sábado, 16 de febrero de 2013

Abandonado



“Tengo contra ti que has abandonado el amor primero” (2,4). Lo que más nos cuesta es reconocer por entero la pérdida. Nos cuesta, porque sabemos que se nos dice una verdad que no está en nuestra mano, que no podemos conseguir con nuestra propia inteligencia. Se nos echa en cara lo que sufrimos y no reconocemos. ¿Por dónde se nos está escapando, en realidad, la vida?

Xavier Quinzà Lleó, sj


Un adulto es una persona que puede caminar por los caminos de Dios libre de preocupaciones, con una mayor seguridad en su vida de oración y mucho más atenta al servicio de los hermanos.

Xavier Quinzà Lleó, sj


"El camino de purificación se lleva a cabo mediante el proceso de la “indiferencia”: que no es sino una confianza última en la realización de lo que anhelamos y una pacificación de lo apasionado de nuestros pensamientos. Desear y elegir “solamente” lo que más conduce al fin que buscamos es vivir una amistosa separación del pensamiento y de la pasión en lo que concierne a la orientación de la vida...Las principales barreras en la comunicación son las pasiones, de tal manera que el fruto acabado de la purificación del corazón es el poder comunicarse con total transparencia y franqueza con el que acompaña. Se requiere tiempo y paciencia para ir alcanzando una comunicación “en el Espíritu”.

Xavier Quinzà Lleó, sj


"Un elemento clave en las personas espirituales es el saberse conducidos por la mano providente del mismo Dios: conducidos suavemente por un Maestro interior que se muestra tanto o más en los acontecimientos de la vida que en la experiencia de oración. La práctica del examen, como oración de la vida, da muy bien cuenta de ello. Dios se comunica no solamente mediante las mociones más o menos claras de la oración, sino que se descubre activo y laborante en todas las cosas que nos suceden a lo largo del día. En términos ignacianos el despertar de esa “sensibilidad espiritual” tiene sus climas y sus motivos. Pero siempre se experimenta como un saberse introducido “misteriosamente” en el diálogo amoroso de las divinas personas: un sentirse atraído a la misma vida de Dios."

Xavier Quinzà Lleó, sj

viernes, 15 de febrero de 2013




El crecimiento espiritual se produce en nosotros en un campo de enfrentamiento entre dinámicas contrarias: voces mudas de la cultura, alimentadas por el egoísmo y la autojustificación personal, de las que no nos podemos librar sino con la ayuda de Dios. Dinámicas que no se manifiestan fácilmente, subterráneos del lenguaje, implícitos en oposición que nos exigen una gran dosis de prudencia y de habilidad para no caer en engaños. La primera distinción, según san Ignacio, es la que se produce entre “pensamientos propios” y “pensamientos prestados”. Esta duplicidad de capas interiores y de dinámicas discursivas nos habla de una complejidad grande en las instancias del yo. Por eso se hace vital el aprendizaje del discernimiento: sentir para conocer, no en la teoría sino en la práctica. Observación atenta de las mociones en uno mismo y apertura confiada al testigo acompañante. Sólo el diálogo nos salvará de los posibles engaños.

Xavier Quinzà Lleó, sj

Actualizar




"...nuestras pequeñas y frágiles historias personales pueden llegar a vivir y sentir el contagio del misterio de novedad que aquel Acontecimiento actualiza y repite, capacitándonos para abrigar la Presencia que se esconde en nuestros corazones de carne. Nuestra insignificante historia personal, con sus avatares cotidianos, con sus amores y expectativas, pero también con sus odios seculares y su terror a la muerte, está atravesada por el Amor Oculto, por Aquel que debemos ayudar a exhumar del fondo de nuestras vidas."

Xavier Quinzà Lleó, sj



En la urdimbre apretada de lo que llamamos historia personal, biografía de cada uno, se está entrelazando, como un hilo más, el amor de Dios a ese frágil sujeto que la organiza, le da sentido porque la preside...desde la Encarnación del Señor, ya no hay dos historias separadas: la de Dios y la de los seres humanos, sino una sola: ya que la salvación, que por esencia no puede ser producto de la historia humana, se ha mostrado entre nosotros como el fruto acabado del despojo de Dios y de su asunción de una condición humana.

Xavier Quinzà Lleó, sj

jueves, 14 de febrero de 2013

Presencia




Toda la vida cristiana no es otra cosa sino la obra del amor del Espíritu de Dios en nuestros corazones. Y por ello los cristianos de hoy sentimos una indudable urgencia de examinar no sólo lo que pensamos o decimos, sino, sobre todo, aquello que amamos íntimamente. Esto es lo que somos, lo que amamos; es ahí donde Dios está.

Xavier Quinzà Lleó, sj (El Dios que se esconde)

Compasión




No hay verdadera compasión si no brota desde un auténtico deseo del corazón. Allí donde nos sabemos, a la vez, heridos y sanados, amados compasivamente, sin méritos, porque sí, porque alguien ha querido hacerse el Guardián de nuestra intimidad.

Xavier Quinzà Lleó, sj (El Dios que se esconde)



El amor o es humilde, y sabe disculpar, perdonar, olvidar, no llevar cuentas, como nos recuerda sabiamente el Apóstol, o no progresa, sino que se convierte pronto en un egoísmo a dos, y eso en el mejor de los casos.
Aprender a mirar al otro de hito en hito, a la misma altura, de igual a igual, supone ejercitarnos en el amor que se abaja, el que debe mirar primero hacia arriba con gratitud, y encontrarse con la otra mirada que se deja lavar los pies, que acepta el detalle, que aprende a recibir el don tanto como a ofrecerlo cuando le toque. Porque esta asimetría de posiciones en el amor es siempre intercambiable, es decir: tiene que ser recíproca, para no romperse en dependencia o incluso en abuso manifiesto.

Xavier Quinzà Lleó, sj (El Dios que se esconde)

miércoles, 13 de febrero de 2013

Amar




"Los cristianos de hoy sabemos bien que sólo desde la fe en el Crucificado se puede uno atrever a hacer una lectura esperanzadora de nuestro mundo. El es el Signo mayor al que debemos remitir todos los otros que nos ayudan a descifrar las figuras de este tiempo"

Xavier Quinzà Lleó, sj (El Dios que se esconde)

"Debemos salir del dios de la Edad Media: de ese dios pagado de sí mismo que exige la efusión de la sangre para perdonar, que castiga en los hijos los errores de los padres, al que nada de lo nuestro enriquece, que tiene en sus manos los hilos de la historia y reparte daños y premios como un juez inalterable... ¿Es ese dios el Padre de nuestro Señor Jesucristo?"

Xavier Quinzà Lleó, sj

Cuando ayunes, perfúmate la cabeza"





En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendrán recompensa del Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.»Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará».(Mt 6,1-6.16-18):  

Hoy iniciamos la Cuaresma, y lo hacemos con el gesto de la imposición de la ceniza.
¿Y por qué ceniza? Porque es un signo de penitencia. En los primeros siglos del Cristianismo se rociaba con la ceniza a los penitentes “públicos” como una señal del arrepentimiento de sus faltas.
Esta ceniza, que hoy vamos a recibir, proviene de los ramos de olivo bendecidos el Domingo de Ramos el año anterior
El gesto de la ceniza simbolizaba, en el cristianismo primitivo, el camino cuaresmal de los ”que querían recibir la reconciliación al final de los cuarenta días y, en concreto, el Jueves Santo”. Era una forma clara de expresar ante el mundo que se consideraban pecadores y tenían deseos de conversión.
Hoy con el mismo deseo de reconciliación vamos a recibir las cenizas. ¿Que sentido tiene para nosotros, en la cultura que vivimos, a la imposición de la ceniza?
Podemos distinguir tres elementos:  
1) Es una clara conciencia de nuestra debilidad humana con las que tenemos que reconciliarnos, y de la necesidad de tomarnos un tiempo para pensar si nuestra vida se encamina hacia aquello que verdaderamente nos hace felices: el encuentro con el Señor en la Pascua a través de la muerte.
2) Es reconocer y hacer consciente nuestros defectos y la incoherencia  en nuestra conducta para saber pedir perdón a quienes hemos ofendido y reparar, en caso de ser posible, el daño cometido.
3) Esta debilidad encuentra su fuerza y dignidad en el reconocimiento de la necesidad que tenemos de Dios. Él es el que sostiene, alienta, anima y fortalece nuestra vida.
En el Evangelio, Jesús no pide practicar la limosna, el ayuno y la oración PERO con una claro mandato, alejados de toda hipocresía: «No lo vayas trompeteando por delante» (Mt 6,2). Los hipócritas, enérgicamente denunciados por Jesucristo, se caracterizan por la falsedad de su corazón.
Jesús nos advierte de la hipocresía que significa cumplir, incluso de “buena fe”, todo lo que manda la Ley de Dios y la Escritura Santa. Pero este cumplimiento se hace de manera exterior sin correspondencia con la conversión interior. La cuaresma no es un tiempo para "desempolvar" nuestros ritos, sino un espacio para la conversión interior. 
La hipocresía sobre la que nos advierte Jesús es aquella que reduce la limosna a una “propina”. Deja de ser un acto fraternal y se convierte en un gesto tranquilizador de la conciencia porque no cambia la mirada sobre el prójimo.
El ayuno, queda limitado al cumplimiento formal de no “comer carne” pero no somos capaces de corregir el consumismo compulsivo ya sea de cosas materiales y también de las espirituales, lo que suele llamar hoy la “bulimia espiritual”. Se consume espiritualidad pero se es cada vez más mundano. Finalmente, la oración —reducida a estéril monólogo— no llega a ser una auténtica apertura espiritual ni un coloquio íntimo con el Padre y escucha atenta del Evangelio del Hijo, sino un espacio para seguir hablando, hablando, hablando sin escuchar….
La religión de los hipócritas es una religión triste, legalista, moralista, de una gran estrechez de espíritu. Lleno de ritos y formas vacías sin correspondencia absoluta con la conversión o renovación interior en el Espíritu.
Por el contrario, la Cuaresma cristiana es la invitación que cada año nos hace la Iglesia a una profundización interior, a una conversión exigente, a una penitencia humilde, para que dando los frutos pertinentes que el Señor espera de nosotros, vivamos con la máxima plenitud de alegría y el gozo espiritual de la Pascua.


P. Javier  Rojas sj

martes, 12 de febrero de 2013


Porque Dios es una marca imborrable en el deseo humano no podemos convertirnos sin volver a descubrirla en nuestro corazón. La verdadera conversión siempre va de dentro afuera: del corazón a la cabeza y de ésta a las manos... Ese es el recorrido inevitable.

Xavier Quinzà Lleó, sj (El Dios que se esconde)

"Profeta no es el que adivina lo que pasará, sino aquél que mira con ojos penetrantes y descubre el misterio oculto de cada uno de las signos de los tiempos en los que habita el Dios que se esconde"

Xavier Quinza Lleo, SJ (El Dios que se esconde)

lunes, 11 de febrero de 2013


Algunos hermanos preguntaron al abad Agatón diciendo: "Abad, ¿qué virtud entre aquellas que practicamos requiere mayor fatiga?". Él les respondió: "Pienso que no hay una fatiga tan grande como orar a Dios. Porque cada vez que el hombre quiere orar, los enemigos tratan de impedírselo, pues saben que nada puede ser un obstáculo mayor para ellos que el hecho de orar a Dios. Cualquier obra que el hombre emprenda, si persevera en ella, encuentra reposo, pero para la oración hay que luchar hasta el último aliento". 

Dichos de los padres del desierto.

domingo, 10 de febrero de 2013

Una vida estacionada



« 1Estaba él a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios, 2cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. 3Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre. 4Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. 5Simón le respondió: Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes. 6Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. 7Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. 8Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador. 9Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. 10Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: No temas. Desde ahora serás pescador de hombres. 11Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.»

Lc  5, 1-11



El relato de Lucas nos sitúa a orillas del Lago de Genesaret en medio de dos realidades. Por un lado, están las personas que sigue a Jesús para escuchar su mensaje, y por otro, los pescadores que limpian sus redes luego de una jornada de pesca.
Jesús quiere enseñar a los que lo siguen y por eso involucra a Simón subiéndose a su barca y pidiéndole que se retire “un poco” de la orilla.
Podemos imaginar la escena. Las personas siguen a Jesús por que desean escuchar sus palabras, porque el mensaje del Maestro les resulta atrayente. Y Simón… sin esperar, sin buscarlo, sin ni siquiera imaginar, está en la barca junto a Jesús escuchando su mensaje. Este pescador no era uno de los que seguían al maestro pero de manera imprevista le toca oír el mensaje. Simón se encuentra con Jesús porqué el maestro toma la iniciativa.
Muchas personas pasan por la misma situación que nos relata Lucas. Al igual que Simón, Jesús les sale al encuentro sin más y los involucra de alguna manera. O como las personas que siguen a Jesús, porque les atrae su mensaje, y desean dar un paso más en el seguimiento.
No deja de ser sugerente que sea a la orilla del lago de Genesaret donde Jesús se disponga a ofrecer un matiz en su enseñanza. Nos puede pasar que quedemos estancados en la orilla de la vida o en la superficialidad de la existencia.
Tanto Simón como la muchedumbre que siguen a Jesús son dos realidades representan muy bien la invitación que tiene por delante el cristiano de hoy. Es necesario profundizar en lo que creemos. Resulta urgente ahondar en nuestra fe para no quedar nadando en la superficialidad en unas creencias que ni alimentan nuestra vida ni nos llevan a mejorar nuestros comportamientos.
El peligro más grande y común de todo cristiano es no profundizar su fe sino quedase con lo que sabe acerca de ella.  Haber escuchado el mensaje de Jesús no nos exime profundizar en ella.
Cuando Jesús terminó de hablar dijo a Simón, “navega mar adentro” que es una manera de decir, “lleva el mensaje a tu vida”, a la profundidad de tu vida y confróntala con ella. Deja que mi mensaje ilumine tus acciones y palabras. Mira y fíjate si aquello en lo que crees transforma tu vida por dentro.
Es sorprendente la cantidad de cristianos que viven con el mensaje de Jesús estacionado en la superficie de sus vidas. Repiten y recitan oraciones de memoria. Realizan gestos y acciones con refinado ritualismo pero sin que sus propias vidas sean alcanzadas por el mensaje que repiten.
Navegar más adentro en el propio ser y tirar las redes es un signo de confianza en Jesús. Es en el fondo de nosotros mismo donde se encuentra la riqueza de la propia vida. Si dejamos que su  mensaje llegue a lo profundo de nuestra vida y nos cuestione desde dentro sentiremos seguramente lo mismo que Simón y llegaremos a decir como él “Aléjate de mí, Señor, que soy un pecador”. Pero, ello será luego de que logremos ver con nuestros propios ojos la abundancia de bienes que trae vivir su mensaje.
Se acerca el tiempo de cuaresma y necesitaremos de mayor recogimiento interior. Será un tiempo, como otros años, para ahondar y para reflexionar, para tomar nuestra fe y nuestra vida en serio. Será un tiempo para estar con Jesús dejando que sus palabras renueven y enriquezcan la propia vida.


 P. Javier  Rojas sj

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