sábado, 7 de diciembre de 2013



El ángel del anuncio
te tomó de la mirada
e introdujo su voz
hacia tu entraña.
La voz al interior
se ha vuelto carne
dejándote habitada.
Alrededor medrosas
tornáronse las flores
ruborizadas.
Dulce mujer
poblada por un niño.

Venancio Lisboa
Cada año, cada Adviento siento que es una oportunidad para volver a redescubrir a Jesús que trae grandiosos regalos para cada uno de nosotros. Acompañando a María durante su embarazo voy percibiendo a Jesús a través de su Madre…
Cada Adviento me trae novedades, porque yo soy otra. En estos meses he conocido nuevas vivencias. He atesorado   experiencias frescas, flamantes costumbres, he adquirido un poco más de madurez y he transitado alegrías y decepciones…Cada año soy la misma y  a la vez distinta.
Por eso cada Adviento tiene un color particular. El Niño siempre viene a traernos paz, amor y esperanza, pero cada año esos sentimientos adquieren un matiz  único, propio de la etapa vital en la que me encuentro.
Deseo acompañarte María en estos días. Quiero ver nacer a tu hijo en el establo de mi corazón. No dudo de que este nuevo nacimiento trae lo que hoy necesito para crecer, lo que mi espíritu anhela  para brindarme a los demás.

“Jesús hace nuevas todas las cosas”, por eso cada diciembre espero que renueve en mí, lo que Él considera que debe ser restaurado, transformado y rehecho…
@Ale Vallina

viernes, 6 de diciembre de 2013

“¡África, alaba al Señor!
Todas tus gentes y tus tierras,
Desde El Cairo hasta Ciudad del Cabo,
Desde Dar es Salaam a Lagos... ¡Alabad al Señor!
Todas los seres grandes,
El monte Kilmanjaro y el río Nilo,
El valle Rifa y la llanura de Serengeti,
Los gordos baobabs y los umbrosos árboles del mango,
Los eucaliptos y los tamarindos,
Los hipopótamos y las jirafas y los elefantes... ¡Alabad al Señor!
Todos los seres pequeños,
Las hacendosas hormigas negras y las pulgas saltadoras,
Los renacuajos coleantes y las larvas de mosquito,
Las langostas voladoras y las gotas de agua,
Los granos de polen y las moscas tse-tse,
Los granos de mijo y los higos silvestres... ¡Alabad al Señor!
Todas las cosas afiladas,
Las puntas del sisal y las altas cañas,
Las lanzas de los Masai y las flechas de los Turkana,
El cuerno del rinoceronte y los dientes del cocodrilo... ¡Alabad al Señor!
Todas las cosas suaves,
El serrín y las cenizas y la lana,
Las esponjas y los mangos maduros, dorados... ¡Alabad al Señor!
Todas las cosas dulces,
La miel silvestre y las papayas y la leche de coco,
Las piñas y la caña de azúcar y los dátiles secados al sol,
La tapioca tostada a fuego lento y el zumo de plátano... ¡Alabad al Señor!
Todas las cosas amargas,
La quinina y el jabón azul,
La lecha agria y la cerveza de maíz... ¡Alabad al Señor!
Todos los seres rápidos,
Las cabras salvajes y los sonoros macacos,
Los cienpiés asustados y los relámpagos... ¡Alabad al Señor!
Todos los seres lentos,
Las jirafas curiosas y las viejas vacas huesudas,
Los camellos marrones jorobados, los corderos que pastan la hierba... ¡Alabad al Señor!
Todas las cosas ruidosas,
Las lluvias de los monzones sobre los techos de hojalata,
Las hienas de medianoche y los tambores de los días de fiesta,
Las estaciones de tren y las apretadas paradas de autobús... ¡Alabad al Señor!
Todas las cosas silenciosas,
Las llamas de las velas y los surcos recién sembrados,
Los montones de nubes y las puestas de sol,
Las Pirámides y el Desierto del Sahara,
Los caracoles y las tortugas,
Las cebras que pastan y los leones que acechan... ¡Alabad al Señor!
Todas las criaturas que no habláis,
¡Bendecid y alabad al Señor por siempre jamás!
¡Amén!”.

Alumnas del Colegio "Kilakala Girls School" de Morogoro, Tanzania, sobre el “Cántico de los tres jóvenes en el horno" del Libro de Daniel, 2,51 - 90

Yo soy Nelson Mandela

Cuando me levanto y veo en los periódicos o en facebook los pequeños y grandes homenajes que desde los mandatarios estatales a las personas de a pie de todos los rincones del mundo hacen hoy a Nelson Mandela, me digo que sin ninguna duda el ser humano anhela y abraza la generosidad, la coherencia, la grandeza de espíritu, la positividad, la alegría, la capacidad de amar, la libertad y la dignidad de un hombre referente del s. XX y de nuestro yo más profundo y verdadero.
Podríamos hacer aquí un alegato a favor de un hombre bueno, pero eso lo tienen hoy mejor y más extenso en cualquier medio de comunicación. Para mi hoy la llamada es a hacernos cargo de la humanidad más profunda, como Madiba hizo durante gran parte de su vida. Es fácil e intuitivo publicar sus palabras, retwittear sus pensamientos y legados para la historia, pero creo que como cristianos y cristianas lo más interesante sería dejarnos interpelar por su vida y descubrir lo que él veía e intuía, lo mejor de las personas, sea cual sea no sólo tu condición sino tu historia de aprendizaje.
El sabía que si aprendemos a odiar, también podemos aprender a amar, nadie nace odiando o amando, pero en todo ser reside la más honda humanidad. De todos los homenajes el más bonito y el más interpelante al hacerme parte activa me ha parecido el de Fe y Alegría, con este video.
“Yo tengo una actitud positiva hacia los demás, yo soy Nelson Mandela. Yo soy alegre, soy Mandela. Yo soy promotor de derechos humanos, soy Nelson Mandela”. Hoy me atrevo a rescatar lo mejor de mí, ponerlo a la luz, y por eso me atrevo a decir cómo homenaje a Madiba, “Yo tengo un enorme sentido de la justicia, yo soy Nelson Mandela”.
¿Y tú? ¿Cuál es tu parte Mandela que llevas dentro? Hazle el mejor homenaje posible, saca lo mejor de ti.
Ana Vázquez Ponzone
Pastoral sj
Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. 
Francisco

miércoles, 4 de diciembre de 2013

No debes definirte a partir de las personas, ni a partir de sus elogios ni de sus reproches, pues llevas en ti un núcleo que es inmediato a Dios y en el que eres querido incondicionalmente por Dios mismo. En ese núcleo puedes encontrar la paz que los seres humanos no pueden darte ni arrebatarte. 
Piet van Breemen S.J.
Qué inestimable gracia representa poder reconocer y apreciar todo cuanto es bueno en nosotros y en nuestra vida. Lo suficientemente bueno como para merecer nuestro amor, nuestra lealtad, nuestra dedicación y nuestra humilde gratitud. Lo bastante bueno quiere decir que hay algo que se encuentra entre el perfeccionismo y la mediocridad.

Leo Rock sj

Jesús llegó a orillas del mar de Galilea y, subiendo a la montaña, se sentó. Una gran multitud acudió a él, llevando paralíticos, lisiados, ciegos, mudos y muchos otros enfermos. Los pusieron a sus pies y él los curó. La multitud se admiraba al ver que los mudos hablaban, los inválidos quedaban curados, los paralíticos caminaban y los ciegos recobraban la vista. Y todos glorificaban al Dios de Israel. Entonces Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: "Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, porque podrían desfallecer en el camino". Los discípulos le dijeron: "¿Y dónde podríamos conseguir en este lugar despoblado bastante cantidad de pan para saciar a tanta gente?". Jesús les dijo: "¿Cuántos panes tienen?". Ellos respondieron: "Siete y unos pocos pescados". Él ordenó a la multitud que se sentara en el suelo; después, tomó los panes y los pescados, dio gracias, los partió y los dio a los discípulos. Y ellos los distribuyeron entre la multitud. Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que sobraron se llenaron siete canastas.

Mateo 15,29-37

martes, 3 de diciembre de 2013


Señor te rogamos hoy por todos nuestros hermanos que tienen capacidades diferentes, y que en ocasiones sufren discriminación y maltrato...
Ellos son maestros en el "arte de vivir". Ayúdalos, confórtalos y nunca les dejes de mostrar tu amor.
Amén!
San Francisco Javier, "alma en misión", ruega por nosotros!!
Foto gentileza: Jesuitas de España.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Todos los años al llegar el adviento sabemos que ingresamos en un tiempo especial de preparación para celebrar la navidad.  Y como todos los años también repetimos aquella famosa frase “este año quiero prepararme bien para la navidad”, pero al final terminamos repitiendo casi  las mismas palabras que el año anterior “se me vino la navidad encima y no me dio tiempo para nada…”
Por eso pregúntate: ¿Cómo quiero recibir la navidad? ¿Dónde desearía recibir al Hijo de Dios? ¿Qué ámbitos o zonas de mi vida necesitan luz de esperanza?

P. Javier Rojas sj

Adviento: Tiempo de preparación a la verdadera fiesta.


Volvamos a celebrar la Navidad como es: el nacimiento del Hijo de Dios. 
No, la fiesta de un señor mayor barrigón y sonriente que nos estimula al consumo desmedido, que empobrece nuestros bolsillos y nuestros corazones.
Navidad es tiempo de pesebre, de esperanza genuina y de locura de Amor. Es la fiesta en torno a un recién nacido que trae fe y promesas a este mundo. Creemos en un Dios encarnado, nacido del seno de María en la sencillez de un pesebre que nos pasma.
No, la fiesta de la comida y la bebida en exceso, de la velocidad y de las compras…Ni de las luces de colores.
Démosle espacio al asombro y a la ternura de Dios. Abramos nuestros corazones al Misterio...Abandonemos los Papá Noel y “Santas” de shopping, inventados por quién sabe qué cadena de consumo…
Volvamos al origen de la Navidad: el Nacimiento de Jesús.
¿Y si nos animamos de verdad a decirle NO a lo que no es. Y SI a lo que sí es?
@Ale Vallina.
¡Ya, Señor! ¿Para cuándo esperas? ¡Ahora!
Ven pronto, ven, que el mundo gira a ciegas ignorando el amor que lo sustenta.
Ven pronto, ven, Señor, que hoy entre hermanos se tienden trampas y se esconden lazos.
Ven, que la libertad está entre rejas 
del miedo que unos a otros se profesan.
Ven, ven, no dejes ahora de escucharnos cuando tanto camino está cerrado
¡Ya, Señor! ¿Para cuándo esperas? ¡Ahora!
¿No has de ser la alegría de los probres, de los que en ti su confianza ponen?
¿No has de ser para el triste y afligido consuelo en su pesar, luz en su grito?
¿Quién pondrá paz en nuestros corazones si tu ternura y compasión se esconden?
¿Quién colmará este hambre de infinito
si a colmarlo no vienes por ti mismo?
¡Ya, Señor! ¿Para cuándo esperas? Ahora
La encarnación es un misterio que nos deja sin palabras  ¡Dios, decide encarnarse por AMOR!
Se hace pequeñito como un bebé para poder entrar en nuestro corazón-pesebre y crecer allí.
Señor, tan grande y tan pequeño a la vez. Necesitamos de tus primeros balbuceos para aprender a pronunciar palabras de amor. Necesitamos de tus  primeros pasos para aprender a caminar por las sendas del bien. Necesitamos de tu Madre, la nuestra, para aprender a decir SI, a su modo. Necesitamos de tu ternura de recién nacido para acoger entre nuestros brazos a todos los niños del mundo. Necesitamos de tu deseo de leche, alimento de tu Madre, para reconocernos instrumentos  nutricios de nuestros hermanos.
Ven Jesús a nuestros pesebres. Nace y crece allí…Te esperamos con gozo y esperanza. Nuestros corazones desean recibirte porque sin tu presencia se secan.

@Ale Vallina

domingo, 1 de diciembre de 2013

La vigilancia nace de una promesa



« 37 Porque como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre.  38 Pues como en aquellos días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dándose en casamiento hasta el día en que Noé entró en el arca,  39 y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre.  40 En aquel entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado.  41 Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la otra dejada.  42 Velad, pues, porque no sabéis en qué día viene vuestro Señor.  43 Pero sabed esto: Si el dueño de casa hubiera sabido a qué hora habría de venir el ladrón, habría velado y no habría dejado que forzaran la entrada a su casa.  44 Por tanto, estad preparados también vosotros, porque a la hora que no pensáis, vendrá el Hijo del Hombre.»


                    Mt 24, 37-44

En el famoso libro de Saint-Exupéry, “El principito”, encontramos una clave de lectura para comprender la invitación que nos hace el evangelio que acabamos de oír. En el maravilloso diálogo que establecen el Zorro y el Principito encontramos un párrafo que dice así:

«-Hubiera sido mejor -dijo el zorro- que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres comenzaré a estar feliz. Y a medida que la hora avance, me iré sintiendo cada vez más feliz. A las cuatro, ya estaré inquieto y preocupado; ¡y así, cuando llegues, descubriré el precio de la felicidad!  Pero si llegas en cualquier momento, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.»

El llamado a la vigilancia que hace el evangelio está inundado de esperanza y no de temor. Hay que entender bien que la invitación a velar que nos hace el evangelio se desprende de la promesa y no de la paranoia o el miedo. La vigilancia cristiana recibe su fuerza de la esperanza de una promesa.
En ocasiones, confundimos la esperanza con la «suerte». En el adviento la esperanza de la que nos habla el evangelio lleva un nombre; Jesús. Y cuando tenemos esperanza verdadera nos encontramos motivados mientras aguardamos la llegada de Aquel que viene.
La diferencia entre esperar a Jesús y esperar «algo», es sustancial. Cuando esperamos a Jesús, nos interesa que Él venga, que llegue y que se quede con nosotros para compartir la vida con él. Mientras que cuando esperamos tener suerte, nos interesa que algo suceda independientemente de que ello construya una relación personal con alguien. La suerte en este sentido es bastante individualista porque sólo piensa en el propio provecho. La esperanza, por el contrario, pone la atención y el corazón en una relación. La suerte se contenta con poseer algo, mientras que la esperanza se alegra de estar con Alguien.  
Pero también podemos confundir a la esperanza con la «ilusión».  La ilusión es un disfraz de la esperanza. La podemos reconocer por la angustia que despierta, y por la desazón con que invade el corazón. La ilusión cuando no alcanza lo que pretende se convierte en lamento, y el lamento engendra el reclamo.
Por el contrario, la esperanza del evangelio no se ilusiona convirtiendo en «posibilidad» lo que alguna vez soñó que podría suceder. Porque eso es la ilusión, la posibilidad de algo alguna vez soñado. Es por eso que cuando estamos des-ilusionados lloramos los sueños rotos, porque ese era su fundamento. Sin embargo, la esperanza cristiana se funda en la promesa que nos hizo Dios de que su Hijo vendrá y se quedará con nosotros. Nuestro corazón se «inquieta y preocupa» como la del zorro, porque se acerca el momento del encuentro con Aquel que ha anunciado su llegada.
Creo que en nuestra vida confundimos muy a menudo la esperanza con la «suerte» o la «ilusión». Decimos que esperamos que ciertas cosas sucedan para vivir mejor, cuando en realidad lo que deseamos es tener «suerte».  Esperamos que los demás se comporten como deseamos, cuando en realidad estamos «ilusionados» con que cumplan nuestras expectativas. Esperamos que el esposo o esposa termine por acomodarse a la propia exigencia, cuando en realidad lo que anhelamos es controlar la vida de los demás. Esperamos que nuestro gobierno termine con la corrupción para vivir nosotros honestamente, pero en realidad es una excusa para no dejar atrás viejos vicios.
En fin, esperanza es lo que cultivaba el zorro. El esperaba encontrarse con Alguien, y mientras lo hacía quería preparase para ese encuentro. Lo fundamental de la esperanza evangélica es la de ocuparse de tener un sitio siempre dispuesto para recibir a Dios.
Si deseas tener esperanza ocúpate por disponer el corazón para recibir a Jesús. Que su venida no te sorprenda «como el ladrón en tu casa». Prepárate para recibir al Hijo de Dios, y, ¿cómo puedes hacerlo?
Por ejemplo, no esperes “pasivamente” que las cosas sucedan para empezar a amar, ama primero creativamente y así las cosas sucederán. Pon todo de tu parte como si de ti dependiera sabiendo que todo viene de Dios.
Estoy convencido de que lo que muchas personas llaman depresión, no es sino des-ilusión. Sí, hay más desilusión en la vida del hombre actual que depresión. Esperan pasivamente fantaseando, imaginando y soñando despiertos. Ponen tal cantidad de expectativas en aquello que creen que es la panacea de la felicidad –sin aportar creativamente de su parte-, que terminan viviendo como Alicia en el país de las maravillas: En un mundo de fantasía.
La desilusión es consecuencia de una espera que es “tramposa” e irreal. Creo que tenemos derecho –por decirlo así-, de esperar muchas cosas, pero no de ilusionarnos indebidamente.
¿Qué esperas para esta navidad? ¿Qué esperas para ti? ¿Qué esperas de las personas que amas? ¿Qué pones de tu parte para que acontezca aquello que esperas?
 La esperanza y la vigilancia de la que nos habla el evangelio son activas. Ellas nos invitan a proponer, disponer, acondicionar, el corazón para el encuentro. ¡Que la navidad no te sorprenda con un corazón  distraído!



P. Javier  Rojas sj


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