martes, 11 de noviembre de 2014

Los pobres son el corazón de la Iglesia. Pero, ¿quiénes son los pobres? Al principio podemos pensar que no son gente como nosotros:  gente que vive en barrios bajos, va a comer a comedores de beneficencia, gente que duerme en la calle, los presos, los internados en los hospitales psiquiátricos o en hogares de ancianos. Pero los pobres pueden estar mucho más cerca de nosotros. Pueden estar en nuestras propias familias, iglesias o lugares de trabajo. Incluso más cerca: los pobres podemos ser nosotros mismos, que nos sentimos no amados, rechazados, ignorados o que experimentamos la pobreza, ya sea lejana, próxima o en nuestros propios corazones cuando necesitamos a la Iglesia, es decir, tomarnos de la mano como hermanos, confesar nuestra propia desolación y necesidad, perdonarnos mutuamente, sanar las heridas que nos hemos causado unos a otros y reunirnos en torno a la mesa de Jesús para partir el pan.  Es así, pobres, como nosotros reconocemos a Jesús, que se hizo pobre por nosotros.

Henry Nouwen

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