sábado, 22 de junio de 2013

Sea cual fuere el momento en que nos hallamos de nuestro desarrollo, y sea cual fuere lo que estemos haciendo, Dios nunca dejará de amarnos, corroborando cuanto de bueno hay en nosotros y comprendiendo tiernamente nuestras debilidades. No tenemos necesidad de cambiar ni de crecer ni de ser buenos para ser amados. Más bien es lo contrario: somos amados para que podamos cambiar, crecer y ser buenos.

J. Powell sj



viernes, 21 de junio de 2013

Llegará el día que, tras haber
dominado el espacio, los vientos,
las mareas y la gravitación,
debamos dominar para Dios las
energías del amor. Y ese día, por
segunda vez en la historia del
mundo, habremos descubierto el
fuego.

Teilhard de Chardin
No hay ninguna realidad, por profana que sea, que no hable de Dios para quien sabe mirar. 
Teilhard de Chardin
San Luis Gonzaga. Patrono de la juventud.
Ruega por nosotros!

jueves, 20 de junio de 2013

Dándole importancia al momento presente...
Padre, me pongo en tus manos,
haz de mí lo que quieras,
sea lo que sea, te doy las gracias.
Estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo,
con tal que tu voluntad se cumpla en mí,
y en todas tus criaturas.
No deseo nada más, Padre.
Te confío mi alma,
te la doy con todo el amor
de que soy capaz,
porque te amo.
Y necesito darme,
ponerme en tus manos sin medida,
con una infinita confianza,
porque Tú eres mi Padre.
Charles de Foucauld


Señor, me despojo de mis vestidos que esconden mis ambiciones,
Me quito el reloj inflexible en mis estructuras.
Dejo el lápiz que diseña mis egoístas planes.
Dejo también las llaves de mis pertenencias...
para estar solo con Vos,
el único Dios Verdadero.
Y después de estar contigo…
me visto con Tus ropas para andar por tus caminos.
Me pongo Tú reloj para vivir al compás de tu tiempo.
Me pongo los lentes para ver el mundo a tu modo,
vuelvo a tomar el lápiz para escribir tus pensamientos.
Y tomo las llaves que me llevan a abrir tus puertas.
¡Que así sea!



martes, 18 de junio de 2013


Si me invitas a ver dónde es tu casa, lo más importante no son los proyectos que tienes para mí, sino que me invitas a caminar contigo hacia el futuro (Mc 1,17).
Si me llevas a tu casa, lo más importante no es que crea que te busco, sino que me sienta llamado y buscado por Ti en todas partes. (Gn. 3,9).
Si me arriesgo a seguirte hasta tu casa, lo más importante no es los nombres que te han dado, sino que Tú tienes el mío tatuado en la palma de tu mano (Is. 49,16).
Si entro para quedarme en tu casa, lo más importante no es que llene todo espacio con mi palabra, sino que deje hablar tu voz que gime en lo más profundo de mi alma. (Rm. 8,26).
Si tu casa se ha convertido en casa de amigos, lo más importante no es que yo hable de Ti con palabras sabias, sino que deje trasparentar las marcas de tu cuerpo en mi existencia. (2 Cor 4,10).
Si en tu casa he aprendido a estar en propia casa, lo más importante no es que yo compita contigo en el amor, sino que comparta con gozo tanto amor que Tú me ofreces. (Jn 13,1).
Si tu casa es la casa de la luz, lo más importante no es que yo alumbre como lámpara, sino que deje arder el fuego de tu Palabra que enciende mis huesos y me lanza. (Jr. 20,9).

“Lo más Importante” – Jesuitas España

lunes, 17 de junio de 2013



Las virtudes de Francisco

1- Sencillez

Desde que era profesor de filosofía y literatura, el padre Jorge Bergoglio sabe que los pedestales no sirven para nada. Es mejor acercarse al alumno de igual a igual, a su altura. Como párroco y obispo aprendió a "hablar a los más chicos, y así te entienden también los mayores". Los títulos y los tronos crean barreras innecesarias. Se llama Francisco en lugar de Francisco I. No utiliza como antefirma P. P. ni S. S.. Es un Papa con zapatos negros.

2-Afecto

Es un vendaval de cariño. Con las personas que conoce y con personas desconocidas, especialmente si son niños, pobres o enfermos. Cada miércoles dedica 45 minutos a recorrer la plaza de San Pedro en el papamóvil para que todos puedan verle de cerca. Sonríe, bendice, besa en un despliegue de energía asombroso en un hombre de 76 años con ligera insuficiencia pulmonar y que no hace deporte. Reparte besos y abrazos sin cansarse, especialmente a los enfermos de ELA, Down, etc.

3- Humildad

Aunque regaló a Benedicto XVI el icono de la Virgen de la Humildad recibido de la Iglesia Ortodoxa rusa, lo cierto es que ambos son ejemplo de esa virtud. Joseph Ratzinger fue toda su vida una persona sencilla y sobria, espartana en sus gastos personales. Jorge Bergoglio siempre ha sabido cocinar, lavarse la ropa, tomar el autobús y el metro. Al día siguiente de ser elegido Papa fue a la residencia del clero a recoger su maleta y pagar su factura.

4- Fortaleza

Cuando despedía a la presidenta brasileña Dilma Roussef, antigua militante y prisionera política durante la dictadura militar, el Papa le dio un consejo de su propia experiencia como rector del Colegio Máximo, provincial de los Jesuitas de Argentina y cardenal arzobispo de Buenos Aires: "Recuerde: fuerte pero con ternura". Siempre ha sido cariñoso con todos pero, al mismo tiempo, "lo que tiene que hacer, lo hace". Sus antiguos colaboradores están seguros de que hará poda y limpieza en la Curia vaticana. Fustiga el carrerismo y la hipocresía.

5- Libertad

Francisco es un hombre libre. No aspira a nada. No le importa lo que digan de él. Desde hace tiempo no se molestaba en responder a calumnias contra su persona sino sólo a tergiversaciones sobre lo que decía en público o en privado. Es un Papa "low cost". No necesita nada. Nunca tuvo coche oficial ni secretarios, tan sólo una agenda. Llama directamente por teléfono a quien quiere. Escribe y habla con libertad pues las críticas le importan un comino.

6-Colegialidad

Como superior de los jesuitas de Argentina y como arzobispo de Buenos Aires, siempre escuchaba la opinión de los interesados en cada tema y la de sus colaboradores. Pero después decidía solo, asumiendo toda la responsabilidad. Como presidente de la conferencia episcopal argentina, respetaba la opinión colectiva aunque no coincidiese con la suya. Para la reforma de la Curia se apoyará en el trabajo del grupo de ocho cardenales de los cinco continentes y en el Sínodo de Obispos.

7- Oración

Se levanta a las cinco de la mañana, y hace una hora de oración. Después prepara su homilía y sigue rezando hasta la misa de las siete. Acude muchas veces al sagrario. A última hora de la tarde reza otra hora, "delante del Señor, y a veces me adormilo un poco por el cansancio. Pero Él me comprende. Me consuela pensar que Él me mira. A veces pensamos que debemos pedir, hablar, hablar, hablar…. ¡No! Déjate guiar por el Señor".

8-Profundidad

El joven perito químico Jorge Bergoglio trabajó en un laboratorio de análisis de alimentos, donde aprendió a realizar con exactitud mediciones y cálculos. Se formó en el noviciado de la Compañía de Jesús, cuando todavía se impartían clases en latín. Es licenciado en Filosofía y en Teología. Fue un gran profesor de filosofía y literatura. Predica y escribe con gran lucidez, vigor y belleza literaria. Es un intelectual que, deliberadamente, omite los razonamientos complicados y presenta las conclusiones con palabras sencillas.

9- Misión

En la intervención que impresionó a los cardenales antes del Cónclave, Jorge Mario Bergoglio dijo que "la evangelización es la razón de ser de la Iglesia", "llamada a salir de sí misma e ir a las periferias geográficas y existenciales". Les advirtió que "cuando la Iglesia no sale de sí misma para evangelizar, se vuelve autorreferencial y se enferma", cae en el narcisismo. Insiste cada día en que "hay que salir a los caminos, encontrar a la gente".

10- Coherencia

Desde que era maestro de novicios, su método ha sido enseñar con el ejemplo. Acompañaba a sus hermanos jesuitas más jóvenes a alimentar a los cerdos, y cocinaba en la residencia los domingos. En 21 años de obispo visitaba a los sacerdotes en sus casas, les cuidaba cuando estaban enfermos. Dedicaba mucho tiempo a catequesis, confesiones, confirmaciones y primeras comuniones en las parroquias pobres. No pide nada que no haya hecho personalmente antes. Por eso puede exigir. Y exigirá.

Fuente: ABC.es

 
El amor se opone a dos actitudes bastantes difundidas. En primer lugar, la indiferencia entendida como insensibilidad, rigidez de mente, falta de corazón. En segundo lugar, el egocentrismo y desinterés por los demás.

En estos tiempos tan críticos nada hay más importante que cuidar humildemente lo esencial: el amor sincero a Dios alimentado en celebraciones sentidas y vividas desde dentro; el amor al prójimo fortaleciendo el trato amistoso entre los creyentes e impulsando el compromiso con los necesitados. Contamos con el aliento de Jesús.
José Antonio Pagola

 

domingo, 16 de junio de 2013


Las ventanas del alma


«36 Uno de los fariseos le pidió que comiera con él; y cuando entró en la casa del fariseo, se sentó a la mesa.  37 Y he aquí, cuando supo que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, una mujer que era pecadora en la ciudad llevó un frasco de alabastro con perfume.  38 Y estando detrás de Jesús, a sus pies, llorando, comenzó a mojar los pies de él con sus lágrimas; y los secaba con los cabellos de su cabeza. Y le besaba los pies y los ungía con el perfume.  39 Al ver esto el fariseo que le había invitado a comer, se dijo a sí mismo: --Si éste fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, porque es una pecadora.  40 Entonces, respondiendo Jesús le dijo: --Simón, tengo algo que decirte. Él dijo: --Di, Maestro.  41 --Cierto acreedor tenía dos deudores: Uno le debía quinientos denarios, y el otro, cincuenta.  42 Como ellos no tenían con qué pagar, perdonó a ambos. Entonces, ¿cuál de éstos le amará más?  43 Respondiendo Simón dijo: --Supongo que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: --Has juzgado correctamente.  44 Y vuelto hacia la mujer, dijo a Simón: --¿Ves esta mujer? Yo entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; pero ésta ha mojado mis pies con lágrimas y los ha secado con sus cabellos.  45 Tú no me diste un beso, pero desde que entré, ésta no ha cesado de besar mis pies.  46 Tú no ungiste mi cabeza con aceite, pero ésta ha ungido mis pies con perfume.  47 Por lo cual, te digo que sus muchos pecados son perdonados, puesto que amó mucho. Pero al que se le perdona poco, poco ama.  48 --Y a ella le dijo--: Tus pecados te son perdonados.  49 Los que estaban con él a la mesa comenzaron a decir entre sí: --¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?  50 Entonces Jesús dijo a la mujer: --Tu fe te ha salvado; vete en paz.1Aconteció después, que él andaba de ciudad en ciudad y de aldea en aldea, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios. Los doce iban con él,  2 y también algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malignos y de enfermedades: María, llamada Magdalena, de la cual habían salido siete demonios;  3 Juana, la mujer de Cuza, administrador de Herodes; Susana, y muchas otras. Ellas les servían con sus bienes.»

Lc. 7, 36--8,3


Con aquella expresión «Simón, tengo algo que decirte», Jesús introducía uno de los mensajes más bellos del evangelio. A partir de ese momento, la visión de la realidad de aquel fariseo iba a cambiar radicalmente.
Dos visiones de la realidad salen a la luz en este evangelio. La de Simón que con sus pensamientos decía «Si este hombre fuera un profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!». Y la de Jesús que, con una ternura inigualable, pronuncia «Simón, tengo algo que decirte»
En este momento, Jesús, luego de haber comprobado la dureza del juicio que Simón lanzaba sobre aquella mujer, se dispone a dar una lección de vida. Una lección que también es para nosotros y que tiene por fin ayudarnos a corregir la visión que tenemos de la realidad y de las personas.
¿Cómo es posible que sobre una misma realidad se perciban cosas distintas? ¿A qué se debe que dos personas que miran una misma situación, aprecien cosas diferentes? ¿Es posible corregir los juicios que hacemos sobre los demás?
Los ojos son la ventana del alma y a través de lo que ellos ven podemos apreciar lo que anida en el interior del hombre. Por la manera que tenemos de mirar, podemos vislumbrar el mundo interior que nos habita.
¿Se pude conocer a una persona por la manera que tiene de percibir la realidad? ¿Es posible que los ojos dejen ver el interior de una persona?
En este evangelio vemos que detrás de la mirada de Simón y de Jesús, se encuentran dos almas distintas frente a una misma realidad. Ambas perciben lo mismo, pero sin embargo aprecian diferentes cosas.
Podríamos distinguir tres momentos o tiempos distintos en el mismo acto de percibir la realidad. Y en cada uno de ellos se ven involucrados distintas realidades de la persona.
Ver; es la cualidad que tienen nuestros ojos de observar la realidad. Percibimos cosas, y por medio de ellos conocemos, distinguimos, nos sorprendemos. Ver es el acto pasivo por el cual dejamos que la realidad aparezca delante de nosotros.
Mirar; es el segundo momento dentro del mismo acto de ver. Aquí, ya no dejamos que la realidad aparezca frente de nosotros de manera pasiva, sino que se une la intencionalidad. Nuestros ojos buscan, hay intención y deseamos encontrar algo. Cuando miramos hay cuidado y atención. Leemos y examinamos situaciones. Y la inteligencia puede hacer un juicio a partir de los parámetros personales  como son los principios, valores, etc. Al momento de mirar la luz de la razón se pone en marcha.
Apreciar, Es algo totalmente distinto a los dos momentos anteriores. Apreciar, no es sólo dejar que la realidad se haga presente ante mí, o buscar con la luz de la razón conocer y examinar la realidad. Apreciar es dejar que el mundo de los sentimientos y de los afectos, sean los que perciban la realidad. En el ejercicio de apreciar, está el mundo interior mirando la realidad. Apreciar es mirar con las entrañas, con el corazón,  con los sentimientos más profundos que se albergan en el interior. Y por ello, la manera con que aprecio la realidad, da cuenta del mundo interior que me habita. Si hay amor en tu interior, amorosa será tu mirada, si hay compasión, compasiva será tu mirada, y si hay perdón, misericordiosa será tu mirada.
Esta es la lección que quiere transmitir Jesús a Simón. Cuando hay perdón dentro de nosotros, podemos juzgar bien. Cuando nosotros hemos experimentado el amor incondicional, podemos amar sin exigencias. Sólo cuando hemos experimentado la compasión por nuestras propias miserias, seremos compasivos con los demás.
Si miramos la realidad, desde la fría razón, tal vez no exista un solo hombre sobre la tierra que pueda ser declarado inocente. Pero si podemos apreciar a los demás, desde lo profundo de nuestro ser, desde los sentimientos de amor, compasión y perdón, nuestros ojos podrán percibir la belleza que se esconde detrás de la miseria del hombre.
Esto es lo que hace distinta la mirada del fariseo y de Jesús. Porque mientras Simón, ve a una mujer pecadora, Jesús ve a una mujer que llora su miseria y su pecado.
Para ver la belleza que anida en los hombres y mujeres de hoy, hacen faltas ojos nuevos y un corazón dispuesto a comunicar el amor y el perdón que ha recibido.
Pidamos a Dios la gracia de descubrir aquellos aspectos de nuestra vida en los que aún no florece la belleza, y donde aún hay una riqueza por descubrir.
P. Javier  Rojas sj

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