deja que Dios pronuncie sobre ti aquellas palabras que revelo en el Jordán; “Tú eres mi hijo amado”. Siente sus palabras en ti y deja que ellas inunden todo tu ser. Deja que el Amor te posea por completo. Y verás cuán bello es vivir sabiendo quién eres y cuál es tu identidad.

  
P. Javier  Rojas sj

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