sábado, 9 de noviembre de 2013

«El Dios de los vivos»

« 27 Se acercaron algunos de los saduceos, que niegan que haya resurrección, y le preguntaron  28 diciendo: --Maestro, Moisés nos escribió: Si el hermano de alguno muere dejando mujer, y él no deja hijos, su hermano tome la mujer y levante descendencia a su hermano.  29 Había, pues, siete hermanos. El primero tomó mujer, y murió sin dejar hijos.  30 También el segundo.  31 Y la tomó el tercero, y de la misma manera también todos los siete, y murieron sin tener hijos.  32 Por último, murió también la mujer.  33 En la resurrección, puesto que los siete la tuvieron por mujer, ¿de cuál de ellos será mujer?  34 Entonces respondiendo Jesús les dijo: --Los hijos de este mundo se casan y se dan en casamiento.  35 Pero los que son tenidos por dignos de alcanzar aquel mundo venidero y la resurrección de los muertos no se casan, ni se dan en casamiento.  36 Porque ya no pueden morir, pues son como los ángeles, y son también hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección.  37 Y con respecto a que los muertos han de resucitar, también Moisés lo mostró en el relato de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob.  38 Pues Dios no es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos viven.»

                      Lc 20, 27-38

¿Cómo entendemos los cristianos la resurrección? ¿Qué imagen nos hacemos de ella? ¿Sigue siendo la resurrección el núcleo esencial de nuestra fe?
San Pablo dice que sin la certeza de la resurrección nuestra fe sería vana (1Cor 15, 10) y creo que en gran parte es la falta de fe en la resurrección lo que ha convertido en ocasiones nuestra religión y nuestras iglesias en un museo de antigüedades. Frío, y pálido.
La resurrección nos convierte en verdaderos discípulos de Jesucristo. Esto es tan decisivo para nosotros que divide las aguas entre los que creemos en la vida nueva que nos ha dado Jesús  y aquellos que aún no lo experimentan ni lo creen.
Mientras no dejemos de pensar que la resurrección es algo que viviremos del otro lado de la muerte, no habremos aprendido a vivir como hijos de la resurrección… Hay gente resucitada por todos lados. Tal vez lo que hace falta es tener ojos resucitados para poder reconocerlos. ¿Podemos decir que somos todos nosotros personas resucitadas?
¡Y qué es la resurrección sino «vivir» más y con mayor conciencia la vida que tenemos! La resurrección es un don que Dios da a todo aquel que la pide, con el firme convencimiento de seguir adelante en la lucha de cada día por amar más y servir mejor. El don de la resurrección no puede quedar encerrado entre las paredes del egoísmo personal, sino  necesita abrirse a los demás y transmitir esa vida nueva que hemos recibido.
La resurrección es, realmente, como dice Bessiere, «un fuego que corre por la sangre de nuestra humanidad. Un fuego que nada ni nadie puede apagar». Resurrección es vida nueva o, si se quiere, un nuevo modo de vivir.
Cuando los discípulos se encontraron con Jesús resucitado, sus vidas cambiaron para siempre, y a partir de allí llevaron en el alma el sello de la resurrección sin haber conocido aún la muerte.
Sólo nuestra propia mediocridad y aburrimiento pueden ahogar la vida nueva que corre por las venas… Y puede convertir nuestra fe, en un cúmulo de leyes y preceptos que no dan vida a nadie.  
Los hombres y las mujeres resucitados son aquellos en quienes se percibe un «plus» de vida que es perceptible en sus ojos brillantes, en su sonrisa contagiosa y en sus manos siempre extendidas.
Son personas que saben que pueden reverdecer cada mañana esas ilusiones y esperanzas que le fueron podadas por la noche. Son personas que se levantan cada día convencidas de que lo hacen para vivir y no para vegetar. Son personas que se miran al espejo y se regalan una sonrisa de aceptación y reconciliación, renovando su espíritu para comenzar cada mañana con nuevas fuerzas.
Si hay algo que realmente da cuenta de la resurrección es la sonrisa. Si nos convenciéramos de lo hermoso que hace a una persona sonreír, nos preocuparíamos de que no se borrara nunca de nuestro rostro.
Con tu sonrisa regalas resurrección e iluminas las vidas tristes y apagadas de quienes aún no han conocido a Jesucristo. Ahora pregúntate ¿A quién vas a sonreír? ¿A quién vas a regalar resurrección? No dejes que nada ni nadie te quite la expresión de resurrección de tu vida.
Dediquémonos a repartir resurrección y a hacer del lugar que vivimos un verdadero Tiberíades, un lugar de encuentro profundo con la vida.
Si te animas a sonreír, a expresar resurrección verás como todo en ti rejuvenece. Basta con que te zambullas en el río de la propia vida resucitada para salir de él chorreando amor a los demás.
La resurrección la vivimos de alguna manera en esta vida y en la futura la gozaremos eternamente. Vive la resurrección, contagia resurrección y dale a esta vida que tienes la oportunidad de resplandecer.
Que el Dios de los vivos, nos conceda la gracia de no envejecer antes de tiempo y de que sepamos abrirnos con generosidad a la vida que él nos quiere regalar.

P. Javier Rojas sj
Todo regresa...así que ocupémonos de regalar sonrisas.

Obispos argentinos: El flagelo de la droga


Angustias de la sociedad

1 - La sociedad vive con dolor y preocupación el crecimiento del narcotráfico en nuestro país. Son muchos los que nos acercan su angustia ante este flagelo. Nos conmueve acompañar a las madres y los padres que ya no saben qué hacer con sus hijos adictos, a quienes ven cada vez más cerca de la muerte. Nos quedamos sin palabras ante el dolor de quienes lloran la pérdida de un hijo por sobredosis o hechos de violencia vinculados al narcotráfico.
2 - Sabemos que este problema es un emergente de la crisis existencial del sentido de la vida en que está sumergida nuestra sociedad. Se refleja en el deterioro de los vínculos sociales y en la ausencia de valores trascendentes.
3 - Cuando este mal se instala en los barrios destruye las familias, siembra miedo y desconfianza entre los vecinos, aleja a los chicos y a los jóvenes de la escuela y el trabajo. Tarde o temprano algunos son captados como ayudantes del “negocio”. Hay gente que vende droga para subsistir, sin advertir el grave daño que se realiza al tejido social y a los pobres en particular.
4 - Es alarmante la expansión de las llamadas drogas sintéticas, que se distribuyen en diversos espacios festivos, y nos duelen las conductas autodestructivas en adolescentes o jóvenes que consumen diversas sustancias.
5 - Lo que escuchamos decir con frecuencia es que a esta situación de desborde se ha llegado con la complicidad y la corrupción de algunos dirigentes. La sociedad a menudo sospecha que miembros de fuerzas de seguridad, funcionarios de la justicia y políticos colaboran con los grupos mafiosos. Esta realidad debilita la confianza y desanima las expectativas de cambio. Pero también es funcional y cómplice quien pudiendo hacer algo se desentiende, se lava las manos y “mira para otro lado”.

Necesidad de medidas urgentes

6 - La Argentina está corriendo el riesgo de pasar a una situación de difícil retorno. Si la dirigencia política y social no toma medidas urgentes costará mucho tiempo y mucha sangre erradicar estas mafias que han ido ganando cada vez más espacio. Es cierto que el desafío es enorme y el poder de corrupción y extorsión de los grupos criminales es grande. Pero no es verdad que “nada se puede hacer”.
7 - La complejidad de este tema es tal que solo será abordado eficazmente por medio de amplios consensos sociales que deriven en políticas públicas de corto, mediano y largo alcance. Pero perseguir el delito es tarea exclusiva e irrenunciable del Estado. Recogemos también la preocupación por la desprotección de nuestras fronteras, y por la demora en dotar de adecuados sistemas de radar a las zonas más vulnerables.
Lamentamos que el organismo del Estado dedicado a coordinar las políticas públicas en esta materia (SEDRONAR) lleve tantos meses sin tener su responsable designado.

Pasión por el bien

8 - Muchos centros educativos, clubes barriales y diversas ONG colaboran en la educación, prevención y asistencia a las víctimas. Reconocemos gratamente la ardua tarea que se desarrolla desde la Iglesia implementando en las diócesis la pastoral de adicciones, promoviendo la contención de familias, el acompañamiento y la reinserción social de los adictos. Valoramos de corazón el esfuerzo, la dedicación y la entrega de tanta gente generosa que colabora en comunidades terapéuticas. No obstante, como obispos somos conscientes de que no hemos sido suficientemente eficaces en promover una pastoral que convoque y contenga a los adolescentes y jóvenes. A su vez, seguimos alentando la creación de centros de asistencia para quienes sufren la esclavitud de la adicción y les cuesta salir.
9 - Esta situación está dejando un tendal de heridos que reclaman de parte de todos compromiso y cercanía. Jesús nos pide que nos inclinemos ante quien sufre y que tratemos con ternura sus heridas.
10 - San Pablo nos enseña a “tener horror por el mal y pasión por el bien” (Rm 12, 9). Por eso no debemos quedarnos solamente en señalar el mal. Alentamos en la esperanza a todos los que buscan una respuesta sin bajar los brazos:
   A las madres que se organizan para ayudar a sus hijos.
   A los padres que reclaman justicia ante la muerte temprana.
   A los amigos que no se cansan de estar cerca y de insistir sin desanimarse.
   A los comunicadores que hacen visible esta problemática en la sociedad.
   A los docentes que cotidianamente orientan y contienen a los jóvenes.
  A los sacerdotes, consagradas, consagrados y laicos que en nuestras comunidades brindan espacios de dignidad humana.
   A los miembros de fuerzas de seguridad y funcionarios de otras estructuras del Estado que aún a riesgo de su vida no se desentienden de los que sufren.
   A todos los que resisten la extorsión de las mafias.

Que no nos roben la esperanza

11 - Es perverso vivir del sufrimiento y de la destrucción del prójimo. Por eso anhelamos una justicia más eficiente que erradique sin demoras la impunidad. Al mismo tiempo no dejamos de pedir la conversión de los traficantes.
12 - A cada uno de los que han caído en la droga, le decimos con el Papa Francisco: “Puedes levantarte, puedes remontar; te costará, pero puedes conseguirlo si de verdad lo quieres. Tú eres el protagonista de la subida, esta es la condición indispensable. Encontrarás la mano tendida de quien te quiere ayudar, pero nadie puede subir por ti”.
13 – No dejemos que nos roben la esperanza, ni que se la arrebaten a nuestros jóvenes. Cuidémonos los unos a los otros. Estemos particularmente cerca de los más frágiles y pequeños. Trabajemos por una cultura del encuentro y la solidaridad como base de una revolución moral que sostenga una vida más digna.

Que el Señor nos ilumine y la Virgen de Luján nos ayude a cuidar el presente y el futuro de la Nación.


106° Asamblea Plenaria
Pilar, 7 de noviembre de 2013

viernes, 8 de noviembre de 2013

Hay un optimismo capaz de producir pesimismos: y es el de los optimistas que enajenan el presente, que desatienden la hora en que se vive a fuerza de anticiparse un futuro prodigioso de esa hora...
Cada hora de la vida tiene una riqueza, un significado y un sentido.
Cuando el tipo no aprovecha esa riqueza, no advierte ese significado, no entiende ese sentido, ha sufrido una pérdida que ya con nada podrá compensar...
Pero es que la felicidad no es nunca una cosa hecha: se va haciendo.
No se trata de que el tipo piense, edificado, en que llegará a ser feliz: se trata de que, lúcido, vaya siendo feliz. A cada momento el tipo está llegando a algo. Lo malo es que no se da cuenta. Nada de lo que pasa, pasa. Todo se hace nuestro.
La felicidad no puede estar al fin de ningún camino: debe ir estando en el camino. No es, nunca, una cosa hecha: es intención y referencia, es conciencia y fe. No busca el camino hacia una cosa: se hace, entre las cosas un camino. Todo momento es algo, todo paso es una decisión. Cada latido es un regalo.
Por no haber entendido eso tuvo que confesar, allá en sus años viejos, la Marquesa de Sevigné: - '¡Qué feliz era yo en aquellos tiempos en que era infeliz!.

Wimpi. 
¿Qué hacer para ser feliz? 
¡Nada! No se hace nada... 
Es necesario desprenderse de las cosas. De la ilusión. De ideas erróneas.
Anthony de Mello sj
Nuestra felicidad o infelicidad dependen más de la manera por la cual percibimos y nos enfrentamos con los acontecimientos, que de la propia naturaleza de éstos. Si no te está gustando tu vida, hay algo erróneo en ti.
Todas las barreras que nos impiden alcanzar la felicidad son autoimpuestas. ¿Tienes conciencia de que has sido responsable, durante todos estos años, por tu felicidad?...
No es lo que tenemos, sino todo lo que disfrutamos, lo que nos hace felices. Sólo podemos disfrutar la vida cuando no tenemos miedo a las pérdidas. Y nos volvemos libres cuando finalmente tomamos conciencia de que aquello que sabemos no nos puede ser quitado o robado, ni por los otros, ni por nosotros mismos.
Si deseamos ser felices, podemos serlo inmediatamente, porque la felicidad está en el momento presente.
La felicidad no se encuentra en lo exterior. Líbrese de esa noción equivocada, o nunca la encontrará. Hay otra cosa de la cual usted debe deshacerse, si quiere hallar la felicidad y la alegría. Tenemos que cambiar algunas de nuestras actitudes. ¿Cuáles son? La primera es la actitud del niño vuelto únicamente a sí mismo. Ya ha oído a un niño decir: 'Si no juegas conmigo, me voy a casa'.
Examínese. Piense en lo que le causa infelicidad y vea si puede detectar esa frase que dice casi inconscientemente: 'Si no consigo eso, o aquello, me niego a ser feliz'. 'Si no me dan eso, o no sucede aquello, me niego a la felicidad'. Muchas personas no son felices porque están imponiendo condiciones para su felicidad. Investigue si esa actitud existe en su corazón y expúlsela.
Anthony de Mello sj

jueves, 7 de noviembre de 2013


Dios es amor y se manifiesta en obra de amor: la creación, el don de su Hijo y del Espíritu, la divinización del hombre. Mientras vivo en el mundo, sin cerrar los ojos, me es posible tratar de saber reconocer por todas partes la acción de Dios, a fin de amarle y servirle en todo.
Jean Laplace sj


San Francisco Javier, en su larga carta escrita desde Japón sobre «la ciencia de esperar en Dios», aconseja a los que sueñan en realizar grandes cosas que se preparen para eso, esforzándose en conservar la confianza en Dios, en medio de las cosas pequeñas. Estas cosillas son para nosotros no ya las ocasiones de asegurarnos ciertos méritos, sino muy al contrario los medios de comprobar la debilidad de nuestra carne y la necesidad cada vez mayor que tenemos de entregarnos a Dios.

Jean Laplace sj
Es tan sencillo: “Existo porque soy amada”. Y necesito aprender de ese amor a caminar, poco a poco, con los muchos que Él  ha puesto en mi sendero.
Si soy amada significa que el amor es parte de mi ser. Me habita. Así, pues, debo hacerlo fluir y no anular la acción del Espíritu que desea la donación de ese amor.

Fluye Amor de Dios por mis venas.
Traspasa las capas de mi indiferencia,
recorre mis laberintos,
y regálate a mis hermanos
a través de mi imperfección y mis absurdos.
Amén

@Ale Vallina
¿Por qué la cruz es victoriosa? No por sí misma, sino por aquel que la ha llevado. Jesús consigue en ella la victoria sobre el odio, origen de muerte. Él lo vivió todo, incluso la muerte, en el amor.

Jean Laplace sj
El que llegue a contemplar la Pasión de Jesús a través de los ojos de María, podrá mirar sin turbación el mal del mundo y «completar en su carne lo que falta al sufrimiento de Cristo» (Col 1,24). María desde la Anunciación, pasando por la pérdida en el Templo y por Cana, ha ido creciendo en la oscuridad de la fe. Está pronta a reconocer los designios de Dios, la hora. Se mantiene en pie junto a la cruz. Con Jesús, desciende hasta el fondo del mal, que es lo bastante fuerte como para dejarla exánime por el sufrimiento que le produce. Nueva Eva junto al nuevo Adán. Sólo hace una cosa con el corazón: unida a él es capaz de abrir su espíritu al amor universal. He aquí tu madre. He aquí tu hijo. Para ella Jesús es toda la humanidad que en él encuentra la salvación. En adelante ya no es posible amarle a él, sin amar con él a todos los hombres que él ama. En María comienza la Iglesia, esposa de Cristo, y el nacimiento de todos los hombres a la vida y al amor.

Jean Laplace sj

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Cuanto más profunda se hace la vida espiritual, tanto más exige al hombre el salir de si mismo para que consiga las dimensiones del Cristo universal.
Jean Laplace sj
El camino conveniente para cada uno es el que le hace conseguir la libertad de amar en verdad y de reconocer en sí mismo y en los otros la universal gracia de Dios.
Jean Laplace sj
Ante toda elección, me encuentre en la situación que me encuentre, soltero o casado, con la profesión que sea, lo que me hace discípulo de Jesús y me acerca a la perfección del Padre celestial, es mantenerme fiel a la invitación del Señor: Sé pobre, hazte niño, no te pertenezcas a ti mismo. Nadie tiene acceso al Padre ni puede amar a sus hermanos, si no sigue a Jesús por este camino.
Jean Laplace sj

Eva volvió su mirada sobre sí misma, se perdió en discusiones sobre las palabras de Dios, y se distanció de Dios. María no conoce este género de insinceridad. Permanece auténtica ante Dios: se considera a sí misma, y con toda verdad, como la obra de su amor. Perfecto espejo que se presenta ante la luz para dejar que en él se refleje; así vive ella del reconocimiento de los dones de Dios. Inmaculada la llamamos, y es ella la mujer que desbarata los esfuerzos de Satanás por conseguir que volvamos la vista hacia nosotros mismos y nos despreocupemos de Dios.

Jean Laplace sj
No espera el Señor a que seamos perfectos para estar con nosotros. Lo que espera no son nuestras obras, sino la donación de nuestro corazón que se ofrece tal como es, hoy mismo. La humildad, que reconoce que todo lo tiene que recibir, muestra su autenticidad en el hecho de rechazar todo temor.

Jean Laplace sj
Jesús rompe las cadenas para hacernos andar. Nadie puede decir: Jesús Salvador, ten piedad de mí, sin oír a continuación: Ven, yo soy; yo haré de ti un pescador de hombres (Le 5,1-11). Además nadie puede trabajar en la obra de Cristo si antes no se reconoce pecador. Súplica de pecador y oración de ofrenda no son sino una única y misma oración.

Jean Laplace sj
Descubre tu presencia,
y mátame tu vista y hermosura;
mira que la dolencia
de amor, que no se cura
sino con la presencia y la figura.
San Juan de la Cruz
Jesús es el Reino de Dios que atraviesa el corazón de la mujer y el hombre, sin hacer distinciones entre buenos y malos; santos y pecadores. 

martes, 5 de noviembre de 2013


Cuando te asalte un pensamiento, pregúntale: "¿Eres de los nuestros o vienes del adversario?"
A veces rodamos cuesta abajo. Y parece que el sol no se abre paso entre las oscuras nubes. Ni un atisbo de claridad podemos percibir. Y se nos nublan la vista y la razón. Y la respiración deja de fluir con holgura. Se vuelve dificultosa y forzada. Y reaparecen antiguos temores. Y el futuro pierde nitidez…Te ha ocurrido alguna vez algo así?
Es casi seguro que en algún momento te ha sucedido algo parecido. Lo más apropiado es, cuando las nubes tormentosas enfundan el sol, tomar una postura cómoda, cerrar los ojos y hacer consciente el modo en el que respiramos. Es rápido y entrecortado? Sientes algún dolor en el pecho o en la garganta?
Pues inspira largo y expira de igual modo. Suave y acompasadamente. Luego, imagínate sostenido por una mano poderosa, que viene de lo alto. Y, lo más importante, toma distancia del problema. No lo hagas parte tuyo. Con la imaginación colócalo en un lugar lejano pero no tanto que te impida verlo. Y allí desde cierta perspectiva asómate y lo observas. En general, cuando objetivamos el problema colocándolo fuera, dejamos de “enroscarnos” en él y le damos el verdadero valor que posee. Dimensionamos otras aristas, otros planos que tal vez desde tan cerca se nos escapaban. Al observarlo desde otro ángulo, más lejano, podremos advertir que no tiene el tamaño descomunal que le habíamos atribuido…
Otro condimento es el silencio. Calla. No hables ni dejes que la mente te juegue malas pasadas. Poner un freno a los pensamientos se logra como proceso. No le des cabida a las argumentaciones de una mente turbada. No recites soliloquios…
Cerrar los ojos, objetivar mediante distancia el problema, hacer consciente la respiración y callar la mente son 4 pasos para comenzar a tomar acciones que resuelvan cualquier tipo de conflictos que puedan quitar brillo a nuestros días. O al menos amortiguarlos...
No dejes de consultar a un buen amigo que te reciba con amor. Y sobre todas las cosas ora sabiéndote escuchado.
@Ale Vallina.
Reflexionaba hace unos instantes atrás cómo nuestras palabras pueden ser dadoras de luz o de oscuridad, dadoras de esperanza o desconsuelo. Dadoras de vida o de muerte…
En el noticiero de esta mañana tempranito los periodistas, dada su responsabilidad como comunicadores sociales, nos concientizaban a los televidentes sobre la necesidad imperiosa de no ensuciar los cauces de agua…Insistían sobre ello. “No tiremos botellas plásticas ni residuos de ningún tipo a los cauces de agua. Cuidemos el medio ambiente. Enseñemos a nuestros hijos a custodiar la naturaleza. Seamos responsables. Amemos la tierra. Podemos cambiar nuestros malos hábitos.”, decían.
Eso me puso a pensar en la inmensa responsabilidad que tenemos todos de utilizar palabras adecuadas. De advertencia, de esperanza, de optimismo. Palabras que eduquen, que construyan, que orienten. Nuestras palabras engendran vida o destruyen. Consuelan o hunden. Y no solamente a quienes nos escuchan. También, y de manera más poderosa de lo que creemos, nos condicionan a nosotros mismos.
Nos hemos puesto a pensar que a lo mejor las palabras que pronunciamos hoy pueden hacer la diferencia en el día de quienes nos rodean? Tal vez alguien encuentre en nuestros rostros y palabras al Cristo que necesitan para no decaer. Para seguir adelante…
Nuestras palabras son poderosas. Evangelizan o con crueldad asesinan sueños, destruyen ilusiones. Los de los hermanos. Los propios.
Ponemos nuestra boca, y las palabras que de ella brotan en tus manos, Señor. Para que sea tu corazón misericordioso el que las inspire. “Sé Tú en cada una de nuestras palabras”.
Amén.
@ Ale Vallina

lunes, 4 de noviembre de 2013



El cuestionario completo que el Papa Francisco ha enviado a todos los obispos

1.- Sobre la difusión de la Sagrada Escritura y del Magisterio de la Iglesia sobre la familia

a) ¿Cuál es el conocimiento real de las enseñanzas de la Biblia, de la (encíclica) 'Gaudium et Spes', de la 'Familiaris consortio' y de otros documentos del magisterio postconciliar (Vaticano II) sobre el valor de la familia según la Iglesia Católica? ¿Cuál es la formación de nuestros fieles para la vida familiar según las enseñanzas de la Iglesia?
b) Allí donde la enseñanza de la Iglesia es conocida, ¿es aceptada integralmente? ¿Hay dificultades en ponerla en práctica? ¿Cuáles?
c) ¿Cómo es difundida la enseñanaza de la Iglesia en el contexto de los programas pastorales en el ámbito nacional? ¿diocesano, parroquial? ¿Qué catequesis se hace sobre la familia?
d) ¿En qué medida –concretamente sobre qué aspectos—tal enseñanza es realmente conocida, aceptada, rechazada y/o criticada en ambientes extra eclesiales? ¿Cuáles son los factores culturales que obstaculizan la plena recepción de la enseñanza de la Iglesia sobre la familia?

2.- Sobre el matrimonio de acuerdo con la ley natural:

a) ¿Qué lugar ocupa el concepto de ley natural en la cultura civil, tanto en ámbito institucional, educativo y académico, como en ámbito popular? ¿Qué ópticas antropológicas se sobreentienden en este debate sobre el fundamento natural de la familia?
b) El concepto de ley natural con relación a la unión entre el hombre y la mujer ¿es comunmente aceptado como tal de parte de los bautizados en general?
c) ¿Cómo es contestada en la práctica y en la teoría la ley natural sobre la unión entre hombre y mujer en vistas de la formación de una familia? ¿Cómo es propuesta y profundizada en los organismos civiles y eclesiales?
d) En el caso de que pidan el matrimonio los bautizados no practicantes o quienes se declaran no creyentes, ¿cómo afrontar los desafíos pastorales que derivan de ello?

3.- La pastoral de la familia en el contexto de la evangelización:

a) ¿Cuáles son las experiencias surgidas en los últimos decenios en orden a la preparación al matrimonio? ¿De qué manera se ha intentado estimular el deber de evangelización de los esposos y de la familia? ¿De qué manera promocionar la conciencia de la familia como "Iglesia doméstica"?
b) ¿Se ha conseguido proponer estilos de plegaria en familia que consigan resistir a la complejidad de la vida y cultura actuales?
c) En la crisis actual entre generaciones, ¿cómo las familias cristianas han sabido realizar la propia vocación de transmisión de la fe?
d) ¿En qué manera las Iglesias locales y los movimientos de espiritualidad familiar han sabido crear caminos ejemplares?
e) ¿Cuál es la aportación específica que parejas y familias han conseguido dar respecto a la difusión de una visión integral de la pareja y de la familia cristiana que sea actualmente creíble?
f) ¿Qué atención pastoral ha manifestado la Iglesia para apoyar el camino de las parejas en la formación y de las parejas en crisis?

4.- Sobre la pastoral para afrontar algunas situaciones matrimoniales difíciles:

a) La convivencia "ad experimentum" (experimental), ¿es una realidad pastoral de relieve en la Iglesia particular (local)? ¿En qué porcentaje se podría estimar numéricamente?
b) ¿Existen uniones libres de hecho, sin reconocimiento ni religioso ni civil? ¿Hay datos estadísticos fiables?
c) Los separados y divorciados que se vuelven a casar ¿son una realidad pastoral relevante en la Iglesia particular? ¿En qué porcentaje se podría estimar numéricamente? ¿Cómo se afronta esta realidad a través de programas pastoral adecuados?
d) En todos estos casos, ¿cómo viven los bautizados sus irregularidades? ¿Son conscientes de ellas? ¿Manifiestan simplemente indiferencia? ¿Se sienten marginados y viven con sufrimiento la imposibilidad de recibir los sacramentos?
e) ¿Cuáles son las peticiones que las personas divorciadas y vueltas a casar dirigen a la Iglesia, respecto a los sacramentos de la Eucaristía y de la Reconciliación? Entre las personas que se encuentran en esta situación, ¿Cuántas piden estos sacramentos?
f) ¿La simplificación de la praxis canónica, respecto al reconocimiento de la declaración de anulación del vínculo matrimonial podría ofrecer una real contribución positiva para la solución de los problemas de las personas implicadas? En caso afirmativo, ¿de qué manera?
g) ¿Existe una pastoral para acercarse a estos casos? ¿Cómo se desarrolla tal actividad pastoral? ¿Existen programas sobre ello en ámbito nacional y diocesano? ¿Cómo se anuncia a separados y divorciados vueltos a casar la misericordia de Dios y cómo se concreta el sostén de la Iglesia en su camino de fe?

5.- Sobre las uniones de personas del mismo sexo:

a) ¿Existe en vuestro país una ley civil que reconozca las uniones de personas del mismo sexo equiparadas de alguna manera al matrimonio?
b) ¿Cuál es la actitud de las Iglesias particulares y locales tanto frente al Estado Civil promotor de uniones civiles entre personas del mismo sexo, como frente a las personas implicadas e este tipo de unión?
c) ¿Qué atención pastoral es posible tener hacia las personas que han elegido de vivir según este tipo de uniones?
d) En el caso de uniones de personas del mismo sexo que haya adoptado niños, ¿cómo comportarse en vistas de la transmisión de la fe?

6.- Sobre la educación de los hijos en el sino de situaciones matrimoniales irregulares:

a) ¿Cuál es en estos casos la proporción estimada de niños y adolescentes con relación a los niños nacidos y crecidos en familias regularmente constituidas?
b) ¿Con qué actitud los padres se dirigen a la Iglesia? ¿Qué solicitan? ¿Solo los sacramentos o también la catequesis y la enseñanza en general de la religión?
c) ¿De qué manera las Iglesias particulares se acercan a la necesidad de los padres de estos niños para ofrecer una educación cristianas a los propios hijos?
d) ¿Cómo se desarrolla la práctica sacramental en estos casos: la preparación, administración del sacramento y el acompañamiento?

7.- Sobre la apertura de los esposos a la vida:

a) ¿Cuál es el conocimiento real que los cristianos tienen de la doctrina de la (encíclica) "Humanae Vitae" sobre la paternidad responsable? ¿Qué conciencia hay de la evaluación moral de los distintos métodos de regulación de los nacimientos? ¿Qué profundizaciones se podrían sugerir sobre ello desde el punto de vista pastoral?
b) ¿La doctrina moral es aceptada? ¿Cuáles son los aspectos más problemáticos que hacen difícil su aceptación en la mayoría de las parejas?
c) ¿Qué métodos naturales se promueven de parte de la Iglesias particulares para ayudar a los conyugues a poner en práctica la doctrina de la "Humanae vitae"?
d) ¿Qué experiencia hay sobre esta cuestión en la praxis del sacramento de la penitencia y en la participación en la eucaristía?
e) ¿Qué contrastes se evidencian entre la doctrina de la Iglesia y la educación civil a este respecto?
f) ¿Cómo promover una mentalidad mayormente abierta a la natalidad? ¿Cómo favorecer el aumento de los nacimientos?

8.- Sobre la relación entre la familia y la persona:

Jesucristo revela el misterio y la vocación del hombre: ¿la familia es un lugar privilegiado para que esto suceda?
¿Cuáles situaciones críticas de la familia en el mundo actual pueden constituir un obstáculo para el encuentro de la persona con Cristo?
¿En qué medida la crisis de fe que pueden sufrir las personas inciden en su vida familiar?

9.- Otros desafíos y propuestas:

¿Existen otros desafíos y propuestas respecto a los temas tratados en este cuestionario, que sean consideradas como urgentes o útiles de parte de los destinatarios?.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Oración de abandono

Padre, me pongo en tus manos Haz de mí lo que quieras, Sea lo que sea, te doy gracias, Estoy dispuesto a todo Lo acepto todo Con tal que tu voluntad, Se cumpla en mí Y en todas tus criaturas. No deseo más, Padre, Te confío mi alma Te la doy con todo mi amor Porque te amo Y necesito darme a Ti Ponerme en tus manos, Sin limitación, sin medida, Con una confianza infinita, Porque Tú eres mi Padre. Padre, me pongo en tus manos Haz de mí lo que quieras, Sea lo que sea, te doy gracias. 
Charles de Foucauld 

Aceptación, Bondad, Conciencia


«Jesús entró en Jericó, e iba atravesando la ciudad. Vivía en ella un hombre rico llamado Zaqueo, jefe de los que cobraban impuestos para Roma. Quería conocer a Jesús, pero no conseguía verle, porque había mucha gente y Zaqueo era de baja estatura. Así que, corriendo, se adelantó y, para alcanzar a verle, se subió a un árbol junto al cual tenía que pasar Jesús. Al llegar allí, Jesús miró hacia arriba y le dijo: Zaqueo, baja en seguida, porque hoy he de alojarme en tu casa. Zaqueo bajó en aprisa, y con alegría recibió a Jesús. Al ver esto, todos comenzaron a criticar a Jesús, diciendo que había ido a alojarse en casa de un pecador. Pero Zaqueo, levantándose entonces, dijo al Señor: Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes; y si he robado algo a alguien, le devolveré cuatro veces más. Jesús le dijo: Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque este hombre también es descendiente de Abraham. Pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que se había perdido.»


                      Lc. 19, 1-10

Cuando leemos los relatos de Lucas quedamos maravillados por su belleza, y sobre todo por los innumerables detalles que advierte. El evangelio es palabra de vida para el hombre, y es por ello que en cada curación, milagro o encuentro que Jesús realiza desentraña los misterios de la humanidad entera.
En el evangelio de hoy nos encontramos con Zaqueo, y en él estamos todos nosotros, en esos momentos en que debemos ponernos frente a Jesús, y preguntarnos ¿Qué lugar ocupa en nuestra vida?
¿Qué necesita Zaqueo de Jesús? ¿Qué necesitamos nosotros de Él? ¿De qué manera el encuentro de Zaqueo es una experiencia que también nos enriquece a nosotros? ¿Por qué la historia de este hombre, puede ser la nuestra y la de toda la humanidad entera?
Porque Zaqueo se encuentra en el momento preciso en que tiene que decidir, si deja que sea Jesús el que lleve paz y reconciliación a su vida, o si por el contrario sigue siendo su propio verdugo. Este recaudador de impuesto había tomado una decisión en su vida y ello lo hacía despreciable a los demás. Tomo la decisión de vivir apartado de todos, recaudando dinero para otros y quedándose con algo para enriquecerse. Sus actos lo convirtieron en una persona que vivía apartado de todos, y tal vez por ello tuvo que subirse a un árbol. No sólo porque su estatura lo requería sino también el desprecio de los demás.
¿Qué condiciones necesitamos para acoger a Jesús en nuestra vida como nuestro salvador? ¿De qué manera se puede estar receptivo a la oferta de Dios que trae paz y reconciliación a nuestra vida?
Jesús necesita que lo aceptemos libremente para que nos pueda sanar. Sin esa colaboración no es posible. Él respeta nuestra libertad y sin nuestro consentimiento no podrá alojarse en nuestro corazón. ¿Qué debemos hacer para dar nuestro consentimiento a Dios?
La aceptación de lo que vivimos sin juzgar, la compasión hacia nosotros mismos, y una conciencia despierta, constituyen tres elementos centrales para el cambio y el crecimiento humano. Son actitudes que ayudan a desarrollar el proceso de conversión que ofrece Jesús a Zaqueo.  
1.- Aceptación sin juzgar es aprender a relacionarnos con todo lo que nos ocurre. Dejando de lado esa fascinación por retener y alargar los momentos placenteros, y  tratar de evitar de cualquier manera el sufrimiento, la tristeza y el aburrimiento. Hemos llegado a desarrollar tal adicción a los momentos agradables que no hemos cultivado la capacidad para afrontar sufrimientos, fracasos o desengaños. Somos una generación sin soporte para las pruebas. Es por eso que cualquier frustración nos hunde en el abismo del sin sentido y hasta la depresión. La presencia del dolor, la tristeza, el miedo, la ira, nos hablan de situaciones que debemos atender. Si buscamos acallarlos siempre no sabremos nunca que tienen para decirnos. Zaqueo, las acalló acumulando riqueza y sintiéndose importante ante los demás.   
2.-Tener compasión hacia nosotros mismos significa desarrollar la bondad hacia nosotros, y comprender que muchas de las decisiones que hemos tomado, y sobre todo aquellas de las que comúnmente nos acusamos en el pasado, fueron las que pudimos tomar en función de lo que entendíamos era lo mejor.
La falta de compasión hacia nosotros mismo se reconoce cuando miramos nuestro pasado desde una conciencia más madura, y nos exigimos y reclamamos no haber actuado de manera diferente.  Cada vez que se juzgan los acontecimientos del pasado con la conciencia actual se puede ser profundamente injusto. En aquel momento, tal vez no se poseía ni la claridad ni el discernimiento que se tiene en el presente. Cada vez que hacemos esto, sin ningún tipo de discernimiento, nos convertimos en nuestros propios verdugos. Y si nos convertimos en verdugos de nosotros mismo, ya no hay cabida para que Jesús sea nuestro juez misericordioso. Él se convertirá en nuestro salvador si aceptamos humildemente que sea Él, y no nuestros reclamos lo que tengan la última palabra sobre nuestro pasado.  Zaqueo tuvo que renunciar a dejar de juzgarse a sí mismo para que sea Jesús quien le ayudara a mirar sus actitudes. Si no retiramos de nosotros la condena que nos hemos impuesto, difícilmente podremos experimentar el perdón que nos ofrece Jesús.
3.-Tener una conciencia despierta equivale a comenzar a vivir en el presente, aquí y ahora. Lo cual no significa vivir «para» el presente, sino «en el presente». Siendo consciente de lo que nos ocurre en cada momento en lugar de seguir respondiendo a reclamos en el pasado, o diagramando  conversaciones en nuestra mente  para el futuro. Sin aceptación de todo lo que nos ocurre sin juzgar apresuradamente, sin compasión hacia nosotros mismos desarrollando una auténtica bondad hacia todo lo que somos, y sin una conciencia de lo que nos está ocurriendo, cualquier ofrecimiento de ayuda podrá ser tomada como una amenaza.  Sólo en la medida en que reconocemos nuestra propia realidad es cuando Jesús llega a ser para nosotros, hermano, médico y salvador.
Pidamos a Dios que nos conceda la gracia de dejar de ser verdugos para nosotros mismos, y que acojamos el perdón y el amor que nos trae su Hijo. Que aprendamos a reconocer nuestros errores y aprender de ellos. Que aceptemos la vida como un regalo de su bondad y que contribuyamos a hacerla crecer.

P. Javier  Rojas sj

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