viernes, 22 de febrero de 2013



Adorar pausadamente nos va haciendo aligerar el corazón, liberar el flujo de la vida. Sólo adora el que es frágil, el que quiere abrir su desolación y su esperanza a los otros que también esperan, con sus propias heridas, una actitud nueva, a la vez que acogida y de rendición. 

Xavier Quinzà Lleó, sj


La Eucaristía es el tesoro escondido en el campo de nuestra humanidad y de nuestra historia. Pero nos debemos preguntar con sinceridad: ¿lo hemos descubierto realmente?, ¿lo valoramos suficientemente en nuestro día a día? Pero, y sobre todo, ¿estamos dispuestos a venderlo todo para comprar ese campo?
El secreto del ardor que necesitamos está en la eucaristía. La vida cristiana necesita recuperar sus fuerzas, conectar más y mejor con el manantial de energía y de vida que es el misterio de la entrega de Jesús. Nos hemos comprometido en anunciar el reinado de Dios, en sanar como Jesús lo hizo, en denunciar las injusticias como El, en liberar de cualquier poder opresor y dañino a nuestras hermanas y hermanos... Hemos hecho del seguimiento del Jesús pobre y humilde la marca de nuestra vida. Pero ¿para cuándo unirnos también a Él en el misterio de su entrega total para dar y comunicar la vida?

Xavier Quinzà Lleó, sj

jueves, 21 de febrero de 2013



Nuestra conversión <<real>> al Señor, por tanto, esa que se verifica en la vida y no exclusivamente en el pensamiento o en el deseo, incluye una creciente con-naturalidad de nuestra sensibilidad con la del Señor. Hasta entonces, todo está por ver ... No somos, sin más, ni lo que pensamos ni lo que deseamos, sino, más humildemente, lo que la vida real nos dice que somos. Un hombre o una mujer así, con-figurados con el Señor, tanto en su sensibilidad como en sus sentimientos, son un modelo de hombre o de mujer unificados. Son, sobre todo, un milagro. A ese hombre y a esa mujer se les va haciendo cada día más familiar el encuentro con Dios en todo: eso que constituye el requisito y la meta de toda espiritualidad apostólica.

José A. García, sj

miércoles, 20 de febrero de 2013




Como Iglesia, somos un cuerpo que nos arraiga en una experiencia espiritual común. Y desde ese cuerpo nos sabemos deudores unos de otros, unas de otras. El cuidado fraterno, la atención respetuosa a los demás, nos hacen sabernos convocados a una familia que nos vincula y nos hace sabernos hijos e hijas, hermanos y hermanas queridos y cuidados. Perseguimos cultivar el amor atento, el que permanece, el que no se cansa...

Xavier Quinzà Lleó, sj



Somos “evangelio” para nuestros hermanos y hermanas, y si perdemos esa calidad de nuestra vida se nos difumina la vocación: ese secreto tan bien guardado de nuestras pobres vidas. La espiritualidad de la que vivimos es nuestra respuesta al carisma recibido de Dios a nuestro propio estilo de vida. La identidad es un don, recibido de Dios y encauzado en unos motivos particulares. Volver a saborear a Dios gustado y sabroso. Volver a recuperar el gozo de las largos ratos de oración, como trato de amistad, como camino de educación de la mirada. Al orar, nos sabemos mirados con ternura y con esa mirada queremos mirar al mundo.

Xavier Quinzà Lleó, sj

martes, 19 de febrero de 2013




El desencanto es aquel tipo de experiencia que se da en el ánimo cuando viene a desvanecerse algo que nos encantaba. Ya que “encantar” es cautivar toda la atención de uno por medio de la hermosura, la gracia o el talento. ¿Es nuestra vida, nuestros grupos, nuestra familia, nuestra misión apostólica un lugar de “encanto” o de “desencanto”?
Si algo deja de cautivar nuestra atención, casi nunca sucede por decisión consciente, sino porque otra cosa empieza a interesarnos más de lo que nos encantaba, o sencillamente, notamos que nuestro tono vital desciende y nuestro corazón deja de arder.
¿Cuáles son los elementos que “refrescan” y enardecen nuestra vida? La centralidad del Señor de nuestra vida, es uno de ellos, ¿cómo recuperar la pasión por Dios en nuestra situación concreta de debilidad, de cortedad de miras? El atractivo de nuestra espiritualidad es otro: ¿qué se ha hecho de nuestra devoción? ¿‘Vivimos una espiritualidad afectiva, es decir, “intensa”?

Xavier Quinzà Lleó, sj

“Cuando se pierde una cosa y la encuentras te hace más ilusión que cuando la tenías”



El Misterio al que llamamos Dios es exactamente eso: misterio; pero no en el sentido de una persona desconocida a la que podemos llegar a conocer -es decir, un extraño-, sino en el sentido de que Dios es demasiado rico, demasiado profundo y demasiado misericordioso para ser conocido y es, por consiguiente, Dios.


William A. Barry
William J. Connally (La práctica de la dirección espiritual)

lunes, 18 de febrero de 2013



No podemos sustituir a Dios en nuestras relaciones. El sigue siendo el Primero: prioritario en la gracia, amasador de nuestra arcilla que la hace y deshace a su gusto. Primero en el perdón y en la reconciliación de lo que está dañado. El que nos llama constantemente a la Vida, a rehacerla, a revivir lo muerto. ¿Podremos hacerle más vivo en nosotros y hacemos más presentes a su gracia?

Xavier Quinzà Lleó, sj


El Señor dijo a Moisés: 
Habla en estos términos a toda la comunidad de Israel: Ustedes serán santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo. 
Ustedes no robarán, no mentirán ni se engañarán unos a otros. 
No jurarán en falso por mi Nombre, porque profanarían el nombre de su Dios. Yo soy el Señor. 
No oprimirás a tu prójimo ni lo despojarás; y no retendrás hasta la mañana siguiente el salario del jornalero. 
No insultarás a un ciego, sino que temerás a tu Dios. Yo soy el Señor.
No cometerás ninguna injusticia en los juicios. No favorecerás arbitrariamente al pobre ni te mostrarás complaciente con el rico: juzgarás a tu prójimo con justicia. 
No difamarás a tus compatriotas, ni pondrás en peligro la vida de tu prójimo. Yo soy el señor. 
No odiarás a tu hermano en tu corazón: deberás reprenderlo convenientemente, para no cargar con un pecado a causa de él. 
No serás vengativo con tus compatriotas ni les guardarás rencor. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor.


Levítico 19,1-2.11-18.



Somos el amor primero. Es nuestra verdad más esencial: todo lo que somos se lo debemos a quien nos amó primero, a quien nos dejó un sello de su amor en nuestra alma, en el fondo de nuestro frustrado corazón. ¿Cómo recuperar esa historia oculta del amor que nos ha marcado a fuego ? Las constantes frustraciones, las repetidas traiciones amorosas, ¿quizá nos han dejado débil la voluntad para remontar el camino, para buscar la fuente... escondida?

Xavier Quinzà Lleó, sj

domingo, 17 de febrero de 2013

Claves para atravesar el desierto




« 1 Entonces Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu al desierto,  2 por cuarenta días, y era tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días; y cuando fueron cumplidos, tuvo hambre.  3 Entonces el diablo le dijo: --Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se haga pan.  4 Jesús le respondió: --Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre.  5 Al llevarle a una altura, le mostró todos los reinos de la tierra en un momento.  6 Y el diablo le dijo: --A ti te daré toda autoridad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y la doy a quien yo quiero.  7 Por esto, si tú me adoras, todo será tuyo.  8 Respondiendo Jesús, le dijo: --Escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.  9 Y le llevó a Jerusalén y le puso de pie sobre el pináculo del templo, y le dijo: --Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo.  10 Porque escrito está: A sus ángeles dará órdenes acerca de ti para que te guarden,  11 y en sus manos te llevarán, de modo que nunca tropieces con tu pie en piedra.  12 Respondiendo Jesús le dijo: --Dicho está: No pondrás a prueba al Señor tu Dios.  13 Cuando el diablo acabó toda tentación, se apartó de él por algún tiempo. »


Lc 4, 1-13


El silencio y la soledad con frecuencia despiertan temor. Tal vez por eso muchos prefieran aturdirse andando de un lugar a otros, inquietos, sin estar en ningún sitio.
En tiempo de cuaresma, el desierto, es el ícono de la soledad conquistada. Es el momento adecuado para prestar atención a la voz de Dios que invita a la conversión. Es la ocasión para enfrentar el miedo que nos suscita estar de frente a la propia verdad.
Junto a Jesús somos invitados a transitar nuestro propio desierto en soledad y silencio para profundizar en los fundamentos que sostienen la propia vida.
¿Por qué tememos al silencio y la soledad? ¿Por qué preferimos la verborragia al silencio? ¿Por qué huimos de estar a solas con nosotros mismos? Tememos encontrarnos con lo que realmente somos y con nuestra propia verdad. En el silencio del desierto surge la voz que nos dice que tal vez la vida que llevamos no es real, está “inflada” o carece de fundamentos sólidos. Al acallar las voces que nos aturden, y detener los “correrías” que nos distraen surgen los “asuntos” que necesitan ser tratados de cara a Dios.
El desierto, es un tiempo para encontrarnos con nosotros mismos y con Dios. Para recibir de Dios la luz del discernimiento que nos ayuda a elegir con mayor certeza. Es el momento propicio para enfrentar nuestros miedos y conquistar nuestros temores. Es el lugar para hacer frente a nuestros complejos y liberarnos de nuestras ataduras.Sin hacer frente a aquello que nos atemoriza y nos quita libertad, difícilmente podamos vivir en paz.
 ¿Cómo pretendes estar a gusto con otros, si no sabes estarlo contigo mismo? ¿Cómo puedes reclamar amor hacia ti, si tú no has aprendido a amarte? ¿Cómo es posible que quieras conquistar algo, si no eres capaz hacer frente a tus propios miedos?
En las tentaciones de Jesús, podemos encontrar tres claves para profundizar en los fundamentos de nuestra vida y corregir el camino desviado.
 Una vida de conveniencia: «Di a esta piedra que se haga pan». ¡Cuántas veces somos tentados de relacionarnos por conveniencia con los demás o de realizar tareas con el sólo fin de conseguir algo a cambio! Debemos cuidarnos de no convertir nuestra vida en un comercio afectivo, donde damos para recibir y cobramos impuestos altos a quienes no responden a nuestras exigencias. Vivir con la conveniencia como fundamento de vida la nos convierte en personas desconfiadas e incapaces de vivir la gratuidad porque siempre estaremos dudando del amor de los demás, pensando que los demás actúan como nosotros lo hacemos con ellos.
El manual del éxito: « Si tú me adoras, todo será tuyo » ¡Que fuerte puede ser la tentación de convertirse en referente y modelo de los demás! Es importante aprender a refrenar las ganas de diagramar la vida de todos e indicarles qué es lo mejor para ellos. Solemos cometer el error de cargar con la vida y el futuro de los demás en lugar de enseñarles a tomar responsabilidades y a distinguir entre lo bueno y lo mejor para cada uno. ¡Cuántos creen haber encontrado la solución para la vida de los demás! ¡Cuántos son los que dicen a los demás “yo lo hago por tu bien” cuando en realidad es su propio egoísmo, que ya ha destruido su vida, el que arruina la vida de los demás! Nuestra primera misión es vivir, y dejar vivir a los demás, transmitiendo experiencia y comunicando sabiduría, pero dejando a los demás que transiten sus propias experiencias aún con el riesgo de equivocarse.
El recurso de la victimización: «Échate de aquí abajo» ¡Qué fácil es hacer responsable a los demás de lo que me ocurre! Vencer la tentación de convertirse en héroes o mártires de la humanidad es una de las grandes conquistas de nuestra vida.  Recurrir a la técnica de la victimización es la manera elegante de disfrazar la pereza y la cobardía.
Cada vez más personas eligen vivir en la tristeza y la pena culpando a otros, o lo que es peor, justificándose en que cargan con la cruz que Cristo les ha dado.  El dolor no es querido por Dios, ni lo envía ni lo busca para sus hijos, lo cual no quita de debamos aceptarlo si llega a nuestra vida, pero ello no nos exime de buscar solución a las dificultades hasta donde se pueda y luchar por vivir en paz y feliz. Por ello murió Cristo, para mostrarnos el camino de libertad, de paz y de amor y no para convertir nuestra vida en un calvario.
¿Es posible que estemos tentados de escapar del desierto en esta cuaresma? Si, tanto como sea posible para evitar enfrentarse a la propia verdad.
Dejémonos « llevar por el Espíritu al desierto »  y que Dios nos hable en el silencio del corazón, para poder descubrir lo que es bueno y mejor para cada uno de nosotros.


P. Javier  Rojas sj

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