jueves, 20 de febrero de 2014

Cada vez que traemos a nuestra página una imagen de María, una cita que hace mención a su vida, o una reflexión sobre su SI generoso todos respondemos con gran amor y veneración.
¿Qué encarna María para los católicos del mundo entero? ¿Qué representa Ella, la llena de gracia, en nuestros corazones?
No hay dudas de que desde que Jesús nos donó a su Madre, Ella pasó a formar parte de nuestras vidas sedientas de su amor. Allí anidó y creció este modelo de mujer y madre, valiente, sencilla y creyente.
Su andar discreto, su fidelidad en todo momento y circunstancia para con la misión que Dios le había encomendado a Su Hijo, y  su santidad nos emocionan y admiran.
¿Cuántos de nosotros desearíamos parecernos a Ella?...tener sus modos, su sensatez, su don de discernimiento de la voluntad del Padre sin caprichos ni veleidades de ningún tipo…
¿Quién no desearía poseer algunas de sus numerosas virtudes?. Su mansedumbre, su afabilidad, su bondad, su ternura…
María es la puerta por la que el Señor irrumpió en la humanidad en cuerpo y espíritu. Se entregó a Él y nos enseñó lo que es el verdadero abandono.
A Ella van nuestros ruegos. A Ella le entregamos nuestros gozos y dolores. A Ella, mediadora de todas las gracias, le decimos como otrora lo hizo Ignacio: “Que nos ponga con su Hijo”.
Amén.
@Ale Vallina


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