sábado, 8 de febrero de 2014

21.


«Si mi sentido de identidad está basado en los que tengo, en mis posesiones, si puedo decir "soy lo que tengo", entonces, la pregunta que surge es: ¿quién soy yo si pierdo lo que tengo?. Así pues, el sentido de identidad basado en "lo que yo tengo" es siempre amenazante porque la persona esta ansiosamente preocupada en perder lo que tiene.»

Erich Fromm

jueves, 6 de febrero de 2014


La ayuda al prójimo no puede convertirse en una instancia para tranquilizar la conciencia ni para alimentar al narciso que vive en nosotros. No sirve la ayuda que se da para verme como mejor cristiano.
Jesús no ayudó a los pobres para tranquilizar su conciencia ni para demostrar a los demás su poder, sino que los ayudo porque se compadeció del hambre, de la sed, de la desnudez, y de la esclavitud en la que se encontraban. Dios se ha compadecido de nosotros. Ha volcado sobre nosotros un amor tal que no renunció a entregar su vida para rescatar la nuestra.

P. Javier Rojas sj
Lo maravilloso de Dios es que nunca está ocupado. Tampoco tiene un despacho cerrado ni una secretaria que lo excusa de no poder atendernos en el día de hoy...
Dios abre sus puertas de par en par para acoger nuestos problemas, nuestros dolores y nuestras alegrías...
Es un Dios presente y activo, que penetra cada palmo de nuestras vidas, tanto en lo sencillo como en lo trascendente.
AMOR, con mayúsculas, es su nombre. Amor es también su ocupación...
@Ale Vallina.

miércoles, 5 de febrero de 2014

EL CANTO DEL CISNE
Pedro Arrupe sj (En Tailandia, agosto de 1981, pocos días antes de sufrir la trombosis cerebral)

¡Por favor, sean valientes! Les diré una cosa. No la olviden. ¡Oren, oren mucho! Estos problemas no se resuelven con esfuerzo humano. Estoy diciéndoles cosas que quiero recalcar, un mensaje, quizás mi canto de cisne para la Compañía. Tenemos tantas reuniones y encuentros, pero no oramos bastante.
Un nuevo nacimiento, una vida nueva, vida de hijos de Dios. Éste es el milagro del Espíritu; esto presupone una delicada atención a las voces del Espíritu, una interior docilidad a sus sugerencias y por lo mismo, más todavía, una plena disponibilidad que sólo una sincera libertad de todos y de todo hace posible y eficaz. "El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu" Me viene a la mente la comparación con el planeador de arrastre cuya fuerza y capacidad de velocidad, la tiene toda y solamente del dejarse llevar dócilmente sin ninguna resistencia, del aeroplano que lo conduce.
Vivir hoy, en todo momento y en toda misión el ser "contemplativo en la acción", supone un don y una pedagogía de oración que nos capacite para una renovada "lectura" de la realidad -de toda la realidad- desde el Evangelio y para una constante confrontación de esa realidad con el Evangelio.
Les pido una nueva exigencia: la de buscar, si es necesario, otros modos, ritmos y formas de oración más adecuados a sus circunstancias; y que garanticen plenamente esta experiencia personal de Dios que se reveló en Jesús.
Hoy, más quizás que en un cercano pasado, se nos ha hecho claro que la fe no es algo adquirido de una vez para siempre, sino que puede debilitarse y hasta perderse, y necesita ser renovada, alimentada y fortalecida constantemente. De ahí que vivir nuestra fe y nuestra esperanza a la intemperie "expuestos a la prueba de la increencia y de la injusticia", requiera de nosotros más que nunca la oración que pide esa fe, que tiene que sernos dada en cada momento. La oración nos da a nosotros nuestra propia medida, destierra seguridades puramente humanas y dogmatismos polarizantes y nos prepara así, en humildad y sencillez, a que nos sea comunicada la revelación que se hace únicamente a los pequeños.
Así, cuando invito a los Jesuitas y a nuestros laicos a profundizar en su vida de fe en Dios, y a alimentar esa vida por medio de la oración y de un compromiso activo, lo hago porque sé que no hay otro modo de producir las obras capaces de transformar nuestra maltrecha humanidad. El Señor habla de "sal de la tierra" y "luz del mundo" para describir a sus discípulos. Se saborea y se estima la sal, se disfruta de la luz y se la estima. Pero no la sal insípida ni la luz mortecina.
No solamente nuestro papa Francisco fue tapa de la Revista Time. En 1973 lo fue también el P. Pedro Arrupe.
"No me resigno a que, cuando yo muera, siga el mundo como si yo no hubiera vivido" P. Arrupe sj
Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.
Envíanos Señor tu Espíritu para darnos nueva vida, y renovarás la faz de la tierra.
Amén

martes, 4 de febrero de 2014

Decía que no debíamos hacer nada de alguna importancia sin antes un recurso particular a Dios, al menos una breve elevación de la mente, preguntándole su parecer, como a Padre muy bueno y muy sabio, colocando en él toda nuestra confianza. Hecho esto y habiendo oído lo que el Señor diga en nosotros, hacer lo que nos pareciere.
Ignacio de Loyola

Los Ejercicios Espirituales son una escuela de discernimiento porque, desde el Principio y Fundamento hasta la Contemplación para Alcanzar Amor van dando criterios que iluminan nuestro discernir.
Josefina Errázuriz
Por el discernimiento buscamos a Dios en todas las cosas y momentos: aprendemos a escuchar su voz en las voces de los hermanos y a descubrir su voluntad tanto en el éxito de nuestros proyectos como en las dificultades y hasta en situaciones desesperadas.
Carisma CVX

lunes, 3 de febrero de 2014


En nuestros contextos cotidianos el problema es más profundo que cambiar de acento en nuestro lenguaje: se trata de algo más serio, de “cambiar de Dios” y descubrir un Dios diferente que se parezca más al Dios de nuestro Señor Jesucristo. Se trata de descubrir que se ha producido un cambio, que se nos ofrece una nueva manera de relacionarnos con el Dios tierno, clemente y misericordioso. Es la revolución de la ternura.
Xavier Quinzà Lleó
Buenos días, Señor, a Ti el primero
encuentra la mirada
del corazón, apenas nace el día:
Tú eres la luz y el sol de mi jornada.
Buenos días, Señor, contigo quiero
andar por la vereda:
Tú, mi camino, mi verdad, mi vida;
Tú, la esperanza firme que me queda.
Buenos días, Señor, a Ti te busco,
levanto a Ti las manos
y el corazón, al despertar la aurora:
quiero encontrarte siempre en mis hermanos.
Buenos días, Señor resucitado,
que traes la alegría
al corazón que va por tus caminos,
¡vencedor de tu muerte y de la mía!
Liturgia de las Horas

domingo, 2 de febrero de 2014


«Sincronizar el tiempo»


«22 Cuando se cumplieron los días de su purificación según la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, 23 conforme a lo que está escrito en la ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor, 24 y para ofrecer un sacrificio, como lo dice también la ley del Señor: Un par de tórtolas o dos pichones. 25 Vivía por entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era realmente recto y piadoso; esperaba el consuelo de Israel y el Espíritu Santo residía en él. 26 El Espíritu Santo le había revelado que no moriría sin ver al ungido del Señor. 27 Movido, pues, por el Espíritu, fue al templo. Al entrar los padres con el niño Jesús para cumplir la disposición de la ley con respecto a él, 28 Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios, diciendo: 29 "Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar irse en paz a tu siervo, 30 porque vieron mis ojos tu salvación, 31 la que tú preparaste a la vista de todos los pueblos: 32 luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel". 33 Su padre y su madre estaban maravillados de las cosas que se decían de él. 34 Simeón los bendijo; luego le dijo a María, su madre: "Mira: éste está puesto para caída y resurgimiento de muchos en Israel, y para señal que será objeto de contradicción - 35 y a ti una espada te atravesará el alma-, para que queden patentes los pensamientos de muchos corazones". 36 También estaba allí una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Tenía ya una edad muy avanzada. Casada cuando era jovencita, había vivido con su marido siete años 37 y ahora era viuda con ochenta y cuatro. No se apartaba del templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. 38 Presentándose en aquel mismo momento, glorificaba a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén. 39 Una vez cumplido todo según lo que mandaba la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. 40 El niño crecía, se fortalecía y se llenaba de sabiduría. Y la gracia de Dios residía en él.».

Los evangelios están llenos de relatos de encuentros entre personas. Y en dichos encuentros siempre sucede algo, milagros, tramas, sanaciones, conversiones, etc. Cada evangelista supo rescatar de la vida de Jesús, aquellos encuentros que fueron significativos para darnos a conocer su condición de Hijo de Dios, pero también para que comprendamos el sentido de lo que significa ser cristiano.
En el evangelio de hoy contemplamos a María y José dirigiéndose al Templo para cumplir con la ley de Moisés que mandaba que todo varón primogénito sea consagrado a Dios. Y mientras se dirigen a cumplir con esta prescripción se encuentran con estos dos ancianos, Simeón y Ana.  ¿Qué les significó a los padres de Jesús aquel encuentro? ¿Cómo lo vivieron? ¿Comprendieron el sentido de las palabras que pronunciaron estos ancianos? Ahora que sabemos el final de la historia podemos entender lo que significaban, pero en ese momento, fueron palabras que seguramente les sorprendieron, y que tal vez hasta les despertó cierto miedo y temor. ¿Podrían siquiera imaginar, María y José, lo que viviría Jesús? Lo cierto es que no, pero luego de escuchar las palabras de estos ancianos se dieron cuenta de que la vida de ese niño sería distinta de como ellos lo imaginaban.
Nosotros al igual que los padres de Jesús, por momento tememos lo que nos pueda ocurrir, o suceder a los que amamos. Y por ello es que intentamos controlar todo cuanto podemos para asegurarnos de que no nos suceda nada “malo”, ni ocurra nada desagradable a los que amamos. Pero también es cierto que por más intentos que hacemos porque nuestra vida y la de los demás tomen la dirección que imaginamos o planeamos, la verdad es que atravesamos por situaciones que jamás imaginamos.
  
María jamás imaginó por lo que viviría Jesús, y sin embargo tuvo que atravesar con Él el dolor del calvario. No sabemos si alguna vez creyó que su vida sería un “camino de rosas”, pero lo cierto es que experimentó como nadie la alegría de la resurrección de su Hijo. No se le privó a la madre de Jesús atravesar por situaciones difíciles, pero tampoco le faltó el consuelo y la felicidad de ver a su hijo cumpliendo su vocación.
Los evangelios nos hacen tomar conciencia de que existen caminos y tiempos distintos en nuestra vida. Los caminos y el tiempo que nosotros imaginamos, y el tiempo y los caminos de Dios.
La presencia y las palabras de los ancianos, Simeón y Ana, representan la sabiduría en la que debía ser educado el Hijo de Dios, y la que tenían que cultivar también María y José. ¿Y qué sabiduría es esa? Aprender a leer los signos y acontecimientos de la vida con los ojos de la fe. Sabiduría que significa aprender a confiar en Dios aun cuando todo parezca desvanecerse y nos falte esperanza. Sabiduría para aprender a sincronizar el curso de nuestra propia vida con los designios de Dios.
Cuando no juzgamos apresuradamente lo que vivimos, sino que hacemos lugar a que la fe, que es la confianza en Dios, interprete los hechos de nuestra vida, aprendemos a sincronizar el tiempo de Dios y el nuestro, los caminos de Dios y nuestros pasos.
Aprender a vivir las situaciones por las que pasamos con fe y confianza en Dios, es una de las grandes conquistas en nuestra vida espiritual. Es lo que comúnmente llamamos confiar en la providencia de Dios. Creer en la providencia, es tener certeza de que Dios acompaña y sostiene la propia vida desde una perspectiva mucho más amplia que la de dividirla en éxitos y fracasos.
Dios es quién alegra nuestro corazón y el que conduce nuestra vida hacia mejores situaciones aunque no conozcamos los caminos por los que nos conduce. No podemos negar que nos resulten incomprensible los caminos por los que nos toca transitar, pero tampoco podemos negar de que Dios siempre cumple su promesa de que estará con nosotros.  
Ésta fue la experiencia de María y de José. Dios los condujo por caminos que nunca imaginaron y tuvieron que someterse a tiempos muy distintos a los suyos, pero en ningún momento fueron abandonados ni defraudados.
Ahora bien, ¿Cómo está tu confianza en Dios? ¿Crees firmemente que te sostendrá en los momentos de dificultad? ¿Eres libre para dejar que Dios te conduzca?
Señala el evangelio, que «el niño crecía, se fortalecía y se llenaba de sabiduría. Y la gracia de Dios residía en él». Nosotros debemos cultivar por medio de la oración una relación profunda y sólida, cercana y amistosa con Dios, para que podamos adquirir la sensibilidad de saber reconocerlo en los acontecimientos de nuestra vida.  


P. Javier  Rojas sj

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