jueves, 20 de noviembre de 2014

La libertad personal se reconquista desde el interior de uno mismo palmo a palmo. El silencio es atmósfera imprescindible para soldar fracturas de personas descoyuntadas entre decisiones y contradicciones. La extroversión hecha hábito, hace que dé miedo y vértigo el vacío del silencio y se rebuscan dosis de ruido y acción, como el drogadicto las busca de droga. Nos debe mover la voluntad de ser libres y de experimentar esta libertad. Es necesaria la familiaridad con el silencio de la contemplación para alcanzar amor, para ser apóstol capaz de acoger, educar y redimir a las personas.
Pedro Arrupe sj

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