sábado, 23 de marzo de 2013

Qué pide el Papa a los jesuitas?


El papa Francisco aboga para que el Señor "ilumine y acompañe" a todos los jesuitas, "para que con el testimonio de una vida enteramente entregada al servicio de la Iglesia sean fermento evangélico en el mundo, buscando infatigablemente la gloria de Dios y el bien de las almas".
El pontífice jesuita así lo manifiesta en una carta enviada al Prepósito de la Compañía de Jesús, el español Aldolfo Nicolás, en la que le agradece la carta que le envió tras ser elegido papa, en la que le dicen que rezan por él y se ponen a "su plena disposición para seguir sirviendo incondicionalmente a la Iglesia y al Vicario de Cristo, según el precepto de San Ignacio de Loyola".
En la misiva papal, hecha publica hoy por el Vaticano, el Obispo de Roma "agradece cordialmente" esas muestras de "aprecio y cercanía, a las que correspondo complacido, pidiendo al Señor que ilumine y acompañe a todos los Jesuitas".
"De modo que, fieles al carisma recibido y tras las huellas de los santos de nuestra amada Orden, puedan ser con la acción pastoral, pero sobre todo, con el testimonio de una vida enteramente entregada al servicio de la Iglesia, fermento evangélico en el mundo, buscando infatigablemente la gloria de Dios y el bien de las almas", escribe el papa Bergoglio.
El pontífice "ruega" a todos los Jesuitas que recen por él y le encomienden a la protección de la Virgen María.
El pasado día 17, el general de los jesuitas, Adolfo Nicolás, se reunió con Francisco en el Vaticano y le ofreció "todos los recursos" de la Compañía de Jesús, "dado que en su nueva posición necesitará consejos, ideas y personas", informó la congregación.
Nicolás acudió al Vaticano "por invitación personal" del papa Bergoglio, con el que se reunió en la residencia de Santa Marta, donde se aloja el pontífice en estos días hasta que el apartamento papal esté acondicionado.
Además de ofrecerle "todos los recursos de los que dispone la Compañía", Nicolás le invitó a visitar la curia (la sede central de los jesuitas, a pocos pasos del Vaticano) y el papa aceptó.
(Rd/Agencias)

Mañana 24 de marzo se conmemora un año más del asesinato de Monseñor Romero.
Lo recordamos con un párrafo de una homilía suya del año 1977.

La Iglesia no puede callar ante esas injusticias del orden económico, del orden político, del orden social. Si callara, la Iglesia sería cómplice con el que se margina y duerme un conformismo enfermizo, pecaminoso, o con el que se aprovecha de ese adormecimiento del pueblo para abusar y acaparar económicamente, políticamente, y marginar una inmensa mayoría del pueblo. Esta es la voz de la Iglesia, hermanos. Y mientras no se le deje libertad de clamar estas verdades de su Evangelio, hay persecución. Y se trata de cosas sustanciales, no de cosas de poca importancia. Es cuestión de vida o muerte para el reino de Dios en esta tierra.
Monseñor Oscar Arnulfo Romero.
24/07/1977

Quinto defecto: Jesús no entiende ni de finanzas ni de economía. Recordemos la parábola de los obreros de la viña: «El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Salió luego hacia las nueve y hacia mediodía y hacia las tres y hacia las cinco.., y los envió a sus viña». Al atardecer, empezando por los últimos y acabando por los primeros, pagó un denario a cada uno (cf. Mt 20, 116). Si Jesús fuera nombrado administrador de una comunidad o director de empresa, esas instituciones quebrarían e irían a la bancarrota: ¿cómo es posible pagar a quien empieza a trabajar a las cinco de la tarde un salario igual al de quien trabaja desde el alba? ¿Se trata de un despiste, o Jesús ha hecho mal las cuentas? ¡No! Lo hace a propósito, porque -explica-: «¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?».
Y nosotros hemos creído en el amor. Pero preguntémonos: ¿por qué Jesús tiene estos defectos? Porque es Amor (cf. 1 Jn 4, 16). El amor auténtico no razona, no mide, no levanta barreras, no calcula, no recuerda las ofensas y no pone condiciones. Jesús actúa siempre por amor. Del hogar de la Trinidad él nos ha traído un amor grande, infinito, divino, un amor que llega -como dicen los Padres- a la locura y pone en crisis nuestras medidas humanas. Cuando medito sobre este amor mi corazón se llena de felicidad y de paz. Espero que al final de mi vida el Señor me reciba como al más pequeño de los trabajadores de su viña, y yo cantaré su misericordia por toda la eternidad, perennemente admirado de las maravillas que él reserva a sus elegidos. Me alegraré de ver a Jesús con sus «defectos», que son, gracias a Dios, incorregibles. Los santos son expertos en este amor sin límites. A menudo en mi vida he pedido a sor Faustina Kowalska que me haga comprender la misericordia de Dios. Y cuando visité Paray-le-Monial, me impresionaron las palabras que Jesús dijo a santa Margarita María Alacoque: «Si crees, verás el poder de mi corazón». Contemplemos juntos el misterio de este amor misericordioso.
 Monseñor Van Thuan

viernes, 22 de marzo de 2013


Cuarto defecto: Jesús es un aventurero. El responsable de publicidad de una compañía o el que se presenta como candidato a las elecciones prepara un programa detallado, con muchas promesas. Nada semejante en Jesús. Su propaganda, si se juzga con ojos humanos, está destinada al fracaso. Él promete a quien lo sigue procesos y persecuciones. A sus discípulos, que lo han dejado todo por él, no les asegura ni la comida ni el alojamiento, sino sólo compartir su mismo modo de vida.
A un escriba deseoso de unirse a los suyos, le responde: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza» (Mt 8, 20). El pasaje evangélico de las bienaventuranzas, verdadero «autorretrato» de Jesús, aventurero del amor del Padre y de los hermanos, es de principio a fin una paradoja, aunque estemos acostumbrados a escucharlo: «Bienaventurados los pobres de espíritu..., bienaventurados los que lloran..., bienaventurados los perseguidos por... la justicia..., bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos» (Mt 5, 312). Pero los discípulos confiaban en aquel aventurero. Desde hace dos mil años y hasta el fin del mundo no se agota el grupo de los que han seguido a Jesús. Basta mirar a los santos de todos los tiempos. Muchos de ellos forman parte de aquella bendita asociación de aventureros. ¡Sin dirección, sin teléfono, sin fax...!
Van Thuan
Video de Francisco. Emocionante.

http://youtu.be/vdwy1S-7qsE

Tercer defecto: Jesús no sabe de lógica. Una mujer que tiene diez dracmas pierde una. Entonces enciende la lámpara para buscarla. Cuando la encuentra, llama a sus vecinas y les dice: «Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido» (cf. Lc 15, 89). ¡Es realmente ilógico molestar a sus amigas sólo por una dracma! ¡Y luego hacer una fiesta para celebrar el hallazgo! Y además, al invitar a sus amigas ¡gasta más de una dracma! Ni diez dracmas serían suficientes para cubrir los gastos... Aquí podemos decir de verdad, con las palabras de Pascal, que «el corazón tiene sus razones, que la razón no conoce» Jesús, como conclusión de aquella parábola, desvela la extraña lógica de su corazón: «Os digo que, del mismo modo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta» (Lc 15, 10).
Monseñor Van Thuan

jueves, 21 de marzo de 2013


Segundo defecto: Jesús no sabe matemáticas. Si Jesús hubiera hecho un examen de matemáticas, quizá lo hubieran suspendido. Lo demuestra la parábola de la oveja perdida. Un pastor tenía cien ovejas. Una de ellas se descarría, y él, inmediatamente, va a buscarla dejando las otras noventa y nueve en el redil. Cuando la encuentra, carga a la pobre criatura sobre sus hombros (cf. Lc 15, 47). Para Jesús, uno equivale a noventa y nueve, ¡y quizá incluso más! ¿Quién aceptaría esto? Pero su misericordia se extiende de generación en generación... Cuando se trata de salvar una oveja descarriada, Jesús no se deja desanimar por ningún riesgo, por ningún esfuerzo. ¡Contemplemos sus acciones llenas de compasión cuando se sienta junto al pozo de Jacob y dialoga con la samaritana, o bien cuando quiere detenerse en casa de Zaqueo! ¡Qué sencillez sin cálculo, qué amor por los pecadores!
Monseñor Van Thuan 
Ha llegado la hora de: contemplar, frente a frente y sin miedo, la pobreza que cuelga de la cruz. De contemplar, sin dudas ni temores, la riqueza de amor que se desangra en la cruz. De contemplar, con agradecimiento y fe, el Misterio Divino que muere y calla en la cruz. Ha llegado la hora!
P. Javier Leoz

miércoles, 20 de marzo de 2013

"Hay que decirlo claramente: la muerte de Jesús en la cruz no fue un acontecimiento querido por el Padre en nombre de una sádica «satisfacción» respecto al pecado de los hombres. Por el contrario, la verdad es que Dios envió a su Hijo para que el mundo se convirtiese y acogiese su amor; pero como en un mundo injusto, el justo sólo puede ser víctima de los impíos (cf Sab 1-2), Jesús tuvo este final. Más Dios mismo, sufriendo con él, cargó con el pecado de los hombres y lo perdonó."
Enzo Bianchi

La Iglesia no es un movimiento que hace referencia a Jesús. No está constituido por individuos estudiosos de las enseñanzas del Evangelio, sino que es una realidad concreta, formada por personas, que viven en comunión entre sí, y que todas juntas comulgan el misterio de Cristo.
Enzo Bianchi.
"El reino de Dios se parece a las aves que recorren todos los años miles de kilómetros batiendo sus dos alas con destreza para emigrar desde los polos hacia las tierras más propicias para la vida. Un ave permanecía sola en la arena del desierto, con el ala izquierda golpeada. Miraba hacia el cielo, oía el graznido de sus compañeras de viaje, que volaban ágiles, unidas y majestuosas, e intentaba con todo su esfuerzo retomar el vuelo. Sabía muy bien que no era un reptil del desierto hecho para arrastrase por la arena, sino un ave que podía recorrer grandes distancias dialogando con el viento. Pero cuanto más intentaba volar moviendo su ala derecha, tanto más se hundía en la arena y tanto más se debilitaba. Ningún ave puede volar con una sola ala. Sólo podría retomar el vuelo si alguien le ayudaba a rehabilitar su ala izquierda. Agotada y sola, poco a poco la arena del desierto la fue envolviendo y sepultando. Un pastor la recogió casi agonizante, le sanó el ala herida... y una madrugada el ave salió volando hacia el horizonte" 
Benjamín González Buelta sj
 1) Reconoces cuáles son tus heridas, aquellas que te impiden volar? 2) Hacia qué tierras propicias de vida deberías emigrar para lograr una existencia plena? 3) Te has sentido agotado o solo? Quién o quiénes te ayudaron a sanar tus heridas? 4) Eres pastor solidario con los hermanos, que ayuda agonías y cura heridas para que otros puedan volar su propio vuelo?

martes, 19 de marzo de 2013

Imploro la intercesión de la Virgen María, de san José, de los Apóstoles san Pedro y san Pablo, de san Francisco, para que el Espíritu Santo acompañe mi ministerio, y a todos vosotros os digo: Orad por mí. Amen.
Papa Francisco
Todos somos los hijos amados del Padre.
Francisco gracias por tu amor, reflejo del Amor de Dios...
No amanezcas, Señor,
que todavía mis ojos
no aprendieron a verte
en medio de la noche.
No me hables, Señor,
que todavía mis oídos
no logran escucharte
en los ruidos de la vida.
No me abraces, Señor,
que todavía mi cuerpo
no percibe tu piel
en los saludos y la brisa.
No me endulces, Señor,
que todavía mi garganta
no saborea tu ternura
en medio de lo amargo.
No me perfumes, Señor,
que todavía mi olfato
no huele tu presencia
en el olor de la miseria.
¡Bautiza mis sentidos
con el lento discurrir
de tu gracia encarnada
fluyendo por mi cuerpo!
Benjamín González Buelta sj

Custodiar requiere bondad, pide ser vivido con ternura


Texto de la homilía de Francisco completo

Queridos hermanos y hermanas

Doy gracias al Señor por poder celebrar esta Santa Misa de comienzo del ministerio petrino en la solemnidad de san José, esposo de la Virgen María y patrono de la Iglesia universal: es una coincidencia muy rica de significado, y es también el onomástico de mi venerado Predecesor: le estamos cercanos con la oración, llena de afecto y gratitud.
Saludo con afecto a los hermanos Cardenales y Obispos, a los presbíteros, diáconos, religiosos y religiosas y a todos los fieles laicos. Agradezco por su presencia a los representantes de las otras Iglesias y Comunidades eclesiales, así como a los representantes de la comunidad judía y otras comunidades religiosas. Dirijo un cordial saludo a los Jefes de Estado y de Gobierno, a las delegaciones oficiales de tantos países del mundo y al Cuerpo Diplomático.
Hemos escuchado en el Evangelio que «José hizo lo que el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer» (Mt 1,24). En estas palabras se encierra ya la la misión que Dios confía a José, la de ser custos, custodio. Custodio ¿de quién? De María y Jesús; pero es una custodia que se alarga luego a la Iglesia, como ha señalado el beato Juan Pablo II: «Al igual que cuidó amorosamente a María y se dedicó con gozoso empeño a la educación de Jesucristo, también custodia y protege su cuerpo místico, la Iglesia, de la que la Virgen Santa es figura y modelo» (Exhort. ap. Redemptoris Custos, 1).
¿Cómo ejerce José esta custodia? Con discreción, con humildad, en silencio, pero con una presencia constante y una fidelidad y total, aun cuando no comprende. Desde su matrimonio con María hasta el episodio de Jesús en el Templo de Jerusalén a los doce años, acompaña en todo momento con esmero y amor. Está junto a María, su esposa, tanto en los momentos serenos de la vida como los difíciles, en el viaje a Belén para el censo y en las horas temblorosas y gozosas del parto; en el momento dramático de la huida a Egipto y en la afanosa búsqueda de su hijo en el Templo; y después en la vida cotidiana en la casa de Nazaret, en el taller donde enseñó el oficio a Jesús
¿Cómo vive José su vocación como custodio de María, de Jesús, de la Iglesia? Con la atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio; y eso es lo que Dios le pidió a David, como hemos escuchado en la primera Lectura: Dios no quiere una casa construida por el hombre, sino la fidelidad a su palabra, a su designio; y es Dios mismo quien construye la casa, pero de piedras vivas marcadas por su Espíritu. Y José es «custodio» porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas. En él, queridos amigos, vemos cómo se responde a la llamada de Dios, con disponibilidad, con prontitud; pero vemos también cuál es el centro de la vocación cristiana: Cristo. Guardemos a Cristo en nuestra vida, para guardar a los demás, salvaguardar la creación.
Pero la vocación de custodiar no sólo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos. Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra san Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos. Es custodiar a la gente, el preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón. Es preocuparse uno del otro en la familia: los cónyuges se guardan recíprocamente y luego, como padres, cuidan de los hijos, y con el tiempo, también los hijos se convertirán en cuidadores de sus padres. Es vivir con sinceridad las amistades, que son un recíproco protegerse en la confianza, en el respeto y en el bien. En el fondo, todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos. Sed custodios de los dones de Dios.
Y cuando el hombre falla en esta responsabilidad, cuando no nos preocupamos por la creación y por los hermanos, entonces gana terreno la destrucción y el corazón se queda árido. Por desgracia, en todas las épocas de la historia existen «Herodes» que traman planes de muerte, destruyen y desfiguran el rostro del hombre y de la mujer.
Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos «custodios» de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro. Pero, para «custodiar», también tenemos que cuidar de nosotros mismos. Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida. Custodiar quiere decir entonces vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen. No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura.
Y aquí añado entonces una ulterior anotación: el preocuparse, el custodiar, requiere bondad, pide ser vivido con ternura. En los Evangelios, san José aparece como un hombre fuerte y valiente, trabajador, pero en su alma se percibe una gran ternura, que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor. No debemos tener miedo de la bondad, de la ternura.
Hoy, junto a la fiesta de San José, celebramos el inicio del ministerio del nuevo Obispo de Roma, Sucesor de Pedro, que comporta también un poder. Ciertamente, Jesucristo ha dado un poder a Pedro, pero ¿de qué poder se trata? A las tres preguntas de Jesús a Pedro sobre el amor, sigue la triple invitación: Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas. Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio, y que también el Papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio que tiene su culmen luminoso en la cruz; debe poner sus ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe, de san José y, como él, abrir los brazos para custodiar a todo el Pueblo de Dios y acoger con afecto y ternura a toda la humanidad, especialmente los más pobres, los más débiles, los más pequeños; eso que Mateo describe en el juicio final sobre la caridad: al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, al enfermo, al encarcelado (cf. Mt 25,31-46). Sólo el que sirve con amor sabe custodiar.
En la segunda Lectura, san Pablo habla de Abraham, que «apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza» (Rm 4,18). Apoyado en la esperanza, contra toda esperanza. También hoy, ante tantos cúmulos de cielo gris, hemos de ver la luz de la esperanza y dar nosotros mismos esperanza. Custodiar la creación, cada hombre y cada mujer, con una mirada de ternura y de amor; es abrir un resquicio de luz en medio de tantas nubes; es llevar el calor de la esperanza. Y, para el creyente, para nosotros los cristianos, como Abraham, como san José, la esperanza que llevamos tiene el horizonte de Dios, que se nos ha abierto en Cristo, está fundada sobre la roca que es Dios.
Custodiar a Jesús con María, custodiar toda la creación, custodiar a todos, especialmente a los más pobres, custodiarnos a nosotros mismos; he aquí un servicio que el Obispo de Roma está llamado a desempeñar, pero al que todos estamos llamados, para hacer brillar la estrella de la esperanza: protejamos con amor lo que Dios nos ha dado.
Imploro la intercesión de la Virgen María, de san José, de los Apóstoles san Pedro y san Pablo, de san Francisco, para que el Espíritu Santo acompañe mi ministerio, y a todos vosotros os digo: Orad por mí. Amen.

lunes, 18 de marzo de 2013

ORACIÓN A SAN JOSÉ

Enséñanos, José, 
cómo se es "no protagonista", 
cómo se avanza sin pisotear, 
cómo se colabora sin imponerse, 
cómo se ama sin reclamar.
cómo se obedece sin rechistar
cómo ser eslabón entre el presente y el futuro
cómo luchar frente a tanta desesperanza
cómo sentirse eternamente joven

Dinos, José,
cómo se vive siendo "número dos",
cómo se hacen cosas fenomenales
desde un segundo puesto.
cómo se sirve sin mirar a quién
cómo se sueña sin más tarde dudar
cómo morir a nosotros mismos
cómo cerrar los ojos, al igual que tú,
en los brazos de la buena Madre.

Explícanos
cómo se es grande sin exhibirse,
cómo se lucha sin aplauso,
cómo se avanza sin publicidad,
cómo se persevera y se muere uno
sin esperanza de un póstumo homenaje
cómo se alcanza la gloria desde el silencio
cómo se es fiel sin enfadarse con el cielo.
Dínoslo, en este tu día, buen padre José.
P. Javier Leoz
Sabes el por qué del lema elegido por Francisco, nuestro querido Papa?
Una hermosa historia...
El lema “Miserando atque eligendo” (Lo miró con misericordia y lo eligió), procede de un pasaje de una homilía de San Beda el Venerable, comentando el relato evangélico de la vocación de San Mateo y tiene un significado especial para el Papa. A los 17 años, en la festividad de San Mateo en 1953, después de confesarse, Francisco percibió la misericordia de Dios en su vida y sintió la llamada al sacerdocio siguiendo el ejemplo de San Ignacio de Loyola.

Dos Franciscos...


En una carta dirigida aun monje, compara él la observación de los pensamientos con la tarea del guardián de una puerta: «Sé el guardián de la puerta de tu corazón y no dejes entrar a nadie sin interrogarlo. Pregunta a cada uno de los pensamientos y dile: "¿Eres tú uno de los nuestros o uno de nuestros adversarios?". Y si el pensamiento pertenece a la casa, te llenará de gozo. Pero si es uno de los enemigos, te extraviará por medio de la cólera o te excitará por medio de un vivo deseo." (Evagrio Póntico, Carta 11 ).


El contemplativo trabaja, lee, pasea, viaja, hace compras, reza, visita a sus amigos, etc. Pero en el centro de todas sus actividades está siempre aquel sentimiento precioso de íntima unión con su Amado.
Pedro Finkler

domingo, 17 de marzo de 2013


El Papa Francisco dijo que “desearía que en lugar de ir a Roma para el inicio de su Pontificado el próximo 19 de marzo continúen en esa cercanía espiritual tan apreciada acompañándola con algún gesto de caridad hacia los más necesitados”.

Tal vez mucho no hayas pensado ir a Roma, y a los que les gustaría tampoco podrían hacerlo por motivos económicos... 
Lo que si podemos es estar cerca, muy cerca de Papa de los Pobres, si este martes nos acercamos con un gesto de caridad hacia nuestros hermanos.
¡Hagamos que el mundo "explote" con los gestos de caridad! Acércate a tu parroquia, capilla, centro médico, comedor infantil, asilo de ancianos, a tu vecino necesitado, o a algún lugar donde percibas que alguien necesita de ayuda y de tu amor...
Hazte partícipe de esta cadena de caridad. Desde El Evangelio en Casa queremos sumarnos a esta iniciativa del Papa Francisco. ¿Te sumas? Compártelo en tu Facebook.
P. Javier Rojas – Ale Vallina

« ¿Dónde están tus acusadores?»


«Jesús se fue al monte de los Olivos. Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles. Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y,  poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿Qué dices?”. Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían, se enderezó y les dijo: “Aquél de ustedes que no tenga pecado, que arroje la primera piedra”. E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo. Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedo solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose, le preguntó: “Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Nadie te ha condenado?”. Ella le respondió: “Nadie, Señor”. “Yo tampoco te condeno –le dijo Jesús-. Vete, no peques más en adelante ».
Jn. 8, 1-11

Todos nos hemos reído con el “Chavo del ocho” y los personajes de la vecindad. Pero había un personaje que no vivía en la vecindad, y era el hijo del dueño de la misma. Le decían Ñoño y cada vez que se burlaban de él, decía «Míralo a él, míralo a él». Este es la imagen del “acusete” y nos va ayudar a entender el evangelio de este domingo.
En la cuaresma se nos invita a la oración que debería culminar con la apertura al Dios de la misericordia. Lamentablemente muchas veces este tiempo de gracia no tiene este efecto. Por el contrario, activa las compulsiones y atemoriza las conciencias.
¿Por qué muchos consideran a la cuaresma como un tiempo “para sufrir”? ¿Por qué la cuaresma se ha convertido con el paso de los años en sinónimo de “dolor y sacrificio”? ¿Es que acaso estipula Dios un tiempo especial para que sus hijos sufran y lloren?
Para algunos la cuaresma se convierte en un tiempo de tortura. No logran encontrarse  con Dios. En lugar de fijar los ojos en Dios, lo fijan en sí mismos contemplándose al espejo.
La cuaresma es un tiempo bellísimo porque deja en evidencia cómo estamos situados en nuestra fe. Si frente al rostro misericordioso de Dios o frente a la propia imagen. Por ello la cuaresma se convierte en tortura para algunos, porque se los invita a un examen de conciencia que en lugar de hacerlo frente a Dios, lo hacen frente a la imagen idealizada que tienen de sí mismos.
Cuando Jesús queda sólo con la mujer que había sido sorprendida en flagrante adulterio le pregunta « ¿dónde están tus acusadores? ¿Nadie te ha condenado?»
En esto radica la diferencia entre quienes transitan la cuaresma como tiempo de reconciliación o como tiempo de tortura. En los primeros se despierta la conciencia de pecado que mueve al arrepentimiento, y en los otros el remordimiento que surge del ego herido que mueve a la angustia y a  la auto condena. La imagen propia dañada es la que acusa. La mancha en el alma es la que acusa, la pérdida del sentimiento de perfección es el que acusa, no el reconocimiento del daño hecho a otro, sino de la imagen desfigurada de uno mismo.
La culpa es constructiva cuando nace del cotejo entre mi yo y los valores del evangelio. Cuando, fruto del examen de conciencia, reconozco que he transgredido un estilo de vida libremente escogido.
La culpa es destructiva cuando la angustia que surge no es fruto errado del ideal evangélico sino que surge de no ver realizado nuestro deseo de ser amados y reconocidos.
Muchas veces, la culpa es destructiva porque, como Ñoño, nuestro ego herido dice: “Míralo a él, míralo a él” buscando reconstruir ansiosamente la imagen de perfección que ha perdido.
Pidamos a Dios que su mirada misericordiosa sea la que nos descubra el pecado, la falta de amor y caridad, y no sea el propio “Narciso” disfrazado de monaguillo el que nos acuse frente a la propia imagen idealizada.
P. Javier  Rojas sj

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