sábado, 2 de febrero de 2013


Para llegar a la meta es mejor caminar de paso en paso. No puedo avanzar a los tropezones, llevándome todo por delante, en forma alocada, sin disfrutar del camino...
Un paso precede al siguiente, y así poco a poco me acercaré a la meta...Llegaré alguna vez? No lo sé con certeza, solo he comprendido que si no camino no avanzo. Y si no avanzo me estanco. Mi vida se estropea y el corazón se me estruja como un papel arrugado...
Así que, paso a paso practico el "senderismo" de mi propia historia.
De la mano de Jesús y de María, a los que ruego que no me suelten.
@Ale Vallina

Madre, así como presentaste a tu Hijo en el templo, presenta también nuestras vidas junto a Jesús.

Feliz día de la vida consagrada!


Los éxitos grandes vienen de las pequeñas causas. El sencillo aleteo de una mariposa puede desatar una tormenta. Un abrazo, una sonrisa o, un llamado a otra persona, pueden cambiar todo su universo. Quizás no te des cuenta, pero un acto de amor puede desatar en el otro las ganas de vivir, y sin saberlo...hasta salvarle la vida misma.
Alejandro Martello.

viernes, 1 de febrero de 2013



Cuando los evangelios y las epístolas lleguen a convertirse en nuestra realidad cotidiana, veremos con claridad cuán ingenua resultaba nuestra antigua concepción de Dios y de la vida de Dios

Archimandrita Sophrony. "La Oración. Experiencia de la Eternidad”

Quiénes ven claramente tu alma?
A quiénes logras ver con claridad sus almas?

En la palabra "Padre"




Jesús no solo acoge en la oración todo lo que es humano, sino que al mismo tiempo le da una orientación nueva, poniéndolo directamente en relación con Dios... Él encuentra un acento nuevo para hablar de Dios. Para él, Dios no es la Majestad inaccesible, cuya Presencia llena al hombre de miedo o de incomprensión,; tampoco es el Absoluto, cuya lejanía y soledad deja al hombre completamente indiferente, sino que es el Dios cercano, es el Padre al que debemos acercarnos con la sencillez y la confianza de hijos. En la palabra "Padre" se encuentra todo el secreto de la vida y de la oración de Jesús"

Ignace de la Potterie

jueves, 31 de enero de 2013

El Espíritu ora en nosotros


Cuando el Espíritu establece su morada en el hombre, este no puede ya dejar de orar, porque el Espíritu no deja de orar en él: duerme o vele, la oración no cesa en él; como o beba, duerma o trabaje, el perfume de la oración exhala espontáneamente en su corazón. él no hace ya oración en horas determinadas, sino que ora en todo momento. También el silencio en él es oración, y los movimientos de su corazón son como una voz silenciosa y secreta que canta, canta para Dios. 

                                                                                                       Isaac de Nínive

miércoles, 30 de enero de 2013


Un poquito de paz. De calma, de quietud, de silencio, de sentido, de encuentro profundo... ¿Quién no lo anhela en algunos momentos? Allá donde hay guerra paz es lo que falta. Y aquí, donde no hay guerra, pero vivimos a cien por hora, todavía buscamos “tener la fiesta en paz”, que no siempre es fácil. Pero es posible. Y necesario. Y deseable. Vivir en paz, con uno mismo y con los otros, y hasta con Dios. Aunque sea a ratos. Aparcar por un rato el lamento, el dramatismo, la lágrima… para reconocer lo mucho bueno que hay en la vida. Saber mirar alrededor, con un poco de amor.
Pastoral sj



Detente a pensar


Una cosa es saber lo que deberíamos hacer, y otra muy distinta hacerlo realidad. 

Así es cómo Jesús explicaba los diferentes tipos de terreno en su parábola. ¿A qué tipo perteneces tú: al 1, al 2, al 3 o al 4?

1. Si no comprendes el mensaje acerca del reino de Dios, eres como la semilla que cae en el camino, y los pájaros se la comen.

2. El pedregal es como la persona que escucha y recibe el mensaje con alegría, pero la semilla no puede echar raíces, y por eso se mustia cuando llega el primer desafío.

3. Los abrojos representan «las preocupaciones de la vida» y «la seducción de las riquezas», que sofocan el
crecimiento de la semilla.

4. El terreno bueno representa a quien escucha y comprende y «produce una cosecha...».

Brian Draper 

domingo, 27 de enero de 2013



« Puesto que muchos han intentado poner en orden un relato acerca de las cosas que han sido ciertísimas entre nosotros,  2 así como nos las transmitieron los que desde el principio fueron testigos oculares y ministros de la palabra,  3 me ha parecido bien también a mí, después de haberlo investigado todo con diligencia desde el comienzo, escribírtelas en orden, oh excelentísimo Teófilo,  4 para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido. 14 Entonces Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y su fama se difundió por toda la tierra de alrededor. 15 Él enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos. 16 Fue a Nazaret, donde se había criado, y conforme a su costumbre, el día sábado entró en la sinagoga, y se levantó para leer. 17 Se le entregó el rollo del profeta Isaías; y cuando abrió el rollo, encontró el lugar donde estaba escrito: 18 El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos  19 y para proclamar el año agradable del Señor.  20 Después de enrollar el libro y devolverlo al ayudante, se sentó. Y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.  21 Entonces comenzó a decirles: --Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos. »
                       Lc 1, 1-4; 4. 14-21




Cuando un proyecto externo (pareja, trabajo, estudio, etc) se pierde, se quiebra o se desinfla surge un profundo anhelo por la interioridad. Pareciera que el fracaso, por llamarlo de alguna manera, tiene la capacidad de hacer que el hombre vuelva a poner los pies sobre la tierra. El dolor, que supone haber fracasado, resulta para muchos un aterrizaje forzoso en la realidad.
Hay personas a quienes el dolor los lleva a buscar refugio en los demás para sentirse acompañados, pero hay quienes prefieren apartarse de todos para “lamerse” las heridas ellos solos. Algunos lo hacen con el fin de recuperar fuerzas, pero a otros les motiva estar solos porque esperan encontrar respuestas.
El mundo actual ofrece recetas para todo. Desde cómo perder kg en menos tiempo a cómo superar el dolor y los fracasos convirtiéndolos en verdaderos éxitos. Cualquier cosa parece estar al alcance de las manos. Sólo hace falta un poco de esfuerzo y disciplina para lograr lo que se desea. La sociedad actual hace creer que todo lo que el hombre necesita está fuere de él. Lo invita a salir de sí mismo pero no sin antes convencerlo de que la causa de su infelicidad radica en la carencia de lo que no tiene y que el mundo ofrece. Resulta así que tanto las cosas como las personas se convierten en objetos necesarios para llenar los “vacíos” personales.
Hay que reconocer que el ser humano ha crecido en el conocimiento de su propia capacidad y potencialidad para obtener logros. Es más consciente de cuán lejos o alto puede llegar cuando se propone algo. Ha encontrado la manera de ser más eficaz y asertivo, pero sin embargo ha perdido algo que le impide saborear sus logros. El hombre actual carece de vida interior. No tiene espacio en sí mismo. Le falta profundidad. Sabe que puede llegar muy alto pero no encuentra cómo sostenerse. Es consciente que puede llegar muy lejos, pero tiene dificultades para mantener la marcha. Es inconstante.
Quiere crecer tan alto como pueda, como las copas de los árboles, pero no tiene suficiente raíces para sostenerse en pie. En pocas palabras, el hombre actual carece de interioridad, de contacto real consigo mismo. Se funde con lo que posee, y su valor personal está supeditado a lo que tiene.
La vida interior da al ser humano hondura y profundidad. Hoy en día, sin vida espiritual resulta imposible vivir. La solidez de la propia vida se consigue teniendo cimientos profundos que hundan sus raícen en el propio ser.
Ejemplos concretos podemos encontrar en el mundo artístico, deportivo e incluso político. De ese cielo prometedor han caído muchas estrellas, pero también hemos comprobado cuan sólida puede ser una persona cuando posee hondura humana. Aquel que guarda su vida interior del aplauso fácil y de las palabras halagadoras parece tener mayor capacidad para discernir entre lo bueno y lo que tiene “apariencia” de bueno.
La vida interior requiere trabajo y tiene un coste que pagar. Pero no todo depende de uno mismo. Necesitamos también “dejarnos hacer” por Dios. Su Espíritu nos fecunda por dentro y nos conduce en la vida.
Existe una primera regla básica para trabajar la vida interior; no quedarse en las apariencias. ¿Qué son las apariencias? Creer que por cumplir algunas normas nos convertimos en personas espirituales o religiosas. O que por tener nuevos conocimientos, los damos por adquiridos. El hecho está en que sabemos muchas más cosas que antes, pero vivimos cometiendo los mismos errores.
 El cristiano está llamado a aprender el evangelio. ¿Qué quiere decir esto? No solo a conocer lo que dice o enseña, sino a hacerlo propio. Llevarlo al interior de la propia vida para que transforme desde dentro todo nuestro ser. Los criterios del evangelio son los que dan profundidad a la vida humana.
Una segunda regla para la vida interior es saber cultivar.  Estamos acostumbrados a encontrar todo lo que necesitamos en los supermercados o en las estanterías de los almacenes. Listo para el consumo. Hemos perdido el sentido y valor del tiempo. Nos gustan los productos terminados y perdimos la noción de lo que significa cultivar. Incluso, la misma palabra nos pone ansiosos porque ello implica dar tiempo a que algo crezca y madure.
Al perder el valor del cultivo, hemos extraviado también el sentido que tiene el esfuerzo, el sudor y en ocasiones las lágrimas. Resulta más rápido comprar una vida “enlatada”, llenos de estereotipos,  que cultivar la propia.
Jesús, es la promesa cumplida del evangelio. Es el hombre que surge de la tierra del evangelio. Es la imagen del hombre que vive en contacto con Dios en lo profundo de su ser.
Si el hombre actual no se atreve a vivir el evangelio fracasará en su intento de ser feliz. Sin vida interior le resultará muy difícil sostenerse en pie, y pondrá en riesgo sus logros por no haber edificado sobre roca firme.

  
 P. Javier  Rojas sj






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