jueves, 11 de diciembre de 2014


«Antes de parapetarnos en argumentos teológicos, debemos buscar con toda hu­mildad y «sencillez de corazón» un camino que nos permi­ta tratarnos los unos a los otros con sumo respeto, prote­gernos y soportarnos los unos a los otros, crear un espacio de cobijo y acogimiento y practicar otras formas de conducta tal como hoy es habitual en muchas empresas.
Muchos cristianos sufren porque el clima de la Iglesia es a veces tan gélido como en las empresas. Si no vivimos ninguna de las formas de la convi­vencia humana, si no se hace visible y perceptible ningún signo de aprecio, entonces no debe extrañarnos que los hombres emigren de la Iglesia.
De ahí que tenga tanta importancia el trabajo de rela­ción en las comunidades. La Iglesia se compone, por su­puesto, de personas falibles. Nunca llegaremos a ser una comunidad ideal. Tampoco Jesús contaba con ello. Pero que en medio de la fragilidad de la comunidad humana se haga visible algo del espíritu de Dios, esto es lo que anhe­lan los hombres de nuestro tiempo.»


Anselm Grün

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