sábado, 16 de marzo de 2013

Las sandalias del pescador...
“Jamás ha hablado nadie así” (Jn 7,46).   Los adversarios quieren eliminar a Jesús, lo tachan de impostor, desprecian a la gente sencilla. Parece que sólo entienden de Dios los que conocen la Ley. Su amor puesto en medio del mundo saca de la ambigüedad a toda sabiduría. A la violencia responde con la paz y la bondad. Junto a Jesús brota el agua viva, todo silencio y soledad quedan habitados por la música. Junto a él se elaboran las más fuertes decisiones. Cristo, ¿qué quieres de mí? Mirándote a ti, Jesús, aprendo a amar y a perdonar en silencio.

Deseo una Iglesia pobre y para los pobres.
Papa Francisco.


La justicia es una virtud difícil, muy difícil, cuya práctica exige una gran dosis de rectitud y de humildad. Hay mucha gente que está dispuesta a hacer obras de caridad, a fundar un colegio, un club para sus obreros, a darles limosnas en sus apuros, pero que no puede resignarse a lo único que debe hacer, esto es, a pagar a sus obreros un salario bueno y suficiente para vivir como personas...
San Alberto Hurtado

viernes, 15 de marzo de 2013



Hablar lo que otros callan. Avanzar cuando todos se detienen. Amar cuando todos dicen que ya no vale la pena. Eso es FE.
El Papa Francisco y los pobres.
http://youtu.be/iwYtmDweN78
La finalidad del discernimiento espiritual es aprender a vivir con alegría, fraternos, solidarios, eficaces, servidores. San Ignacio diría que el discernimiento es la base para que la persona viva y se desarrolle guiada por la “ley interna de la Caridad” (ley del Amor). Una norma interior que nos enseña a conducirnos de la mejor manera posible, en el aquí y ahora de las circunstancias concretas de la vida, como persona, como miembro de una familia, como ciudadano.
Si me falta discernimiento, comienzo a desquiciarme, me invento un mundo y creo en él, llamo bien al mal y al mal bien, idolatro las cosas y a las personas, espanto la alegría, desaparece la esperanza, muere la vida.
Santiago Arzubialde sj y Gustavo Albarrán sj
La experiencia profunda del Padre...

jueves, 14 de marzo de 2013



Creo que la sorpresa fue una de las primeras reacciones que nos atrapó a todos frente al anuncio: Jorge Mario Bergoglio, Card. Argentino, elegido como Papa y con el nombre de Francisco.
Evidentemente, dentro de las varias reacciones, prevalece en mi caso la de la alegría y la del compromiso. Los que pertenecemos al "personal de tierra" de Tata Dios, en su Iglesia, sabemos que lo que le toca a Don Jorge Mario, ahora como Papa Francisco, no es tarea fácil, y que lo de honra es simple reacción nuestra, y que quizá en él lo sea de agobio.
Por eso uno comienza a interpretar pequeños signos que pueden ser decidores para vislumbrar las líneas que lo guiarán en esta tarea que Dios le encarga. En primer lugar les aclaro que no lo conozco tanto como para pavonearme en profetizar lo que podemos esperar de las medidas que ciertamente tendrá que tomar en la conducción de la Iglesia. Por eso simplemente escojo un par de signos pequeños y muy primarios:
1.- La sencillez y casi cara de susto con la que salió al balcón, sin los atuendos pontificios a los que estamos acostumbrados.
2.-Que siguiendo una costumbre ya casi muletilla en él, es que haya insistido en que recen por él, y que antes de bendecir al pueblo reunido en la plaza, les haya pedido que sea el pueblo quien lo bendiga a él.
3.-Que todo su pequeño mensaje estuvo claramente dirigido a la Iglesia de Roma, de la que él acababa de ser designado como obispo. No se presentó como Summo Pontífice hablando Urbi et Orbi (a la ciudad y al mundo) sino simplemente a la Diócesis de Roma de la que ahora es obispo. Evidentemente una diócesis muy especial porque es la que tiene la Misión en el mundo católico de presidir a las demás iglesias en la caridad.
4.-Con esto puso claramente en primer lugar a la Iglesia, antes que a su persona, y esto es ya un signo muy llamativo de lo que esperamos sea su forma de ejercer el encargo de confirmarnos a todos en la fe.
Más allá de estos pequeños signos iniciales, casi espontáneos y dichos en la emoción de una sorpresa compartida, está toda su actitud como arzobispo de Buenos Aires, también ella preeminente entre sus hermanas las otras diócesis.
Como monje y cura católico, me uno a los deseos y esperanzas de mis hermanos musulmanes, judíos y evangélicos que son expresados en otros lugares de este mismo medio y que muestran lo mejor de las esperanzas de un mundo que desde la fe, cree en la posibilidad de la paz y de la fraternidad entre los hombres.
Que el Señor lo bendiga a él, y que él pueda ser una fuente de bendición para todos nosotros.
P. Mamerto Menapace
"Caminar, edificar, confesar". Palabras centrales de la primera homilía del Papa Francisco.
Al final del camino me dirán
- ¿Has vivido? ¿Has amado?
Y yo sin decir nada,
abriré el corazón lleno de nombres...
Pedro Casaldáliga
Oh Dios, que en tu providencia quisiste edificar tu Iglesia sobre la roca de Pedro, príncipe de tus apóstoles, mira con amor a nuestro papa Francisco, y Tú que lo has constituido sucesor de san Pedro, concédele la gracia de ser principio y fundamento visible de la unidad de fe y de comunión de tu pueblo.
Amén.
"Señor, haz de mi un instrumento de tu paz. 
Que allá donde hay odio, yo ponga el amor. 
Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón. 
Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión. 
Que allá donde hay error, yo ponga la verdad. 
Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe.
Que allá donde desesperación, yo ponga la esperanza.
Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz.
Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.
Oh Señor, que yo no busque tanto
ser consolado, cuanto consolar,
ser comprendido, cuanto comprender,
ser amado, cuanto amar.
Porque es dándose como se recibe,
es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo,
es perdonando, como se es perdonado,
es muriendo como se resucita a la vida eterna.

San Francisco de Asís
Amen"

martes, 12 de marzo de 2013


¡Te necesito a Ti, sólo a Ti!
Deja que lo repita sin cansarse mi corazón.
Los demás deseos que día y noche me embargan
son falsos y vanos hasta sus entrañas.
Como la noche esconde en su oscuridad
la súplica de la luz,
así en la oscuridad de mi inconsciencia
resuena este grito:
¡Te necesito a Ti, sólo a Ti!
Como la tormenta está buscando la paz
cuando golpea la paz con su poderío,
así mi rebelión golpea tu amor y grita:
¡Te necesito a Ti, sólo a Ti!
Rabindranath Tagore


Hoy, 12 de marzo, la Compañía de Jesús recuerda la canonización de San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier hace casi 400 años. En el día en que se inicia el cónclave para elegir al nuevo Papa, que Ignacio y Francisco Javier intercedan ante Dios por los cardenales reunidos en la Capilla Sixtina.

lunes, 11 de marzo de 2013


Querido Dios:
Te escribo desde este punto de la galaxia que llamamos Tierra y en un momento de la Historia en que el planeta para muchos parece girar sin sentido desde un sistema que llaman globalización y que abre cada día más la brecha entre los ricos y los pobres Con guerras que, como siempre, derrochan en armas lo que bastaría para dar de comer a cientos de miles de personas que exterminan a los más débiles. Con triste explotación de mujeres y niños, deterioro del medio ambiente, lacras producidas por el consumo, la drogadicción, el comercio sexual…, en fin qué te voy a contar que tú no sepas.
En este mundo somos  1.196 millones de bautizados católicos, el 17,5% de la población mundial. No vamos a creernos que somos tus hijos únicos, ni siquiera predilectos, pues todos «en ti vivimos, existimos y somos», como decía el apóstol Pablo, y tú llueves sobre santos y pecadores. Pero creemos que por amor a todos los hombres tu Hijo se hizo carne y asumió nuestra historia, creó una asamblea (Ecclesia) o comunidad de creyentes y puso a su frente a un pescador llamado Pedro, un hombre amigo tuyo con gran voluntad  aunque lleno de defectos.
A través de los siglos ha estado al timón de la barca por medio de sus sucesores, entre los que ha habido santos y pecadores, sabios e ignorantes, poderosos y débiles. Pero de un modo u otro tu Iglesia ha ido hacia adelante en la historia;  y en el últimos siglos, la verdad es que los papas se han distinguido por ser hombres de Dios y referentes éticos para el mundo.
El último de ellos, anciano y agotado, en un gesto de gran libertad de conciencia, ha decidido renunciar ante una responsabilidad que le superaba. No voy a contarte lo que ha sufrido con la lacra de la pederastia, la filtración de documentos, las divisiones en el Vaticano y las tensiones de un mundo materializado que parece dar la espalda a la Buena Noticia de tu Hijo.
El hecho es que los cardenales están reunidos en Roma para elegir un nuevo Papa. Resulta divertido que una sociedad a la que parece importar un bledo la vida cotidiana de la Iglesia, cientos de misioneros que trabajan en países en vías de desarrollo, curas y monjas que atienden a niños y ancianos desvalidos, escuelas,  hospitales, etc… se vuelque con sus medios de información en los cotilleos del cónclave y las quinielas de papables. En fin, somos así, cada vez más ‘revistas del corazón’ o programas de fugaces estrellas de la tele.
Yo, Señor, quisiera hacer un poco de silencio en medio de este barullo, cerrar los ojos y sentirte dentro, en ese rincón en el que habitas en lo profundo de mi ser y pedirte que nos des un buen timonel para la barca de Pedro.
Un hombre con sabor a ti, sabor a Evangelio a desprendimiento, pobreza y apertura. Un hombre que traiga esperanza y libertad a la Iglesia y al mundo, sobre todo por su ejemplo; que consiga acabar con las divisiones y corruptelas no sólo en el interior del Vaticano sino en toda la Iglesia. Cuando leo algunas webs de católicos, me echo a temblar: no parecen pertenecer a un mismo rebaño, sino a manadas de cabras montesas que se embisten a muerte por absurdas ideas preconcebidas, que  quieren convertir a la Iglesia en trincheras de ideologías preconcebidas en vez de un campo verde, que como decía san Ignacio, es un lugar amable y gracioso.
Queremos un papa que sea de todos, donde entremos todas las siglas y familias religiosas, pero que no sea una estatua de sal anclada en la cultura del pasado, sino que dialogue con la cultura, con los científicos, los intelectuales, los poetas. Que no conciba la Iglesia como castillo sino como plaza de pueblo. Que no se encierre en el Vaticano sino que baje a la calle. Que no sólo nos hable y nos guíe, sino que escuche; que llore con los que lloran y ría con los que ríen. Que todos lo reconozcamos como uno de los nuestros y sepa ayudarnos a despertar y encontrar a Dios no como una póliza de seguridad, sino como una luz que da sentido y se reparte. Pero sobre todo que dé esperanza y optimismo, o lo que es lo mismo, que crea de veras en Ti.
No me importa que sea guapo o dé bien en los medios, que sea de izquierdas o de derechas, que sea italiano, americano o europeo, aunque dicen que ha llegado la hora de un papa del Tercer Mundo. Lo que realmente nos importa es que sea un papa que te lleve dentro hasta el punto de que no se sienta el patrón de una propiedad o el director de un fábrica, sino el pastor amigo, el padre cercano, el hermano en cuyo hombro este mundo nuestro pueda descansar. Que pueda repetir ante un mundo en crisis aquella frase de tu Hijo: «Venid a mí, los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré, porque soy manso y humilde de corazón».
No quiero acabar esta carta sin pedirte que no te olvides de tu hijo Joseph, el papa que ha renunciado.  A él le debamos muchas cosas, sobre todo la valentía de abrazarse con el vacío para abrir la puerta a otro. Dale tu consuelo y alegría en la profunda soledad que ha sabido elegir. Y cuida de este herido  mundo nuestro  del siglo XXI, oh Dios, que está más que nunca como ‘un rebaño sin pastor’. Te busca cada día y te quiere, tu hijo.
Pedro Miguel Lamet, sj

Érase una vez un rey que tenía tres hijos. Poseía, además, muchas riquezas. Pero sobre todo un brillante de valor extraordinario, admirado en el mundo entero. Se iba haciendo anciano y se preguntaba así mismo para cuál de los tres hijos sería aquel brillante al repartir la herencia? Tuvo una idea: Sería para el que realizase la mayor hazaña en un día señalado...
Al llegar la noche del día siguiente, cada uno relató al rey su aventura vivida. El mayor había dado muerte al terrible dragón rojo que sembraba el pánico por todo el reino.
El segundo, con una pequeña daga, había vencido a diez hombres bien armados.
El tercero dijo:
- Salí esta mañana y encontré a mi mayor enemigo durmiendo al borde de un acantilado... Luché conmigo mismo y mis ganas de despeñarlo... y al final le dejé seguir durmiendo.
Entonces el rey se levantó del trono, abrazó a su hijo menor y le entregó el brillante.
Tony de Mello

domingo, 10 de marzo de 2013


He sido y soy un buscador, pero he dejado de buscar en los libros y de pedir a las estrellas... He empezado a escuchar la enseñanza de mi alma.
Rumi

«Recuperar lo pedido»



«Se acercaban a él todos los publicanos y pecadores para oírle,   y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: --Éste recibe a los pecadores y come con ellos.  Entonces él les refirió esta parábola, diciendo:  Un hombre tenía dos hijos.  El menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde." Y él les repartió los bienes.  No muchos días después, habiendo juntado todo, el hijo menor se fue a una región lejana, y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.  Cuando lo hubo malgastado todo, vino una gran hambre en aquella región, y él comenzó a pasar necesidad.   Entonces fue y se allegó a uno de los ciudadanos de aquella región, el cual le envió a su campo para apacentar los cerdos.   Y él deseaba saciarse con las algarrobas que comían los cerdos, y nadie se las daba.   Entonces volviendo en sí, dijo: "¡Cuántos jornaleros en la casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!  Me levantaré, iré a mi padre y le diré: 'Padre, he pecado contra el cielo y ante ti.  Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.'"  Se levantó y fue a su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre le vio y tuvo compasión. Corrió y se echó sobre su cuello, y le besó.  El hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y ante ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo."  Pero su padre dijo a sus siervos: "Sacad de inmediato el mejor vestido y vestidle, y poned un anillo en su mano y calzado en sus pies.  Traed el ternero engordado y matadlo. Comamos y regocijémonos,  porque este mi hijo estaba muerto y ha vuelto a vivir; estaba perdido y ha sido hallado." Y comenzaron a regocijarse.   Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando vino, se acercó a la casa y oyó la música y las danzas.   Después de llamar a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.   Éste le dijo: "Tu hermano ha venido, y tu padre ha mandado matar el ternero engordado, por haberle recibido sano y salvo."   Entonces él se enojó y no quería entrar. Salió, pues, su padre y le rogaba que entrase.  Pero respondiendo él dijo a su padre: "He aquí, tantos años te sirvo, y jamás he desobedecido tu mandamiento; y nunca me has dado un cabrito para regocijarme con mis amigos.  Pero cuando vino éste tu hijo que ha consumido tus bienes con prostitutas, has matado para él el ternero engordado."  Entonces su padre le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.  Pero era necesario alegrarnos y regocijarnos, porque este tu hermano estaba muerto y ha vuelto a vivir; estaba perdido y ha sido hallado.»
Lc 15, 1-3. 11-32

Este evangelio, uno de los más bellos, nos vuelve a reforzar el mensaje que se repite en las parábolas anteriores,  la de la oveja y la moneda perdidas: «lo que estaba perdido ha sido encontrado». Las dos parábolas precedentes terminan de la misma manera; con alegría y celebrando por haber encontrado lo que se había perdido.
¿Por qué Jesús nos cuenta esta parábola del «hijo perdido» en presencia de las miradas de los fariseos y de los escribas? ¿Qué pretende enseñarnos?
Jesús quiere dar respuestas a las observaciones críticas de los fariseos y de los doctores de la ley. Si observamos el contexto en el que Jesús hablaba, la actitud del hijo mayor caracterizaba la postura de esos personajes. Quedan retratados en la expresión «sin desobedecer nunca una  orden» o «tantos años que te sirvo»
El fin de esta parábola es legitimar el comportamiento de Jesús, que es motivo de escándalo para los fariseos y los escribas porque «recibe a los pecadores y come con ellos». Esta parábola nos muestra claramente que Jesús pretende afianzar el mensaje de que la voluntad de Dios es “siempre” salvar al pecador y no condenarlo. Él ama al pecador aún en su situación de pecado, es decir, incluso antes de que se convierta; es más, en cierto modo, lo que realmente hace posible la conversión es ese amor divino...
Pero esta parábola también tiene un mensaje y una finalidad clara para nosotros: se hace urgente recuperar la alegría de la reconciliación y festejar la misericordia de Dios que pareciera se nos ha perdido.
Hemos olvidado  quién es Dios. Hemos proyectado en Él todos nuestros deseos ocultos de justicia, premios y castigos hacia aquellos que no hacen las cosas como “Dios manda…
La pedagogía del miedo y las excesivas prédicas sobre el infierno y la condenación eterna, nos han hecho perder de vista el “Reino de Dios” que ya ha llegado a nosotros. Un Reino de misericordia y de compasión infinita.
Debemos recuperar el rostro bondadoso y misericordioso de Dios que el miedo al castigo y a la condena han empañado. Nuestra conciencia, más legalista que pecadora, no nos permite comprender que el pecador que “vive” en su chiquero y el pecador que “vive sin desobedecer ninguna de las órdenes” necesitan experimentar el perdón y el amor incondicional de Dios por igual.
¿Cuántas veces nos acercamos a Dios como el hijo menor diciendo «Padre, he pecado contra el cielo y contra Ti»?  ¿Acaso reconocemos el daño y la ofensa que hemos cometido sobre todo contra aquellos que decimos que amamos? ¿No nos acercamos más bien justificando nuestras actitudes o reclamando que no recibimos nada a cambio de ser “tan obedientes y cumplidores” de sus mandamientos?
Hoy debemos comenzar un camino de recuperación de la dimensión misericordiosa y bondadosa del Padre que hemos ido dejando atrás hace tanto tiempo. Los cristianos tenemos que asumir que nuestros “chiqueros” y nuestras oscuridades no siempre están tan lejos de la casa de Dios, sino que dentro de la misma comunidad podemos revolcarnos en el pecado de la legalidad y de la norma y rechazar al hermano desconociendo el amor gratuito de Dios.
El miedo no salva, el miedo no convierte, el miedo no reconcilia, el miedo no construye. El miedo   atrofia el alma, atormenta la conciencia y divide el corazón del hombre…
 Es necesario purificar nuestra visión de Dios y lanzarnos a los brazos del Padre que nos recibe como hijos reconciliados con Él.
Es tiempo de vivir enamorados de Dios y no temerosos de su castigo. Que así sea.
P. Javier  Rojas sj

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