sábado, 1 de junio de 2013

«Cristiano es el que comparte.»


Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo

 «En aquel tiempo, Jesús les hablaba acerca del Reino de Dios, y curaba a los que tenían necesidad de ser curados. Pero el día había comenzado a declinar, y acercándose los Doce, le dijeron: «Despide a la gente para que vayan a los pueblos y aldeas del contorno y busquen alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar deshabitado». Él les dijo: «Denles ustedes de comer». Pero ellos respondieron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente». Pues había como cinco mil hombres. Él dijo a sus discípulos: «Hagan que se acomoden por grupos de unos cincuenta». Hicieron acomodarse a todos. Tomó entonces los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición y los partió, y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente. Comieron todos hasta saciarse. Se recogieron los trozos que les habían sobrado: doce canastos.».

                                                                                                                                       Lc 9, 11-17

     Con frecuencia, y frente a las decepciones que vivimos los cristianos, somos tentados de fundar nuestra vida en nuestros “pareceres”. En ocasiones es resultado de los desengaños vividos por  parte de aquellas personas y/o instituciones que deberían marcarnos el camino.  Es cierto además, que como católicos deberíamos abrir nuestros corazones para recibir el mensaje que se nos comparte… Pero no podemos quedarnos “rumeando” el sin sabor de las cosas que no nos agradan. Nuestra vocación de cristianos nos exige mirar al mundo y a la realidad en la que vivimos como Cristo lo hizo.
     Así el sentido de nuestra vocación de cristianos la encontraremos siempre clara y nueva en la contemplación del rostro de Jesús. En su mirada no hay equívocos ni lugar a debates de ninguna clase. Es sencilla y contundente, sin más. Y si nos animamos a sostener la mirada sobre Jesús, podremos comprobar con cuanta simplicidad nos vuelve a marcar el camino y a recuperar el sentido de nuestra vida de cristianos.
     Hoy celebramos al Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo y la liturgia no podría haber elegido un evangelio más oportuno para volver  a profundizar sobre este gran misterio. El misterio de un Dios que se hace alimento para nosotros y por nosotros.
   Es imposible no advertir que los tiempos que vivimos atentan contra elementos esenciales de nuestra fe. Por ello es necesario y urgente poder nutrirnos de Dios para así no desfallecer frente a las dificultades de la vida.
   Somos tentados continuamente a perder nuestra condición de HIJOS, cuando el mundo entero y frente a las situaciones de dolor y de injusticia vuelve a hacerse eco de aquella pregunta que ha trascendido el tiempo «¿Dónde está tu Dios?»… Muchas veces no sabemos que responder, ¿Será que Dios ya no se acuerda de nosotros?
   Somos tentados de perder la capacidad de RECONCILIARNOS como hermanos. Es que la injusticia y la hipocresía de quienes tienen el deber de conducir nuestro país hacia la unidad están más preocupados por sus bolsillos que por la dignidad humana.
     Somos tentados de ENTRISTECERNOS ante un futuro que nos parece sin horizontes. Pero como nos recuerda el papa Francisco la alegría es un elemento esencial de nuestra fe porque  de ella  brota la confianza y  la esperanza.
      La historia vuelve a repetirse. Aquella multitud de hombres y mujeres que estaba con Jesús no parece que viviera situaciones tan distintas a las nuestras. También se preguntaban si Dios se había olvidado de ellos.
     Esperaban al Mesías ¿Cuándo iba a venir? Estaban al igual que nosotros sujetos a los intereses políticos de turno, que no atendía a las necesidades del pueblo sino que buscaban la manera de enriquecerse y perpetuarse en el poder…Y también como nosotros estaban tentados de perder la confianza y la esperanza.
     Y en este contexto mientras Jesús contemplaba a su pueblo fue cuando sus discípulos se le acercan  y le dicen: «Despide a la multitud, para que vayan a los pueblos y caseríos de los alrededores en busca de albergue y alimento, porque estamos en un lugar desierto» (Lc 9, 13). 
     Desde el encuentro de Jesús con esa multitud, la misión de los discípulos iba a cambiar para siempre. Aquellas personas que estaban cansadas y abatidas, no serían despedidas. Jesús no iba dejar que se marcharan. El no actuaría como los discípulos que deseaban “sacarse de encima a la multitud”… Sus discípulos querían estar con Jesús, pero parece que querían evitar cualquier tipo de compromiso con esa realidad. Tal vez porque sentían, que aquella situación los iba a superar. Hacerse cargo de la alimentación de aquella muchedumbre no iba a ser nada fácil.
      Ante este cuadro de situación  Jesús les devuelve el verdadero sentido de la COMUNIÓN.  Que no es intimismo, ni privilegio de pertenecer a un grupo sino que es expresión de nuestra fe. Puede llamarse discípulo de Jesús a aquel que comparte, a  aquel que da algo de lo que posee a aquellos que no tienen. 
     Estos discípulos se sienten incapaces de hacer frente a la demanda de tener que hacerse cargo de las necesidades de los demás porque ven que no tienen “mucho” para ofrecer. Perciben que la pobreza en la que viven les impide responder a las miserias de los demás. Jesús los vuelve a re-orientar en su misión, porque les enseña que los verdaderos vínculos con los demás no se dan desde lo “que me sobra”, desde “arriba”, como quién ha superado el cansancio y el abatimiento de la vida, sino que deben vivirse desde la propia experiencia de miseria. En definitiva desde la propia experiencia de amor incondicional de Dios.
      Cuando Jesús les dice « Denles ustedes de comer » no les pregunta si les sobra, los invita a que compartan… Este es el milagro de la multiplicación de los panes, que aquellos que tengan algo, puedan compartirlo con los demás.
     No podemos esperar  que las políticas del gobierno cambien. Es urgente que empecemos a compartir lo que tenemos. Ya mismo. ¡Ahora!
     Desde el reconocimiento de nuestra propia vida es como puede darse una verdadera COMUNIÓN. No debemos ayudar a los demás porque sintamos que tenemos, porque de lo contrario daremos lo que nos sobra. Jesús nos pide que compartamos lo que tenemos. Esto es verdadera caridad.
     Pidamos a Dios, que al celebrar la solemnidad del Cuerpo y Sangre de su Hijo nos animemos a tender la mano al que necesita. Sin miedo. Sinceramente. De corazón y todos los días. Amén.

 P. Javier  Rojas sj



viernes, 31 de mayo de 2013


Aferrémonos al Amor. Es lo único que nos salva.
Nos salva de una muerte lenta a manos de la indiferencia y del sinsentido.
Nos salva del letargo y del desmayo.
Nos salva de la insensibilidad y de la rutina.
Solo el amor nos salva. Porque cuando hay amor la eternidad hace nido en el corazón y lo diviniza por completo...
@Ale Vallina.
QUIERES SER JESUITA?

http://youtu.be/0Vk2CTibODY

María sale presurosa al encuentro de su prima Isabel. Sabe que su prima la necesita y por ello va a su casa.
También sabe que yo la espero en la mía. Y viene a visitarme…
La espero con ansias. Sé que viene a traerme a su Hijo. Sé que su visita es un regalo de alegría y de paz. Sé que desea educarme para el amor…
María, Madre, bienvenida a mi hogar. Intercede ante Dios, nuestro Señor, para que sea permeable a su Palabra.
Eres la bendita entre todas las mujeres y mi corazón se goza en tu presencia Madre…
@Ale Vallina

jueves, 30 de mayo de 2013




Siempre se nos ha dicho que es importante amar a Dios y, por supuesto, es la pura verdad. ¡Pero es mucho más importante el que Dios nos ame a nosotros! Nuestro amor a Dios es algo secundario. Primero es el amor de Dios a nosotros: “El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros” ( 1 Jn. 4, 19). Esto es lo fundamental. Karl Rahner decía cierta vez que estamos viviendo una época en la que se presta mucho interés a la “política” de la Iglesia (v gr, la píldora, la reforma de la Curia Romana, el celibato sacerdotal, etc). Ahora bien, esto puede ser señal de una fe profunda, pero también puede ser señal de una falta de fe profunda. Lo fundamental de la fe es saber que Dios me acepta: “Así hemos llegado a saber que Dios nos ama” (1 Jn 4, 16). Este es, pues, el contenido de nuestra fe: el amor de Dios hacia nosotros. Todo el Credo de los Apóstoles no es sino una declaración, doce veces repetida, de la creencia en este amor que Dios nos tiene.
Peter G. Van Breemen S.J.
Creer es descubrir que existe una sola unidad: Dios es el fundamento más profundo de mi ser.
Peter G. Van Breemen S.J.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Cómo sanar la ira?
Busca su verdadero origen. Si no puedes solo pide ayuda a un terapeuta.
Reconoce que esconde otra emoción más profunda.
Deja de culpabilizar a los otros por tus ataques de ira.
Encuentra una manera “creativa” e “inofensiva” de expresarla.
Pide perdón cuando sea necesario.
Reza a menudo pidiendo la gracia de la mansedumbre.
NO confundas…
Mi silencio con ignorancia.
Mi calma con aceptación.

Ni mi gentileza con debilidad…
Después de acabada la oración, conviene examinarla y mirar cómo me ha ido en la contemplación o meditación.
San Ignacio aconseja que antes de ir a la oración pensemos a dónde voy y a qué. Conviene hacer una composición de lugar: verme delante de Dios nuestro Señor y de todos sus santos, para desear y conocer lo que sea más grato a su divina bondad (EE 151), y pedir la gracia para elegir lo que más gloria de su divina majestad y salud de mi alma sea (EE 152).

martes, 28 de mayo de 2013

Vaticano convoca a católicos de todo el mundo a rezar contemporáneamente con el Papa

Vaticano convoca a católicos de todo el mundo a rezar contemporáneamente con el Papa
Nuestras utopías verdaderamente humanas son alimentadas por el reino de Dios, pero al mismo tiempo nunca son absolutas, todas llevan dentro una dosis de cizaña que tarde o temprano aparecerá en medio del trigo. Siempre quedan abiertas a nuevas posibilidades, pues el reino de Dios sólo llegará a su plenitud absoluta en la reconciliación de todo lo creado con Cristo después de la resurrección. Si alguna utopía se presenta como absoluta en la historia, se convierte en una maquinaria intolerante de exclusión y de muerte.

Benjamín González  Buelta sj

Cuando somos servidores humildes de lo posible, cultivamos el misterio de lo imposible. El reino de Dios ya está sembrado en la historia por el Padre y camina por su propia naturaleza hacia la cosecha, tanto en los días claros y luminosos como en las noches oscuras de la historia. Su fidelidad sobrepasa nuestra sensibilidad para percibirlo. Dios es fiel. Muchos han intentado arrancar de la historia la experiencia del reino. Han reprimido, matado, exiliado, encarcelado, pero no han podido extirparlo. […]El reino de Dios ya está presente entre nosotros, y quien lo percibe ya puede saborear la eternidad en el tiempo, ya vive desde la experiencia de la cosecha presentida en medio de la cotidianeidad sin brillo.
Benjamín González Buelta sj



Cuando oramos como Jesús nos enseñó, pedimos a Dios «el pan nuestro de cada día», no sólo el «pan mío», pues todos los bienes de este mundo llevan dentro una vocación fraterna y universal. Lo que, en definitiva, hay que entregar no es sólo lo que tenemos, sino la propia persona, como nos revelará Jesús en la Última Cena, que comparte el pan, que es su propio cuerpo, y el vino, que es su sangre derramada. Jesús no sólo nos transmite palabras, sino que es él mismo quien se entrega, la verdadera e inagotable palabra del amor de Dios. Él es el pan y la palabra al mismo tiempo, en una coherencia plena, en una unidad sin fisura alguna. En nuestro mundo hay mucha palabra que no es pan, porque no alimenta, y mucho pan que no es palabra, porque    no es encuentro.

Benjamín González Buelta  sj

En su fase germinal y con diferentes lenguajes están naciendo nuevas utopías inclusivas: las de un mundo justo y compartido, donde las diferentes etnias, culturas y religiones vivan sus diferencias en la solidaridad y el diálogo, que haga crecer la verdadera humanidad intercomunicada por innumerables arterias por las que corra sin descanso una sangre solidaria y justa, habitando un cosmos común ecológicamente sano.
Benjamín González Buelta  sj


lunes, 27 de mayo de 2013


A lo largo de los siglos, los teólogos se han esforzado por investigar el misterio de Dios ahondando conceptualmente en su naturaleza y exponiendo sus conclusiones con diferentes lenguajes. Pero, con frecuencia, nuestras palabras esconden su misterio más que revelarlo. Jesús no habla mucho de Dios. Nos ofrece sencillamente su experiencia.
A Dios Jesús lo llama “Padre” y lo experimenta como un misterio de bondad. Lo vive como una Presencia buena que bendice la vida y atrae a sus hijos e hijas a luchar contra lo que hace daño al ser humano. Para él, ese misterio último de la realidad que los creyentes llamamos “Dios” es una Presencia cercana y amistosa que está abriéndose camino en el mundo para construir, con nosotros y junto a nosotros, una vida más humana.
Jesús no separa nunca a ese Padre de su proyecto de transformar el mundo. No puede pensar en él como alguien encerrado en su misterio insondable, de espaldas al sufrimiento de sus hijos e hijas. Por eso, pide a sus seguidores abrirse al misterio de ese Dios, creer en la Buena Noticia de su proyecto, unirnos a él para trabajar por un mundo más justo y dichoso para todos, y buscar siempre que su justicia, su verdad y su paz reinen cada vez más en entre nosotros.
Por otra parte, Jesús se experimenta a sí mismo como “Hijo” de ese Dios, nacido para impulsar en la tierra el proyecto humanizador del Padre y para llevarlo a su plenitud definitiva por encima incluso de la muerte. Por eso, busca en todo momento lo que quiere el Padre. Su fidelidad a él lo conduce a buscar siempre el bien de sus hijos e hijas. Su pasión por Dios se traduce en compasión por todos los que sufren.
Por eso, la existencia entera de Jesús, el Hijo de Dios, consiste en curar la vida y aliviar el sufrimiento, defender a las víctimas y reclamar para ellas justicia, sembrar gestos de bondad, y ofrecer a todos la misericordia y el perdón gratuito de Dios: la salvación que viene del Padre.
Por último, Jesús actúa siempre impulsado por el “Espíritu” de Dios. Es el amor del Padre el que lo envía a anunciar a los pobres la Buena Noticia de su proyecto salvador. Es el aliento de Dios el que lo mueve a curar la vida. Es su fuerza salvadora la que se manifiesta en toda su trayectoria profética.
Este Espíritu no se apagará en el mundo cuando Jesús se ausente. Él mismo lo promete así a sus discípulos. La fuerza del Espíritu los hará testigos de Jesús, Hijo de Dios, y colaboradores del proyecto salvador del Padre. Así vivimos los cristianos prácticamente el misterio de la Trinidad.


José Antonio Pagola
 José Antonio Pagola


¿Qué hemos hecho del Evangelio de Jesús? ¿Lo guardamos fielmente o lo estamos manipulando desde nuestros propios intereses? ¿Lo acogemos en nuestro corazón o lo vamos olvidando? ¿Lo presentamos con autenticidad o lo ocultamos con nuestras doctrinas?

José Antonio Pagola

Nuestra naturaleza humana siempre nos pide VER para CREER, pero en los principios de Dios trabaja a la inversa.. Hay que CREER para VER..
¿Por qué contentarnos con vivir a rastras, cuando sentimos el anhelo de volar?

Helen Adams Keller

domingo, 26 de mayo de 2013

En el día de hoy el Papa Francisco visitó pastoralmente la parroquia romana de los Santos Isabel y Zacarías y presidió la Santa Misa. Dio  la 1ª comunión a numerosos niños.  


En esos momentos no lo percibimos con claridad. Caemos como en un sueño profundo que nos impide ver. Parece que nos hubieran bloqueado la capacidad de resolver situaciones complejas…
Pero luego tomamos aire, observamos el problema desde una prudencial distancia y cedemos el control a Dios. Así logramos percatarnos de que hay oportunidades vestidas de dificultades.
Se genera el milagro…y nacen las soluciones.
Que las contrariedades y tropiezos no nos hundan. Más bien, ante ellas, subamos al bote salvavidas. Aparecerán en el horizonte nuevos y seguros puertos. Puertos que desconocíamos hasta el presente. Puertos plenos de enseñanzas.
Las crisis no deben espantarnos. A partir de ellas nos fortalecemos, aprendemos y nos conectamos con nuestras fuerzas internas sanadoras, que yacían dormidas deseosas de avivarse…
Las crisis son siempre oportunidades. No lo olvides.
@Ale Vallina

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