sábado, 27 de abril de 2013


Cuando Judas había salido, dijo Jesús: --Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él.   Si Dios es glorificado en él, también Dios le glorificará en sí mismo. Y pronto le glorificará.   Hijitos, todavía sigo un poco con vosotros. Me buscaréis, pero como dije a los judíos: "A donde yo voy vosotros no podéis ir", así os digo a vosotros ahora.   Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros. Como os he amado, amaos también vosotros los unos a los otros.   En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros.
Jn. 13, 31-35


«Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres.
Cuando EL ABURRIMIENTO había bostezado por tercera vez, LA LOCURA, como siempre tan loca, les propuso: ¿Jugamos al escondite? LA INTRIGA levantó la ceja intrigada, y LA CURIOSIDAD, sin poder contenerse preguntó: ¿al escondite? ¿Y cómo es eso?. Es un juego - explicó LA LOCURA- , en que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón mientras ustedes se esconden, y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego. EL ENTUSIASMO bailó secundado por LA EUFORIA. LA ALEGRÍA dio tantos saltos que terminó por convencer a LA DUDA, e incluso a LA APATÍA, a la que nunca interesaba nada. Pero no todos quisieron participar, LA VERDAD prefirió no esconderse ¿para qué? Si al final siempre la hallaban, la SOBERBIA opinó que era un juego muy tonto (en el fondo lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido de ella) y LA COBARDÍA prefirió no arriesgarse...
Uno, dos, tres... comenzó a contar LA LOCURA. La primera en esconderse fue LA PEREZA, que como siempre se dejó caer tras la primera piedra del camino. La FE subió al cielo y LA ENVIDIA se escondió tras la sombra del TRIUNFO que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto. LA GENEROSIDAD casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos... que si un lago cristalino , ideal para LA BELLEZA, que si la rendija de un árbol, perfecto para LA TIMIDEZ, que si el vuelo de una ráfaga de viento, magnífico para LA LIBERTAD. Así terminó por ocultarse en un rayito de Sol. EL EGOÍSMO en cambio encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo... pero sólo para él. LA MENTIRA se escondió en el fondo de los océanos (mentira, en realidad se escondió detrás del arco iris) y LA PASIÓN Y EL DESEO en el centro de los volcanes. EL OLVIDO... se me olvidó donde se escondió...pero eso no es lo importante. Cuando LA LOCURA contaba 999.999, EL AMOR aún no se había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado...hasta que encontró un rosal y enternecido decidió esconderse entre sus flores. Un millón, - contó LA LOCURA- y comenzó a buscar. La primera en aparecer fue LA PEREZA sólo a tres pasos de una piedra.  Después se escuchó a LA FE discutiendo con DIOS en el cielo sobre teología y a LA PASIÓN y EL DESEO los sintió en el vibrar de los volcanes. En un descuido encontró a LA ENVIDIA y claro, pudo deducir donde estaba EL TRIUNFO. AL EGOÍSMO no tuvo ni que buscarlo, el sólo salió de su escondite, había resultado ser un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió LA BELLEZA y con la DUDA resultó más fácil todavía pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir aún de qué lado esconderse. Así fue encontrando a todos, EL TALENTO entre la hierba fresca, a LA ANGUSTIA en una oscura cueva, a LA MENTIRA detrás del arco iris (mentira, si ella estaba en el fondo del océano) y hasta EL OLVIDO...que ya se le había olvidado que estaban jugando al escondite, pero sólo EL AMOR no aparecía por ningún sitio, LA LOCURA buscó detrás de cada árbol, de cada río del planeta, en la cima de las montañas y cuando estaba por darse por vencida divisó un rosal y las rosas... y tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un doloroso grito se escuchó. Las espinas había herido en los ojos AL AMOR; LA LOCURA no sabía qué hacer para disculparse, lloró, imploró, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo. Desde entonces, desde que por primera vez se jugó al escondite en la tierra...EL AMOR ES CIEGO Y LA LOCURA SIEMPRE LO ACOMPAÑA.»

Es cierto. No existe nada más loco que el amor. Quien se deja alcanzar por él o se anima a entregarlo, ingresa en un mundo completamente nuevo, donde las reglas y las normas llegan incluso a desafiar la cordura y la sensatez.
Amar, es elegir vivir con la locura a cuestas pero sin enloquecer. Amar es desear estar cerca de alguien pero sin sentirse esclavo. Amar es mirar la realidad con esperanza pero sin ser ingenuo. Amar es una opción que se toma cada mañana al levantarse y se promete retomar al día siguiente antes de irse a dormir.
Es fácil reconocer al enamorado, como así también al amargado, al resentido y al envidioso. Porque el enamorado ve cosas que nadie percibe. Tiene una cualidad especial por advertir, por más pequeña que sea, la novedad. Aunque no siempre lo exprese.
 Se sorprende, se admira, se pregunta ¿dónde estuviste escondido todo este tiempo? Y se alegra, se goza. Sólo el enamorado puede desafiar las leyes de la gravedad, porque vive volando, soñando, anhelando. El hombre y la mujer enamorados, ven con el corazón y sienten con las entrañas.
El enamorado escucha voces interiores. Poco a poco el enamorado sensibiliza su audición. Aprende a interpretar los gestos, las actitudes, las maneras de ser de la otra persona. Puede oír la voz interior que habita en él y tiene certezas que la razón no puede dar. El enamorado es un poeta, dice cosas que nadie imagina. No le importa si sus palabras son refinadas, le basta la entonación para comunicar lo que siente por dentro. El enamorado comprende el límite del lenguaje, sabe que el amor no cabe en ninguna palabra y que siempre será poco, lo que llegue a expresar.
El enamorado no sólo ve la realidad de una manera nueva, no sólo oye esa voz interior que son sus sentimientos, sino que también se comporta de una manera distinta. Porque en el corazón del enamorado no existe ni el tiempo, ni el presente. Puede pasar horas gustando y saboreando las cosas que vive, mientras se mueve entre la añoranza y el proyecto. Sueña, imagina y quiere hacer realidad lo que siente.
Cuando el hombre y la mujer se han enamorado, se despojan de los viejos hábitos y asumen comportamientos que expresan el sentimiento que llevan dentro. El hombre y la mujer enamorados no temen que sus maneras de actuar sean criticadas o se presten a la burla. Ellos saben que sólo quien vive el amor entiende el verdadero significado de la palabra fidelidad.
Este amor humano es el que nos expresó Jesucristo con su vida, con sus palabras y con sus obras. Un amor con el que desafió a los poderosos, un amor con el que cuestionó a la religión, y un amor que supo expresar a quienes se sentían necesitados de él.
Ese amor es el que nos manifestó Jesús en la noche de la última cena. Ese amor que se siente con la sangre, que se expresa en las obras y se vive con la entrañas, es el que nos invita a que nos tengamos entre nosotros.
«Ámense los uno con los otros, cómo yo los he amado». Porque de la misma manera con que me ama mi Padre, los amo yo a ustedes.  Y nada de lo hayas hecho, nada de lo que hagas y nada de lo que llegues a hacer, hará que cambie mi amor por ti
Ama a tu hermano como yo te amo a ti. ¿Te animas a amar con ese amor? 


P. Javier  Rojas sj



Seamos sinceros con nosotros mismos. Si procuráramos que nuestro amor tuviera estas características ¿habría razón para tantos desencuentros?



La verdad es que a veces camino a tientas. La verdad es que no siempre me resulta cómodo cumplir Tu voluntad Señor. La verdad es que tus llamados constantes en ocasiones me abruman. La verdad es que no me es fácil ser tolerante a Tu manera. La verdad es que en ocasiones me resisto a tus designios y me alejo de tus enseñanzas.
Pero también es verdad que no hay minuto del día en que no sienta tu mano amorosa posarse sobre mi hombro. La verdad es que palpo tu ternura generosa en tantos regalos. La verdad es que me llamas a superarme y me levantas cuando pierdo el equilibrio. La verdad es que cada noche caigo rendida a tus pies, deseosa de comunicarme Contigo en la oración.
La verdad es que te siento en mi corazón y sé que me cobijo en el Tuyo…
@Ale

viernes, 26 de abril de 2013

jueves, 25 de abril de 2013


Estoy de paso...
En ocasiones, me cruzo con la ira…, y ella porfía con tomarme el brazo, pero le digo: “¡No puedo irme contigo… trata de comprender…estoy de paso…”.
Otras veces la duda me visita intentando enredarme en su fracaso, y de la misma forma me disculpo: “Perdóname, pero… estoy de paso.”
Algunos días es la intolerancia quien trata de envolverme con su abrazo, pero también me niego a recibirla: tendrás que disculparme…estoy de paso.
Y hay circunstancias en que el sufrimiento es el que trata de llenar mi vaso, más sé de su carácter ilusorio y no le doy cabida…estoy de paso.
Incluso cuando arriban los temores -esos que asustan siempre por si acaso, con su caterva de preocupaciones! - tampoco los atiendo…estoy de paso.
No quiero demorarme en pequeñeces…
¡Cada minuto es un tesoro escaso, que se va entre los dedos como el viento!
Y como el viento...También Yo Estoy de Paso…!

Si el río fluye con claridad y limpieza
a través del cauce apropiado, todo
estará bien a lo largo de sus riberas.
Hua  Ching
Como las plantas, como los animales...La naturaleza es sabia...
El Papa rompe el protocolo, pero se parece con sus gestos a Jesús. No creen que Él hubiera hecho lo mismo?
Diarios locales reprodujeron la conversación entre el Papa y el guardia que comenzó cuando el argentino Jorge Bergoglio le preguntó si había estado despierto toda la noche y recibió un "sí" como respuesta.
"¿De pie? -indagó el Papa- ¿No se ha cansado?". "Es mi deber, Su Santidad, por su seguridad", le respondió, intimidado, el guardia.
Ante esta situación, el Sumo Pontífice se detuvo un momento y regresó a su departamento. Minutos más tarde volvió, cargando una silla, que depósito donde estaba su interlocutor.
"Al menos siéntese y descanse", le pidió Francisco, despertando una fuerte sorpresa en el guardia, quien rechazó la oferta, porque "las reglas no lo permiten".
Papa: ¿Las reglas?
Guardia: Mi capitán, Su Santidad.
Papa: Bueno, pero yo soy el Papa y le pido que se siente.
El Santo Padre no le dejó opción al guardia suizo, quien debió cumplir las órdenes del jefe máximo de la Iglesia. El Papa volvió a retirarse, pero no definitivamente. Poco después, llegó con pan y jamón, y se lo entregó al agente, quien no salía de su desconcierto.
"Bon apetit, hermano mío", le dijo, y se fue.

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