domingo, 12 de octubre de 2014

[...] Los más devotos entienden el banquete del Reino no como la mesa grande donde todos caben, sino como recompensa exclusiva por las novenas ejecutadas con precisión.  Por eso, se observan tantas comunidades que se resisten a abrirse.  El privilegio es exclusivo por esencia.  No les cabe la noción de evangelizar.  Si llegara la multitud, ya no serían los favoritos.

                El católico suele creer que puede espantar la enfermedad, la guerra y las penas de infierno por acumulación de Avemarías.  Es como una cuenta bancaria.  (El departamento de contabilidad celestial tendría que ser enorme.)  Uno va depositando sus beaterías con la esperanza de poder comprarse la salvación al final.  Puede acudir a los santos para préstamos, si les caes bien.

                Las veces que me ha tocado predicar en contra de esta actitud, me miran como si fuera un desquiciado, como si me quisieran decir, obvio que estamos aquí para hacernos los favoritos de Dios; para eso tenemos iglesia. Encuentro francamente supersticioso.  No tolero la beatería barata.  Fue la principal causa de la reforma luterana, además. 

Muchos creen que los curas tienen la obligación de fomentar la beatería, porque de eso viven.  A mí, me mata.  Es una opción religiosa para personas manipuladoras, para gente que pretende obligar al Señor a someterse a su mundana voluntad.  Es un obstáculo al Reino de Dios.

                La versión protestante de este cuento no suele ser tan pagana.  La salvación de los evangélicos no depende de novenas y romerías.  Sin embargo, el favoritismo como fetiche cultural es más rígido y absoluto.  El iracundo todopoderoso de Calvino no cambia nunca de opinión.  Ya predestinó a sus favoritos para la salvación.  Los demás fuimos predestinados (por la irrevocable voluntad divina) a la perdición.  El favor divino no varía, como en el paganismo católico, pero es igualmente arrebatado, despótico e injusto. 

El dios de los puritanos favorece a un grupo selecto por motivos que sólo él sabe.  Odia a los demás.  Sus favorecidos van a la iglesia para convencerse de que ya fueron incluidos en el grupo selecto.  La prosperidad económica es considerada un signo de la elección divina.  Este dios entrega dinero, belleza y poder a sus elegidos, pero abandona al resto.  En esta religión, la extrema riqueza es una manifestación de la voluntad celestial, y no tiene sentido ayudar a los pobres porque su pobreza se entiende un castigo divino. 

Si es así, ¿qué sentido tiene decir que Dios es amor?  Si eso es lo que llaman amor, yo no quiero.  Parece más bien, abuso de poder.  El único Dios que yo he conocido en mi peregrinación invita a un banquete abundante y gratuito.  Convoca a los buenos y a los malos por igual.  Perdona a los pecadores.  Invita a los leprosos, a los hijos pródigos y a las ovejas perdidas.  Lleva a verdes praderas.  Si andas por quebradas oscura, no te abandona.  Nuestro Dios es el Señor del favor universal.  Su misericordia es eterna y su gracia alcanza de generación en generación. 
 Nathan Stone sj

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Blogroll