sábado, 21 de septiembre de 2013



Edificar una espiritualidad sana



Hay gente que cree que para ser cristiano deben conjugar los “No…” de los diez mandamientos, cuando en realidad la fe cristiana es una gran afirmación; “SI”. Resulta difícil construir una vida espiritual sana solamente evitando hacer el mal, cuando no se ha decidido hacer el bien. Y si por esas casualidades se construyen vidas sobre la base de la represión y la prohibición con el tiempo se vuelven insostenibles, y el daño resulta siendo peor. ¡Cuánta gente vive su fe como si estuviera temiendo todo el tiempo que “algo se escape”! Es triste encontrarse con personas que en lugar de testimoniar la alegría del evangelio comunican temor, miedo y castigo. Viven con la espada de Damocles sobre sus cabezas.

La fe del evangelio es otra cosa. Es una afirmación. Los “no” de la ley necesitan ser re-interpretados desde el valor profundo que pretenden custodiar. En realidad, detrás de cada prohibición existe una invitación de Dios a elegir hacer el bien. Para edificar una vida espiritual sana es necesario elegir el bien y no limitarse solamente a evitar “hacer el mal”.  Por ejemplo, hay personas que se proponen dejar de hablar mal de los demás pero nunca pensaron que tal vez la solución sea comenzar por hablar bien de ellas. Cada vez que elegimos ejercemos nuestra libertad. Al elegir hacer el bien…se construye. En lugar de buscar constantemente ser el centro de atención de los demás, elige interesarte sanamente por la vida de los otros. Si te has acostumbrado a exigir que escuchen tus reclamos y aflicciones, elige prestar tus oídos para escuchar los problemas de los demás. Cuando converses con alguien préstale atención aun cuando creas que es muy poco interesante lo que tiene para decirte. No lo utilices como pantalla para  liberar tus pensamientos hacia tus problemas, tus tareas pendientes, sino más bien elige estar presente en ese lugar para acoger al otro.  En lugar de reclamar que todos te ayuden o te den una mano, elige prestar las tuyas para aliviar las tarea de los demás. «La generosidad es mucho más efectiva para generar colaboración que el reclamo.» Son las actitudes humanas y cristianas las que hay que desarrollar en lugar de centrarse solamente en los “no...” que hay que evitar. El crecimiento espiritual es una decisión personal que sólo acontece cuando ejercemos nuestra libertad en favor del bienestar común. 

P. Javier Rojas, sj

viernes, 20 de septiembre de 2013


El desafío de 21 días.


No Queja – Desafío de 21 días.



¿Conoces personas que se quejan todo el tiempo? Cuando permaneces mucho tiempo cerca de alguien que se queja constantemente, comienzas a percibir que te irritas con mayor frecuencia que de costumbre. ¿Por qué? Porque la queja es una de las tanta maneras que tiene la ira de reaccionar ante los obstáculos. A diferencia de la queja, que es sumamente estéril, la ira es sumamente creativa. La queja es la ira inútil. Cuando la ira no encuentra maneras de resolver un conflicto se convierte en queja, gira sobre sí misma y se dirige hacia uno mismo y hacia los que tiene cerca. Es verdad que todos podemos tener motivos más que justificados para estar enojados e irritados. El problema no es sentir bronca, ni enfado o ira, sino aprender a gestionar una emoción tan fuerte y con tanta capacidad creativa. ¿Te diste cuenta que cuando estás enojado tu imaginación es mucho más creativa? Esto se debe a que  la ira tiene un gran potencial y mueve a la imaginación con gran rapidez. La ira, o la cólera, como la conocen muchos, forma parte de nuestra naturaleza humana y su función originaria es la de luchar por adquirir la virtud, lo que la convierte en un motor de la vida espiritual. Cuando la ira se vuelve contra uno mismo o no encuentra salida para resolver los conflictos es cuando se convierte en queja. Para que la ira contribuya al crecimiento espiritual necesita ser gestionada de otra manera. Por ejemplo, prueba durante 21 días lo siguiente. Cuando te encuentres en una situación que te produce ira o despierta la queja hazte la siguiente pregunta; “¿Qué puedo aprender de esta situación?. Otra podría ser “¿Son mis acciones (elecciones) las que me han puesto en esta situación?” Esto ayudará en primer lugar a no pelearse inútilmente con la realidad y nos brindará la posibilidad de reflexionar sobre lo que nos sucede a fin de sacar alguna enseñanza. Además permitirá tomar conciencia de de las propias actitudes o acciones que realizo. No olvides; la realidad seguirá siendo siempre la que es; la realidad. En segundo lugar las preguntas favorecen a entablar un diálogo con la realidad de manera creativa e inteligente. Cuando podemos tomar distancia de los acontecimientos que vivimos y dialogar con ella, damos lugar a que la ira despliegue su potencial creativo con un fin más nutritivo. De esta manera se evita que la queja sea la manera común de reclamar a la realidad no es como se la ha imaginado o soñado. La capacidad creativa de la ira despliega alterativas para saltear los obstáculos.. Recuerda, no es la ira lo que debe preocuparte, sino la queja que en muchos casos termina engendrando la violencia.

Te proponemos el siguiente desafío. Nada fácil, por cierto. Pero tampoco imposible: "No quejarte, ni criticar, ni reclamar quejosamente...durante 21 días". Este desafío requiere de estar atentos al presente, a "este momento" para evitar la queja inútil y desgastante que solo te provoca desazón y amargura. Si te pillas en alguna queja, no te culpabilices, pero deberás comenzar a contar de nuevo. Es decir que si llevas 5 días sin quejarte y de pronto te descubres haciéndolo deberás comenzar el recuento nuevamente...
Nos hemos vuelto un mundo quejumbroso pero podemos hacer algo para revertir esta situación. Te apuntas?

                                                                                                         P. Javier Rojas, sj y Ale Vallina


Es verdad que queremos vivir felices y que no deseamos tener problemas. También es cierto que imaginamos una vida en paz y que podamos cumplir nuestros sueños, pero negar que tenemos problemas es uno de los más grande y peligrosos. Muchas personas niegan tener dificultades cuando en realidad son muy evidentes. Incluso llegan a decir “no es nada” con el fin de no alterar la paz fingida que han sabido construir. Justifican de muchas maneras los errores de los demás y los propios, con tal de no hacer frente a esas situaciones. La única manera de resolver un problema es aceptar que existe. Y sólo cuando podemos situarnos frente a  ellos con libertad es cuando en realidad se libera toda nuestra potencialidad y capacidad para resolver conflictos. Los problemas o situaciones límites generan creatividad e ingenio, sólo tienes que confíar en la sabiduría que anida en ti. Las personas que creen que son incapaces de resolver problemas, en realidad, no se conocen a sí mismas, ni han experimentado la fuerza de la oración. El Espíritu de Dios nos asiste, nos cuida, nos alienta y acompaña. Cuando te encuentres en una dificultad no niegues que estás ante un problema, ábrete a la acción de Dios por medio de la oración y encontrarás la paz verdadera y el medio más adecuado para resolverlo.

P. Javier Rojas sj 

jueves, 19 de septiembre de 2013

Danos, Señor, aquella Paz extraña
que brota en plena lucha
como una flor de fuego;
que rompe en plena noche
como un canto escondido;
que llega en plena muerte
como el beso esperado.

Danos la Paz de los que andan siempre,
desnudos de ventajas,
vestidos por el viento de una esperanza núbil.
Aquella Paz del pobre
que ya ha vencido el miedo.
Aquella Paz del libre
que se aferra a la vida.
La Paz que se comparte
en igualdad fraterna
como el agua y la Hostia.
  • Pedro Casaldáliga.
http://www.razonyfe.org/images/stories/Entrevista_al_papa_Francisco.pdf



¿Te ocurre que en ocasiones no puedes disfrutar de lo que estás viviendo por estar preocupado de otras cosas?  La dificultad por la que nos sentimos vacíos muchas veces es porque no hemos aprendido a disfrutar lo que vivimos. Parece como si estuviéramos programadas para tener nuestros pensamientos en aquellas cosas que están pendientes o en los problemas que tenemos que resolver. Toda nuestra energía mental está casi siempre acusándonos del error que hemos cometido o de las “muchas cosas” que aún nos queda por hacer, mientras el acontecimiento real pasa sin que nos demos cuenta. Aprender a disfrutar de las cosas buenas que vivimos es una cualidad que conjuga lo mejor del presente, del pasado y del futuro. Es en el presente donde dejamos de lado las acusaciones para mirar nuestra vida en el horizonte de un aprendizaje. El pasado nos da memoria y aprendizaje. Es en el presente donde aprendemos a valorar lo que tenemos cuando somos capaces de dejar de lado las cosas pendientes para centrarnos en lo que hacemos. Cuando vivimos valorando lo que acontece en el presente estamos más abiertos también para descubrir cualidades y talentos propios. El futuro no es una amenaza que requiera de nuestro control, sino el horizonte donde podemos vivir lo que hemos aprendido en el presente. 

P. Javier Rojas, sj

miércoles, 18 de septiembre de 2013

“Le pregunté que le pasaba y me dijo: Me siento triste, mi alma necesita un masaje…
Entonces me puse de rodillas, le besé las manos y recé casi en un susurro a su lado.”
@Ale Vallina

( Del cuento: Nando)

Cuáles son tus maneras de acercarte al hermano entristecido?
Qué crees que “masajea el alma” de una persona que está sufriendo?
Comparte si lo deseas…

No arranques la cizaña de error, cultiva más bien el trigo de la enmienda y la reparación. No arranques la cizaña de la culpa, cultiva mas bien el trigo de la reconciliación y del perdón. No arranques la cizaña del fracaso, cultiva más bien el trigo de la esperanza y de la fe. No arranques la cizaña de los celos o envidia, cultiva más bien el trigo de la generosidad y la caridad. No arranques la cizaña del protagonismo que sólo piensa en sí mismo, sino cultiva más bien el trigo de la comunión y la participación de todos. No arranques la cizaña del comentario hiriente, cultiva más bien la capacidad de descubrir el trigo en los demás.

P. Javier Rojas, sj
Confiemos en la fuerza de la oración: el señor no permanece insensible. Sabe siempre cómo sorprendernos cuando menos lo esperamos.
Francisco

Cuando decidas alcanzar una meta o cuando te pongas en marcha hacia algún lugar, ten presente que no basta con haber identificado tu destino. Necesitarás del discernimiento continuo y de una atención vigilante para no perder el rumbo. Además necesitarás flexibilidad interna para saber saltear los obstáculos y una gran capacidad para asimilar los fracasos. Muchas personas no logran sus cometidos porque no han sabido elegir el medio más adecuado. Se aferran a esquemas establecidos por miedo a lo que no pueden controlar y pierden la capacidad para descubrir la voz del Espíritu de Dios que puede estar indicándolo un camino distinto al que ellos concibieron en sus mentes. Pero sobre todo, muchos no llegan nunca a lograr sus proyectos porque huyen del fracaso como de la peste. No se abren a descubrir la sabiduría que existe en ellos. Cuando fracasas aprendes que el medio que escogiste para alcanzar tu cometido no era el correcto ¿Qué hay de malo en comprobar que el camino “no es por ahí”?. Ponte en marcha hacia lo que quieres, pero no te cierres a la voz de Dios. Deja que sea el Espíritu quien te revele el camino y que te descubra lo que realmente anhelas en lo profundo de tu corazón.  

P. Javier Rojas, SJ


La soledad que verdaderamente enferma al ser humano es aquella que se siente estando rodeados de otras personas. Cuando nos sentimos solos tenemos tendencia a creer que se debe a la falta de compañía de otras personas. Pero cuando comprobamos que aun estando con ellas nos sentimos solos, es una realidad que desconcierta por completo. Tal vez, no es compañía lo que te falta, sino Presencia. Es una tarea de todos saber estar con uno mismo pero si a ese momento le permites entrar a Dios, tu soledad se llenará de una Presencia que acompaña.

P. Javier Rojas, sj
Para nuestro Padre, ninguno de nosotros, sus hijos, estamos  definitivamente perdidos. Nos busca denodadamente porque desea encontrarse con cada uno. Ansía  intimar con nuestros corazones, y  poseernos eternamente. Desea bailar con nosotros la danza de la Vida…
 El Padre confía en nuestra capacidad de superación. Nos cree cuando le decimos que estamos intentando corregir nuestros equívocos, absurdos y dolorosos…Dios cree en nosotros y nos alienta a vencernos cada día.
Cuánto amor derrama en nuestras vidas….porque Dios solo puede amar y sentir misericordia por sus hijos. Dios nos dona su confianza. Y es de allí que sale nuestra fuerza para volver a levantarnos de las caídas.
Para el Padre, ninguno de nosotros, está definitivamente perdido.  Somos los herederos de su Reino. Ese, que Él desea que colaboremos construyendo con amor y con solidaridad…

@Ale Vallina
Nuestro bienestar cuelga de manos encadenadas que lo sostiene. Los signos del amor están dispersos y escondidos en toda la historia y precisan de una mirada enamorada para saber apreciar las huellas, orientarse por rastros muy sutiles, que no todos saben captar. Hace falta una mirada de lince y un olfato de sabueso para explorar las quiebras de humanidad ante un Dios encarnado que se nos muestra en la carne y en la debilidad, y desaparece de nuestra vista cuando le escrutamos en los signos del poder y del prestigio.
Xavier Quinzá Lleó sj

martes, 17 de septiembre de 2013

Los pequeños, los enfermos, los pobres, los jóvenes y la oración, el Papa en Asís

Los pequeños, los enfermos, los pobres, los jóvenes y la oración, el Papa en Asís

Qué haría Cristo en mi lugar?
Pregunta fuerte, que toca nuestras fibras más íntimas. Que nos interpela. Y que en muchos casos nos avergüenza la respuesta que podemos dar.
Pregunta que nos obliga a mirar nuestras miserias y nuestras sombras. Pero que también nos alienta a corregir errores, enmendar faltas, revisar actitudes enfermas…
Como Ignacio, pidamos la “gracia”, el don de Dios para que podamos contestar esta pregunta con sinceridad y con real deseo de reformar nuestra vida, de reparar equívocos, desaciertos y descuidos.
Cristo hace el bien. Siempre…Que lo imitemos de corazón.

@Ale Vallina

lunes, 16 de septiembre de 2013


"La eucaristía es el gesto más humano y más divino que podamos imaginar. Esta es la verdad de Jesús: tan humano, y sin embargo, tan divino; tan cercano, y sin embargo tan misterioso; tan sencillo, y sin embargo, tan inasible".
  
Henri NOUWEN

Orar en entrar en una profunda solidaridad con todo ser humano, de modo que en nosotros y a través de nosotros ellos puedan ser tocados por el poder sanante del Espíritu de Dios.
Henri Nouwen
La oración nos lleva siempre, a la vez, al corazón mismo de Dios y al corazón de la lucha humana. Es en el corazón de Dios donde llegamos a comprender la verdadera naturaleza del sufrimiento humano y tomamos nota de nuestra misión de aliviar ese sufrimiento.
Henri Nouwen 


domingo, 15 de septiembre de 2013

Atrévete a ser disitinto/a. A ir contra corriente. A ser quien eres. Atrévete a vivir tu propia vida, y no una impuesta por la sociedad o las costumbres. Atrévete a decir No cuando sea no. Y SI cuando sea si.
No intentes contentar a todos y cada uno de los que te rodean. Terminarás agotado y frustrado.
Sé leal a tí mismo. Solamente responde a tu conciencia, que es Dios mismo habitándote.
Tómate tiempo para descansar, para rezar, para leer, para tomar un café con amigos...Atiende a tu esposo/a. Coversa con tus hijos. Riega tus plantas. Y si puedes, planta un árbol...
Y cuado necesites descansar, busca el momento adecuado. No estires el elástico ya que puede cortarse. No eres ni la mujer maravilla, ni un superhombre.
Disfruta del silencio. Busca momentos de paz para encontrarte contigo mismo. Hay tantos bellos sonidos en el silencio...
Busca contentar a Dios. No a los otros.
Aprende a ser feliz con poco. Lo verdaderamente importante de nuestras vidas no se compra con dinero...
Y finalmente recuerda que"naciste origial, no mueras siendo una copia".
Buen Lunes para todos. Bendiciones!
@Ale Vallina.

«El valor de las cosas simples»

« En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: — «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»  Jesús les dijo esta parábola: — «Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: “¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido.” Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles: “¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido.” Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.» También les dijo: — «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.” El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.” Se puso en camino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.” Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.” Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.” El padre le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.”»
Lc 15,1-10

 Las palabras de Jesús tenían una atracción especial, de eso no cabe ninguna duda,  y lograban captar la atención de su auditorio. Las personas que lo oían las recordaban y las transmitían de generación en generación. Esto es el evangelio. Palabra de Dios que permanece en el tiempo e ilumina de esperanza el corazón del hombre en el transcurso de la historia. ¿Qué había en las palabras de Jesús que lograban captar con tanta fuerza la atención de la gente? ¿Qué sentimientos despertaban en los oyentes sus palabras?
Jesús narraba la vida concreta de los hombres y por ello fascinaba. En sus parábolas, relata y describe situaciones cotidianas de los hombres. Vivencias de muchos hombres y mujeres de su época. Cuando Jesús, hablaba las personas percibían que Él los entendía. Dice Mc que los que lo oían « se admiraban de su enseñanza; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.» (Mc 1, 21-22)
Su misión era la de anunciar el Reino de Dios, y no lo hizo de manera abstracta. Su discurso no se centraba en el deber ser ni en la obligación que tienen de cumplir las normas. Esto ya lo hacían los escribas y fariseos en tiempo de Jesús. Ellos se  dedicaban a recordarles  a los demás, puntualmente, lo que debían hacer pero no realizaban ni la cuarta parte de lo que enseñaban. «Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con un dedo quieren moverlas.» (Mt 23,4). Lastimosamente aún hoy existen personas que lo siguen haciendo. Con su predicación o enseñanzas «atan cargas pesadas», llena culpa sobre las conciencias de los fieles cuando ellos no son capas de enmendar sus vidas o corregir sus pecados.
Jesús, no hablaba como los fariseos hipócritas sino que su mensaje estaba lleno de esperanza y aire fresco. Él ama al hombre y desea su felicidad. Por eso comienza a anunciar la Buena Nueva desde la viva cotidiana para elevar luego la mirada hacia Dios. Jesús pretende en su predicación que el hombre pueda llegar a Dios por el hombre. Habla de su Padre y de la cercanía del Reino desde la vida cotidiana para que todos los que lo oyeran pudieran  entenderlo.
No le interesa edificar una fe a base de prohibiciones, secretos y sacrificios. Quiere que todos los hombres y las mujeres puedan conocer a su Padre. Él desea que comprendiésemos  que su Padre es compasivo y misericordioso con todos y que está presente en nuestras vidas.
Relataba parábolas como medio para expresar su mensaje y sus oyentes lo entendían, porque les hablaba de su vida y con ello les daba una nueva visión de Dios y del hombre.
En el evangelio de hoy escuchamos el relato de tres parábolas y una de ellas muy conocida. Sin embargo las otras dos tienen una riqueza enorme para nuestra vida. Las podríamos llamar las parábolas “de las cosas simples”, porque en ellas suceden dos hechos sencillos que guardan una sabiduría enorme si queremos que nuestra fe se arraigue en nuestra vida cotidiana.

Jesús relata dos situaciones distintas. El hombre que deja las noventa y nueve ovejas y va a en busca de la descarriada. Y la mujer que tiene diez monedas y pierde una. En ambas hace el mismo cuestionamiento: si perdemos una de ellas, ¿no nos preocupamos acaso por recuperarla, así sea descuidando las noventa y nueve ovejas o removiendo toda la casa por encontrar la moneda faltante?
Los oyentes de la parábola sabían que no era así. Nadie pone en riesgo noventa y nueve ovejas por ir a busca a la que se le perdió.  Y si alguno no encuentra la moneda que se extravió, a primera vista, no revuelve toda la casa para encontrarla y menos si es de poco valor.
Los oyentes se percataban de que Jesús les estaba enseñando algo muy grande e importante. Hay valor en las cosas simples de la vida que necesitamos recuperar.
Cada vez prestamos más atención y dedicación a las cosas que creemos nos dan más ganancias. Con frecuencia dedicamos más horas y tiempo por conservar y aumentar aquello que es más útil o beneficioso….Y nos olvidamos de que las cosas que más valor poseen, son aquellas que no se pueden comprar.
La Buena Nueva de Jesús, el evangelio, la palabra de Dios que escuchamos cada domingo nos enseña que hay cosas simples en la vida que tienen un valor inmenso y no debemos dejar que se pierdan.
 En nuestra vida cotidiana hay innumerables ocasiones en las que se nos plantea la disyuntiva de dejar las noventa y nueve ovejas en el redil para ir a buscar a la que se perdió.
Tenemos que animarnos a dejar esas horitas de trabajo, que tal vez incrementen nuestro capital por ver crecer a nuestros hijos… A veces hay que dejar de lado tanto ruido y activismo para dedicar unos minutos a estar con Dios.
Si hoy estamos de acuerdo en que se están perdiendo valores en nuestra sociedad, ¿no será porque valoramos muy poco las cosas simples?.
¿Hace cuánto que no visitas a tus padres? ¿Cuándo fue la última vez que comiste un asado con tus amigos o fuiste de paseo con tus amigas? ¿Recuerdas cuándo fue la última vez que rezaste unos minutos frente al Santísimo? ¿Hace cuánto que no sales con tu esposo/a, novio/a para compartir a solas? ¿Te das cuenta de que hablas mucho de ti mismo, sin preguntar cómo están los demás?
Hay valor en las cosas simples porque ellas enriquecen el alma. Pidamos a Dios que nos ayude a descubrir el valor que tienen las cosas simples. Que vayamos a buscar la oveja perdida y busquemos con delicadeza la moneda que se perdió. No dejemos que se pierdan. Que las cosas sencillas no se pierdan.
P. Javier  Rojas sj


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