sábado, 26 de octubre de 2013


Con cierta frecuencia recuerdo las palabras de Jesús, “La verdad los hará libre” (Jn 8, 32). Sobre todo, cuando me doy cuenta -y con cierta admiración y sorpresa-, del entramado de pensamientos, razonamientos y justificaciones que utilizamos para ocultar lo que a veces resulta ser tan evidente para otros. No sería justo afirmar que toda mentira o engaño se comete siempre de manera deliberada o descarada, pero ocurre que no siempre estamos dispuestos a buscar la verdad cuando sospechamos que existe alguna falsedad. A menudo sucede que cuando descubrimos nuestras propias mentiras tratamos de ocultarlas en lugar de erradicarlas. Y cuando sucede esto entonces sí nos convertimos en cómplices de las propias falsedades. ¿Cómo es que llegamos a aferrarnos tanto a una mentira? ¿Por qué pareciera que preferimos mantener el engaño cuando la verdad ha mostrado evidencia?
No pretendo quitar responsabilidad a quienes engañan a los demás siendo conscientes de sus mentiras, pero hay personas que son presas de sus propias falacias sin ser conscientes de ello. No mienten ni engañan deliberadamente para sacar algún provecho o beneficio, al menos no conscientemente, sino que se encuentran sumergidos en una fantasía que ellos mismos han creado. Es más, me atrevo a pensar que un engaño de este tipo ni siquiera puede ser considerada una mentira. Hay personas que inventan historias porque necesitan sentir que siguen teniendo el control de sus vidas. Y cuando esto sucede, es porque la propia realidad que viven les resulta difícil de aceptar. Les sería muy traumático darse cuenta de la falsedad en la que viven de un “solo golpe”. A veces tengo la sensación de que una persona no elige libremente mentir o engañarse a sí misma, sino que deforma la realidad que vive a modo de mecanismo de defensa para que le resulte soportable. Entonces, ¿podemos expresar lo que creemos que es verdad, siempre y de cualquier manera, por el simple hecho de que se busca la libertad? No, definitivamente no. Al menos no sin antes comprobar de qué tipo de mentira y engaño se trata, y del verdadero motivo que impulsa el deseo de expresar algo que creemos que es verdad. Si expresamos algo que resulta amenazante a otra persona, sin mostrar compasión y aceptación a la vez, no lograremos absolutamente nada. Es más, seguramente empeoraremos las cosas. Y una verdad mal dicha es peor que mil engaños. Una verdad, puede curar y liberar, pero también puede dañar enormemente a una persona. La verdad a la que hace referencia Jesús es la que emana de la compasión y de la búsqueda del bien. Del deseo auténtico de contribuir en el crecimiento espiritual y humano de otra persona. La verdad de la que habla Jesús, es aquella que se alcanza porque se guarda el mandamiento del amor. Esa que se va descubriendo paulatinamente y en la medida en que la conciencia puede asimilarla. La verdad no está en poder de una persona, sino disponible a todos aquellas que la buscan con humildad y sin presunción de ningún tipo. No te engañes creyendo que posees “la verdad” cuando en realidad lo que tienes es una simple opinión…y una opinión no hace libre a nadie.

P. Javier Rojas sj

viernes, 25 de octubre de 2013


Señor ayúdame a reconocer mis dones, semilla pequeña que sembraste en mi alma. Enséñame a desarrollarlos y a expandirlos. Edúcame para que pueda ponerlos de manera generosa al servicio de tu Reino.
 Muéstrame el camino y el lugar preciso donde he de donarme, donde puedo serte de ayuda, donde sin mi colaboración una sonrisa menos pueble un rostro necesitado. Llévame donde Tú quieras y hazme valiente para afrontar los desafíos. Que el miedo no se apodere de mí y que resista los embates del desaliento. Decide el destino que requiera de esos dones.
Pido Señor, que mis manos asustadas, aun así, deseen ponerse a tu servicio. Y por favor Señor aleja de mí todo rastro de soberbia y vanagloria. Que siempre perciba, que los talentos son tus obsequios, regalos de tu misericordia.
Edúcame Padre, porque recién cuando los reconozca y los agradezca podré ofrendarme atrevidamente y  convertirme en colaboradora de la obra de tus manos.

@Ale Vallina

Papa Francisco: "Confesar nuestros pecados no es ir al psiquiatra, ni a la tortura. Debemos tener la valentía ante el confesor de llamar a los pecados por su nombre, sin esconderlos..."


jueves, 24 de octubre de 2013

Es imposible que haga oración verdadera quien se jacta de ser justo, que cree no tener nada de qué arrepentirse y nada que agradecer a Dios. El fariseismo es el cáncer de la oración, de la vida cristiana y de toda religión.

Jesús Álvarez SSP
Tienes la Paciencia de esperar que el lodo se asiente y que  el agua se aclare?
Qué respondes?

miércoles, 23 de octubre de 2013

Una pregunta para terminar el día, para sincerarnos con nosotros mismos y para crecer en el amor a Dios. 
Puede que estas preguntas sirvan como disparadoras de mi oración de la noche...
Cómo vivo mis días? 
Vivo despierto o vivo dormido? 
Si vivo dormido, cómo creo que puedo despertar para vivir plenamente en el aquí y en el ahora y para la mayor gloria de Dios?

En el Evangelio de hoy (Lucas 12,39-48) Jesús nos insiste en “estar vigilantes” porque no sabemos ni la hora ni el día de su regreso. 
También nos recuerda que al que mucho se le ha dado, mucho se le pedirá…Y al que mucho se le confió, mucho se le reclamará.
Somos conscientes de eso? Comprendemos que somos responsables en la construcción del Reino?. Cuánto hemos recibido y cuánto damos? Preguntas para que meditemos durante la mañana de hoy. 

martes, 22 de octubre de 2013


Hay quienes consideran que todo lo que los rodea es  desecho o desperdicio. Otros, en cambio, saben ver en todo un milagro. Esto últimos, aún de las situaciones más difíciles, hallan aprendizajes para crecer y avanzar, y reconocen el paso de Dios en todas las situaciones que caminan cada jornada.
Todo depende del cristal con el que miramos. Esto es cierto…Por ello, no es tan significativo lo que miramos, sino cómo lo hacemos.
 Así nuestro pedido de este día será la gracia para poder contemplar los milagros cotidianos, esos que se nos cruzan a diario y en ocasiones no nos detenemos a apreciar ni a gozar.

@Ale Vallina
La alegría es reflejo de Dios ...

Al materialista o avaro le gusta acumular y ensanchar sus “graneros” para ser admirados por todos, mientras que al hombre y a la mujer que se saben amados por Dios les urge “achicar” espacios, fronteras, límites para estar cerca del prójimo.
P. Javier Rojas sj

lunes, 21 de octubre de 2013


1. Tú que vives bajo la protección del Dios altísimo y moras a la sombra del Dios omnipotente,
2. di al Señor: "Eres mi fortaleza y mi refugio, eres mi Dios, en quien confío".
3. Pues él te librará de la red del cazador, de la peste mortal;
4. te cobijará bajo sus alas y tú te refugiarás bajo sus plumas; su lealtad será para ti escudo y armadura.
5. No temerás el terror de la noche ni la flecha que vuela por el día,
6. ni la peste que avanza en las tinieblas ni el azote que asola al mediodía.
7. Aunque a tu lado caigan mil, y diez mil a tu diestra, a ti no te alcanzarán.
8. Te bastará abrir los ojos, y verás que los malvados reciben su merecido,
9. ya que has puesto tu refugio en el Señor y tu cobijo en el altísimo.
10. A ti no te alcanzará la desgracia ni la plaga llegará a tu tienda,
11. pues él ordenó a sus santos ángeles que te guardaran en todos tus caminos;
12. te llevarán en sus brazos para que tu pie no tropiece en piedra alguna;
13. andarás sobre el león y la serpiente, pisarás al tigre y al dragón.
14. Porque él se ha unido a mí, yo lo liberaré; lo protegeré, pues conoce mi nombre;
15. si me llama, yo le responderé, estaré con él en la desgracia, lo libraré y lo llenaré de honores;
16. le daré una larga vida, le haré gozar de mi salvación.
SALMO 91
Ora con ganas.Dios siempre está hablándonos. Habla con Él. Óyelo...

domingo, 20 de octubre de 2013

Qué sería de nosotros sin la Buena Nueva?
Cómo podríamos vivir sin las promesas de Jesús? Sin el encuentro con Él en la Eucaristía? Sin la certeza de una vida eterna?
Cómo podríamos atravesar oscuras quebradas sin su mano presta para asirnos?
Es que acaso podemos caminar sin la seguridad de que Dios es Padre y de que nos ama a cada uno de nosotros con un amor inconmensurable?
Qué sería de nosotros sin la convicción de que estará con nosotros hasta el final de los tiempos y de que con Él nada hay que temer? Y sin su Madre, donación preciosa a la que encomendamos cada día?
No podemos vivir sin la alegría del Evangelio. Son las "Buenas Noticias" las que nos invitan a convertir nuestras vidas cansadas, descuidadas y dormidas en vida que brota de un Manantial sin fin, desde el cual mana la esperanza y  desde donde surge la mudanza del hombre viejo en un ser nuevo...
@Ale Vallina


«Cerrar los ojos para ver»

« Les refirió también una parábola acerca de la necesidad de orar siempre y no desmayar.   Les dijo: "En cierta ciudad había un juez que ni temía a Dios ni respetaba al hombre.  Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él diciendo: 'Hazme justicia contra mi adversario.'   Él no quiso por algún tiempo, pero después se dijo a sí mismo: 'Aunque ni temo a Dios ni respeto al hombre,   le haré justicia a esta viuda, porque no me deja de molestar; para que no venga continuamente a cansarme.'"   Entonces dijo el Señor: "Oíd lo que dice el juez injusto.   ¿Y Dios no hará justicia a sus escogidos que claman a él de día y de noche? ¿Les hará esperar?   Os digo que los defenderá pronto. Sin embargo, cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?" »
Lc. 18, 1-8
               

Seguramente muchos de ustedes han visto con sus hijos, sobrinos o nietos la película de Tarzán de la productora Disney. En ella hay una escena que revela, de manera maravillosa, el mirar y el sentir de una madre.
En una escena Tarzán se encuentra a orillas del lago con la cara cubierto de barro luego de haber discutido con Kerchak, el gorila macho de la manada. En ese momento llega su madre y entablan un diálogo precioso.

-Tarzán, ¿qué haces?
-¿Por qué soy tan diferente?- Dice Tarzán
-¡Por qué estás cubierto de lodo, por eso!- Le responde la madre
-No, Kerchak dice que no pertenezco a la manada…
-Cierra la boca (y le limpia la cara de barro)
-Kerchak dice que no pertenezco a la familia
-No importa lo que diga Kerchak. … Pero, quédate quieto
-Pero mírame… -dice Tarzán
-Te miro Tarzán y … ¿sabes lo que veo?.  Veo dos ojos como los míos, y una nariz en alguna parte, ah… aquí. Dos orejas. A ver ¿qué más?
-¿Dos manos? Dice Tarzán
-Así es… -Tarzán posa sus manos sobre las manos de su madre y se da cuenta que son muy diferente, entonces la madre le dice..
-Cierra los ojos, olvida lo que ves. ¿Qué sientes? (le coloca su manito sobre su corazón)
-Mi corazón…
-Ven aquí… -le dice la madre y hace que apoye sus orejas sobre su corazón
-Tarzán responde: “Tu corazón”…
-¿Lo ves? –dice la madre- Somos iguales… -y se dan un gran abrazo

Si los hombres contempláramos la realidad que nos rodea y las situaciones que vivimos con los mismos ojos con los que mira una madre, nos daríamos cuenta que las diferencias que tenemos con los demás no son tan decisivas. Si pudiéramos por un instante cerrar los ojos de nuestros preconceptos y prejuicios, descubriríamos que son más las cosas que nos unen a los demás que las que nos separan. Existe más comunión entre nosotros de lo que creemos, pero  hemos optado por resaltar mayormente nuestras diferencias.
Así es como mira una madre. Las diferencias que existen sólo hace de sus hijos personas únicas, pero existe entre ellos mucha más comunión. Si buscas la comunión sabiendo que las diferencias enriquecen y hacen único a cada persona, seguramente tendrás paz.
Si lográramos mirar la realidad buscando más lo que nos une que lo que nos diferencia estaríamos haciendo nuestra la mirada de nuestra madre. Es verdad que la felicidad no radica en borrar las diferencias ni en talar defectos personales. Pero también es cierto que ya existen demasiadas personas dedicadas a buscarlas y combatirlas.
Muchas personas se pasan la mayor parte de su vida combatiendo las diferencias con los demás. Es cierto que esas diferencias pueden ser defectos que deben corregirse, pero me pregunto si no sería más noble cultivar nuestras virtudes. Estoy seguro de que si afianzamos una mirada amable sobre los demás, los defectos propios y los ajenos se irán desvaneciendo por sí mismos con mucha mayor facilidad que si nos pasáramos frunciendo el ceño todo el tiempo ante cada defecto.
Se puede educar a un hijo de dos maneras; o enseñándoles a centrarse en los defectos propios y ajenos, o ayudar a que aprenda a descubrir la virtud que debe construir y cultivar en los otros y en sí mismo.
Me gusta encontrarme con personas que miran las diferencias e incluso los defectos con mayor amplitud de conciencia. Porque no van por la vida con la espada de justicia impartiendo castigo a su antojo, sino que más bien marchan con el cincel en la mano dispuestos a descubrir la figura más bella oculta detrás de lo duro de un defecto. A estas personas no les asusta mirar la realidad cara a cara porque han aprendido a ver con los ojos cerrados a los prejuicios.
Las personas que se quedan con la primera impresión de los demás, es porque no han tenido a nadie que les enseñe a descubrir el tesoro y la belleza que el ser humano lleva por dentro. Por eso juzgan apresuradamente y son muy críticos. En gran parte, la tarea de una madre es ayudar a que sus hijos descubran la riqueza de su interior, para que aprendan también a descubrir la belleza que vive en el prójimo.
Una madre puede ver su tarea concluida, cuando logra que sus hijos aprendan a aceptar las diferencias de los demás sin necesidad de salir a combatirlas. Cuando les ha enseñado a salir de sus propios criterios para entrar en la piel del vecino antes de juzgarlo anticipadamente.
Madre es aquella que ha transmitido a su hijo la capacidad de ver oportunidad donde los demás se empecinan en ver fracaso. Madre es quien ayuda a que sus hijos se esfuercen por lo que quieren y luchen por ello, pero además les enseña a descubrir la mano de Dios en todo lo que viven.
Madre es aquella que sabe callar, que guarda muchas cosas en su corazón, y que en lugar de comparar a sus hijos entre sí, los alienta en su diversidad para que encuentren su destino.
Pidamos a Dios la gracia de que nos ayude a tener esos ojos de madre que nos permitan ver el mundo en el que vivimos desde el amor y la compasión.

P. Javier Rojas sj


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