sábado, 31 de agosto de 2013

Implícame, Jesús, con la causa de los pobres.
Implícame con esta causa, que es la tuya.
Implícame, complícame, replícame,
Implícame a tu manera que sorprende,
inquieta e ilusiona.
Que no sepa dejar de mirar.
Que no sepa dejar de querer.
Que no sepa dejar de amar.
Complícame la vida, que eso
es lo que pasa cuando uno ama.
Complícame haciéndome apasionado.
Complícame porque las cosas no son fáciles.
Complícame porque las lágrimas duelen
y el hambre es mala,
y los gritos no se pueden apagar.
Complícame porque un mundo roto
no es un lugar cómodo.
Replícame cuando ponga argumentos
para escabullirme.
No me dejes posponer mi camino
Que ya está bien de muchas palabras.
Si estoy demasiado centrado en mis problemas,
demasiado dedicado a mis actividades,
demasiado ocupado en salir yo adelante,
Implícame, Señor, y complícame.



Los seguidores de Jesús hemos de recordar que abrir caminos al Reino de Dios no consiste en construir una sociedad más religiosa o en promover un sistema político alternativo a otros también posibles, sino, ante todo, en generar y desarrollar unas relaciones más humanas que hagan posible unas condiciones de vida digna para todos empezando por los últimos.
José Antonio Pagola

viernes, 30 de agosto de 2013

Que sean niños los niños.
Que sean niños, y no clientes de las compañías de celulares, o vendedores de rosas en los bares, o estrellas descartables de la televisión.
Niños, no limpiavidrios en los semáforos, o botín de padres enfrentados o repartidores de estampitas en los subtes.
Que no sean niños soldados, los niños. Que sean niños los niños, simplemente. Que no sean foto de un portal pornográfico. Que no sean los habitantes de un reformatorio.
Que no sean costureros en talleres ilegales de ningún lugar del mundo.
Que sean niños los niños, y no un target.
Que no sean los que pagan las culpas. Los que reciben los golpes. Los bombardeados por publicidad. Que sean niños los niños. Todo lo aniñados que quieran. Todo lo infantiles que quieran. Todo lo ingenuos que quieran. Que hagan libremente sus niñerías.
Que se dediquen a ser niños y no a otra cosa.
Que no sean los que no juegan, los acosados por las preocupaciones, los tapados de actividades.
Que sean niños los niños y se los deje preguntar sin levantar la mano, formar filas torcidas, llevar alguna vez la Bandera no por ser mejor alumno, sino por ser buen compañero.
Que sean niños los niños y no los incentivados con desmesura a consumir todo lo que saca el mercado.
Que sean niños, y no los que aspiran pegamento en una esquina o fuman paco en la otra, tan de nadie, tan desprotegidos.
Niños, no nombres que tienen que rogar por recibir el apellido paterno o la cuota de alimentos.
Que sean niños los niños.
Y que los niños sean lo intocable, que sea la gran coincidencia en cualquier discusión ideológica; que por ellos se desvelen los economistas de todas las corrientes, los dirigentes de todos los partidos, los periodistas de todos los medios, los vecinos de todas las cuadras, los asistentes sociales de todas las municipalidades, los maestros de todas las escuelas.
Que sean niños los niños, y no el juguete de los abusadores.
Que sean niños, no "el repetidor" o "el conflictivo" o "el que nunca trae los deberes".
Niños, y no los que empujan el carro con cartones.
Que sean niños los niños, simplemente.
Que ejerzan en paz el oficio de recién llegados.
Que se los llame a trabajar con la imaginación o con lápices de colores.
Que se los deje ser niños, todo lo niños que quieran.
Y que los niños sean lo importante, que por ellos lleguen a un acuerdo los que nunca se ponen de acuerdo; que por ellos se dirijan la palabra los que no se hablan, que por ellos hagan algo los que nunca hicieron nada.
Que sean niños los niños y que no dejen de joder con la pelota.
Que sean niños en su día. Que lo sean todos los días del año. Que sean felices los niños, por ser niños. Inocentes de todo lo heredado.
Por Mex Urtizberea 

Señor, mi Dios, quiero ser como un niño.  A veces no sé bien lo que eso significa,  pero me pongo en tus manos,  me abandono.  Consuélame en mis heridas,  anímame en mis cansancios,  envíame a los heridos y cansados  para que yo sea tu ungüento y tu fuerza  en medio del mundo necesitado.

 Francisco  Jiménez Buendía
El Obispo de Aleppo (Siria), Mons. Antoine Audo, advirtió que frente a la “trágica situación” que se vive en Siria, una intervención militar significa una “guerra mundial” y señaló que el llamado del Papa a la paz, ha “tocado el corazón de tantas personas"

“Si hubiese una intervención militar esto significa –en mi opinión– una guerra mundial” señaló el Obispo a Radio Vaticana y afirmó que a diferencia de otros lugares del país, la situación en “Aleppo es la peor. “En Damasco, por ejemplo, se puede viajar, ir hacia el Líbano, mientras que en Aleppo no nos podemos mover”, dijo el Obispo, e indicó que en la región del litoral “se vive tranquilamente” y mucha gente del lugar ha huido hacia esa región.
El también presidente de Cáritas en Siria, manifestó que “esperamos que la intervención del Papa para favorecer un verdadero diálogo entre las diferentes partes en conflicto y para encontrar una solución, sea el primer paso para no usar armas y para que la gente pueda moverse libremente, viajar, comunicarse, trabajar”.
“¡Todo el país está en guerra ahora!”, exclamó el Obispo.
Mons. Audo, dijo que al escuchar en directo al Pontífice en su último Angelus, se puso “muy contento al saber que el Santo Padre está cerca a nosotros. Habló de Siria, de esta “nación amenazada”, ha expresado su sufrimiento y su compromiso con Siria” y preocupación por la “solución a la guerra que siembra destrucción y muerte”.
La palabras “claras” y “directas” del Santo Padre, “da confianza a todos nosotros que ahora estamos, sobre todo en Aleppo, en una situación muy difícil. El mensaje del Santo padre es muy y es muy apreciado por gran parte de la población”, aseguró el Obispo
.

jueves, 29 de agosto de 2013

La espiritualidad ignaciana desea hombres y mujeres "para los demás"...Para ello es necesario ver el mundo y a todas las personas con la “mirada de Dios” y, al ver tanta miseria y sufrimiento, participar en la misma misión de Jesús: “hacer redención del género humano”.

Permite, cuando tiendo la mano a los objetos de este mundo, por la alegría o el dolor, que mediante ellos te comprenda y te ame a Ti, primer principio de todos ellos. Tú, que eres amor, dame el amor. El amor a ti, para que todos mis días alguna vez desemboquen en el único día de tu vida eterna.

Karl Rahner sj

miércoles, 28 de agosto de 2013

Mucho valen los buenos amigos para el bien y los malos para el mal. Por ello el Señor, para que despreciemos las amistades de los poderosos con vistas a nuestra salvación, no quiso elegir primero a senadores, sino a pescadores...
San Agustín de Hipona
Mientras no haya paz en nuestros corazones, difícilmente haya paz en el mundo...
La guerra es una opción...pero la PAZ también. Elijamos la paz.


¿Quién es el que no avanza? Quien se cree sabio; quien dice: "Me basta con lo que soy"...
San Agustín.
Con gran, con gran, sufrimiento y preocupación sigo la situación en Siria. El aumento de la violencia en una guerra entre hermanos, con el multiplicarse de estragos y actos atroces, que todos hemos podido ver también en las terribles imágenes de estos días, me impulsa, una vez más, a alzar la voz para que se detenga el rumor de las armas. 
El enfrentamiento no ofrece perspectivas de esperanza para resolver los problemas, sino la capacidad de encuentro y de diálogo.
Desde lo profundo de mi corazón, quisiera manifestar mi cercanía con la oración y la solidaridad a todas las víctimas de este conflicto, a todos aquellos que sufren, especialmente a los niños, e invitar a tener siempre encendida la esperanza de paz. 
Hago un llamamiento a la Comunidad Internacional para que se muestre más sensible hacia esta trágica situación y ponga todo su empeño para ayudar a la querida Nación Siria a encontrar una solución a una guerra que siembra destrucción y muerte.
Todos juntos oremos, todos juntos oremos, a la Virgen Reina de la Paz: María, Reina de la paz ruega por nosotros. Todos. María, Reina de la paz ruega por nosotros.
FRACISCO
Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor, si perdonas, perdonarás con amor.
San Agustín.

La medida del amor es amar sin medida.
San Agustín de Hipona

lunes, 26 de agosto de 2013

Cancion Para Un Niño En La Calle :( Mercedes Sosa - Calle 13


Bella como pocas...


Enséñame a buscarte
y revela a mí mientras busco;
Porque, a menos que me instruyas,
no puedo buscarte;
y, a menos que te reveles,
no puedo encontrarte,
Déjame buscarte al desearte;
déjame desearte al buscarte.
Déjame encontrarte al amarte;
déjame amarte al encontrarte.
San Anselmo de Canterbury

Hay días que pasan en los que se me olvida el misterio. Problemas insolubles, y problemas que ofrecen sus propias soluciones ignoradas compiten por mi atención, agolpadas en la antecámara junto a un sinfín de diversiones, mis cortesanos, que visten sus coloridas vestimentas, sombreros y campanillas. Y entonces una vez más el silencioso misterio se me hace presente, el clamor de la multitud se aleja: el misterio de que hay algo, siquiera algo, por supuesto el cosmos, la alegría, el recuerdo, cualquier cosa en vez del vacío: y eso, oh Señor, Creador, Santo, Tú inmóvil, hora tras hora lo mantienes.
Denise Levertov

domingo, 25 de agosto de 2013

CONFIANZA, SÍ. FRIVOLIDAD, NO
La sociedad moderna va imponiendo cada vez con más fuerza un estilo de vida marcado por el pragmatismo de lo inmediato. Apenas interesan las grandes cuestiones de la existencia. Ya no tenemos certezas firmes ni convicciones profundas. Poco a poco, nos vamos convirtiendo en seres triviales, cargados de tópicos, sin consistencia interior ni ideales que alienten nuestro vivir diario, más allá del bienestar y la seguridad del momento.
Es muy significativo observar la actitud generalizada de no pocos cristianos ante la cuestión de la "salvación eterna" que tanto preocupaba solo hace pocos años: bastantes la han borrado sin más de su conciencia; algunos, no se sabe bien por qué, se sienten con derecho a un "final feliz"; otros no quieren recordar experiencias religiosas que les han hecho mucho daño.
Según el relato de Lucas, un desconocido hace a Jesús una pregunta frecuente en aquella sociedad religiosa: "¿Serán pocos los que se salven?" Jesús no responde directamente a su pregunta. No le interesa especular sobre ese tipo de cuestiones estériles, tan queridas por algunos maestros de la época. Va directamente a lo esencial y decisivo: ¿cómo hemos de actuar para no quedar excluidos de la salvación que Dios ofrece a todos?
“Esforzaos en entrar por la puerta estrecha". Estas son sus primeras palabras. Dios nos abre a todos la puerta de la vida eterna, pero hemos de esforzarnos y trabajar para entrar por ella. Esta es la actitud sana. Confianza en Dios, sí; frivolidad, despreocupación y falsas seguridades, no.
Jesús insiste, sobre todo, en no engañarnos con falsas seguridades. No basta pertenecer al pueblo de Israel; no es suficiente haber conocido personalmente a Jesús por los caminos de Galilea. Lo decisivo es entrar desde ahora en el reino Dios y su justicia. De hecho, los que quedan fuera del banquete final son, literalmente, "los que practican la injusticia".
Jesús invita a la confianza y la responsabilidad. En el banquete final del reino de Dios no se sentarán solo los patriarcas y profetas de Israel. Estarán también paganos venidos de todos los rincones del mundo. Estar dentro o estar fuera depende de cómo responde cada uno a la salvación que Dios ofrece a todos.
Jesús termina con un proverbio que resume su mensaje. En relación al reino de Dios, "hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos". Su advertencia es clara. Algunos que se sienten seguros de ser admitidos pueden quedar fuera. Otros que parecen excluidos de antemano pueden quedar dentro.


José Antonio Pagola

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