viernes, 27 de diciembre de 2013

el amor no dice basta

Haz el amor, y no el odio,
haz la paz, y no la guerra.
Si tienes ganas de bronca,
haz crucigramas,
y déjate de pendencias.
Haz de tu casa un hogar,
y no un refugio antiprójimo,
Haz, con tus manos, sombras chinescas
para alegrar a los niños tristes.
Ahueca las manos,
haz con ellas un megáfono,
llévatelas a la boca,
y ahora grita,
a pleno pulmón,
que ya está bien
de poner barreras
entre hombres,
entre pueblos,
entre historias,
entre “nosotros” y “ellos”.
Haz, en tu porción de tierra,
un jardín, un huerto, o un parque,
no una trinchera.
José Mª R. Olaizola, sj
Hoy quisiera ser pastor

Ser el primero en llegarme hasta Ti, Señor,

y bendecir tu Nombre.

Arrodillarme con lo todo lo que soy, pienso y tengo

y postrarme, sabedor, de que mi corazón

a veces anda demasiado perdido en las montañas del mundo.


Hoy quisiera ser pastor, Señor.

Y, en medio de la noche fría,

que fueran mis palabras calor en tu regazo,

o, que en la oscuridad y silencio de tu Nacimiento,

fuese mi FE lámpara que iluminase

las sombras y los rostros de este establo.


¿Me dejas ser pastor, Señor?

No tengo más riqueza que la vida que Dios me ha dado.

Ni más dulce, que la alegría de tu alumbramiento.

Ni más apoyo, que el saber que Tú has venido a nuestro lado.


Hoy quisiera ser pastor, Señor.

Por ello mismo, he dejado los valles de mi comodidad.

Porque, la noticia que tus Ángeles me han dado,

ha rebasado con creces,

la importancia de todo lo que yo estaba haciendo.


¡Déjame ser pastor, en estas horas, mi Señor!

Me ha costado esfuerzo llegar hasta Belén.

Me perdido por otros senderos,

con los que el maligno me tentaba

para alejarme de tu sendero.

Pero lo importante, Señor,

es que he tocado tus divinas sienes;

que he alcanzado ese rincón del amor y de ternura,

que los tiempos antiguos, nos anunciaron,

y los cuales reyes, patriarcas y profetas, desearon vivir.


¡Quiero ser pastor, Señor!

Y cuidarte en esta Noche Santa

como quien sabe, que de su rebaño,

eres el más bello Cordero

que, entre maderas nació,

y en dos maderos se desangrará hasta morir

por dar al hombre, un eterno vivir.


¡Déjame, te lo ruego, ser un pastor!

Y, a cambio de mi adoración y confianza,

dame, Tú Señor, lo que es tu gran tesoro y secreto:

Amor y solo amor de Dios.

P. Javier Leoz

jueves, 26 de diciembre de 2013

Cuando el amor te llame, síguelo,
Aunque su camino sea arduo y penoso,
Y cuando sus alas te envuelvan entrégate,
Aunque la espada entre ellas, disimuladamente, te lastimara.
Y cuando te habla, cree en él,
Aunque su voz desgarre tus sueños,
Como el viento del norte agosta el jardín,
Porque así como el amor te enaltece, así te crucifica.
Así, como te acrece, así te poda,
Así como te eleva a lo más alto,
Y acaricia tus ramas más tiernas,
Que palpitan bajo el sol,
Así descenderás hasta tus raíces,
Y las conmoverá en un abrazo con la tierra.
Todo esto hará el amor en ti,
Para que puedas entender los secretos de tu corazón,
Y convertirte , por ese entendimiento,
En un fragmento del corazón de la vida.
KALHIL GIBRÁN.




miércoles, 25 de diciembre de 2013

Es maravillosa la sencillez de la Navidad.
Allí está María, la madre. También está José, el esposo de María. Gente sencilla y simple, tal como nosotros. Allí están los pastores, la primera congregación navideña. Eran gente humilde que vivían apegados a las cosas creadas por Dios: la tierra era la alfombra que pisaban sus pies, y el sol y las estrellas el techo que los cobijaba.
Allí está el niño también. No hay allí las pompas ni las circunstancias de la vida; solamente la sencillez de lo divino. Esta sencillez es lo maravilloso de la Navidad.
Allí todos podemos llegar suplicantes. No es un trono de exaltación humana, sino el trono de la divina sencillez.
Allí todos podemos adorarle y reconocer en la sencillez del Niño, el significado del amor redentor de Dios.
Allí podemos llevar nuestro gozo y nuestros pesares. Nuestro gozo será bendecido y nuestro pesar será aligerado.
Allí podemos recibir fortaleza para los días venideros, luz para los días venideros. Y la Luz que resplandece desde el humilde pesebre tiene fuerzas suficientes para iluminarnos hasta el fin de nuestros días.
Entonces, allá vamos jóvenes y viejos, ricos y pobres, poderosos y esclavos, a adorarle en la hermosura de la sencillez divina, maravillados de su sencillo amor.
Ésta es la maravilla de la Navidad.
Ha nacido para ti, corazón cansado y agobiado; para ti que caminas con pies cansados y tienes las manos temblorosas partidas, para ti llegan esta mañana noticias de lo alto que dicen que te ha nacido un Salvador que habla en dulces tonos de amor.
Sí, para ti ha nacido Jesús este día, si mansamente le das lugar y le suplicas que se quede contigo. Aunque el mundo entero participe de Él, Él lo es todo para ti. Él reclinará la cabeza sobre tu corazón y derramará en ti su verdadero amor.
No pide palacios, ni comidas costosas; sólo dulce amor. Anda en busca de un súbito amante y sincero a quien pueda conferir su bendición, que permita que su sonrisa le ilumine el sendero agotador.
Para ti, aunque seas el menor de los pequeños, para ti brilla hoy la estrella de Belén con alegre resplandor. Para ti, aunque poca sea tu fuerza y débil la alabanza, para ti, que tiemblas, vino tu Señor y Rey.
Para ti, en esta Navidad, los ángeles cantan nuevamente su canción.
Carrie Judd Montgomery. Manantiales en el Desierto

lunes, 23 de diciembre de 2013


Nos dice Ignacio de Loyola en su Ejercicios Espirituales que estando las Tres Personas de la Santísima Trinidad mirando la redondez de la tierra advierten el sufrimiento de los hombres y mujeres desolados por el pecado, la tristeza y la violencia. Así es que deciden mandar a la Segunda Persona a este mundo para hacer redención del género humano…
De este modo el Hijo se encarna en María y por amor,  al resguardo del Altísimo, crece en su bendito vientre.
Únicamente un amor grandioso, que “ama amando” puede  irrumpir en el mundo desordenado y violento para sacar consolación del desconsuelo, y esperanza del desánimo. Sólo un amor al que le duele la desgracia de los hombres hasta hacerse uno como ellos, puede llegar para sanar y  salvar, en una solidaridad inaudita que no busca sino el bien de los demás.
Y Jesús se abaja... Viene hacia nosotros. Nace en la pobreza de un pesebre alejado de todo poderío y lujo. Y en el silencio de una noche fría poblada de estrellas, entre el asombro de los pastores y lugareños nace para que el mundo sea rescatado.
“Hagamos redención del género humano”, pronunciaron. Y la aventura de amor más grande jamás imaginada tuvo lugar en pequeño pueblito del medio oriente hace 2000 años…Y llega cada diciembre para devolvernos la ilusión de que no todo está perdido…

@Ale Vallina

domingo, 22 de diciembre de 2013


Amar con Sabiduría




«Éste fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José, y antes del matrimonio, resultó que estaba embarazada, por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, pensó abandonarla en secreto. Ya lo tenía decidido, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: -José hijo de David, no temas recibir a Maria como esposa tuya, pues la criatura que espera es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, al quien llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del profeta: Mira, la virgen está embarazada, dará a luz un hijo que se llamará Emmanuel, -que significa: Dios con nosotros-. Cuando José se despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado y recibió a María como esposa.»



                    Mt 1, 18-24




José, el padre adoptivo de Jesús, es uno de los personajes más enigmáticos del evangelio. Sabemos muy poco sobre él y sin embargo podemos reconocer los rasgos de su persona en Jesús.

El evangelio nos dice que pertenecía al linaje de David y que estaba comprometido con María, y antes de que se fueran a vivir juntos, se enteró de que estaba embarazada.

No sabemos lo que sucedió entre María y José luego del anuncio del ángel, pero sí nos dice que «era un hombre justo» y que a causa del embarazo de su prometida había tomado la  decisión de «abandonarla en secreto».  

El amor que sentía por María era profundo y verdadero, y no le habría costado perdonarla y aceptarla, pero ¿podía dar a la estirpe de David un hijo ilegítimo? Siendo un hombre justo y piadoso ¿quebrantaría la ley que mandaba denunciar a quienes cometían adulterio? ¿Se arriesgaría a violar la ley y atraer con ello el castigo de Dios sobre su casa?

José actúo con amor y sabiduría, dos cualidades que necesitamos practicar con mayor dedicación en estos tiempos revueltos.

Muchas veces enjuiciamos a los demás de una manera desbocada. Sin ningún deseo de corroborar la información que transmitimos a los demás, nos hacemos eco de cualquier tipo de comentarios. Hemos desarrollado una capacidad increíble de vivir en nuestras fantasías y mundos ilusorios, dando por sentado la versión que nuestra imaginación construye sin importarnos si verdaderamente coincide con la realidad.  

En lugar de buscar aclarar cualquier información o percepción que tenemos de los demás, comenzamos a dialogar con nosotros mismos entablando verdaderas guerras interiores.

Resulta sorprendente la cantidad de gente que va por la calle hablando sola. ¡Vaya a saber con quién está conversando, discutiendo, peleando! Va por el mundo escuchándose sólo a sí mismo, y por supuesto, constituyéndose en juez y verdugos de todos los demás que no tienen posibilidad de defenderse. Para quién habla solamente con su propio parecer sobre los demás, no existe gente inocente. Todos serán condenados.

Pero la realidad de José fue muy distinta. El obró con amor y sabiduría. Él tenía la ley a su favor. Pero si sólo hubiera sido justo, si únicamente le hubiera interesado el cumplimiento de la ley tendría que haber entregado a su mujer encinta a la muerte. Pero a José no le interesaba ser solamente justo ante la ley, sino que amaba a María y quería obrar de tal manera que entendiera que en la decisión que tomaría seguía intacto su amor por ella. Y por eso había decidido abandonarla en secreto.

Para José, ser justo significaba buscar el bien y la salvación de la otra persona, y no su condena. Ser justo a los ojos de Dios no significa ir apuntando con el dedo el delito y el error a todo el mundo, sino buscar el bien de la persona. Y éste es el rasgo más bello que encontramos en Jesús. José le enseño a Jesús a interpretar las leyes de Dios con misericordia.

¿Cuándo creyó oportuno, Dios, «irrumpir» en la vida de José? Si leemos entre líneas el texto de Mateo, podremos darnos cuenta que cuando decidió «abandonar en secreto» a María. ¿Por qué? Por que detrás del “abandono” no había más que la muestra infinita de su amor. José había decidido cargar con las consecuencias del abandono antes que manchar la imagen de María. Tomó la decisión de arruinar su imagen de «piadoso y justo» antes que arrastrar a María la muerte.  Nosotros, por el contrario, elegimos arruinar la imagen de los demás para parecer ante los otros como verdaderos cristianos, hombres y mujeres justos y piadosos, sin tomarnos el trabajo de corroborar si lo que se dice de los demás es verdad o no.

Mateo subraya que cuando José había decidido abandonar en secreto a María «el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: -José no temas aceptar a María como tu esposa».

Sin lugar a dudas que José era el hombre que acompañaría a María en la crianza del Hijo de Dios. Un hombre con amor y respeto por la dignidad de los demás era la persona indicada para educar a Jesús.

Pidamos a Dios que en esta navidad renovemos el amor por la dignidad humana, y que aprendamos a tomar conciencia del daño inmenso que hacemos al hacernos eco de cualquier tipo de comentario sobre los demás. Que el niño Dios nos conceda la gracia de amar al ser humano como José se lo enseñó a Él. 

P. Javier Rojas, sj


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