martes, 30 de diciembre de 2014

Señor, Dios, dueño del tiempo y de la eternidad,
tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro.
Al terminar este año quiero darte gracias
por todo aquello que recibí de TI.
Gracias por la vida y el amor, por las flores,
el aire y el sol, por la alegría y el dolor, por cuanto
fue posible y por lo que no pudo ser.
Te ofrezco cuanto hice en este año, el trabajo que
pude realizar y las cosas que pasaron por mis manos
y lo que con ellas pude construir.
Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé,
las amistades nuevas y los antiguos amores,
los más cercanos a mí y los que estén más lejos,
los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar,
con los que compartí la vida, el trabajo,
el dolor y la alegría.
Pero también, Señor hoy quiero pedirte perdón,
perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado,
por la palabra inútil y el amor desperdiciado.
Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho,
y perdón por vivir sin entusiasmo.
También por la oración que poco a poco fui aplazando
y que hasta ahora vengo a presentarte.
Por todos mis olvidos, descuidos y silencios
nuevamente te pido perdón.
En los próximos días iniciaremos un nuevo año
y detengo mi vida ante el nuevo calendario
aún sin estrenar y te presento estos días
que sólo TÚ sabes si llegaré a vivirlos.
Hoy te pido para mí y los míos la paz y la alegría,
la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría.
Quiero vivir cada día con optimismo y bondad
llevando a todas partes un corazón lleno
de comprensión y paz.
Cierra Tú mis oídos a toda falsedad y mis labios
a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes.
Abre en cambio mi ser a todo lo que es bueno
que mi espíritu se llene sólo de bendiciones
y las derrame a mi paso.
Cólmame de bondad y de alegría para que,
cuantos conviven conmigo o se acerquen a mí
encuentren en mi vida un poquito de TI.
Danos un año feliz y enséñanos
a repartir felicidad . Amén

Felices Fiestas con Paz, Amor y Felicidad.

lunes, 29 de diciembre de 2014


«Si creo confío. Pero también visto por la cara: si confío, creo. Es entonces cuando puedo entregarme, abandonarme y fluir con todo lo que se presente en la vida. Creer es saber reconocer que la Vida me cuida y es la más interesada en mi crecimiento y maduración y que, por tanto, todo lo que necesite (no lo que desee) me será dado.»

José María Toro

domingo, 28 de diciembre de 2014

Mi tarea espiritual verdadera consiste en dejarme ser amado, plena y completamente y creer que en este amor llegaré al cumplimiento de mi vocación. Sigo intentando llevar mi ser errante, inquieto y ansioso a su hogar para que pueda descansar en el abrazo de su amor.
Henri Nouwen

"La familia cristiana es misionera: anuncia al mundo el amor de Dios."
Francisco

sábado, 27 de diciembre de 2014

No lo hemos de olvidar. Solo Jesús nos ha contado cómo es Dios. Solo él es la fuente para acercarnos a su Misterio. ¡Cuántas ideas raquíticas y poco humanas de Dios hemos de desaprender y olvidar para dejarnos atraer y seducir por ese Dios que se nos revela en Jesús!
Cómo cambia todo cuando uno capta por fin que Jesús es el rostro humano de Dios. Todo se hace más simple y más claro. Ahora sabemos cómo nos mira Dios cuando sufrimos, cómo nos busca cuando nos perdemos, cómo nos entiende y perdona cuando lo negamos. En él se nos revela «la gracia y la verdad» de Dios.
José Antonio Pagola
«La Palabra de Dios se ha hecho carne». Dios no es mudo. No ha permanecido callado, encerrado para siempre en su Misterio. Dios se nos ha querido comunicar. Ha querido hablarnos, decirnos su amor, explicarnos su proyecto. Jesús es sencillamente el Proyecto de Dios hecho carne.
Dios no se nos ha comunicado por medio de conceptos y doctrinas sublimes que solo pueden entender los doctos. Su Palabra se ha encarnado en la vida entrañable de Jesús, para que lo puedan entender hasta los más sencillos, los que saben conmoverse ante la bondad, el amor y la verdad que se encierra en su vida.
Esta Palabra de Dios «ha acampado entre nosotros». Han desaparecido las distancias. Dios se ha hecho «carne». Habita entre nosotros. Para encontrarnos con él, no tenemos que salir fuera del mundo, sino acercarnos a Jesús. Para conocerlo, no hay que estudiar teología, sino sintonizar con Jesús, comulgar con él.
José Antonio Pagola

viernes, 26 de diciembre de 2014



¿ A cuántas personas harás sonreír hoy?

«A veces perdemos de vista la conciencia de que perder la sonrisa no es otra cosa que haber perdido la suspensión de nuestra columna, de nuestro cuerpo, de nuestra vida. La negación y disolución de la sonrisa no es sino la afirmación de un desplome y de un "venirnos abajo". La sonrisa no es sino expresión de un estado de suspensión. Y la alegría siempre hace florecer en nuestra cara los pétalos de la sonrisa.
La sonrisa interior provoca una onda de energía que fluye hacia arriba, iluminando la cara y encendiendo los ojos. En la persona que sonríe los ojos se encienden y brillan como expresión de que alguien está dentro y habita en el interior.» (J.M. Toro)

martes, 23 de diciembre de 2014


Ven, Señor Jesús, y quédate conmigo donde me siento más pobre. Confío en que éste es el lugar donde encontrarás tu pesebre y traerás tu luz. Ven, Señor Jesús, ven.

¡Les deseamos una bendecida Navidad!

lunes, 22 de diciembre de 2014



«Nuestro destino no es nunca un lugar, sino una nueva forma de percibir las cosas. La risa es la luz que ilumina las oscuridades del rostro humano. No hay ascensor para la felicidad, has de llegar subiendo las escaleras. La conciencia de la Presencia de lo Divino en el ser humano.»


José María Toro

martes, 16 de diciembre de 2014


Señor, hazme entender el valor de la espera para que maduren los frutos y las almas..."Hay un tiempo para sembrar, y otro para cosechar". (Ecle 3, 1-9).
Dame luz para que entienda el valor de la vida que me has confiado. 
Dame inspiración para que sepa seguir en todo momento tu camino.
Dame fortaleza para que no sea cobarde a tus pedidos...
Dame intuición necesaria para que descubra una y otra vez tu providencia en mi vida.
Dame la sabiduría para entender cómo todo va dirigido a la constitución del Reino de Dios aquí en la tierra como antesala del cielo.

Jaculatoria: "Señor, ¿Qué quieres que haga?"

sábado, 13 de diciembre de 2014


«El acompañante espiritual no puede decirme cuál es la voluntad de Dios para mí. Lo único que puede hacer es animarme a reflexionar por mí mismo sobre lo que con­cuerda conmigo. Y puede abrirme los ojos para descubrir por mí mismo lo que Dios quiere de mí.
Hoy existe en muchas personas una necesidad de acompañamiento espiritual. Constituye para muchos un buen camino para emprender la búsqueda de Dios y de la propia verdad. Pero para ello se requiere que los acompa­ñantes espirituales -mujeres y varones- posean una sensi­ble capacidad de percepción de los enredados caminos de Dios con los hombres y un buen conocimiento de su propia alma y del alma de las personas a las que acompañan.»

Anselm Grün

jueves, 11 de diciembre de 2014


«Antes de parapetarnos en argumentos teológicos, debemos buscar con toda hu­mildad y «sencillez de corazón» un camino que nos permi­ta tratarnos los unos a los otros con sumo respeto, prote­gernos y soportarnos los unos a los otros, crear un espacio de cobijo y acogimiento y practicar otras formas de conducta tal como hoy es habitual en muchas empresas.
Muchos cristianos sufren porque el clima de la Iglesia es a veces tan gélido como en las empresas. Si no vivimos ninguna de las formas de la convi­vencia humana, si no se hace visible y perceptible ningún signo de aprecio, entonces no debe extrañarnos que los hombres emigren de la Iglesia.
De ahí que tenga tanta importancia el trabajo de rela­ción en las comunidades. La Iglesia se compone, por su­puesto, de personas falibles. Nunca llegaremos a ser una comunidad ideal. Tampoco Jesús contaba con ello. Pero que en medio de la fragilidad de la comunidad humana se haga visible algo del espíritu de Dios, esto es lo que anhe­lan los hombres de nuestro tiempo.»


Anselm Grün

miércoles, 10 de diciembre de 2014


«El espíritu de Dios quiere ser experimentado. Quiere mostrarse en nosotros, para que en nosotros le conozcan los hombres. La gente percibe si nos situamos nosotros mismos en el centro o si somos transparentes para algo que es mayor que nosotros.

Se trata de una cuestión de irradiación. Irradiar a Dios significa difundir paz, indulgencia, amplitud, libertad, quietud y amor. Si los hombres perciben todo esto en nosotros, entonces también podemos hablar de Dios de manera adecuada. Pero sin esta irradiación, el discurso sobre Dios es simple teoría. Y con mucha frecuencia se reduce a pura porfía.»

Anselm Grün

lunes, 1 de diciembre de 2014

Sube a nacer conmigo,
dice el poeta Neruda.
Baja a nacer conmigo,
dice el Dios de Jesús.
Hay que nacer de nuevo,
hermanos Nicodemos
y hay que nacer subiendo desde abajo.
De esperanza en esperanza,
de pesebre en pesebre,
todavía hay Navidad.
Desconcertados por el viento del desierto que no sabemos de donde viene
ni adonde va.
Encharcados en sangre y en codicia,
prohibidos de vivir
con dignidad,
sólo este Niño puede salvarnos.
De esperanza en esperanza,
de pesebre en pesebre,
de Navidad en Navidad.
Siempre de noche naciendo de nuevo,
Nicodemos.
“Desde las periferias existenciales”;
con la fe de María
y los silencios de José
y todo el Misterio del Niño,
hay Navidad.
Con los pobres de la tierra,
confesamos
que Él nos ha amado hasta el extremo de entregarnos
su propio Hijo, hecho Dios venido a menos,
en una Kenosis total.
Y es Navidad.
Y es Tiempo Nuevo.
Y la consigna es que
todo es Gracia,
todo es Pascua,
todo es Reino.
Pedro Casaldaliga

domingo, 30 de noviembre de 2014

«Un lugar para el Salvador del mundo»





En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: «Estad atentos y vigilad, porque ignoráis cuándo será el momento. Al igual que un hombre que se ausenta deja su casa, da atribuciones a sus siervos, a cada uno su trabajo, y ordena al portero que vele; velad, por tanto, ya que no sabéis cuándo viene el dueño de la casa, si al atardecer, o a media noche, o al cantar del gallo, o de madrugada. No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos. Lo que a vosotros digo, a todos lo digo: ¡Velad!».

                    Mt. 13, 33-37

Todos los años cuando llega el adviento sabemos que se cerca la celebración de la Navidad.  Y como es costumbre comenzamos a planificar la fiesta. Además de lo que nos toca organizar, también nos gustaría preparar el corazón para vivir más profundamente el misterio de la navidad. Es el nacimiento del Hijo de Dios lo que vamos a celebrar.
Pero lo cierto es que cada vez nos resulta más difícil disponernos interiormente para recibir al Salvador. ¿Por qué? ¿Hemos perdido el sentido de la navidad? El trajín diario, los compromisos asumidos a nivel laboral, el colegio de los chicos, la facultad, etc., parecen ocupar toda nuestra atención y llenar todos los espacios del corazón. ¿Podremos hacer sitio en nuestro interior al Hijo de Dios que nuevamente pedirá posada?
Con el fin de prepararnos para celebrar el nacimiento de Jesús podríamos comenzar por preguntarnos ¿Cómo quiero recibir la Navidad este año? ¿Dónde desearía hacer lugar en el corazón al Hijo de Dios? ¿Qué ámbitos o zonas de mi vida necesitan que Jesús venga a hacer su morada? Quizás sea tiempo de ofrecer paz y descanso al corazón, dejando de lado viejos rencores y resentimientos. Recuerda que la paz, además de ser don del Espíritu, también se construye “artesanalmente” –como afirma el Papa Francisco-.
¿Por dónde te gustaría comenzar? En definitiva preparar el corazón al Hijo de Dios, es hacer un lugar entre tantas cosas que tenemos y vivimos. Recibir a Dios en nuestro corazón y en nuestra vida es permitirle que su presencia nos ordene desde la perspectiva del Evangelio.
Te propongo reflexionar sobre 6 puntos que pueden ayudar a preparar un lugar al Hijo de Dios en nuestro corazón.

1.- El valor de la propia persona. Tómate un tiempo y pregúntate «¿Cómo estoy viviendo el propio valor personal?» Recuerda que no se puede amar sanamente a los demás si primero no comenzamos por nosotros mismos. Tal vez está haciendo falta ordenar tareas, tiempos, obligaciones, etc. para tener tiempo de estar con los tuyos y contigo mismo. Para descansar y para estar con Dios. No debemos olvidar que «tener más no significa amar más». Nuestro valor personal no reside en lo que poseemos sino en la grandeza de corazón que demostramos. En ocasiones, estamos tentados a tratar a los demás como cosas que “amamos” sin tratar de establecer con ellos una relación más personal fundada en el respeto por el otro. Si no aprendemos a amarnos a nosotros mismos de manera libre y auténtica no aprenderemos lo que significa amar al prójimo. Nuestro amor por los demás brota de la experiencia de amor que hemos recibido.  
2. En lugar en el que vives. Tenemos que ser conscientes que, en todos los ámbitos por los que transitamos diariamente, (familia, trabajo, club, etc.) siempre estamos ayudando a crecer o impidiendo a que la vida se desarrolle. Nuestras acciones «crean realidad». Por medio de lo que hacemos y de nuestras omisiones, creamos una realidad que puede ser beneficiosa o dañina para nosotros mismos o para los demás. Tal vez en este tiempo de adviento esté haciendo falta revisar nuestras actitudes y palabras, y darnos cuenta si somos instrumentos de paz, si somos personas que transmiten esperanza y amor, o si por el contrario, nuestras palabras y actitudes siembran cizaña en medio del buen trigo que Dios ha sembrado en el alma de los que te rodean. ¿Qué estás sembrando en la vida de los demás?
3. El amor puesto en obras. Para nosotros el amor no es solamente un sentimiento sino sobre todo una actitud, una decisión. Es un acto de la voluntad cargada de afecto. El amor es siempre una fuerza que sale de nosotros hacia el mundo, con el deseo profundo de traducir en obras los sentimientos que laten por dentro. Por ello la caridad o la solidaridad es la expresión más grande del amor. Este tiempo de adviento es un momento especial para cultivar la caridad. ¡Cuántas cosas tienes acumulada que no usas! Si están en buen estado ¿Por qué no donas a quien lo necesita? Despréndete y ayuda a los demás…
4. Una incesante búsqueda de justicia. Hace unos días atrás leí una frase que decía  «El final del hombre no es la felicidad sino la bondad» Y, creo, es muy cierto. El hombre bueno es aquel que busca la justicia. Pero no la justicia que busca la venganza y el castigo. Esa no es la justicia de Dios. El justo para Dios es aquel que busca que el otro viva… Es decir, el hombre que busca la misericordia y la conversión. Necesitamos desarrollar un agudísimo olfato para encontrar la bondad en las personas que no nos caen bien o que nos han ofendido. ¿Albergas venganza en tu corazón? ¡Hazle un lugar a Dios ahí, para que transforme y sane tu corazón! No dejes que el odio y el rencor enfermen tu alma. Libérate de ello...
5. Un apasionado amor a la verdad. En este tiempo en que prevalece la apariencia y la simulación,  el amor a la verdad se entiende como el deseo enorme de ser auténticos. El peor daño que podemos hacernos a nosotros mismos es edificar una vida sobre la mentira y el engaño. Pues nada que se construya sobre la mentira puede durar. Nada que tenga la falsedad como base se sostendrá en el tiempo. El tiempo de Adviento, no es sólo un momento de preparar el corazón para Dios, sino también un tiempo para tomar conciencia de la vida que tenemos y que llevamos. ¿Edificas tus relaciones sobre la verdad o en la mentira? ¿Qué ventajas tiene edificar la propia vida sobre la arena de la falsedad?
6. Una fe radical en el futuro.  Vivir con fe en este tiempo es un signo de abandono y confianza. Hoy más que nunca están de moda las “previsiones” de todo tipo, tener fe es sinónimo de locura... Confiar en Dios y tener fe en Él cuando la realidad que vivimos parece contradecir todas sus promesas, es un gesto inmenso de amor y confianza en su providencia. Tener fe en Dios es entregarle mi confianza. Es ofrecerle mi vida y la de los que amo para que bajo su protección marchemos hacia adelante, aún y en medio de las dificultades. Confiar en Dios no significa que desaparecerán las luchas y las pruebas, sino que «Él será mi cayado firme». Es saber que me sostendrá en la tempestad, y, que si caigo me levantará…  En definitiva tener fe es fundar mi vida en una única certeza: que «somos amados desde lo alto de los cielos y desde lo ancho de la tierra.» ¿Es tu fe una confianza “ciega” en Dios?
 Revisar la propia vida desde la perspectiva de la venida del Hijo de Dios, nos ayuda a “hacer lugar” en el corazón. Si logramos ordenar nuestra vida como desearíamos, no le cerremos la puerta, y si lo hacemos, dejemos abiertas las ventanas.
Pidamos a Dios la gracia de disponer el corazón a su venida. 



P. Javier  Rojas sj

viernes, 28 de noviembre de 2014

"Ven, Jesús, tengo tantas cosas que decirte, tantas penas que contarte, tantos deseos, tantas promesas, tantas esperanzas. Quiero adorarte, besar tu frente, oh Jesús Niño, darme a ti una vez más, para siempre. Ven, Jesús, no tardes más, acepta mi invitación, ven.”
San Juan XXIII

jueves, 27 de noviembre de 2014


NOS MIRARÁ

No tenemos en nuestras manos
la solución a los problemas del mundo;
pero, frente a los problemas del mundo,
tenemos nuestras manos.
Cuando el Dios de la historia venga,
nos mirará las manos.
No tenemos en nuestro corazón
ternura para calmar tantos mares de violencia;
pero, frente a esos mares de violencia,
tenemos nuestro corazón.
Cuando el Dios de la historia venga,
nos mirará el corazón.
No tenemos en nuestras entrañas
consuelo para serenar este valle de lágrimas;
pero, frente a este valle de lágrimas,
tenemos nuestras entrañas.
Cuando el Dios de la historia venga,
nos mirará las entrañas.
No tenemos en nuestra cabeza
sabiduría e inteligencia suficiente
para cambiar las cosas que no funcionan
pero, frente a la realidad nos queda la dignidad.
Cuando el Dios de la historia venga,
nos preguntará por nuestra dignidad.
No tenemos en nuestro poder
la palabra con autoridad que manda
y, obedecida, cambia situaciones y circunstancias,
pero, frente a esas situaciones, tenemos palabra.
Cuando el Dios de la historia venga,
nos preguntará por nuestras palabras.
No tenemos en nuestra cartera
dinero suficiente para alegrar a los pobres;
pero a pesar de tanta pobreza y miseria
todavía ahorramos y nos sobra.
Cuando el Dios de la historia venga,
de nada nos servirán nuestros ahorros y monedas.

Florentino Ulibarri

miércoles, 26 de noviembre de 2014



¡Cuántas veces nos perdemos! Caminamos como vagabundos, desorientados ante tantas "ofertas" de promesas instantáneas que nos aseguran felicidad, éxito, paz, casi mágicamente...
No caigamos en las redes que intentan alejarnos del verdadero norte de nuestras vidas: Jesús. El único puerto seguro para nuestros extravíos y descuidos.
@Ale Vallina

martes, 25 de noviembre de 2014


Libra mis ojos de la muerte
dales la luz que es su destino.
Yo, como el ciego del camino,
pido un milagro para verte.
Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta constructiva;
cura su fiebre posesiva
y ábrela al bien de mis hermanos.
Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede;
que el corazón no se me quede
desentendidamente frío.
Guarda mi fe del enemigo
(¡tantos me dicen que estás muerto…!)
Tú que conoces el desierto,
dame tu mano y ven conmigo. 

José Luis Blanco Vega sj

sábado, 22 de noviembre de 2014

Feliz día de la música!
Feliz día a todas las Cecilias!
Dios nos regaló la música, Dios nos regaló los oídos para escucharla, Dios nos regaló las manos para ejecutarla, Dios nos regaló el corazón para gozarla, nos regaló los pies para bailarla, nos regaló es espíritu para elevarnos a Él a través de ella...
Feliz día amigos músicos. Gracias por escuchar a Dios y regalarnos arte.
@Ale Vallina


http://youtu.be/hOA-2hl1Vbc

viernes, 21 de noviembre de 2014

Jesús es llamado Emmanuel, que quiere decir "Dios con nosotros". La gran paradoja de la vida de Jesús es que Él, cuyas palabras y obras  en modo alguno estaban influídas por las críticas o las alabanzas humanas, sino que dependían completamente de la voluntad de Dios, está más <con> nosotros que ningún otro ser humano. 
La compasión de Jesús, su profundo sentirse con nosotros, es posible porque su vida no está guiada por el respeto humano, sino únicamente por el amor de su Padre celestial. Efectivamente, Jesús es libre de amarnos porque no depende de nuestro amor.
HENRY NOUWEN
¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!
Mi alegría es el camino de tus preceptos,
más que todas las riquezas.
Tus preceptos son mi delicia,
tus decretos son mis consejeros.
Más estimo yo los preceptos de tu boca
que miles de monedas de oro y plata.
¡Qué dulce al paladar tu promesa:
más que miel en la boca!
Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón.
Abro la boca y respiro,
ansiando tus mandamientos.
Salmo 118

jueves, 20 de noviembre de 2014

Desata mis manos y libera mi corazón de su indolencia. Libérame de la pereza que se disfraza de actividad cuando no se me pide ser activo, y de la cobardía que se empeña en acciones inútiles para escapar de las que le son costosas.
Dame, por el contrario, la fuerza para empeñarme en servirte en paz y silencio. Dame la humildad en que reside el único descanso, y libérame del orgullo, que es la más pesada de las cargas. Que todo mi corazón y toda mi alma se vean penetrados por la simplicidad de tu amor. Llena toda mi vida del único pensamiento y del único deseo de ese amor.
Thomas Merton
La libertad personal se reconquista desde el interior de uno mismo palmo a palmo. El silencio es atmósfera imprescindible para soldar fracturas de personas descoyuntadas entre decisiones y contradicciones. La extroversión hecha hábito, hace que dé miedo y vértigo el vacío del silencio y se rebuscan dosis de ruido y acción, como el drogadicto las busca de droga. Nos debe mover la voluntad de ser libres y de experimentar esta libertad. Es necesaria la familiaridad con el silencio de la contemplación para alcanzar amor, para ser apóstol capaz de acoger, educar y redimir a las personas.
Pedro Arrupe sj

miércoles, 19 de noviembre de 2014

martes, 18 de noviembre de 2014

Papa Francisco: Cuando la conversión llega a los bolsillos es segura

Papa Francisco: Cuando la conversión llega a los bolsillos es segura
Señor de la luz que no decae!
Queremos exhumarte en la profundidad de nuestra herida historia, en sus cicatrices que no dejamos de tocar para incendiarnos los dedos, y saber curar la miseria y la costra de indignidad que se nos queda pegada...
Que nos lamentemos de no hacer lo suficiente, de no compartir lo que somos, de no compadecer con nuestra frágil promesa de hacernos y ser en verdad hermanas, hermanos y madres...
Xavier Quinzá Lleó

lunes, 17 de noviembre de 2014

Solemos encontrarnos con algunas personas con una autoestima tan lastimada y vulnerada, que se han convencido a sí mismos de que no poseen dones ni talentos para desarrollar y compartir. Son personas sufrientes  que se auto valoran incapaces, disminuidas o ineptas. Se consideran, como reza el refrán: “el último orejón del tarro”, comparándose  constantemente con gente, a la que consideran con más competencias y méritos.
De más está  decir que Dios no se equivoca nunca, y aunque nos cueste comprenderlo es una verdad indiscutible.  Él, el Perfecto, ha depositado semillas y brotes de talentos en todos sus hijos, en un acto de amor sin límites. Dios confía en que los hemos de desarrollar para nuestro bien y el de los hermanos.
Así que amigo/a, mírate con dulzura. Reconoce tus cualidades y el infinito amor que Dios confió a tu corazón. Una manera de cooperar con los planes del Padre para este mundo, es reconocer, agradecer, cuidar y compartir tus talentos. Que son muchos, con seguridad. Ni lo dudes.
@Ale Vallina
¿Cómo hacer fructificar los dones-talentos que recibimos? En primer lugar, cuidándolos, lo cual no quiere decir, guardarlos para nosotros solos o enterrarlos como hace el tercer empleado de la parábola. 
Al contrario, el camino es compartirlos, visibilizarlos. Es nuestra vida la que se convierte en evangélica y la que va dando fruto, en ocasiones más de lo que creemos. Intentar vivir desde el Evangelio, aunque nos quedemos a medio camino. Eso sí, huyendo de la “ética de mínimos” que se está instalando entre nosotros, la del “no hago mal a nadie”. No es suficiente. Hay que hacer el bien. No caer en el “cansancio de los buenos”, de los que hablaba el beato Pablo VI.Los talentos los tenemos que hacer fructificar en nuestro mundo. Hoy se celebra el “Día internacional de la tolerancia”. Podemos pensar que la tolerancia se identifica con que “cada uno haga lo que le dé la
gana”. Sabemos adónde nos lleva ese planteamiento a la larga, a la “tolerancia cero”. Hoy tenemos que pensar en cuáles son los colectivos que sufren intolerancia en nuestro mundo.
Vuelvo a repetir algo que decía el domingo pasado. ¡Ojalá no hiciera falta recordarlo! Cientos de millones de cristianas y cristianos quisieran poder vivir y celebrar su fe. No pueden. En muchos países
los cristianos son perseguidos por el hecho de serlo. Es el grupo humano más perseguido en el siglo XXI. ¿Cuántos colectivos de defensa de los Derechos Humanos recordarán a las personas que están condenadas a muerte por no renunciar a su fe? ¿Cuántos cristianos los tendremos presentes hoy?
Si venimos a nuestro entorno más cercano, la llamada “civilización occidental”, nos ocurre algo parecido. ¿Tolerancia? Sí, menos con lo religioso. Lo vemos con frecuencia: amparándose en que
vivimos en sociedades laicas algunas personas entienden que es lícito arremeter sin compasión contra los sentimientos religiosos de una parte de la población, da lo mismo que sea mayoritaria o minoritaria, porque los derechos no se basan en la estadística. Ejemplos los tenemos todos los días.
Los talentos los tenemos que hacer fructificar en nuestra Iglesia. Buen día para recordarlo, hoy que celebramos el día de la Iglesia diocesana: “Comparte tu parte. Colabora con tu parroquia”. De nuevo, el planteamiento no puede ser primariamente economicista, la aportación económica. Nuestra mejor aportación siempre suele ser el recurso humano que somos cada uno de nosotros. ¿Qué puedo hacer yo?
Mucho. En ocasiones algo tan sencillo como apoyar con nuestra presencia aquello que se organiza en la parroquia o diócesis: retiros, conferencias, grupos para compartir la fe,… Si mi colaboración puede ser más activa, tanto mejor. Cada uno tiene que ver qué puede aportar.
Si se pueda resumir en una frase el mensaje del evangelio de hoy: no enterrar el don que somos.
P. Ángel María Ipiña csv

domingo, 16 de noviembre de 2014

«Perderse por muy poco»

« 14 ``Porque el reino de los cielos es como un hombre que al emprender un viaje, llamó a sus siervos y les encomendó sus bienes.  15 ``Y a uno le dio cinco talentos 16 ``El que había recibido los cinco talentos, enseguida fue y negoció con ellos y ganó otros cinco talentos. 17 ``Asimismo el que había recibido los dos talentos ganó otros dos. 18 ``Pero el que había recibido uno, fue y cavó en la tierra y escondió el dinero de su señor. 19 ``Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos.20 ``Y llegando el que había recibido los cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: `Señor, usted me entregó cinco talentos; mire, he ganado otros cinco talentos.' 21 ``Su señor le dijo: `Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.' 22 ``Llegando también el de los dos talentos, dijo: `Señor, usted me entregó dos talentos; mire, he ganado otros dos talentos.' 23 ``Su señor le dijo: `Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.' 24 ``Pero llegando también el que había recibido un talento  25 y tuve miedo, y fui y escondí su talento en la tierra; mire, aquí tiene lo que es suyo.' 26 ``Pero su señor le dijo: `Siervo malo y perezoso, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. 27 `Debías entonces haber puesto mi dinero en el banco, y al llegar yo hubiera recibido mi dinero con intereses.  28 `Por tanto, quítenle el talento y dénselo al que tiene los diez talentos.»

Mt 25, 14-30

  
«El tiempo corre» y ¿Yo?

El tiempo pasa de prisa. Los cambios se dan tan velozmente que apenas son perceptibles. Los hijos crecen, los padres envejecen, nuestros seres queridos parten. Las relaciones se rompen, los vínculos se restablecen. Lo esperado por fin llega, y lo que no imaginamos sucede. Lo que nunca buscamos acontece y lo que queríamos evitar, termina sucediendo. El tiempo corre, y, frente a este panorama ¿cómo estás tú? ¿Dónde te encuentras? ¿Cómo defines el momento que estás viviendo? ¿Tienes conciencia de quién eres? ¿Te conoces? ¿Sabes de lo que eres capaz?
A veces sucede que el alma se paraliza antes tantos cambios exteriores. Decimos con frecuencia «No queda tiempo para nada» o lo que es aún más gracioso «No tengo tiempo». El tiempo no se “tiene”. El tiempo pasa y no se puede retener. No se puede aprisionar ni acorralar el tiempo caprichosamente. El tiempo fluye y si se siente que «no queda tiempo» o no se «tiene tiempo» es porque no se está viviendo. Vivir, no es “estar parado”, sino caminar. No es detenerse, sino aprender a fluir. Animarse a cambiar. Dejase transformar. Renovarse por dentro. Buscar siempre que el alma peregrine hacia ese horizonte donde entrará la paz.
Si la vida se estanca como el agua, se pudre y ya no sirve para refrescar ni para calmar la sed. Y así como el agua que se retiene en un estanque sirve para que las larvas se desarrollen y crezcan… así también una vida que no fluye y no se renueva por dentro, corre del riesgo de ser “incubadora” de sentimientos y emociones que terminan amargando la vida.

Distinguir es propio del hombre sabio

El miedo al riesgo y la desconfianza en uno mismo y por supuesto en Dios, es lo que detiene o estanca una vida. Si bien el miedo no es malo necesariamente, es uno de los sentimientos que necesitan de toda nuestra atención porque con frecuencia nos lleva a confundir prudencia con cobardía.
Hay cosas que son significativas en nuestra vida y que deben permanecer y ser cultivada constantemente, pero también hay cosas que necesitan ser renovadas, cambiadas, transformadas. El miedo y la desconfianza son realidades internas que aprisionan con frecuencia el deseo grande de renovar la vida. Y así como lo esencial debe permanecer en nuestra vida, lo superfluo debe ser cambiando.
Escucho con frecuencia que la gente dice «se ha perdido lo esencial de la vida», pero creo que en realidad lo que hemos hecho es acaparar cosas inútiles. No es que nos falte lo esencial sino que nos sobran cosas inútiles.

Perderse por tan poco

Aquel hombre del evangelio antes de salir de viaje reunió a sus servidores y les encargó sus bienes. A cada uno les dio «según su capacidad» y se marchó. Después de mucho tiempo volvió y les pidió cuentas. Dos de los tres siervos entregaron, duplicado, lo que habían recibido y el último que recibió menos dijo «Señor, yo sé que eres un hombre duro, que quieres cosechar donde no has plantado y recoger donde no has sembrado. Por eso tuve miedo y escondí en tierra tu dinero; aquí tienes lo tuyo» (Mt 24, 24-26)
 El miedo lleva a confundir prudencia con cobardía. Seguridad con desconfianza, custodia con estancamiento.
Cuando leemos que el patrón dice «Quítenle, por eso, el talento y entréguenle al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y tendrá en abundancia, pero al que no tiene se le quietará hasta lo que tiene», solemos pensar «¡Qué injusto!», «¡Pobre hombre, él no quería perder lo que había recibido de su Señor!», «¡El cuido lo que recibió!».
Cuando Jesús encontró a Marta llorando por su hermano Lázaro le dijo «Tu hermano resucitará» y le preguntó «¿crees esto?». Cuando Pedro gritó porque se hundía en el agua, Jesús extendió su mano, lo tomo y le pregunto «¿Por qué dudaste?», Cuando Jesús oyó que dijeron a Jairo «Tu hija ya murió, ¿para qué molestas ahora al maestro?», él dijo a Jairo «No temas, basta que creas»
Y es que el milagro sucederá porque creemos en Él. Lo imposible para el hombre, acontecerá ante sus ojos porque Dios lo hará posible. Él cosechará donde nosotros no hemos sembrado, pero necesita fe de nuestra parte. Necesita confianza, abandono, entrega. Porque creer es arriesgarse, es abandonar las propias seguridades y dar el paso… Es transitar por un camino nuevo, cuando lo viejo todavía no se ha abandonado por completo. Es tener certeza en lo que no se ve. Seguridad en lo que no se tiene. Y confianza en Aquel que llama, que entrega y que pide.
Este es el dilema del servidor que recibió un talento. Si hubiera recibido, 2 o 5 talento como los otros ¿se hubiera arriesgado? No sabemos. Pero lo que sí sabemos es que la confianza en sí mismo y en el Patrón, que «cosecha donde no plantó y recoge donde no sembró», no era fuerte. Le tenía miedo, no amor.

Descubrirse es valorarse

La situación del hombre actual es semejante a este último siervo que por miedo y desconfianza, entierra el talento. Hay gente que piensa «Si yo estuviera en la posición de aquel», «Si tuviera los medios que aquel posee», Si tuviera, si estuviera, si podría, etc., etc., etc., ¡Mentiroso! ¡Cobarde! Igual enterrarías tu talento. Y aún si tuvieras todo, no harías nada…
Tenemos que convencernos a nosotros mismo que «tenemos lo suficiente y lo necesario» para vivir felices. Todo lo que necesitamos no radica en lo que poseemos, sino en lo que llevamos dentro. Tu valor no está en lo que posees, sino en lo que eres. Si no confías en ti y en Dios, jamás descubrirás tus capacidades. Creer que para conseguir mucho hay que tener mucho, en no valorarse lo suficiente.
Dice el evangelio de Mateo, que el Patrón «dio a cada uno según su capacidad» lo cual no significa que el que recibió más tenía más capacidad que el que recibió uno. Esta interpretación es nuestra que identificamos el valor de las personas en relación a lo que tienen. El mensaje del evangelio es más audaz y profundo. Porque el Patrón sabía de las capacidades que cada uno es repartió los talentos. Deseaba que cada uno descubriera por sí mismo de lo que era capaz de conseguir.  Quería que tuvieran confianza en ellos y en la generosidad del patrón. Deseaba que descubrieran la propia riqueza interior en la pobreza de lo tenían. Pero, el servido tuvo miedo y desconfianza. Estaba convencidos de que «un» talento es muy poco y se identificó con lo poco. ¿Cuántas veces nos medimos por lo que poseemos y no por lo que somos! ¡Cuánta riqueza interior nos queda sin descubrir! ¿Qué pobre es nuestra confianza en Dios y en nosotros, creación de sus manos!
Pidamos a Dios, tener una mirada de trascendencia hacia nosotros. Animarnos a  descubrir la propia riqueza interior en la pobreza de lo que tenemos. Reconocer a Dios, en lo profundo de nuestro ser y confiar en Él.



P. Javier  Rojas sj
El asesinato de cinco jesuitas y dos empleadas de la UCA (Universidad Centroamericana, de San Salvador), el 16 de Noviembre de 1989, coincidió, en aquel mismo año y en aquel mismo mes, con la caída del muro de Berlín. Se ha dicho que los acontecimientos de aquel momento histórico, no sólo en Europa sino también en Centroamérica, fueron “la metáfora suprema del triunfo de la libertad”. Y es que, como ha escrito Bertrand de la Grange, corresponsal de Le Monde en la Centroamérrica de aquellos días, el mundo asistió en aquel Noviembre del 89, al “derrumbe del bloque soviético (que) sentenció la lucha armada y aceleró los procesos de paz en Centroamérica”.
La coincidencia (con la pequeña distancia de pocos días) entre los asesinatos de la UCA, en El Salvador, y la caída del Muro, en Berlín, representa las dos caras de la lucha por la conquista de la igualdad y de la libertad, los dos pilares sobre los que se pueden (y se tienen) que edificar los derechos humanos y la paz en el mundo. Por la conquista de este ideal sufrieron y murieron, tanto los que cayeron en el muro de Berlín como los que fueron asesinados en El Salvador.
Por caminos opuestos, y a primera vista contradictorios, unos y otros murieron por la misma causa: la lucha por la libertad y la dignidad. A fin de cuentas, cuando se trata de alcanzar la libertad, lo mismo da que la opresión venga de la derecha o de la izquierda. En un caso y en otro, se les roba a los seres humanos lo más grande que se les puede quitar, su dignidad. Y eso es lo que se les arrebataba tanto a las víctimas apresadas por el Muro de Berlín, como a los cerca de 4.000 salvadoreños que murieron en las dos semanas de combates, entre guerrilleros, soldados y población civil, a partir del 11 de Noviembre del 89.
Se ha dicho que aquello fue la ofensiva que abrió la posibilidad de la paz, al dejar patente que la guerra no se podía decidir militarmente. En esta coyuntura, el 15 de Noviembre, fue cuando el Estado Mayor del ejército salvadoreño decidió eliminar a los “reconocidos líderes” que le estorbaban en su proyecto de seguir dominando al pueblo. En la madrugada del día 16, fueron asesinados los mártires de la UCA.
La enseñanza, que nos deja patente todo esto, es un hecho que da mucho que pensar: por el camino de la represión y la dominación, lo que hacemos es levantar muros y fronteras que nos dividen, nos separan y nos alejan. Sin embargo, por el camino de los que dan la vida porque no soportan la desigualdad y la falta de libertad, lo que hacemos es dar pasos de gigante hacia un mundo en el que será posible vivir en paz.
Por esto puedo asegurar que me produce una tristeza inmensa la postura ignorante y fanática de quienes se empeñan en seguir diciendo que, desde Mons. Romero hasta los jesuitas de la UCA, todos los que lucharon y murieron en Centroamérica, por el ideal de una sociedad más justa, más libre y más igualitaria, no eran sino militantes políticos de izquierdas que pretendían imponer un sistema de dominación totalitaria. ¿No se dan cuenta, quienes echan mano de ese vulgar lenguaje de tópicos manidos, que todo aquel proceso de Centroamérica ocurrió precisamente cuando se estaba hundiendo el Muro que separaba a los dos bloques, y que representaba el final de la guerra fría y del sistema totalitario impuesto por el comunismo?
Así las cosas, ¿se puede asegurar tranquilamente que Ignacio Ellacuría y los otros jesuitas (como los campesinos del Mozote y tantos miles de muertos de aquellos meses en El Salvador) fueron “los huérfanos del Muro”? A quienes se atrevan a tomar en serio semejante cuestión, yo les pregunto: ¿Y qué decimos de los que murieron por hundir para siempre el Muro de Berlín? ¿Fueron estos también enemigos de la justicia y de la libertad?
No hay cosa que me dé más pena que la gente que no piensa, porque es incapaz de pensar. Quienes piensan siempre lo que piensan otros, ésos son los que viven siempre a merced de lo que interesa a otros, no de los que les conviene a ellos. Y esto, ahora más que nunca, abunda demasiado para desgracia de todos.
De Ignacio Ellacuría, y de aquellos jesuitas, me impresiona su libertad y su coherencia. Yo mismo lo vi y lo palpé con mis manos y mis ojos, cuando, poco después de la muerte de aquellos mártires, tuve la enorme suerte de poder irme a la UCA, para echar una mano - durante 16 años - en la terea de cubrir el inmenso vacío que habían dejado aquellos testigos de sus más profundas convicciones, las convicciones del Evangelio, la forma de vida que quedó trazada en el “recuerdo peligroso” de Jesús.
José María Castillo

viernes, 14 de noviembre de 2014

El mensaje de Jesús es claro. No al conservadurismo, sí a la creatividad. No a una vida estéril, sí a la respuesta activa a Dios. No a la obsesión por la seguridad, sí al esfuerzo arriesgado por transformar el mundo. No a la fe enterrada bajo el conformismo, sí al trabajo comprometido en abrir caminos al reino de Dios.
José Antonio Pagola
Si tuvieras que morir mañana, ¿qué harías?
Me esforzaría en estar más atento a mi prójimo, y en la calma trataría de comprender a las personas que me rodean, de saber si he sido algo para ellas.
Entrevista al Director de cine F.Fellini.

jueves, 13 de noviembre de 2014

No te mató el fusil ni la locura
de quien a sangre mata con la aurora,
ni tuviste el martirio con que llora
quien sufre ese terror de la tortura.
Tu cuerpo se apagó con la dulzura
de un velero de amor, como la prora
que reclama el crepúsculo a su hora
cuando el mar lo desea en su hermosura.
Te mató tu verdad apasionada,
la luz con que intuías el futuro
Te mató tu sonrisa enamorada
y el fuego que en Hiróshima se inicia.
por liberar al hombre de su apuro
desde esa fe que pide la justicia.
Pedro Lamet sj

Mirar el sufrimiento a través de la pantalla del televisor es menos impactante y horrible que contemplarlo en plena calle. Con la distancia que nos ofrece la televisión ante el sufrimiento del hermano hemos encontrado una manera para seguir viviendo bien sin sentir una pizca de remordimiento. Hay quienes tienen tanto y otros, sin embargo, han convertido el basurero en su medio de subsistencia. El sufrimiento que acarrea la pobreza no es causa solamente de la corrupción y de la avaricia de los poderosos, sino también de la indiferencia de los que no tenemos tanto.
Para no mirar de frente la pobreza que hay en la calle simulamos con frecuencia andar apurados. No ayudamos al pobre justificándonos de que el dinero que piden es para comprar alcohol o drogas. Me da vergüenza y hasta me despierta ira cuando escucho hablar así a un cristiano que luego se persigna delante de la cruz de Cristo y suplica por sus necesidades...
Javier Rojas sj

miércoles, 12 de noviembre de 2014


¡Enamórate!
Nada puede importar más que encontrar a Dios.
Es decir, enamorarse de Él
de una manera definitiva y absoluta.
Aquello de lo que te enamoras atrapa tu imaginación,
y acaba por ir dejando su huella en todo.
Será lo que decida qué es
lo que te saca de la cama en la mañana,
qué haces con tus atardeceres,
en qué empleas tus fines de semana,
lo que lees, lo que conoces,
lo que rompe tu corazón,
y lo que te sobrecoge de alegría y gratitud.
¡Enamórate! ¡Permanece en el amor!
Todo será de otra manera.

Pedro Arrupe, sj

martes, 11 de noviembre de 2014

Los pobres son el corazón de la Iglesia. Pero, ¿quiénes son los pobres? Al principio podemos pensar que no son gente como nosotros:  gente que vive en barrios bajos, va a comer a comedores de beneficencia, gente que duerme en la calle, los presos, los internados en los hospitales psiquiátricos o en hogares de ancianos. Pero los pobres pueden estar mucho más cerca de nosotros. Pueden estar en nuestras propias familias, iglesias o lugares de trabajo. Incluso más cerca: los pobres podemos ser nosotros mismos, que nos sentimos no amados, rechazados, ignorados o que experimentamos la pobreza, ya sea lejana, próxima o en nuestros propios corazones cuando necesitamos a la Iglesia, es decir, tomarnos de la mano como hermanos, confesar nuestra propia desolación y necesidad, perdonarnos mutuamente, sanar las heridas que nos hemos causado unos a otros y reunirnos en torno a la mesa de Jesús para partir el pan.  Es así, pobres, como nosotros reconocemos a Jesús, que se hizo pobre por nosotros.

Henry Nouwen

El Señor dijo: 
«Supongamos que uno de ustedes tiene un servidor para arar o cuidar el ganado. Cuando este regresa del campo, ¿acaso le dirá: 'Ven pronto y siéntate a la mesa'? 
¿No le dirá más bien: 'Prepárame la cena y recógete la túnica para servirme hasta que yo haya comido y bebido, y tú comerás y beberás después'?
¿Deberá mostrarse agradecido con el servidor porque hizo lo que se le mandó?
Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: 'Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber'.»
Lucas 17,7-10

lunes, 10 de noviembre de 2014

La vida espiritual requiere disciplina, porque necesitamos aprender a escuchar a Dios, que nos habla constantemente, pero al cual escuchamos pocas veces.
Henri Nouwen
No nos olvidemos de los mártires de la fe...

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