sábado, 23 de noviembre de 2013

Padre Pro, con la sonrisa y la fe hasta el final

Si somos capaces de creer que Dios realmente es nuestro padre amoroso, si creemos que Él nos ama no porque somos dignos, sino simplemente porque necesitamos de su amor… entonces podremos avanzar con confianza. No nos desalentaran nuestras inevitables debilidades y fracasos.

Thomas Merton
"Gozaré, Señor, de tu salvación"
Te doy gracias, Señor, de todo corazón, 
proclamando todas tus maravillas; 
me alegro y exulto contigo 
y toco en honor de tu nombre, oh Altísimo. 
Porque mis enemigos retrocedieron, 
cayeron y perecieron ante tu rostro.
Reprendiste a los pueblos, destruiste al impío
y borraste para siempre su apellido.
Los pueblos se han hundido en la fosa que hicieron,
su pie quedó prendido en la red que escondieron.
Él no olvida jamás al pobre,
ni la esperanza del humilde perecerá.
Sal 9,2-3.4.6.16.19

viernes, 22 de noviembre de 2013

Pon tu palabra en medio de mi vida.
Pon mi vida en tu mano, pon tu mano
en la voz que ahora digo.
Pon el sol en mis ojos, pon tus ojos
aquí, en estas preguntas; tus caminos
trázalos en los míos. Quiero irme
en tu marcha, quiero darles
tu música a mis pasos.
Estos hombres
que veo, que me miran,
a los que yo les hablo, que preguntan
al pasar por tus señas, son, seguro,
el destino marcado
de mi vida, mi mano, mi palabra.
Ponme de par en par porque te encuentren.
Valentín Arteaga


Muchas personas no se acercan a la iglesia porque se reconocen pecadores. Cometen las mismas faltas una y otra vez. Intentan ser buenos y terminan no siéndolo. Se autoexcluyen de la iglesia, sin saber, que para Dios no existen “causas perdidas”. Que todos tenemos un lugar en la casa del Padre. Y que por más de que nos equivoquemos cien veces, y caigamos en las tierras de la desolación, el Señor nos levantará ciento una vez…y aún más, las que sean necesarias.
Sorprende encontrar dentro de las comunidades eclesiales personas que se consideran a sí mismas puras y libres de toda mancha. Creen que sus conductas son irreprochables y rebosantes de virtudes…Desprecian a los “pecadores”, olvidando, lamentablemente, que todos lo somos. Y que justamente, Jesús vino para los que se hallan perdidos. No son los sanos los que necesitan de un médico, sino los enfermos…
La debilidad, las faltas, los pecados, una fe debilitada y dormida, necesitan del “médico” que todo lo sana, que todo lo cura.
Si tu fe está fría o tibia. Si te consideras que ya no tienes remedio, acércate a Jesús. Él tiene preparado un lugar para escucharte, para sanarte, para perdonarte. Sólo necesitas reconocerte pecador y desear enmendarte. Lo demás es puro regalo…
No te alejes del fuego que da vida. Recuerda que por el inmenso amor que nos tiene, somos pecadores perdonados.

@Ale Vallina

jueves, 21 de noviembre de 2013

- Jesús acuérdate de mi cuando estés en tu Reino..., te digo.
- Claro que sí, me dices

Amarte a Ti Señor en todas las cosas

En medio de la sociedad descreída de nuestros días, no pocos viven desconcertados. No saben si creen o no creen. Casi sin saberlo, llevan en su corazón una fe pequeña y frágil. A veces, sin saber por qué ni cómo, agobiados por el peso de la vida, invocan a Jesús a su manera. “Jesús, acuérdate de mí” y Jesús los escucha: “Tú estarás siempre conmigo”. Dios tiene sus caminos para encontrarse con cada persona y no siempre pasan por donde le indican los teólogos. Lo decisivo es tener un corazón que escucha la propia conciencia.

José Antonio Pagola

Por primera vez se expondrán al público las reliquias del Príncipe de los Apóstoles

Por primera vez se expondrán al público las reliquias del Príncipe de los Apóstoles
Hoy, celebramos junto con toda la Iglesia, la Presentación en el Templo de la niña Santa María.
Es en una antigua y piadosa tradición que encontramos los orígenes de esta fiesta mariana que surge en el escrito apócrifo llamado "Protoevangelio de Santiago". Este relato cuenta que cuando la Virgen María era muy niña sus padres San Joaquín y Santa Ana la llevaron al templo de Jerusalén y allá la dejaron por un tiempo, junto con otro grupo de niñas, para ser instruida muy cuidadosamente respecto a la religión y a todos los deberes para con Dios.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Los meses pasan con un vértigo que nos turba. Como si fueran levantados por remolinos se van alejando y desaparecen. Enero, febrero, marzo…Y casi sin respiro ya es noviembre. Y con un chasquido de dedos avanza con paso firme y decidido el mes de diciembre. Todo rápido, tan vertiginoso, con una velocidad “desvergonzada” que irrumpe sin pedir permiso y descoloca los momentos convirtiéndolos en puro desconcierto.
Tanto de qué ocuparse, tantos pensamientos, tantos quehaceres…Y cuando nos queremos acordar el presente ya es pasado y el amanecer de hoy ya es el de mañana. Esta época del año, especialmente en el hemisferio sur, nos encuentra agotados y con deseos de vacaciones.
Cuanta necesidad tenemos de aflojar la cuerda, destensarla. Descansar un poco, detener el paso, sonreír al vecino… Y con la misma trascendencia, mordisquear la hierba, saborear la sopa, acariciar al perro…No podemos dejar para más adelante el releer los libros y subrayarlos con fibras de colores porque no tenemos tiempo!
Necesitamos rezar pausadamente y a conciencia. En silencio. Recuperar el diálogo pausado con Dios. Sin intentar contentarlo con frases hechas antes de desplomarnos en la cama después de una jornada de trabajo agotadora.
¡Qué se derrita el helado! No se puede disfrutar lo bueno con arrebato ni con urgencia. No se puede abrazar en un segundo porque el abrazo quiere ser gozado. La sabia naturaleza nos lo muestra día a día: en el embarazo que dura 9 meses, en el segundero del reloj, en los latidos del corazón…
Por eso le pedimos al Señor del tiempo que detenga nuestras ansias de hacer “de todo”. Que nos auxilie para aminorar la marcha a un paso que sea sensato. Deseamos recorrer contigo, Señor, estos días hasta el fin de año. Pero a tu ritmo. El de tu Nazaret, no el de nuestro siglo y ciudad convulsionados…
Ansiamos calma para saborear la vida, para gustar de los regalos y para admirar los rostros de los que caminan a nuestro lado. Ese sosiego, como el de los niños, para los cuales el tiempo transcurre lento y gradual escudriñando el mundo sin prisa y con ojos de asombro.
Pidamos a Dios que nos ayude a pisar el freno cuando "aceleremos" más de la cuenta.
“Haznos lentos”, Señor, para saborear la vida...
@Ale Vallina
El profeta que necesitamos hoy, eres tú mismo. Tú eres el hombre y la mujer de Dios que necesitamos que nos ayude a encontrar a Dios en todas las cosas. Pero sobre todo, necesitamos ver a Dios en tu vida, en tus palabras, en tus obras. Tú eres el hombre y la mujer que Dios ha elegido para hacer evidente su amor entre nosotros. Tú eres el profeta de la unidad y la armonía que necesita tu comunidad. Tú eres el profeta de la reconciliación que muchos necesitan para volver a unir sus voluntades. Tú eres el profeta que la Iglesia necesita para hacer cada vez más evidente al amor a los más pobres. Tú eres el profeta que necesita la Iglesia para recordarle que no ponga su seguridad en el poder, sino en la fuerza de su amor. Tú eres ese profeta que aún no termina por creer que Dios te haya dado una misión. Tú eres quién puede hacernos evidente el amor y la misericordia que Dios quiere expresar a los demás. ¿Lo crees? Te has puesto a pensar ¿Cuál es tu misión como profeta? ¿Crees que Dios te eligió, desde el bautismo, para ser profeta…? 
P. Javier Rojas sj
Qué entiendo que es " vivir la libertad de ser hijo/a de Dios"?
Por qué decimos que cuánto más cercanos nos sentimos al Señor más libres somos?

No olvidemos que Dios nunca se cansa de perdonarnos; mediante el ministerio del sacerdote nos estrecha en un nuevo abrazo que nos regenera y nos permite levantarnos de nuevo y reanudar el camino. Porque ésta es nuestra vida: continuamente levantarse y seguir adelante.
Francisco
El perdón de Dios que se nos da en la Iglesia, se nos transmite a través del ministerio de un hermano nuestro, el sacerdote; también él un hombre que, como nosotros, necesita la misericordia, se hace realmente instrumento de misericordia, dándonos el amor sin límites de Dios Padre. También los sacerdotes deben confesarse, incluso los obispos: todos somos pecadores. ¡Incluso el Papa se confiesa cada quince días, porque el Papa es también un pecador! Y el confesor siente lo que yo le digo, me aconseja y me perdona, porque todos tenemos necesidad de este perdón.
Francisco

martes, 19 de noviembre de 2013

Dios escribe derecho en renglones torcidos...
Me lleno de gozo al agradecer a Jesús por darme (darnos) a su Madre. Ella, que fue la primera creyente. Ella, que con su SI se mudó de mujer piadosa en primera apóstol, comprometida en la misión del que naciera de su vientre…
Esta Reina de los cielos y a la vez sencilla mujer de pueblo es la Señora de la fe silenciosa. La que no hace alardes ni necesita mostrarse presumiendo de sus creencias. La de la fe enorme, y sin embargo prudentemente reservada y discreta. Esta Madre del Hijo del Padre, la que es educadora diligente, pronta a invitarnos a aperturar nuestros corazones que en ocasiones se muestran inflexibles.
María cobijas como nadie. Siempre acoges con respeto y deferencia. ¡Ay, Madre! ¡Quién tuviera tus virtudes!
Cuántas veces te ruego: “Reina, regálame tu templanza y ese “discurso único” que no posee ni dobleces ni fingimientos.” Ese, tu modo, de convocar amando a todos…
Se asombra mi alma cuando valoras mis logros exiguos y cuando colaboras auxiliándome en mis desórdenes reiterados. Madre, sin tu mirada dulce, el día se vuelve noche y las luces de las farolas se extinguen. Son tus ojos María, los que me llaman a la nueva vida que ofrece el Salvador, ese Jesús que me enamora…
Madre de Dios, todo se acomoda cuando escucho tus palabras: "Hagan lo que Él les diga. Y allí me pongo en acción, sacudiéndome los vestigios de mi letargo…
Madre Bendita, ubícame junto a tu Hijo...Esa es mi plegaria.
@Ale Vallina
¿Qué valen nuestros pequeños ideales en comparación 
con la eternidad de inmensidad de Dios?
Cuando se mira la altura del Altísimo, 
nuestros temores parecen sombras ridículas. 
En la altura de Dios, las cosas adquieren su real Estatura
todo queda ajustado y llega la paz.
Ignacio Larrañaga
Otra mañana. Otros desafíos. Luces y sombras. Pero siempre con la mirada puesta en Vos, Jesús. En tus ojos, que me invitan a la vida, que me incitan a moverme al encuentro del hermano, que me llaman a seguirte...
Otra mañana. El sol se va levantando erguido sobre el horizonte y se intuye precioso, propio de tu creación. 
Lindo día para dibujar una sonrisa en mi rostro y pintar el sendero de esta jornada de tonos multicolores que convoquen a muchos a tu alrededor. 
Otra mañana. Agradecida estoy por tu amor gratuito e incondicional.
Jesús, maestro...tanto para vivir a tu lado hoy... 
@ Ale Vallina.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Nos cuesta un poco confesar nuestros pecados, pero nos da paz. Somos pecadores y tenemos necesidad del perdón de Dios.
Francisco
Jesús junta todas mis partes rotas.

Padre, yo no existía y Tú me has pensado; Tú me has llamado de la nada y me has concedido
el don de responder: yo soy… Tú has guiado con secreta providencia la vida de mi existencia, Tú has dispuesto las etapas de mi camino. Me has llamado desde lejos para que yo te respondiera cercano.
Pablo VI




Señor, hoy pongo este día en tus manos. Con todo lo que ello implica: aceptación y confianza. Aceptación de lo que que me toque transitar, ya sean alegrías o contrariedades.
Confianza de que me amas como a la niña de tus ojos, y no dejarás de acompañarme y de cuidarme.
Pongo a mi familia y amigos entre tus benditas manos para que los cobijes con tu amor infinito.
No permitas que me aparte de Vos. “Tuya soy”, como decía la gran santa, Teresa de Ávila. Más que otra cosa, deseo hacer tu voluntad y necesito, para ello, de tu auxilio.
 No abandones este barro frágil, débil e imperfecto, que sólo cuando es amasado por tu Amor, cobra sentido.

@Ale Vallina

domingo, 17 de noviembre de 2013

Edificar la vida por dentro



« 5 Hablando algunos acerca del templo decían que estaba adornado con hermosas piedras y con ofrendas votivas, él dijo: 6 --En cuanto a estas cosas que veis, vendrán días cuando no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada.  7 Entonces le preguntaron diciendo: --Maestro, ¿cuándo será esto? ¿Qué señal habrá cuando estas cosas estén por suceder?  8 Entonces él dijo: --Mirad que no seáis engañados, porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: "Yo soy", y "El tiempo está cerca." No vayáis en pos de ellos.  9 Y cuando oigáis de guerras y de revoluciones, no os atemoricéis. Porque es necesario que estas cosas acontezcan primero, pero el fin no será de inmediato.  10 --Entonces dijo--: Se levantará nación contra nación y reino contra reino.  11 Habrá grandes terremotos, hambres y pestilencias en varios lugares. Habrá terror y grandes señales del cielo.  12 Pero antes de estas cosas os echarán mano y os perseguirán. Os entregarán a las sinagogas y os meterán en las cárceles, y seréis llevados delante de los reyes y gobernantes por causa de mi nombre.  13 Esto os servirá para dar testimonio.  14 Decidid, pues, en vuestros corazones no pensar de antemano cómo habéis de responder.  15 Porque yo os daré boca y sabiduría, a la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se os opongan.  16 Y seréis entregados aun por vuestros padres, hermanos, parientes y amigos; y harán morir a algunos de vosotros.  17 Seréis aborrecidos por todos a causa de mi nombre,  18 pero ni un solo cabello de vuestra cabeza perecerá.  19 Por vuestra perseverancia ganaréis vuestras almas.»


                      Lc 21, 5-19

Si hay algo que tenemos que evitar con todas nuestras fuerzas es a vivir sin alma. Sin conciencia de quiénes somos y hacia dónde nos dirigimos, nuestra existencia pierde sentido. Sin la capacidad de prestar atención a lo que sucede a nuestro alrededor, nuestra vida es una constante inconsciencia. Ya existen demasiadas personas viviendo así. Tanto, que si hiciéramos un censo caeríamos en la cuenta de que una inmensa mayoría no tiene conciencia de lo que transcurre a su alrededor, ni registra lo que le sucede internamente. El gran soporte de nuestra vida es nuestro mundo interior. Muchas cosas podemos alcanzar, lograr, conseguir si logramos construir nuestra vida desde dentro.
La cultura del “parecer” o “aparentar” se ha instalado en nuestra sociedad, y quiénes caen en la tentación terminan construyendo relaciones y vínculos personales que flotan en la superficialidad. Resulta paradójico que anhelando profundamente establecer vínculos hondos y auténticos con los demás, no nos preocupemos por darle hondura a nuestra propia vida.  Anhelamos ser amados por los que somos, pero no relacionamos desde el “aparentar”. No queremos que los demás se relacionen con nosotros por interés, pero andamos «pavoneándonos» de lo que poseemos. Deseamos que los demás no nos mientan, pero tampoco somos auténticos con ellos.
El que se lanza a vivir apoyado en la cultura del parecer, se arriesga a que un día no quede «piedra sobre piedra». Porque todo lo que se edifica sobre la arena del «parecer» se derrumba con el correr del tiempo. Al final, sólo lo auténtico y verdadero prevalece, lo demás, luego de un tiempo, se termina.
¿Con qué llenas tu vida? ¿Cuáles son tus intereses? ¿En qué inviertes tus días? ¿Qué persigues en tu vida?
Hay quienes creen que la vida es una carrera, en el que gana aquel que ha logrado colgarse más logros y éxitos al cuello. No estoy seguro de si lo hacen por explotar al máximo sus talentos o capacidades o por una necesidad desmedida de admiración, aprobación o necesidad de afecto. Pero lo cierto es que quienes inician esta maratón sufren enormemente cuando comprueban que la mitad de sus metan no las alcanzarán, y que sólo una porción muy pequeña de éxitos, de la otra mitad, serán conquistados.
No estoy en contra de los logros ni de los éxitos tan necesarios para el desarrollo de una buena estima, pero cuando una persona edifica su propia vida en función de sus logros y éxitos externos corre el peligro de abandonar el cultivo de su mundo interior. También es verdad que muchos ponen toda su energía en cosechar éxitos porque temen conocerse a sí mismo.
Lo que sostiene nuestra vida, no son las cosas externas que podemos conseguir. Nos motivan, nos hacen sentir vivos, ¡es verdad! Pero si estamos vacíos por dentro, nada de ello se termina por disfrutar adecuadamente.
Cuando Jesús escuchó a aquellos que «hablaban del templo y decían que estaban adornados con hermosas piedras y ofrendas votivas», les responde que «un día no quedará piedra sobre piedra».
Jesús no está en contra de la belleza del templo. Lo que pretende dejar en claro es que el esplendor del templo, no está en lo que muestran sus paredes, muros, o columnas, sino en el Espíritu que habita en él.
De igual modo la belleza de una persona no se encuentra en los títulos, éxitos, o logros que haya alcanzado, sino en el Espíritu con el que vive las cosas.
Dios no está en contra del esfuerzo ni de los logros personales, pero sí tiene en cuenta el amor con que hacemos las cosas. El alma de los hombres se enciende y resplandece por la capacidad de amor que posee. La belleza de nuestra vida radica en el Espíritu de amor que ponemos en las cosas que hacemos.
Llenar nuestra vida de contenido significa sumergirnos en nosotros para escuchar la voz de Dios que ilumina la vida del hombre. En cada uno de nosotros existe una palabra de Dios que espera ser escuchada.  
Pidamos a Dios la gracia de valorar nuestra vida por lo que somos y por lo que logramos, por lo que anida en nuestro interior y por lo que somos capaces de conquistar.




P. Javier Rojas sj

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