sábado, 21 de diciembre de 2013

Después, cuando menos lo esperas
aparece más fresca la vida.
Y cuanto más alto miras,
cuanto más te sorprendes
más pequeños, más de rodillas
eres ante Dios.
Después, cuando menos lo esperas
el tiempo ha marcado su ritmo,
y un sendero por dentro
ha tejido otra entraña más viva.
Entonces apareces más hermano,
más hijo, más... de rodillas.
Es casi sin querer, al compás del deseo,
de la ilusión, como el hombre
va haciéndose criatura,
más a la imagen
del corazón del amor.
Y después, cuando menos lo esperas
no puedes menos que querer de rodillas.
  • Isidro Cuervo
Una imagen poco conocida de nuestra Madre. Preciosa...
La acompañamos a nuestra Madre en estos pocos días que quedan para que nazca el niño Dios.
Gentileza: Padre Guillermo Serra

viernes, 20 de diciembre de 2013


La Palabra necesita silencio, para llegar como susurro, caricia, llamada, bendición y promesa..
José María Rodriguez Olaizola sj
Ven a nuestra casa, Señor.
Está oscura y necesita de tu luz
Se encuentra indecorosa, y necesitada de tu gracia
La hemos resquebrajado, y necesita de tu mano
Es incómoda, y necesita de tu presencia

Ven a nuestra casa, Señor.
Está vacía, necesita tu aliento
Está débil, requiere tu fuerza
Está cerrada, solicita la llave de tu amor
Está sin cimientos, necesita la roca de tu Palabra

Ven a nuestra casa, Señor.
No tardes en llegar, no sea que se arruine
No tardes en llegar, no sea que la estropeemos para siempre
No tardes en llegar, no sea que perezcamos dentro de ella
No tardes en llegar, no sea que caigamos en la desesperanza

Ven a nuestra casa, Señor.
Y, si encuentras el portón cerrado, no dudes en llamar
Y, si hallas sus ventanas cerradas, míranos a través de sus cristales
Y, ves que la chimenea no humea, calienta Tú nuestro hogar
Y, si escuchas demasiado ruido, pon calma dentro de ella

¡Sí, Señor! ¡Ven a nuestra casa!
La casa de nuestro corazón y de nuestro mundo
La casa de nuestra conciencia y de nuestros sentimientos
La casa de nuestros pensamientos y caminos
La casa de nuestra existencia y de todo lo que somos
¡Ven a nuestra casa, Señor!
¡Esperándote estamos, Señor!
 P. Javier Leoz

Alégrate María...
La misericordia es la más alentadora de las virtudes, porque ofrece al otro siempre e incesantemente la posibilidad de empezar de nuevo.
Piet van Breemen S.J.

jueves, 19 de diciembre de 2013


“Ven, ven, Señor, no tardes.
Ven, ven, que te esperamos.
Ven, ven, Señor, no tardes,
ven pronto, Señor.
El mundo muere de frío,
el alma perdió el calor,
los hombres no son hermanos,
el mundo no tiene amor.
Envuelto en sombría noche,
el mundo, sin paz, no ve;
buscando va una esperanza,
buscando, Señor, tu fe.
Al mundo le falta vida,
al mundo le falta luz,
al mundo le falta el cielo,
al mundo le faltas Tú”.
Liturgia de las Horas
Revisar la propia vida desde la perspectiva de la venida del Hijo de Dios, nos ayuda a “hacer lugar” en corazón. Y si no logras ordenar tu vida como desearías, no le cierres la puerta. Y si por miedo o vergüenza arrimas la puerta no cierres la ventana… Él quiere hacer morada en tu vida. 
P. Javier Rojas sj

miércoles, 18 de diciembre de 2013

El huachitorito. Los Fronterizos 1959

En ocasiones nos abruma más la piedrita que llevamos dentro del zapato que el camino que tenemos por delante. Esas pequeñas molestias cotidianas suelen reducir nuestra energía vital, y de algún modo, van tiñendo de agobio las horas, los días y las semanas.
¿No será, acaso, que te tomas las cosas demasiado a la tremenda? ¿No será quizá que te has olvidado de una buena siesta, de un mate con los amigos o de una buena lectura? ¿Cuándo fue la última vez que soñaste con los ojos abiertos? ¿Hace cuánto que no te relajas y te diviertes sin pensar en el mañana?
Tal vez, si comenzaras hoy a sacudir el zapato, notarías que la piedrita es pequeña pero que de tanto andar sobre ella te está hiriendo intensamente.
Claro que hay problemas reales. El hambre, la violencia, las guerras evidentes y las no tanto, la contaminación….pero de lo que hoy hablo aquí es de las absurdas heridas que nos auto infligimos, de los fantasmas que inventamos y de los problemas que nuestra mente crea…
¿Y si comenzaras hoy por tomarte a ti mismo menos en serio? ¿Y si aprendieras a no tratarte con tanta dureza?
Te recuerdo que de perfectos los seres humanos no tenemos nada. Existen sí, personalidades muy exigentes, y lo lamentable es que cuando se dan cuenta de que no todo depende de ellos, y de que la perfección es un bien inalcanzable acá en la tierra…ya han perdido la salud, la alegría y el entusiasmo.
Tómate tiempo para soñar, para reír, para caminar, para leer, para rezar, para visitar gente querida, para abrazar, para asombrarte, para conversar, para permanecer en silencio, para ayudar a los demás, para realizar tu hobby preferido, para jugar con tu perro, para saborear un rico plato…Y para dar ánimo, alimentos y afecto a los más necesitados.
La navidad como todo comienzo, es el tiempo apropiado para sacudir esas piedritas que molestan y para que, liberados de ellas, podamos hacerle lugar al que de verdad nos da felicidad duradera...y que nos ama así como somos…

@Ale Vallina.




Si estás cansado y agobiado. Si el fin de año ha llegado con infinidad de exigencias laborales o familiares. Si sientes que los días se pasan volando y apenas te alcanzan para todo lo que te habías propuesto. Si percibes que estás envuelto en el torbellino de los “debería hacer”, “debería ser”, “debería alcanzar”. Si te sientes malhumorado u ofendido…Cálmate. Respira. Flexibiliza tu mirada. Enfócate en tus logros, en tus seres amados incondicionales, en todas las montañas que has subido, en todos los puentes que has cruzado y en todos los escollos que has superado.
Y, por sobre todas las cosas, posa tu mirada en El que pronto llega. Él viene a traerte la esperanza que hoy te falta y la paz que tu corazón anhela.
No te inquietes de más. Enfócate en el Niño que te viene…
@Ale Vallina

lunes, 16 de diciembre de 2013

Todos estamos dotados de talentos únicos que Dios ha puesto a nuestra disposición para hacerlos fructificar. A la manera de un pintor Dios ha extendido su paleta y con pinceladas firmes ha coloreado el corazón de sus hijos con una mezcla distinta de tonos y de texturas.
Esos regalos y dones necesitan ser puestos al servicio del Reino pues todos somos llamados a su construcción. No hay un solo modo de ponerlos al servicio y está más que claro que el Señor nos va llamando según lo propio de cada uno. No nos va a pedir nada de lo cual no nos haya dotado. Es tan absurdo como que se le pidiera a un mono que volara o a un pez que subiera montañas. Esto que puede resultar gracioso no lo es tanto. Lamentablemente existen muchas personas que intentando hacer lo que otros hacen, o ser lo que otros muestran se olvidan del sello único e insustituible que poseen.
Sin desarrollar los dones podemos volvernos amargados o desesperanzados y entrar en un círculo vicioso de desaliento y de odiosas comparaciones...
La contracara es la posibilidad de que seamos absorbidos por la tiranía de la masa y consideremos que todo debe ser igual en todos y que cualquier distingo es peligroso. Es esencial que aprendamos a resguardar nuestros dones y que impidamos que nos convenzan de que no sirven o “de que no son demasiado esto o son demasiado aquello”. Todo lo bueno que poseemos es pura gracia de Dios y los talentos son nuestros tesoros. Nadie puede desvalijarnos de ellos a menos de que sea con nuestro consentimiento.
Es de lamentar que en algunas familias y en ciertas comunidades religiosas no se valore la originalidad de cada uno de sus miembros y de este modo todo termine en una gran confusión…
Reconoce tus luces, disfruta de ellas, regala de su brillo a los demás y en cuanto te sea posible no te compares. Tu luz es extraorinaria y no necesitas apagar las luces de los otros para brillar con tu propia luz..
Brilla. Atrévete. Sin tu fulgor el mundo queda con menos claridad.
El Reino de Dios te necesita…
@Ale Vallina.

Cada mañana es una nueva oportunidad, un regalo de Dios. Momento propicio para agradecer y también para preguntarnos qué debemos cambiar en nuestras vidas para ser más felices, para brindarnos a pleno a los hermanos, para crecer…
Les propongo sentarse en una posición cómoda. Cerrar los ojos. Hacer unas cuantas inspiraciones y expiraciones delicadas y luego de la señal de la cruz repetir “Gracias Señor”…Cuando sientas que tu gratitud ha brotado hasta empapar por completo tu alma, cambias el mantra, por el de “moldéame Señor”. Recuerda respirar con lentitud…Si te viene un pensamiento, no luches contra él. Vuelve a tu mantra con serenidad y con humildad. Puedes recorrer las últimas vivencias e imaginar cómo el Alfarero amasa tu vida hasta hacerla a su parecer.
Finalmente, termina con las palabras que en este Adviento le decimos a Jesús: “Ven Señor a mi vida”. Lléname con tu Espíritu”. Puedes permanecer unos cuantos minutos más repitiendo este mantra…
Te aseguro que comenzarás la jornada más relajado, con atención plena y más dócil a la voluntad de Dios.
Puedes terminar con un Padre Nuestro. Y…adelante!! El día es tuyo. De la mano de Jesús nada puede salir mal.
@Ale Vallina.

domingo, 15 de diciembre de 2013


«¿Cómo esperamos al que ha de venir?»


«Juan, en la cárcel, oyó hablar de lo que Cristo estaba haciendo, y envió algunos de sus seguidores a preguntarle: “¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?” Jesús les contestó: Vayan a contar a Juan lo que ustedes ven y oyen: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos queda limpios de su enfermedad, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el mensaje de salvación. ¡Y dichoso el que no pierde su confianza en mí! Cuando se fueron, Jesús comenzó a hablar a la gente acerca de Juan, diciendo: ¿Qué fueron a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué fueron a ver? ¿Un hombre vestido con refinamiento? Los que se visten de esa manera viven en los palacios de los reyes. ¿Qué fueron a ver, entonces? ¿A un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta. Él es aquél de quién esta escrito: “Yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino.” Les aseguro que, no ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista; y sin embargo, el más pequeño en el reino de Dios es más grande que él. »


                    Mt 11, 2-11

La pregunta que hacen a Jesús los discípulos de Juan, « ¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?» bien podría reformularse de la siguiente manera; « ¿Cómo esperamos al que ha de venir?». En aquel entonces, cuando el Bautista «oyó hablar de lo que Cristo estaba haciendo», quedó desconcertado. El Mesías que había anunciado no coincidía con Jesús de Nazaret.
Nosotros sabemos que es el Hijo de Dios el que viene, y por eso nuestro cuestionamiento es otro; ¿Cómo aguardamos esa venida? ¿Qué sentido tiene celebrar el nacimiento del Hijo de Dios? Y cuando nos hacemos estas preguntas los que quedamos desconcertados somos nosotros. Desconcertados porque tal vez la alegría y la esperanza no sean los sentimientos que albergamos en el corazón.
Aunque resulte extraño decirlo, la navidad despierta en algunas personas ternura, alegría, compasión, solidaridad, y en otras, en cambio, desesperaciones, tristeza y estrés. Hay quienes sienten que algo revive en ellas, algo vuelve a florecer, mientras que para otras se inicia la misma rutina de compras, regalos, compromisos sociales, etc.
Los motivos pueden ser muchos y muy variados, pero creo sin embargo, que el nacimiento del Niño deja al descubierto la manera que tenemos de situarnos ante la vida y el modo que hemos adquirido de vivir. Un modo de vivir que a fin de año generalmente hace eclosión.
El pesebre no solamente revela quién es Dios, sino también quiénes somos nosotros. Nos muestra que la grandeza se vuelve pequeñez,  que la fuerza torna en fragilidad, y que el poder y la omnipotencia caen rendidos ante un regazo que cobija tiernamente.
Y nosotros, ¿Quiénes somos ante el pesebre?
Si dejáramos por un momento de pensar en los compromisos sociales, en los regalos, en las compras, para situarnos ante el pesebre y entrar dentro de nosotros mismos, podríamos dejar aflorar los ojos de niño que llevamos dentro. Porque del pesebre brotan aires de renovación cuando se contempla con la admiración y fascinación de un niño. Nuestra agitada vida de adultos no nos permite percibir el pesebre con el corazón, sino con el bolsillo. La facilidad con que extraviamos a fin de año la alegría y la esperanza se debe a que nos creemos dueños absolutos de nuestra existencia, y únicos protagonistas de nuestra historia.
El niño, por el contrario, se sabe dependiente y necesitado. Conoce sus límites y no oculta su fragilidad, y sabe que no puede subsistir sin la constancia de un abrazo amoroso y sin la fuerza de un “beso” que todo lo sana y repara. El niño sabe que cuando necesita ayuda le basta con levantar los ojos para encontrarse con el rostro amable y atento de quien puede propiciarlo.
Tal vez, el hecho de que muchos adultos pierdan la alegría y la esperanza en la navidad, se deba a que no tienen a quien dirigir la mirada para encontrar cobijo y contención. En el pesebre Jesús nos hará un lugar para todos. En esa cuna Dios nos abrazará a todos, ya sea que nos acerquemos a él con la confianza de un niño, o que nos “achiquemos un poco”.  En el rostro de ese niño encontraremos  el amor que andamos necesitando. En el pesebre hay lugar para todos.
Pidamos a Dios que sigamos disponiendo el corazón para contemplar al niño en esta navidad.  


P. Javier  Rojas sj

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