sábado, 18 de mayo de 2013

«Siete maneras de expresar el amor»





«  Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, y estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos se reunían por miedo a los judíos, Jesús entró, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡Paz a vosotros!"   Habiendo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se regocijaron cuando vieron al Señor.   Entonces Jesús les dijo otra vez: "¡Paz a vosotros! Como me ha enviado el Padre, así también yo os envío a vosotros."   Habiendo dicho esto, sopló y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo.  A los que remitáis los pecados, les han sido remitidos; y a quienes se los retengáis, les han sido retenidos."»
Jn 20, 19-23 

 Recibir el Espíritu Santo prometido no es otra cosa que recibir el amor de Dios manifestado ya en Jesucristo. Ese amor pleno de gozo, que viene de Dios en su Espíritu, se manifiesta en los hombres de muy diversas maneras, y en cada uno busca desarrollar ese amor que recibimos en el bautismo.
San Pablo en la primera carta a los corintios en el capítulo 13, habla de las características de ese amor y de sus diversas manifestaciones. Pues de alguna manera los siete dones del Espíritu son siete maneras diversas de la manifestación de un único amor de Dios.
 ¿Qué manifestación de amor necesitas desarrollar más en ti en este momento de tu vida?. ¿Te lo has preguntado?
El amor sabio; es el que nos permite saborear y gustar “internamente” de esos momentos que no tienen nada de “inteligente” sino que son simplemente expresión del corazón. ¡Vivimos tantas cosas y cuán poco disfrutamos verdaderamente de ellas! Sabiduría viene de sabor y no de saber, por ello el amor sabio es aquel que comprende y vivencia las cosas desde el corazón. Amar sabiamente es descubrir y valorar en el otro aquello que para él o ella es importante. Es rescatar del otro aquello que le produce bienestar y gozo y saber potenciarlo. El amor es sabio cuando aprendemos a saborear lo que se tiene sin lamentar la ausencia de lo que espero. El amor sabio, dedica tiempo a estar con los hijos “sin hacer nada”, disfruta con un amigo de un café hablando “de la vida”, comparte con la persona amada momentos de “sobremesa”.
El amor comprensivo; es el amor que entiende. Es esa dimensión del corazón que permite considerar y penetrar la belleza de las cosas que vive el otro y es capaz de valorar y apreciar. El amor comprensivo, no es solo “dejar que las cosas sucedan”, sino que es involucrase y comprender la experiencia vital del otro. El amor comprensivo es bondadoso y paciente. El amor comprensivo no mide ni regula al otro desde sus propias perspectivas, sino que sabe esperar los tiempos y los momentos. Ser comprensivo con los demás es haber fundado el amor en la esperanza de que el bien que habita en los otros se manifestará a su debido tiempo. El amor es comprensivo cuando no impone una manera de amar sino que busca que el amor sea comprensible para el otro.
El amor atento; El don del consejo es esa capacidad que tiene el amor de saber enfrentar las situaciones difíciles de la vida, con serenidad. El amor que desarrolla el don del consejo sabe entender y “ponerse en el lugar del otro”. No recita fórmulas ni expende recetas, sino que se compromete con los sentimientos del otro y se vuelve compasivo. Ser atentos en el amor es haber desarrollado la capacidad de sentir con el otro y de involucrarse con la vivencia afectiva del otro sin perder la objetividad. Amar y estar atento es con-sentir con la persona a la que se ama. El amor es atento cuando acompaña en silencio el dolor del otro, y sabe esbozar una sonrisa con las logros de los demás. El amor atento tiene delicadezas y no teme expresar el amor.
El amor que soporta; Este don del espíritu hace que el amor se manifieste como fortaleza. Y la fortaleza es esa capacidad que tiene el amor de alentar y animar a la persona que se ama a desarrollar sus capacidades y talentos personales. El amor que soporta, es aquel que brinda apoyo, que sostiene y fortalece sin quebrarse. Un amor es fuerte porque ha desarrollado la capacidad de proteger. No porque resiste los golpes sin romperse. Amar es cubrir al otro en su debilidad y protegerlo en su fragilidad. El amor que soporta sabe sostener al caído, pero también empuja y alienta para que siga adelante. Soportar es también acompañar en todo momento el proceso vital de los demás. El que ama soportando es aquel que ha tomado en serio el mandamiento del amor al prójimo.
El amor que conoce; es el que ha descubierto el sentido de la vida y el valor de los esencial. El amor nos hacer reconocer lo fundamental, lo que no puede faltar. Aquello por lo que se “vende” todo para comprar la perla escondida. El conocimiento que brota del amor es el que ha descubierto lo superfluo y perecedero de esta vida y por ello se embarca en cultivar lo que es eterno y permanece siempre. El amor que conoce es el que brinda claridad para elegir, el que orienta la búsqueda de lo que es más importante. El amor que conoce es desapegado, no le interesa  acumular ni amontonar riquezas donde la “polilla” y el “herrumbre” lo puedan destruir (Mt 6, 20).
El amor sensible; es el que sabe sorprenderse. El que guarda esa capacidad tan apreciable en los niños cuando descubren algo nuevo. Es el amor que exulta de gozo ante la inmensidad de la generosidad de los demás. El don de la piedad engendra en nosotros el deseo de cercanía a Dios. Es el amor que nos habla de impulsa a cobijarnos en el corazón de Dios reconociendo nuestra pequeñez y su grandeza. La propia fragilidad y el poder de Dios. El amor sensible nos permite contemplar a los demás desde el corazón de Dios. Nos impulsa a la caridad y nos vuelve solidarios ante el dolor del prójimo. Nos despierta el anhelo de justicia para aquellos que son injustamente tratados, y se encuentran desplazados por un mundo que no quiere ni acepta al más débil y pobre. El amor sensible  es piadoso. No sólo juntas sus manos para orar  sino que también las separa para tenderlas al que más lo necesita.
El amor respetuoso; es el que reconoce en los demás y en la creación la manifestación de Dios. Es el amor que contempla el mundo y reconoce al Autor de la vida. El amor respetuoso trata a los demás con la dignidad que se merecen. Sabe que todo lo que se realiza “por los más pequeños” es a Dios mismo a quien lo hace. El amor, cuando es respetuoso, no sólo conoce los propios límites, sino que también reconoce el derecho de los demás. Quién ama respetuosamente no trata a los demás como objetos  sino con la dignidad de ser hijo de Dios. El amor respetuoso es cuidadoso con la obra de Dios.
En cada uno de nosotros, el Espíritu Santo cultiva el amor que Dios ha derramado con gozo en nuestros corazones.
 ¿Cuál de estas siete manifestaciones del amor de Dios estás necesitando cultivar más?

P. Javier  Rojas sj


Espíritu Santo danos la gracia de ver más allá de lo aparente…
De transitar caminos con los hermanos…
De volver a llenar nuestros corazones con tus deseos…
De tender manos, regalar sonrisas y verter bálsamos…
De reunirnos con otros en Tu Nombre…
De convocarte cuando todo está oscuro…
De dar las gracias por tanto don recibido…
De comprender al roto y al maltrecho…
De  fortalecer  nuestras fracturas y deterioros….
Ven Espíritu de Dios a restablecer el orden en el mundo…
Concédenos tus dones. Los necesitamos.
@Ale Vallina

viernes, 17 de mayo de 2013


Perfil de un Papa Serendipico



Perfil de un Papa Serendípico
  Por Carlos Alemany, SJ

          El término “serendipity” es definido por el diccionario de Oxford  como “la facultad de hacer – por casualidad- descubrimientos afortunados e inesperados”. El término se atribuye al novelista
Horace Walpole que en el siglo XVII publica una novela titulada “Los 3 príncipes de Serendip”(entonces Ceylan y actualmente Sri-Lanka).Pues bien estos príncipes tenían esta cualidad, la de cambiar la realidad para hacerla, más gozosa, más bonita y más agradable y todo ello surgiéndolo no de una forma directa y pretendida, sino inesperada.
          El término fue divulgado en la revolución cultural de la California de los 70. Luego se vio que
muchos descubrimientos tanto de las ciencias como de las letras se habían debido no a algo directamente buscado sino a algo colateralmente sucedido que resultaba mejor que la búsqueda original. El descubrimiento “fortuito” de las cuevas del Qumram, la fotografía, los rayos X, o la ley de la gravedad todos ellos tenían en común que no habían sido directamente buscados, que eran gratos y abrían nuevos horizontes.
          En el último tercio del siglo pasado el término serendipity volvió a ponerse de moda y asi nos encontramos con que se ha bautizado con él a yates deportivos (Buenos Aires), restaurantes (New York), bar de copas (Madrid, Valencia), películas (New York), colección de libros (Bilbao), empresa de autobuses (Madrid- Galapagar) etc.
          En estos días en que la Iglesia en general y los periodistas en particular andan afanados con las listas y el perfil de los posibles papables, alguien me ha preguntado cómo sería el perfil de un Papa de corte más bien serendípico. Me ha parecido curiosa e interesante la pregunta  y me he puesto a reflexionar sobre una posible respuesta y la ofrezco aquí como un añadido más a otras cosas que ya se han dicho.
          -En primer lugar diríamos que sea un Papa que sorprenda a la gente. Serendipity estimula mucho el poder de sugerencia y de evocación. Que sorprenda en primer lugar a la curia, que son los que tiene más cerca, pero también al simple fiel. Efectivamente se ha hablado mucho en estos días sobre la imposible, y muy urgente, reforma de la curia. Pues que demos con una persona que se sienta libre y creativa para hacer las reformas necesarias, primero en su propia casa. Los escándalos de los últimos años indican una notable falta de transparencia en el Vaticano a muy diversos niveles .En este sentido el Papa debería  sorprendernos a todos al ser suave en los modos pero firme y claro en los objetivos en busca de una mayor transparencia.
          - Que nos regale a todos – y pronto- regalos simbólicos que indiquen que algo empieza a cambiar. Por poner algunos ejemplos Juan XXIII nos regaló el prescindir de la silla gestatoria
(aunque él con tono de humor dijera que lo hacía por no cargar con su sobrepeso a sus
empleados.) Pablo VI nos regaló el vender la tiara para dar su importe en dinero a los pobres.
Juan Pablo I nos regaló las preciosas catequesis que hacía con los niños pequeños delante de toda la audiencia general. Juan Pablo II entre otras cosas nos regaló su aprecio por la madre Teresa de Calcuta , el facilitar a su congregación un terreno dentro del mismo Vaticano para que abrieran una comunidad y el adelantar los pasos de su proceso de beatificación. El mundo simbólico es muy expresivo y puede ser entendido por gentes de diversos paises y religiones.
          -Que haga encíclicas cortas, conectadas con el rumiar de la gente y con un lenguaje directo y a pie de calle. Que no sea necesario tener preparadas para leerlas una mesa y una silla dura de biblioteca, sino que en el más puro estilo serendipico se puedan leer cimbreándonos en una mecedora o tumbados en una hamaca al borde del mar. Que utilice un lenguaje poético y con poder de sugerencia.
          -Que, como diría Gerardo Diego, baje a la plaza y se mezcle con la gente. Juan Pablo II lo hizo muy bien mezclándose una y otra vez con personas de todos los credos y culturas. Pero tuvo un antecesor que queremos destacar y que fue Juan XXIII. Tanto cuando fue nuncio en Sofía, Atenas, Estambul, Paris o patriarca de Venecia le gustaba recorrer con frecuencia su ciudad para conocerla. Y cuando fue Papa y obispo de Roma tenía un par de amigos de Venecia que con frecuencia le recogían a la caída de la tarde para que conociera los diversos barrios de su ciudad y con frecuencia sorprendía con una visita no anunciada a las parroquias que encontraba a su paso.
          -Al nuevo Papa le tocará ser el Papa del twitter y de las redes sociales. Tendrá que rodearse de un equipo competente que le ayuden a manejarse en los nuevos lenguajes. A través de ellos podrá conectar con sus fieles, especialmente con los jóvenes, de todo el mundo. Y así le llegará el feed-back de cómo es recibido su mensaje.
          -Finalmente a mi me gustaría desearle que disfrute del papado y no lo viva sobre todo como una carga o una responsabilidad. Si logra hacerlo así ello lo expresará con una amplia sonrisa que ofrecerá al mundo entero. Y todos sabemos que el humor es contagioso. Entonces le llamarán, como le llamaron a Juan XXIII “ el Papa que sonreía”.
          Para terminar, aunque no lo espero pero por lo menos lo dejo aquí apuntado, qué sucedería si cuando el cardenal decano se acerca al nuevo pontífice y entre otras preguntas le hace la consabida de “¿qué lema escoge para su pontificado?” y él respondiera lisa y llanamente “serendipity” .Esa sí que sería gorda…


Preguntas para la reflexión personal:
- Cómo le demuestro al Señor que lo amo? Con qué gestos, con qué acciones?
- Podría comprometerme más? De responder en forma negativa, por qué creo que no lo hago?
- He podido, con la gracia de Dios, descubrir cuál es mi misión en la vida? De haber respondido en forma positiva, recuerdas cómo fue ese llamado? Qué sentiste?
- Creo que puedo amarlo más y mejor al Señor? Cómo? En quiénes?
- Cuál es mi petición para este día en concordancia con el Evangelio de hoy. Léelo despacio y deja que el Señor te vaya hablando. A continuación formula la petición para este día.
P. Javier Rojas y Ale Vallina.

Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos». Vuelve a decirle por segunda vez:«Simón de Juan, ¿me amas?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas». Le dice por tercera vez:«Simón de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas. «En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras». Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho ésto, añadió: «Sígueme».
 Juan 21, 15-19 

Un nuevo milenio, un nuevo pastor en la sede de Pedro, gestos a raudales, una alegría renovada y desbordante en la misma tradición. Francisco ha venido a señalar la importancia de un nuevo Pentecostés en la Iglesia. Lo ha repetido. Es preferible una Iglesia accidentada que una Iglesia enferma; una Iglesia que esté sujeta a los desafíos de estar en la calle, que una Iglesia encerrada y enferma por la falta de aire...
Vida Nueva

jueves, 16 de mayo de 2013

"El Papa ama a todos, ricos y pobres por igual, pero el Papa tiene el deber, en nombre de Cristo, de recordar a los ricos que ayuden a los pobres, que los respeten."
Francisco.

http://youtu.be/8A6yspwjQbg

El P. General de los Jesuitas, Adolfo Nicolás en la Universidad Comillas. Mayo de 2013.
Sin el Espíritu Santo no se puede entender a Jesús. Es sobre todo en la vida de Jesús que se revela la presencia del Espíritu de Dios, que designamos por Espíritu Santo.

miércoles, 15 de mayo de 2013


“Que sean uno” Pero sin confundir unidad con uniformidad y sin temer la diversidad…
José María Rodríguez Olaizola sj


El orgullo ofrece un aspecto positivo y espiritual de lo que en realidad es puro culto al ego...y dado que el orgullo se traduce en ciertas actitudes como la arrogancia, la pretensión de saberlo todo, la autocomplacencia, la manía por justificarse, el deseo de mandar, la seguridad de tener siempre la razón y el rechazo de toda obediencia, una terapia eficaz consistirá en adoptar justamente las actitudes contrarias.
Fernando Rivas.

El Espíritu Santo es la presencia de Dios con nosotros,
junto con nuestro espíritu.
Sin Él, Dios queda lejano.
Cristo permanece en el pasado;
el Evangelio es letra muerta;
la Iglesia, una simple organización;
la autoridad, un despotismo;
la misión, una propaganda;
el culto, un puro recuerdo;
el actuar cristiano, una moral de esclavos.
Ignace Hazim, Obispo de la Iglesia Oriental.



Hoy dejamos todas nuestras preocupaciones en las sabias y amorosas manos del Padre..

martes, 14 de mayo de 2013

Cambio...cambia.


No se trata de borrar los miedos de un plumazo. Es imposible.
Se trata de quitarles poder, de convivir sin que nos gobiernen.
Para llegar a la otra orilla debemos cruzar un puente, o tomar un barco, o remar, o nadar con tenacidad.
Visto desde la otra orilla el miedo puede parecernos irracional, pequeño o simplemente haber desaparecido.
Cruzamos el puente?
@Ale Vallina.

La virtud de amarme.


"Si es virtud amar al prójimo porque es un ser humano, también debe ser virtud -y no vicio- amarme a mí mismo, pues también yo soy un ser humano." (E. Fromm)

lunes, 13 de mayo de 2013

Qué advertencia nos hace nuestro Papa Francisco. Todos somos susceptibles de creernos santos o limpios de cualquier fallo...
Solamente la humildad nos hace grandes.
No lo olvidemos!
Si la Buena Noticia no se da a conocer también en el ambiente digital, podría quedar fuera del ámbito de la experiencia de muchas personas para las que este espacio existencial es importante...

La perfección, según las ideas griegas, consiste en algo acabado. Ahora bien, la virtud es esencialmente una marcha hacia adelante. Hay que modificar, por tanto, nuestra idea de la perfección. Y, si se quiere conservar este nombre para nuestro ideal, decir que la perfección consiste en un progreso continuo.
Jean Daniélou

En el día de La Virgen de Fátima, le rogamos a ella que nos ampare y que nos "ponga junto a su Hijo".
Aquí les dejamos un link para conocer más sobre las apariciones de María en Fátima y todo sobre esta fascinante historia de tres pastorcillos a los que la Virgen, les cambió la vida para siempre.

Link oficial de la Virgen de Fátima:



No sé qué nos cuesta más; si soportar el sufrimiento o darnos cuenta de que estamos sufriendo. En ocasiones tengo la sensación de que hay personas que tienen una fuerza enorme para soportar el sufrimiento, pero son incapaces de darse cuenta de que están sufriendo. Pareciera que «darse cuenta» fuera aun peor que el dolor mismo que están padeciendo.
Hay muchas maneras de «matar la conciencia» para evitar darnos cuenta de la situación en la que nos encontramos. Sería muy larga la lista si nos pusiéramos a enumerar. Sin embargo, lo más importante es ¿por qué evitamos darnos cuenta del sufrimiento que estamos padeciendo?
Las razones pueden ser muchas, pero me gustaría al menos mencionar dos. La primera razón por la que una persona puede evitar darse cuenta del sufrimiento es porque de tomar conciencia tendría que salir de ese lugar, y tal vez, son muchos los beneficios que recibe dando lástima o despertando compasión a los demás. Lo que estas personas no saben es que el sufrimiento auténtico tiene un aroma distinto del que es propiciado para obtener algún beneficio. Mientras que el primero despierta compasión, el segundo despierta ira y rechazo.
Una segunda razón para evitar darse cuenta del sufrimiento puede ser el miedo a descubrir que tal vez el motivo se encuentra en sus propios actos. Darse cuenta de que uno se ha equivocado y por ello está sufriendo puede ser muy duro. Hay quienes prefieren convertirse en mártires y juegan a ser santos, cuando en realidad son personas incapaces de confesar sus culpas.
Si es cierto que en el futuro seremos gobernados por las máquinas, creo que será por la sencilla razón de que ellas no esconden sus fallos, sino que se valen de ellos para mejorar. Los que están familiarizados con las computadoras, pero sobre todo los que cuentan con algún dispositivo que tenga sistema android, se habrán dado cuenta que cuando una aplicación no responde salta un aviso en el que se ofrecen tres opciones. La primera es “cancelar”,  y ello significa que si seleccionas esa opción la aplicación se cerrará. Es una manera de ignorar para volver a reabrirlo luego. La segunda opción es “esperar”. Si eliges esta significa que dejarás que la aplicación intente resolver el problema por ella misma. Y la tercera opción es “informar”. Este es un pedido que se hace al usuario para que los creadores de la aplicación puedan detectar los fallos y llevar cuenta de los desperfectos que tiene para poder mejorar. Ahora bien, ¿Cuántos elegimos la opción “informar” o “esperar”? Creo que la mayoría simplemente damos a “cancelar”.
De manera semejante acontece en nuestra vida. Una situación cualquiera de malestar, ya sea que ella nos produzca o no sufrimiento, puede ser una instancia para “informarnos” sobre ¿Cómo va mi vida? ¿Cómo va la vida de mi familia?
¿Cómo podemos ser mejores personas si elegimos mentirnos a nosotros mismos? ¿Cómo es posible crecer y madurar si tenemos miedo a aceptar que nos hemos equivocado?
Hay quienes prefieren sentarse delante de Dios y creerse mártires en lugar de reconocerse como pecadores e imperfectos. Sólo quienes reconocen sus fallos podrán ser mejores personas, los demás seguirán simplemente arrastrando o deshilachando sus vidas por medio de la mentira y la falsedad.
P. Javier Rojas sj

domingo, 12 de mayo de 2013


«Tres claves para comprender el amor»


«  y les dijo: --Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese y resucitase de los muertos al tercer día;  y que en su nombre se predicase el arrepentimiento y la remisión de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas. He aquí yo enviaré el cumplimiento de la promesa de mi Padre sobre vosotros. Pero quedaos vosotros en la ciudad hasta que seáis investidos del poder de lo alto. Entonces él los llevó fuera hasta Betania, y alzando sus manos les bendijo.  Aconteció que al bendecirlos, se fue de ellos, y era llevado arriba al cielo.  Después de haberle adorado, ellos regresaron a Jerusalén con gran gozo;  y se hallaban continuamente en el templo, bendiciendo a Dios.»
Lc 24,46-53 

Hay un dicho popular que dice: “La confianza lleva años en construirse y puede quebrarse en un segundo”. ¿Es verdad? ¿Puede un segundo más que años de trabajo? ¿Es posible que algo tan vital en nuestras relaciones se derrumbe en un instante?
Se dice que la confianza, “es la creencia en que, persona o grupo será capaz y deseará actuar de manera adecuada en una determinada situación”, y me gusta agregar, según sus principios y valores. Porque, en definitiva, son ellos lo que hacen despertar o no la confianza.
Cuando decimos que tenemos confianza en alguien o en nosotros mismos, en realidad ¿Qué estamos afirmando?
Hay que tener cuidado de no confundir la confianza con el afán de que los demás respondan según las propias exigencias. ¡Eso no es confianza! Es un burdo y antiguo deseo de controlar a los demás para satisfacer las propias necesidades, en la mayoría de los casos motivado por inseguridad personal.
Es verdad que los gestos son importantes para que surja  la confianza. Por medio de ellos conocemos en gran parte a una persona, pero también es cierto que hay personas que aun  siendo “políticamente” correctas no despiertan confianza. Solemos decir; “no sé, tiene algo que no me convence”. La confianza necesita de gestos, pero no se reduce a una expresión meramente exterior.
Confiar en alguien es depositar nuestra vida o parte de ella en el corazón de otra persona. Y significa que son los valores y principios de esa persona los que nos hacen reposar en su compañía. Esa confianza que tuvo su origen por medio de gestos y actitudes, no se reducen a ellos, sino que lo trasciende. Sólo entonces podemos decir que hay confianza.
Si sólo atendemos a los gestos de una persona para confiar en ella, no podemos decir que tenemos confianza. Porque en algún momentos sus gestos dejarán de responder totalmente a los propios requerimientos.  La confianza va más allá de lo que se puede ver y comprobar. La confianza es una certeza en las convicciones de otra persona, más allá de que sus gestos y acciones pueden responder o no a las propias expectativas.
No podemos decir que tenemos confianza en una persona sólo porque ella responde a las propias expectativas. Eso no es confianza, sino control. Cuando sentimos confianza no esperamos que los demás actúen como yo quiero, sino que actúen según sus principios y valores. Según la verdad de su corazón. Una pregunta que podemos hacernos para saber si confiamos o no en alguien, no es si sus gestos y actitudes me convencen, sino, ¿Creo que actuará según sus propios valores y principios?.
 Si damos o quitamos confianza a los demás por las cosas que hacen o dejan de hacer, es que en realidad no hay confianza. Por eso cuesta tanto confiar en alguien, porque necesitamos conocer sus principios y valores, y esto lleva tiempo. Y por lo mismo duele tanto cuando sentimos que la confianza se rompió. Lo que más duele cuando se quiebra una verdadera confianza, no es la ilusión de que los demás hayan dejado de responder a los propios requerimientos, sino que esa persona haya traicionado sus propios valores y principios en lo que uno mismo creyó. ¡Éste es el dolor más grande!
Dios confía en el hombre. Jesús se encarnó para aprender a ser hombre y a vivir entre nosotros “como uno de tantos”. Confió en los demás porque creyó en ellos, y sufrió en carne propia el dolor del engaño y la mentira.
Jesús apostó por los valores y principios de sus discípulos. Él conocía el corazón de estos hombres y sabía que a pesar de su debilidad y fragilidad, de sus incoherencias y temores, de sus torpezas y aciertos, eran capaces de vivir según la verdad de su corazón, y fue entonces cuando los convirtió en apóstoles. Jesús les confió la misión que recibió de su Padre.
¿Te imaginas que Jesús puede confiar en ti por tus gestos y actitudes solamente? ¿Crees que resultarías ser confiable para Jesús sólo por como actúas y vives? ¿Te imaginas que Dios puede confiar en ti por la coherencia con la que vives? Personalmente creo que no podría confiar en nosotros a juzgar sólo por nuestro modo de actuar o vivir. Dios confía en nosotros porque apuesta a la verdad profunda de nuestro corazón. Cree en nuestros valores y principios, aunque nosotros no seamos lo suficientemente fieles a ellos. Confía en ese anhelo del ser humano de ser auténtico y en el deseo de vivir conforme a su condición de hijo, aunque por momentos no haga otra cosa que desfigurar en él su vocación.
El núcleo del mensaje que Jesús confió a sus discípulos es que tenemos que amar al prójimo como a nosotros mismos (Mt. 22, 39). Pero, por si ese amor a nosotros mismo no fuera lo suficientemente acertado y sano, aclaró; «Ámense los unos a los otros, como yo los he amado» (Jn 15, 9-17). Ya no sólo con el amor que se aman a ustedes mismos, sino «COMO yo los he amado». Este amor tiene tres dimensiones;
•             El amor se tiene: «Todo reino dividido contra sí mismo está arruinado ». (Mt 12,25) Esta es la primera y gran conquista que el hombre debe alcanzar: estar unificado internamente, que significa amarse a sí mismo y que no tiene nada que ver con ser individualista o egocéntrico. Amarse a sí mismo es aceptar la condición humana frágil y limitada. Cuando el amor reposa primero en nosotros, vivimos con paz interior y sólo cuando hay paz en nuestra vida podemos llegar a amar a los demás. Amor, es aceptación y no resignación. Amar lo que uno es significa reconciliar la propia historia y mirar hacia adelante con esperanza y con fe. Si no se tiene amor hacia uno mismo, difícilmente se pueda entregar amor. No podremos amar en verdad a los demás, si antes no hemos aprendido a ser comprensivos y compasivos con nosotros mismos. El amor se tiene si se conquista primero en nuestro interior.
•             El amor se recibe: «Como el Padre me amó así  yo los he amado ». (Jn 15, 9). La experiencia de ser amado por otro, es un signo de generosidad. Sentirse querido, amado, deseado por otro, es una de las experiencias más fuertes y significativas del hombre. El amor es un don de Dios que llega a nosotros sin mérito de nuestra parte. Aun cuando nuestro comportamiento pareciera rechazar ese amor, Dios lo seguirá entregando infinitamente. Porque así como podemos experimentar el amor de otras personas, sin que nosotros lo hayamos cultivado antes, de la misma manera Dios está “empecinado” en amarnos hasta el fin. El amor cuando se recibe, es de una calidad y profundidad superior a aquel que pretendemos ganar o comprar por medio de nuestros méritos y que por el contrario no nos hace felices. El amor comprado con nuestros méritos es como el agua entre las manos, se escurre lentamente hasta que desaparece. No podemos obligar a los demás que nos amen, pero sí podemos llegar a aceptar el amor que nos pueden dar.
•             El amor se ofrece: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos” (Jn 15, 13). Cuando sentimos que podemos amar y entregar amor a otros, es porque primero nos sentimos en paz con nosotros mismos, y porque hemos experimentado profundamente la aceptación y el amor de los demás. Cuando uno se ama a sí mismo, puede comprender y aceptar el amor de otro, y cuando esto sucede nos damos cuenta que para sentir el amor y poder ofrecerlo hace falta libertad interior. Tenemos que liberarnos de la obsesión y pretensión de que el amor de otro colme todas las necesidades afectivas y llene todos mis vacíos. Porque el amor humano es limitado. Quien tenga el corazón atado a la pretensión de que el otro me ame como yo quiero, no encontrará paz y como consecuencia no sabrá gustar del amor que el otro puede dar. Para amar y sentirse amado  hace falta tener paz y libertad interior para  aceptar y disfrutar  el amor limitado que el otro puede ofrecer.
Pidamos a Dios la gracia de entender la magnitud de su mensaje y de asumir con responsabilidad, que nuestra vida cobra sentido cuando podemos disfrutar el amor libremente.
 P. Javier  Rojas sj

Blogroll