sábado, 29 de junio de 2013



Solemnidad de San Pedro y San Pablo….

Pedro, el amigo apasionado de Jesús, es elegido por Cristo para ser “la roca” de la Iglesia: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16,16). Aceptó con humildad su misión hasta el final, hasta su muerte como mártir. Su tumba en la Basílica de San Pedro en el Vaticano es meta de millones de peregrinos que llegan de todo el mundo.

Pablo, el perseguidor de cristianos que se convirtió en Apóstol de los gentiles, es un modelo de ardoroso evangelizador porque después de encontrarse con Jesús en su camino, se entregó sin reservas a la causa del Evangelio. Murió mártir en Roma.

viernes, 28 de junio de 2013

Decir tu nombre, María.wmv

Los teólogos coinciden en que la fe no es, en primer término, dar por cierto hechos, sino tener confianza en Dios. Ellos hablan de una 'fe en ti' en oposición a la mera 'fe en que...'.
Tener fe significa tener confianza en Dios. El término alemán 'vertrauen' (tener confianza) proviene de treu 'fiel' y significa: firmeza. Quien tiene confianza en Dios, tiene un fundamento sólido bajo sus pies. Al mismo tiempo, la confianza en Dios es sostén para aprender a desarrollar la confianza en uno mismo y en las otras personas.
Anselm Grün.

 
En todo tiempo ama el amigo  y es como un hermano en tiempo de angustia.
Proverbios 17.17
Los errores más grandes no son aquellos que se hacen a voluntad, sino son aquellos que no se reconocen.

¿Somos piedras vivas o piedras cansadas, aburridas e indiferentes?, cuestiona el Papa

¿Somos piedras vivas o piedras cansadas, aburridas e indiferentes?, cuestiona el Papa

jueves, 27 de junio de 2013


En ocasiones encuentro en la Iglesia gente muy espiritual e incluso apostólica, con mucha fuerza para trabajar, organizar, dirigir…pero que carecen de humanidad. Estoy convencido de que las personas con gestos grandes de humanidad llegarán a ser muy buenos cristianos, pero dudo en ocasiones de que personas que se creen "espirituales" sean verdaderamente humanas.

P. Javier Rojas sj
Muchas relaciones humanas son como los dedos entrelazados de dos manos. Nuestra soledad nos hace adherirnos unos a otros. Este mutuo aferramiento nos hace sufrir mucho, porque no nos quita la soledad. Cuanto más fuerte sea el intento, mayor será nuestra desesperación en el fracaso. Muchas de estas relaciones 'entrelazadas' terminan rompiéndose porque suelen convertirse en relaciones sofocantes y opresoras.
Las relaciones humanas deberían ser como dos manos unidas en oración. Podemos apartarnos sin dejar de tocarnos con las puntas de los dedos.

Henri Nouwen.
Actuar...luego de rezar y discernir.

miércoles, 26 de junio de 2013

El crecimiento es a menudo imperceptible, pero eso no importa. Lo que importa es que estamos creciendo, que no nos hemos quedado por la mitad, que no hemos traicionado el regalo de nuestro propio ser, sino que estamos comprometidos con el crecimiento y la madurez, con la verdad y la libertad. 
P. JOHN MAIN

en mi debilidad.wmv


Estás muy preocupado por tomar las decisiones correctas respecto de tu trabajo. Tienes tantas opciones que estás constantemente agobiado por la pregunta '¿Qué debo hacer y qué no?'. Se te pide que respondas a muchas necesidades concretas. Hay gente que visitar, gente que recibir, gente con la que simplemente estar. Hay temas que piden atención, libros que parece importante leer y obras de arte para ver. Pero ¿qué de todo esto verdaderamente merece tu tiempo?
Empieza por no permitir que estas personas y estos temas se adueñen de ti. Mientras piensas que los necesitas para ser tú mismo, no eres verdaderamente libre. Gran parte de su urgencia proviene de su propia necesidad de ser aceptados y reconocidos. Debes seguir volviendo a la fuente: el amor de Dios por ti.
En muchas maneras, aún quieres organizar tu propia agenda. Actúas como si tuvieras que elegir entre muchas cosas, todas las cuales parecen igualmente importantes. Pero no te has entregado por completo a la guía de Dios. Sigues luchando con Dios por ver quién tiene el control.
Trata de dejar tu agenda en las manos de Dios. Di continuamente: 'Hágase tu voluntad, no la mía.' Entrega a Dios cada parte de tu corazón y de tu tiempo, y deja que Él te diga cuándo y cómo responder. Dios no quiere destruirte. El agotamiento, la extinción y la depresión no son señales de que estás haciendo la voluntad de Dios. Dios es amable y gentil. Desea darte una profunda sensación de seguridad en su amor. Una vez que te hayas permitido sentir plenamente ese amor, serás más capaz de discernir quién se te envía en nombre de Dios.
No es fácil entregarle a Dios tu agenda. Pero, cuanto más lo haces, más se transforma el 'tiempo del reloj' en 'tiempo de Dios', y el tiempo de Dios es siempre la plenitud del tiempo.

Anthony De Melo

martes, 25 de junio de 2013


Cuenta regresiva. A minutos de rezar todos juntos por la PAZ. Paz en nuestros corazones, paz en nuestras familias, en nuestros países...y para todos los hombres y mujeres del mundo. Estamos necesitados de relaciones pacíficas y amables entre todos lo habitantes de este planeta...
Se unen amigos de todos los continentes en esta "oración comunitaria virtual". Desde Noruega, Japón, Marruecos, Australia, por nombrar sólo a los países más lejanos desde Argentina. Están presentes todos los amigos de El Evangelio en Casa, y también otros amigos que se fueron sumando a esta esperanzada convocatoria.
Señor, te lo rogamos... Que seamos instrumentos de tu paz. Que generemos y regalemos paz a todos los que nos rodean...
Paz para los países en guerra, paz para las familias divididas, paz para los niños y para los ancianos violentados, paz para todos los hambrientos de pan y de justicia. Paz entre las personas de distintas razas, paz entre las personas de diferentes credos y religiones, paz para todos los hombres y mujeres que viven y que vivirán en este planeta malherido y necesitado de alegría, justicia y solidaridad.
Somos uno contigo Padre. Ayúdanos a ser constructores y propagadores de tu paz.
Gracias Padre porque sabemos que oyes nuestras súplicas. Te lo pedimos por tu Hijo Jesucristo que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
EL EVANGELIO EN CASA.

"Señor Jesucristo, que eres llamado Príncipe de la Paz,
que eres Tú mismo nuestra paz y reconciliación,
que tan a menudo dijiste: "La Paz les dejo, la paz les doy."
Haz que todos hombres y mujeres den testimonio
de la verdad, de la justicia y del amor fraternal.
Destierra de nuestros corazones cualquier cosa
que podría poner en peligro la paz.
Ilumina a nuestros gobernantes
para que ellos pueden garantizar
y puedan defender el gran regalo de la paz.
Que todas las personas de la tierra
se sientan hermanos y hermanas.
Que el anhelo por la paz se haga presente
y perdure por encima de cualquier situación.
Amén."
Juan XXIII

Señor,
hazme un instrumento de tu paz:
allí donde haya odio, que yo ponga el amor,
allí donde haya ofensa, que yo ponga el perdón;
allí donde haya discordia, que yo ponga la unión;
allí donde haya error, que yo ponga la verdad;
allí donde haya duda, que yo ponga la fe;
allí donde haya desesperación, que yo ponga la esperanza;
allí donde haya tinieblas, que yo ponga la luz;
allí donde haya tristeza, que yo ponga alegría.
 Señor,
haz que yo busque:
consolar y no ser consolado,
comprender y no ser comprendido,
amar y no ser amado.
 Porque:
dando es como se recibe,
olvidándose de sí es como uno se encuentra,
perdonando es como se recibe el perdón,
y muriendo es como se resucita a la Vida Eterna.

San Francisco de Asís

lunes, 24 de junio de 2013

Francisco recibe al nobel de la Paz Pérez Esquivel

Francisco recibe al nobel de la Paz Pérez Esquivel

Despertar Espiritual



« 18 Aconteció que, mientras él estaba orando aparte, sus discípulos estaban con él, y les preguntó diciendo: --¿Quién dice la gente que soy yo?  19 Respondiendo ellos dijeron: --Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los antiguos profetas ha resucitado.  20 Y les dijo: --Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Entonces Pedro respondiendo dijo: --El Cristo de Dios.  21 Pero él les mandó enérgicamente que no dijeran esto a nadie.  22 Y les dijo: --Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y que sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto y que resucite al tercer día.  23 Decía entonces a todos: --Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame.  24 Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí, la salvará.»
                                                                                                                                                                                      Lc. 9, 18-24



Estoy convencido que una buena pregunta contiene más sabiduría y riqueza que mil preguntas. Cuando somos cuestionados ya sean por una persona o una situación nos vemos en la obligación de tener que dar respuesta. Pero cuando el cuestionamiento es hondo, ninguna de las respuestas con las que solemos salir del atolladero nos resulta útil. Es entonces, cuando necesitamos de tiempo para responder. Sólo dejando que la pregunta penetre hasta lo más hondo de nuestros ser es cómo podemos encontrar una respuesta sensata y auténtica.
También creo que gran parte de la humanidad está perdiendo sensibilidad ante el dolor y la desgracia. Un pobre tirado en la calle cada vez nos sorprende menos, ¡hay tantos pobres en la calle!. Un niño hurgando en el basurero ya forma parte de nuestro paisaje cotidiano. Ancianos abandonados por su propia familia es algo que vemos como algo normal. Cada vez hay menos cosas que nos cuestionan. Hace tiempo que venimos construyendo una coraza de insensibilidad que impide que seamos cuestionados por la realidad. Y lo hacemos con el motivo de evitar dar respuestas a situaciones que nos incomodan o no nos dejan disfrutar del bienestar que hemos sabido conquistar.
No pretendo con esto que alguien sienta culpa por estar bien, o por haber nacido en el seno de una familia que puede brindarle lo que necesita. No se trata de eso. Se trata de no tener miedo a ser cuestionados por la realidad que vivimos, porque tal vez hay mayor riqueza para nuestra vida si nos decidiéramos a despertar espiritualmente.
Ello significa tomar conciencia de ¿quién soy? y de ¿quién es Dios para mí? Y aunque nos parezca extraño, Dios se nos va haciendo cada vez más Dios mismo, cuanto mayor es el conocimiento que tenemos de nosotros mismos. Cuanta más conciencia tenemos de quiénes somos en realidad, más nítida es la imagen de Dios. En esto consiste el despertar espiritual, en comprender acabadamente quién soy yo y quién es Dios en realidad.
Esto es lo que pretende Jesús al hacer la doble pregunta a sus discípulos «¿Quién dice la gente que soy yo? Y ¿Quién dicen ustedes que soy yo?»
 En la vida de todo cristiano se van dando situaciones que nos hacen abrir “un poco más los ojos”. A veces surge de nosotros mismos y sentimos el anhelo de saber ¿Quién soy?. Es como si necesitáramos conocer nuestra identidad y encontrar sentido a nuestra vida. Lo percibimos como si “algo faltara” pero no sabemos muy bien qué es. En otros momentos son situaciones o acontecimientos inesperados los que nos cuestionan, y sentimos la urgencia de saber si “estamos haciendo las cosas bien”, si hemos acertado en nuestra vida, o si realmente soy tan feliz como quiero hacer creer a los demás y a mí mismo.
Recordemos, por ejemplo, lo que le ocurrió a san Ignacio de Loyola en la batalla de Pamplona. Aquella bala no sólo quebró una pierna e hirió gravemente la otra, sino que junto con caer en tierra, se desmoronaron también sus proyectos de futuro.  Se quebró la imagen que tenía de sí mismo y que tan preocupado estaba de cultivar. Pero si Ignacio, por gracia de Dios, no se hubiera abierto a buscar en aquel acontecimiento una palabra de Dios, seguramente que su historia hubiera sido otra.
Creo que debemos estar atentos a desarrollar una conciencia más abierta. No dejar que el bienestar que es pasajero, que tiene su tiempo, que no es igual siempre, nos adormezca y comencemos a vivir de sueños.
Cuando estamos despiertos espiritualmente adquirimos mayor conciencia de lo que vivimos y estamos más lúcidos para reconocer a Dios en nuestra vida. Estamos más desapegados de las cosas porque reconocemos que la vida es un constante fluir y que cualquier intento por retenerla es crear nuestro propio sufrimiento.
Cuando estamos despiertos encontramos que nuestra vida tiene sentido en cada momento que vivimos porque somos consciente de lo que “estamos viviendo”. No debemos andar pensando que necesitamos encontrar un sentido, sino en poner o darle sentido a lo que vivimos. No encontrarás el sentido de tu vida, si no vives el presente. Poner el corazón donde posan tus pies. Estar atento al momento que vives. ¿Por qué creen que vivimos tan llenos de ansiedad? Simplemente porque vivimos lamentándonos por lo que pasó o preocupados por lo que todavía no ocurrió. Mientras estamos aquí, queremos estamos allá, y cuando llegamos donde imaginamos estar, volvemos al pasado que fue mejor, o el futuro que seguramente será más interesante.
Ésta es la actitud que nos adormece y nos hace perder el sentido de ¿quiénes somos? Y ¿quién es Dios para mí? 
Creo que si proliferan tanto las películas de zombis, vampiros y ciencia ficción es porque de alguna manera refleja lo que estamos viviendo. El zombi, es alguien que parece estar despierto pero en realidad vive una verdadera pesadilla. Y pesadilla es lo que cosechamos evitando vivir el presente y no siendo consciente a cada momento de lo que nos ocurre.
Despertar espiritualmente significa aceptar, sin juzgar, lo que vivimos. Ser consciente de lo que estamos experimentando y dejar que la experiencia nos cuestione y nos hable. Dios, tiene muchas maneras de comunicarse con nosotros y una de ellas es por medio de los acontecimientos que nos toca vivir. En lo que vives en este momento hay una palabra de Dios para ti, pero sólo si estas lo suficientemente abierto a las experiencias y consciente de lo que vives podrás encontrarla.
 Pidamos a Dios que nos conceda la gracia de vivir plenamente consciente el presente que habitamos para que podamos reconocerlo en nuestra vida.


P. Javier  Rojas sj

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