sábado, 30 de marzo de 2013


         La muerte derrotada ha perdido su aguijón...
         Aleluya, el Señor ha resucitado.
         FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN.


¿Qué ángel nos dirá
que la vida sigue?
¿Qué ángel vendrá
para remover la piedra de la tumba?
¿Seré yo para ti,
serás tú para mí
ese ángel?
 W. Willms

Cuántas preguntas Señor este día.
Todo es oscuridad, silencio y dolor.
Cuánto tiempo estaré sin Ti,  Señor?
Te has ido para siempre?
Nunca volveré más a verte?
Tu Madre Señor está ya sin lágrimas que verter.
Y  al verla lloro por ella  y por mí.
Señor mío nunca más volveré a verte?
@Ale Vallina

viernes, 29 de marzo de 2013

El milagro de la Cruz. 

Este es Jesús… (Mt 27, 37)

El crucificado.

El resucitado.

El carpintero.

El excluido y silenciado.

El explotado.

El vendido y entregado.

El amigo y compañero.

El de los milagros.

El que escandaliza.

El que se junta con los pecadores.

El que anda con mujeres, sus amigas.

El que celebra la vida.

El que lava los pies.

El que hace cosas que no entendemos.

El que vive lo que hace.

El que abraza.

El que tiene miedo.

El que camina sobre agua.

El que sana y sigue andando.

El burlado y maltratado.

El que tiene autoridad.

El abandonado por los suyos.

Rey y pobre.

Sacerdote y víctima.

Profeta y Palabra.

Este es Jesús…

El Milagro de la Cruz.

Amante asesinado.

Vida que sangra y riega su Reino.

¡Cuídenlo ustedes! Lo mío está cumplido.

(Susurra gritándonos)


Marcos Alemán s.j

Contemplo tu rostro contrito entre los olivos de Getsemaní. Estás acuciado por el miedo, acogonjado…Te postras en el suelo y apoyas tu rostro en la tierra fría, húmeda y desolada. Tu corazón se oprime de dolor.
Y de pronto, todo se sucede tan rápido. Te traicionan, te apresan, te abandonan, te niegan, te calumnian, te acusan. Y con una celeridad de muerte llegan el juicio, las espinas y la cruz.
El desconsuelo de tu Madre es infinito, y sin embargo con la hidalguía de una Gran Señora te acompaña con el alma traspasada de dolor, pero firme, sin moverse ni un centímetro de tu lado.
El camino hacia la Cruz es de un agobio sin igual. El madero es pesado, el camino escarpado, la gente grita, acusa. Otros, lloran.
 Llega el turno de los clavos y ese dolor, que es menos físico que del alma. Te suben a la cruz y puedes contemplar desde las alturas a todos. Allí están tu Madre, ternura incondicional, mujer de Dios, Madre tuya y donada por Ti a toda la humanidad. Allí está la Magdalena y Juan y otros pocos amigos…
Los romanos se burlan y los pocos del Sanedrín que observan desde lejos tu martirio se restriegan las manos...Ignorantes! Creen que se ha hecho justicia…
A las tres de la tarde acontece tu muerte. Pero antes perdonas a tus agresores, nos regalas a tu Madre y encomiendas tu Espíritu al Padre.
En merecimiento de tu preciosa sangre vertida por todos nosotros, te prometo (aunque sé que caeré mil veces), enmendar mis errores, intentar reparar mis pecados y poner mi corazón en tus manos para que sanes mis heridas y moldees a tu parecer mi vida…
@ Ale Vallina
PASIÓN

Tengo una semilla en la mano.
Es el único grano que tengo.
Dicen que tengo que poner
la semilla en la tierra.
Tengo que proteger mi grano,
es el único que tengo.
Nunca he experimentado
que haya primavera.
Dicen que tengo que arriesgar mi semilla,
mi único grano que tengo.
Pero nunca he experimentado
que es la primavera.
El que me ama me dice :
“Habrá primavera”.
Yo pongo mi semilla en la tierra.

R. Kunze

jueves, 28 de marzo de 2013


Ven Señor, Jesús, entra en mi corazón,
Tú, el Crucificado, que nos diste la vida,
que amas,
que eres fiel, veraz, paciente y humilde,
que has tomado sobre ti
una lenta y pesada vida
en un rincón del mundo,
negado por los tuyos,
poco amado por tus amigos,
traicionado por ellos, sujeto de la ley
juguete de la política desde un principio
niño refugiado, hijo de obrero,
una creatura que encontró obstáculos y
superficialidades como resultado
de sus trabajos,
un hombre que amó y no encontró
la respuesta del amor,
Tú demasiado exaltado,
para que te comprendieran
los que te rodeaban.
Te dejaron desolado
hasta el punto de que te sentiste
abandonado por Dios,
Tú que sacrificaste todo,
que te encomendaste en las manos del Padre
y gritaste: "Dios mío, Padre mío"
¿ Por qué me has abandonado?
Te recibiré como eres,
y te haré ley y regla de mi vida,
como la carga y la fuerza de mi vida;
cuando te recibo, acepto de vida
de todos los días como ella es.
No necesito palabras sublimes para decírtelo.
Puedo poner delante de ti mi vida cotidiana
simplemente como es,
porque la recibo de Ti,
cada día con su luz interior,
cada día con su significado,
cada día con la virtud para soportarlo,
la pura familiaridad de ello
que llega a ser la eternidad de tu Vida.
Amén.
Karl Rahner, S.J.

No podemos separar el sacramento del pan y del vino  del sacramento  del amor al prójimo. Jesús  lavó  los pies de sus discípulos la noche antes de su muerte, y de este modo nos enseñó a mantenernos siempre unidos entre hermanos sirviéndonos los unos a los otros.
No siempre lo hacemos (de hecho el mundo sería otro si nos amáramos los unos a los otros), y así le fallamos infinidad de veces a Él y a su mandato de amor. Cómo nos cuesta entender que no podemos amar a Dios a quién no vemos si no amamos al prójimo al que sí vemos!
Señor que en este Jueves Santo tus enseñanzas se impriman con fuerzas en nuestros corazones, y estemos dispuestos en todo a “Amar y Servir”.
@Ale.
"Sean pastores con olor a ovejas",dice el Papa.
Hay muchos que no se acercan a las ovejas. Las espantan...
Danos pastores verdaderos, Señor!
La presencia de Cristo en la Eucaristía es y sólo puede ser activa. Está allí Cristo mismo en acto de misión, arrastrando consigo a los miembros de su Cuerpo, haciéndolos comulgar en sus mismos sentimientos y en sus objetivos “misioneros”. 
De aquí se deduce que los efectos o frutos que su presencia produce (perdón, reconciliación, unidad, caridad) no se realizan automáticamente por el mero hecho de celebrar dignamente o de adorar, al margen de lo que los cristianos pueden hacer en otra parte. Son algo que hay que producir, son tarea y misión que trascienden el momento del culto.Comida, acción de gracias y sacrificio al mismo tiempo. Los actos más sencillos: ofrecer un pedazo de paz y una copa de vino, y las palabras más sencillas: “Esto es mi cuerpo..., mi sangre”, se tornan para nosotros los puntos culminantes de todo lo que Jesús es y da...



Acompañen a sus sacerdotes con el afecto y la oración para que siempre sean pastores según el corazón de Dios.
Papa Francisco
Jueves Santo: Cena del Señor
Institución de la Eucaristía, del sacerdocio y del mandamiento del amor.
Gracias Jesús por quedarte con nosotros para siempre en el pan y en el vino.
Gracias Jesús porque muchos te han seguido abrazando la vida sacerdotal.
Gracias Jesús por enseñarnos que lo único importante es el amor.

miércoles, 27 de marzo de 2013


"Salió el Maestro, rodeado de los suyos, a las proximidades de Efraín. Quería dedicar un día completo al adoctrinamiento de sus discípulos. Se dirigieron a un cerro vecino, y en el camino, Juan exteriorizó así su preocupación:
- Maestro, no lo podemos evitar: una marejada de tristeza nos ha inundado al enterarnos de sentencia del Sanhedrín contra ti. Estamos confundidos: ¿qué será de tu misión en este mundo?
- Breve, como un día de invierno, y simple, como una caña recta, será mi vida: sembrar y morir. Como el destino de los meteoros es perderse en los espacios oscuros, mi peregrinación acabará en el santuario de la muerte. No veré germinar ni crecer el trigal. Después de lanzar la semilla, sólo me resta prepararme para morir. He sembrado sin fatiga, he derramado a mi paso salud y bondad; no tendré, sin embargo, la satisfacción de comprobar los resultados.
- Pero, Maestro, con tu muerte todo acabará -insistió Juan -.
- Todo comenzará -respondió el Pobre -. La condición que el Padre me pide es mi sacrificio. Una vez consumada mi inmersión en las aguas de la muerte, en el mismo instante, la planta levantará cabeza y comenzará a escalar alturas. ¿Recuerdan cuántas veces les hablé del grano de trigo? Si no cae en tierra, permanece estéril; si muere, da mucho fruto. Mi vida como sembrador ha sido precaria. La siembra ha terminado, ahora me corresponde desparecer.
- Maestro -protestó Pedro-, bien podrías haber evitado entrar en conflicto con las autoridades.
- En la hora de mayor peligro -agregó- Juan - pudiste haber salido del círculo de fuego, y haberte alejado a las alturas de Golán o perderte en los montes Gelboé.
Una vez que los indicadores del Padre -respondió Jesús- me advirtieron que el centro de gravedad de mi misión sería mi propio martirio, y una vez que la advertencia se convirtió en convicción, mi impaciencia pone alas a mis pies. ¡Con un bautismo tengo que ser bautizado! Y como me siento impaciente y cuánto ansío que se precipite el desenlace final. Dentro de pocos días subiremos a Jerusalén, y en el momento señalado se encenderá la pira del martirio. Ya está sembrada la semilla, ¿para qué esperar más?
- Y acabó diciendo el Pobre: -Tengo ganas de depositar mi vida en las manos del Padre, como una ofrenda máxima de amor y como precio de rescate. A veces me parece no entender nada, pero aún así sólo sé una cosa: mi Padre guía la nave, y en sus manos me dejaré llevar a donde quiera, como quiera, cuando quiera. Con los ojos cerrados, y abandonado, entraré en el túnel oscuro y misterioso, aunque no vea ninguna luz hasta el final. Será la obra de mi vida. El drama lo he de cumplir hasta su consumación. El resto lo hará el Padre".
Ignacio Larrañaga. El Pobre De Nazaret. Sembrar y Morir

Mi Señor, no tengo esperanza sino en tu cruz.
Tú, por tu humildad, sufrimientos y muerte,
me has librado de toda vana esperanza.
Has suprimido en ti mismo la vanidad de la vida presente y,
al levantarte de entre los muertos, me has dado todo lo que es eterno.
¿Por qué querría ser rico, si Tú eres pobre?
¿Por qué desearía ser famoso y poderoso ante los ojos de los hombres, cuando los hijos de aquellos que exaltaron a los falsos profetas y apedrearon a los justos te rechazaron y te clavaron en la cruz?
¿Por qué debería acariciar en mi corazón una esperanza que me devora - la esperanza de una felicidad perfecta en esta vida - cuando la esperanza, condenada a la frustración, no es otra cosa que desesperación?
Mi esperanza está en lo que el ojo jamás a visto.
Por lo tanto, no me permitas confiar en recompensas visibles.
Mi esperanza está en lo que el corazón del hombre no puede sentir.
Por lo tanto, no me permitas confiar en los sentimientos de mi corazón.
Mi esperanza está en lo que la mano del hombre nunca ha tocado.
No me permitas confiar en lo que pueda retener entre mis dedos.
La muerte soltará lo aferrado, y mi vana esperanza se habrá ido.
Permite que mi confianza esté en tu misericordia, no en mí mismo.
Permite que mi esperanza esté en tu amor, no en la salud, la fuerza, el ingenio o los recursos humanos.
Si confío en ti, todo lo demás se volverá, para mí, fortaleza, salud y sostén.
Todo me conducirá a los Cielos. Si no confío en ti será mi destrucción.
Thomas Merton

martes, 26 de marzo de 2013


Guíame, Señor, mi luz,
en las tinieblas que me rodean,
¡guíame hacia delante!
La noche es oscura y estoy lejos de casa:
¡Guíame tú!
¡Dirige Tú mis pasos!
No te pido ver claramente el horizonte lejano:
me basta con avanzar un poco...
No siempre he sido así,
no siempre Te pedí que me guiases Tú.
Me gustaba elegir yo mismo y organizar mi vida...
pero ahora, ¡guíame Tú!
Me gustaban las luces deslumbrantes
y, despreciando todo temor,
el orgullo guiaba mi voluntad:
Señor, no recuerdes los años pasados...
Durante mucho tiempo tu paciencia me ha esperado:
sin duda, Tú me guiarás por desiertos y pantanos,
por montes y torrentes
hasta que la noche dé paso al amanecer
y me sonría al alba el rostro de Dios:
¡tu Rostro, Señor!
  • Henry Newmann

Pedro dijo a Jesús: "No me lavarás los pies jamás". Estaba acostumbrado a una cierta visión religiosa y política donde el jefe está arriba: es una roca segura en la cual uno puede apoyarse (...). Creía que era el Mesías. Admiraba la autoridad y la fuerza de Jesús, y también sus milagros.
Cuando Jesús es detenido, no se defiende. Pedro no puede admitir eso. Pedro se viene abajo. "¡Yo no conozco a ese hombre!" dijo luego. Había creído que Jesús era el mesías poderoso y descubre a un Jesús débil. Se decepción es inmensa. (...) ¿Un Mesías vulnerable?
Hoy, como ayer, encontramos dificultades en comprender a un Dios que se oculta en los débiles y en las personas con deficiencia. Un Dios que es tan grande que se hace pequeño para tocar los corazones, para vivir en comunión con cada persona.
Jean Vanier, Amar hasta el extremo
Misa Crismal. Qué es?
Se llama Misa Crismal a la que celebra el obispo con todos los presbíteros y diáconos de su diócesis en martes santo. La Misa Crismal es una de las principales manifestaciones de la plenitud sacerdotal del obispo, que ha de ser tenido como el gran sacerdote de su grey, y como signo de la unión estrecha de los presbíteros con él. En dicha misa se consagra el Santo Crisma y se bendicen los óleos de los catecúmenos y de los enfermos. Esta solemne liturgia se ha convertido en ocasión para reunir a todos los sacerdotes alrededor de su obispo y hacer de la celebración una fiesta del sacerdocio.

lunes, 25 de marzo de 2013


Madre de la fortaleza 
Madre de la fe
Madre de la humildad 
Madre del perdón 
Madre de la alegría 
Madre de la verdad 
y Madre de lo imposible 
hecho realidad.
Intercede por nosotros.


El signo del amor crucificado es el corazón abierto. Jesús abre su corazón para que todos nosotros podamos penetrar en él con nuestro anhelo de amor. Se deja herir por nosotros en su amor. Y de su corazón abierto brota a raudales la esencia de su amor. Su amor no aferra, sino que se derrama por nosotros. Nos abre un espacio en el cual podemos vivir. Jesús entiende su amor como una casa en la que podemos habitar; por eso nos exhorta diciendo: «Permaneced en mi amor» (Jn 15,9). Peculiar imagen ésta para hablar del amor. El amor no es sólo un sentimiento que desaparece tal como vino. Es un espacio en el que se puede permanecer…
Anselm Grün. 
Escucho que me invitas. Es tan claro tu llamado. Insistente y firme, pero dulce y repetuoso. 
Tantos años mirándome el ombligo...Cuánta necedad en mi alma!
Hoy escucho muy claro tu mensaje. Retumba en mi corazón y con potencia. Me llamas al servicio sin excusas…Y ya no quiero hacerme la distraída y argumentar sorderas...
Cuándo comienzo, Señor?, te pregunto. “En este momento” me respondes.
Entonces abro mis manos y las alzo al cielo. “ Y ahora ponlas al servicio de tus hermanos”, me soplas despacio al oído.
Con tu ayuda mi Señor. Con tu ayuda…
@Ale Vallina

domingo, 24 de marzo de 2013

"El propio sufrimiento de Jesús fue provocado por los poderes de las tinieblas. Y sin embargo Él habla de su sufrimiento y de su muerte como de su camino a la gloria".
Henri Nouwen

Entréname, Señor.
Quiero estar preparado, por Ti y contigo,
para que la dureza de la cruz no me sorprenda
y que lejos, de asustarme,
vea en ella un exponente y un altavoz de tu gloria.
Quiero mantenerme en forma,
para no perder el ritmo de la fe
y no se apague el brillo de mi esperanza.
Porque, temo que si Tú no vas conmigo,
el maligno aproveche cualquier fisura
y se adentre en lo más hondo de mis entrañas.
Entréname, Señor.
Quiero jugar contigo el gran partido de la Pascua;
ahora, con el color morado de la penitencia,
pero pronto, en la alborada de Resurrección,
con el color blanco del triunfo de la VIDA
Sí; Señor, quiero que en estos días
me enseñes a mirar hacia el cielo
me indiques como entregarme a mis hermanos
me recuerdes que,
en la sobriedad y no en la abundancia,
está la riqueza y la felicidad de mis años.
Entréname, Señor.
Y que pueda volver de los caminos equivocados
y que, postrándome ante Ti,
pueda decir sin temor ni vergüenza alguna:
he pecado, no merezco ser de los tuyos,
“trátame como a uno de tus jornaleros”
Necesito correr, Señor,
recuperar el estilo de un auténtico creyente
y hablarte, con oraciones que nacen en el silencio.
Escuchar palabras que sanan y salvan.
Corregir pautas y comportamientos,
actitudes y olvidos
que me alejaron de Ti hace tiempo.
Entréname, Señor.
Y, haz que esta Santa Cuaresma,
sea una oportunidad para acercarme a todo ello.
Amén.
P. Javier Leoz

Texto completo de la homilía del Papa Francisco. Domingo de Ramos 2013

1. Jesús entra en Jerusalén. La muchedumbre de los discípulos lo acompañan festivamente, se extienden los mantos ante él, se habla de los prodigios que ha hecho, se eleva un grito de alabanza: «¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en lo alto» (Lc 19,38).
Gentío, fiesta, alabanza, bendición, paz. Se respira un clima de alegría. Jesús ha despertado en el corazón tantas esperanzas, sobre todo entre la gente humilde, simple, pobre, olvidada, esa que no cuenta a los ojos del mundo. Él ha sabido comprender las miserias humanas, ha mostrado el rostro de misericordia de Dios, se ha inclinado para curar el cuerpo y el alma. Y ahora entra en la Ciudad Santa.
Es una bella escena, llena de luz, de alegría, de fiesta.
Al comienzo de la Misa, también nosotros la hemos repetido. Hemos agitado nuestras palmas, nuestros ramos de olivo, y hemos cantado: «¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!» (Antífona); también nosotros hemos acogido al Señor; también nosotros hemos expresado la alegría de acompañarlo, de saber que nos es cercano, presente en nosotros y en medio de nosotros como un amigo, como un hermano, también como rey, es decir, como faro luminoso de nuestra vida.
Y aquí nos viene la primera palabra: alegría. No sean nunca hombres, mujeres tristes: un cristiano jamás puede serlo. Nunca se dejen dejéis vencer por el desánimo. Nuestra alegría no es algo que nace de tener tantas cosas, sino de haber encontrado a una persona, Jesús; de saber que, con él, nunca estamos solos, incluso en los momentos difíciles, aun cuando el camino de la vida tropieza con problemas y obstáculos que parecen insuperables..., y ¡hay tantos! Nosotros acompañamos, seguimos a Jesús, pero sobre todo sabemos que él nos acompaña y nos carga sobre sus hombros: en esto reside nuestra alegría, la esperanza que hemos de llevar en este mundo nuestro. Llevemos a todos la alegría de la fe.
2. Pero nos preguntamos: ¿Por qué Jesús entra en Jerusalén? O, tal vez mejor, ¿cómo entra Jesús en Jerusalén? La multitud lo aclama como rey. Y él no se opone, no la hace callar (cf. Lc 19,39-40). Pero, ¿qué tipo de rey es Jesús? Mirémoslo: montado en un pollino, no tiene una corte que lo sigue, no está rodeado por un ejército, símbolo de fuerza. Quien lo acoge es gente humilde, sencilla. Jesús no entra en la Ciudad Santa para recibir los honores reservados a los reyes de la tierra, a quien tiene poder, a quien domina; entra para ser azotado, insultado y ultrajado, como anuncia Isaías en la Primera Lectura (cf. Is 50,6); entra para recibir una corona de espinas, una caña, un manto de púrpura: su realeza será objeto de burla; entra para subir al Calvario cargando un madero.
Y, entonces, he aquí la segunda palabra: cruz. Jesús entra en Jerusalén para morir en la cruz. Y es precisamente aquí donde resplandece su ser rey según Dios: su trono regio es el madero de la cruz. Recordemos la elección del rey David: Dios no elige al más fuerte, al más valiente; elige al último, al más joven, uno con el que nadie había contado. Lo que cuenta no es el poder terrenal. Ante Pilato, Jesús dice: «Yo soy Rey», pero el suyo es el poder de Dios, que afronta el mal del mundo, el pecado que desfigura el rostro del hombre. Jesús toma sobre sí el mal, la suciedad, el pecado del mundo, también el nuestro, y lo lava, lo lava con su sangre, con la misericordia, con el amor de Dios. Miremos a nuestro alrededor: ¡cuántas heridas inflige el mal a la humanidad! Guerras, violencias, conflictos económicos que se abaten sobre los más débiles, la sed de dinero, de poder, la corrupción, las divisiones, los crímenes contra la vida humana y contra la creación. Y nuestros pecados personales: las faltas de amor y de respeto a Dios, al prójimo y a toda la creación. Jesús en la cruz siente todo el peso del mal, y con la fuerza del amor de Dios lo vence, lo derrota en su resurrección. Queridos amigos, con Cristo, con el Bien, todos podemos vencer el mal que hay en nosotros y en el mundo. ¿Nos sentimos débiles, inadecuados, incapaces? Pero Dios no busca medios potentes: es con la cruz con la que ha vencido el mal. No debemos creer al Maligno, que nos dice: No puedes hacer nada contra la violencia, la corrupción, la injusticia, contra tus pecados. Jamás hemos de acostumbrarnos al mal. Con Cristo, podemos transformarnos a nosotros mismos y al mundo. Debemos llevar la victoria de la cruz de Cristo a todos y por doquier; llevar este amor grande de Dios. Y esto requiere de todos nosotros que no tengamos miedo de salir de nosotros mismos, de ir hacia los demás. En la Segunda Lectura, san Pablo nos dice que Jesús se despojó de sí mismo, asumiendo nuestra condición, y ha salido a nuestro encuentro (cf. Flp 2,7). Aprendamos a mirar hacia lo alto, hacia Dios, pero también hacia abajo, hacia los demás, hacia los últimos. Y no hemos de tener miedo del sacrificio. Piensen en una mamá o un papá: ¡cuántos sacrificios! Pero, ¿por qué lo hacen? Por amor. Y ¿cómo los afrontan? Con alegría, porque son por las personas que aman. La cruz de Cristo, abrazada con amor, no conduce a la tristeza, sino a la alegría.
3. Hoy están en esta plaza tantos jóvenes: desde hace 28 años, el Domingo de Ramos es la Jornada de la Juventud. Y esta es la tercera palabra: jóvenes. Queridos jóvenes, los imagino haciendo fiesta en torno a Jesús, agitando ramos de olivo; los imagino mientras aclaman su nombre y expresan la alegría de estar con él. Ustedes tienen una parte importante en la celebración de la fe. Nos traen la alegría de la fe y nos dicen que tenemos que vivir la fe con un corazón joven, siempre, incluso a los setenta, ochenta años. Con Cristo el corazón nunca envejece. Pero todos sabemos, y ustedes lo saben bien, que el Rey a quien seguimos y nos acompaña es un Rey muy especial: es un Rey que ama hasta la cruz y que nos enseña a servir, a amar. Y ustedes no se avergüenzan de su cruz. Más aún, la abrazan porque han comprendido que la verdadera alegría está en el don de sí mismo y que Dios ha triunfado sobre el mal precisamente con el amor. Llevan la cruz peregrina a través de todos los continentes, por las vías del mundo. La llevan respondiendo a la invitación de Jesús: «Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos» (Mt 28,19), que es el tema de la Jornada Mundial de la Juventud de este año. La llevan para decir a todos que, en la cruz, Jesús ha derribado el muro de la enemistad, que separa a los hombres y a los pueblos, y ha traído la reconciliación y la paz. Queridos amigos, también yo me pongo en camino con ustedes, sobre las huellas del beato Juan Pablo II y Benedicto XVI. Ahora estamos ya cerca de la próxima etapa de esta gran peregrinación de la cruz de Cristo. Aguardo con alegría el próximo mes de julio, en Río de Janeiro. Les doy cita en aquella gran ciudad de Brasil. Prepárense bien, sobre todo espiritualmente en sus comunidades, para que este encuentro sea un signo de fe para el mundo entero.
Vivamos la alegría de caminar con Jesús, de estar con él, llevando su cruz, con amor, con un espíritu siempre joven.
Pidamos la intercesión de la Virgen María. Ella nos enseña el gozo del encuentro con Cristo, el amor con el que debemos mirarlo al pie de la cruz, el entusiasmo del corazón joven con el que hemos de seguirlo en esta Semana Santa y durante toda nuestra vida. Amén

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