viernes, 7 de marzo de 2014

Se llega al país del amor
pasando por el país de la muerte.
Y su corazón lo llevará al extenso desierto.
Al comienzo sufrirá soledad...
pero el desierto florecerá por su amor...
y habrá música...
será siempre primavera.
Dése un alimento apropiado...
muera a sus necesidades.
Y cuando no desee nada, ni a nadie,
¡estará libre para la fe!
Después, venga y...
camine sobre las aguas.
Anthony de Mello SJ

No me des tregua, no me perdones nunca.
Hostígame en la sangre,
que cada cosa cruel sea tú que vuelves.
¡No me dejes dormir, no me des paz!
Entonces ganaré mi reino,
naceré lentamente.
No me pierdas como una música fácil,
no seas caricia ni guante;
tállame como un sílex, desespérame.
Guarda tu amor humano, tu sonrisa, tu pelo. Dalos.
Ven a mí con tu cólera seca de fósforos y escamas.
Grita. Vomítame arena en la boca, rómpeme las fauces.
No me importa ignorarte en pleno día,
saber que juegas cara al sol y al hombre.
Compártelo.
Yo te pido la cruel ceremonia del tajo,
lo que nadie te pide: las espinas
hasta el hueso. Arráncame esta cara infame,
oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre.
Julio Cortázar.
El desafío de hoy para este tiempo de cuaresma.

jueves, 6 de marzo de 2014

El Papa Francisco revela historia de la cruz que porta contra los malos pensamientos

El Papa Francisco revela historia de la cruz que porta contra los malos pensamientos
Volver a casa es un viaje de toda la vida. Siempre habrá partes nuestras que se apartan por el camino en la disipación o se quedan atascadas en el resentimiento. Antes de que nos demos cuenta, estamos perdidos en las fantasías del deseo carnal o en iracundas recriminaciones. Los sueños que tenemos mientras estamos dormidos o despiertos a menudo nos recuerdan que hemos perdido el camino.
 Las disciplinas espirituales, como rezar, ayunar u ocuparnos de otros son formas de ayudarnos a volver a casa. Mientras caminamos hacia nuestro hogar muchas veces nos damos cuenta de cuan largo es el camino. Pero no nos descorazonemos. Jesús camina con nosotros en el camino. Si escuchamos cuidadosamente nos daremos cuenta de que ya estamos en casa, mientras andamos de camino.
Henri Nouwen

La llamada del todo 

Hay que dejarlo todo 
en el seguimiento a Jesús. 
Primero se dejan las cosas: 
lo que se recibe heredado 
y viene grapado al apellido,
lo que es fruto del trabajo
y lleva nuestra huella.
También hay que dejarse a sí mismo:
los propios miedos,
con su parálisis y los propios saberes,
con sus rutas ya trazadas.
Después hay que entregar
las llaves del futuro,
acoger lo que nos ofrece
el Señor de la historia
y avanzar en diálogo
de libertades encontradas
mutuamente para siempre,
que se unifican en un único paso
en la nueva puntada de tejido.
Benjamín González Buelta sj
Desafío para hoy en este tiempo de cuaresma...

miércoles, 5 de marzo de 2014

No me cabe ninguna duda. Hay ciegos que ven. Y están esas otras personas, que con una agudeza visual perfecta, no alcanzan ni a vislumbrar lo que se les presenta delante.
En esta suerte de paradoja existencial, encontramos personas que perciben todo, luces, colores, tamaños, distancias. Las perciben pero no las ven. Están tan abrumados y tan contaminados, tan sometidos a cientos de estímulos, que han perdido la capacidad natural de estar en el momento presente y de poder ver y oír, estar y permanecer…
Retirarse en silencio algunos cuantos minutos por día para “estar”, no para hacer, nos permite ir de a poco recobrando la sabiduría innata que todos poseemos. Porque para encontrarnos con el Señor y con nosotros mismos necesitamos del silencio y de la soledad. Y para ver, primero, hemos de cerrar los ojos físicos. Como decía Eloy Sánchez Rosillo: “…ciérralos unos instantes y dentro de ti busca -en tu sosiego-la facultad de ver. Y ahora ábrelos, y mira"
Que en esta Cuaresma que hoy comienza Dios nos conceda la gracia de estar “aquí y ahora”… Y de poder ver con el corazón.
@Ale Vallina.

«…Para ser vistos por los hombres…»

5 de marzo  2014- Miércoles de ceniza
Primera lectura: Jl 2, 12-18
Sal 50, 3-6.12-14.17
Segunda lectura: 2 Cor 5, 20-6,5


«En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendrán recompensa del Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.» Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para ser vistos por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará».

Mt 6,1-6.16-18

Ya desde finales del siglo II existía el ayuno como una práctica de carácter penitencial y como preparación para la celebración de la pascua. En el siglo IV nace el tiempo de cuaresma como instancia propicia para la penitencia y el ayuno, con miras a la celebración pascual. Y es en el siglo X cuando se inicia la imposición de ceniza que abre el tiempo de cuaresma como lo conocemos hoy.
Como vemos nuestras prácticas religiosas tienen un proceso histórico que dan validez, firmeza y sentido a nuestra fe. Pero en estos tiempos que vivimos es justamente la pérdida del sentido lo que muchas veces vuelve insípidas y rutinarias nuestras prácticas religiosas.
Hay muchos cristianos que al llegar el tiempo de cuaresma se preocupan notablemente por no comer carne solamente, perdiendo el sentido profundo del ayuno y la penitencia a la que invita el tiempo de cuaresma. Y para que nuestra vida religiosa no se convierta en ritos desabridos es necesario volver a las fuentes y reencontrarse con el espíritu que inspiró a los primeros cristianos. Cuando perdemos el sentido profundo de las prácticas religiosas de nuestra fe los gestos se vacían de contenido. Nos convertimos en fariseos, a los que Jesús llamaba “hipócritas” por «limpiar por fuera la copa y el plato, mientas por dentro están llenos de inmoralidad y robos!».(Mt 23, 25 ).
 Cuando nuestras devociones y prácticas religiosas se convierten en cargas pesadas es señal clara de que hemos perdido el espíritu, y entonces, lo que nació por inspiración de Dios para liberar y salvar al hombre termina por aplastar y denigrarlo. Y Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo,  sino para que el mundo se salve por él. (Jn. 3, 17)
San León, decía que la Cuaresma es «un retiro colectivo de cuarenta días, durante los cuales la Iglesia, proponiendo a sus fieles el ejemplo de Cristo en su retiro al desierto, se prepara para la celebración de las solemnidades pascuales con la purificación del corazón y una práctica perfecta de la vida cristiana»
Entonces, ¿Qué valor tiene la cuaresma? ¿Por qué el ayuno y la penitencia? ¿Cuál es el sentido que tiene hoy la imposición de cenizas? Este tiempo cuaresmal es un espacio en el que la comunidad cristiana se esfuerza en realizar una profunda renovación interior, no de forma, sino del corazón. Y como expresión de ese deseo recibe la ceniza sobre su frente como signo de penitencia y se dispone al ayuno…
Eso simboliza el gesto de la ceniza, el inicio de un camino de ayuno, penitencia y reconciliación  siempre con miras a la resurrección para renovar el corazón y como dice San Pablo «despojándose de la conducta pasada, del hombre viejo que se corrompe con sus malos deseos, renuévese en su espíritu y su mente; y revístanse del hombre nuevo creado a imagen de Dios con justicia y santidad auténticas» (Ef 4, 21)
Si vivimos este tiempo de cuaresma con Fe y Esperanza, sabiendo que en la cruz de Cristo serán crucificados nuestros pecados, dando lugar a una vida nueva, no es inútil preguntarnos ¿A qué deseo resucitar? ¿Con qué tengo que alimentar mi vida? ¿Qué aspectos de mi vida tienen que renovarse? Y si logramos responder con sinceridad estas preguntas, sabremos qué ayuno debemos hacer, qué penitencia es necesario realizar y qué resulta urgente reconciliar.
Somos invitados a renovar nuestra mente, corazón y acciones, y si las prácticas religiosas no ayudan a crecer y madurar como cristianos, es que sólo nos preocupamos de “limpiar la copa por fuera”.
Hay cristianos que se conforman con no comer carne, y en ello reside toda la práctica cuaresmal…pero no saben que muchas veces sólo tranquilizan y adormecen sus conciencias.
Si deseas una verdadera renovación interior:

1.        Ayuna de palabras que condenan a los demás. ¿Te has puesto a pensar si tus palabras no ofenden y dañan a los demás? Reflexiona sobre el modo de tratar a los demás y quizás descubras que debes enmendar tus palabras y ser más cuidadosos con las cosas que dices.
2.       Haz penitencias en tus acciones prepotentes. ¿Te has dado cuenta que quizás ese deseo de poseer quita la libertad a los demás? ¿Ese anhelo de querer caer bien y estar siempre en el centro de todo es sano para ti? Pregúntate si en tu modo de actuar no eres injusto con los demás.
3.       Reconcíliate y ofrece el perdón al que has ofendido, ¿Has tomado conciencia del tiempo que lleva el rencor y el odio en tu corazón? Tomate un tiempo para darte cuenta de la necesidad de paz que hay en tu vida, y toma el camino que lleva a la reconciliación.

Si te animas en esta cuaresma a ayunar de palabras que dañan, de acciones que ofenden y ofrecer una instancia de reconciliación, entonces dejaras lugar a que Cristo, al resucitar, haga renacer en ti al hombre nuevo. Pero si para ti, la cuaresma es solo “abstinencia de carne”, seguirán viviendo cerca de ti, personas condenadas, dañadas y ofendidas.
Pidamos a Dios que este tiempo de cuaresma sea una oportunidad de conversión sincera, un tiempo para examinarnos y volver al camino de Dios.

 P. Javier  Rojas sj


martes, 4 de marzo de 2014


Por tanto, manténganse con el espíritu alerta, vivan sobriamente y ponga toda su esperanza en la gracia que recibirán cuando se manifieste Jesucristo. Como hijos obedientes, no procedan de acuerdo con los malos deseos que tenían antes, mientras vivían en la ignorancia. Así como aquél que los llamó es santo, también ustedes sean santos en toda su conducta, de acuerdo con lo que está escrito: "sean santos, porque yo soy santo".
1Pe 1, 13-16

lunes, 3 de marzo de 2014


Para la lectura espiritual:
Nunca debemos confiar nunca en que solo nuestros esfuerzos logren hacernos ser, aunque solo sea por un día, personas «decentes». Si Dios no nos ayuda, ninguno de nosotros está inmune de pecados descomunales [...]. No nos sorprendamos, por consiguiente, si el camino no es fácil ni llano.
Imaginaos que sois una casa, una casa viviente, y que Dios viene a reconstruirla. En un primer momento, tal vez, entendéis lo que está haciendo. Arregla las cañerías, repara las grietas del tejado, etc. Son trabajos que había que hacer; lo sabíais y no os sorprendéis. Pero he aquí que comienza a poner la casa patas arriba, a descomponerla de un modo horripilante [...]. ¿A dónde diantres quiere ir a parar? La explicación es que él está construyendo una casa completamente diferente de la que teníais en vuestra mente: creando aquí un ala nueva, añadiendo allá una planta, levantando torres, abriendo patios. Pensabais llegar a ser una casa normal, pero él está construyendo un edificio. Su intención es llegar a vivir él mismo en vosotros.
En la Biblia dijo que somos «dioses», y cumplirá sus palabras. Si se lo consentimos, porque -si queremos- podemos impedírselo, transformará al más débil e inmoral de nosotros en un dios o en una diosa, en una criatura resplandeciente, radiante, inmortal, palpitando en cada fibra una energía, una alegría, una sabiduría, un amor que a nosotros nos resultan ahora inimaginables. [...] El proceso será largo y, a veces, muy doloroso; pero este es el riesgo, nada más y nada menos.
(C.S. LEWIS, II cristianesimo cosí com'é, Adelphi, Milano 2007, pp. 246¬248, passim [trad. esp.: Mero cristianismo, Rialp, Madrid 2009]).
LIbro: Pier Giordano Cabra, Los personajes bíblicos de la Cuaresma y del tiempo de Pascua. Sal Terrae, 2013
Personaje “El Tentador”
El pasaje de las tentaciones ( Mt 4, 1-11) nos recuerda algo importante y que a todos nos resulta muy difícil asumir: esta batalla no se combate casi nunca contra criaturas de carne y sangre, sino contra el mal, contra la mentira. El verdadero combate es solamente interior: acontece en mi corazón, en el que dejo que habiten potencias invisibles, mentiras y tinieblas. ¿Tendré la lucidez para acordarme de que mientras me limite a combatir a los demás me estoy equivocando de objetivo? Si no admito esto, todo lo que soy y lo que hago es «ensuciado» por la mentira que llevo dentro de mí. El tentador es muy hábil al insinuarse justo allí donde surgen las intuiciones más profundas, las pulsiones más íntimas, lo que es visceral: el corazón, justamente, el lugar donde tienen su sedelas emociones y los sentimientos, que, bíblicamente, es el lugar de la decisión. Este es nuestro verdadero campo de batalla. Revistiéndonos con la armadura de Dios (cf. Ef 6,10 12), permitimos a su Espíritu llegar a la sede más auténtica de nuestro ser, donde cada uno genera la verdad de sus actos, para producir un cambio. En este sentido, la tentación es una oportunidad para llegar a la verdad. El texto mateano de las tentaciones es, por lo tanto, una invitación a estar siempre dispuestos para el impacto con la verdad, es decir, a estar siempre preparados para un cambio, a ir más allá de lo que pensamos para descubrir una verdad más grande, escondida, siempre más allá de aquella apariencia que el tentador quiere hacer que parezca verdadera.
Oratio
Padre, acepto el desafío que la realidad me presenta y con la ayuda de tu Espíritu entablo la única batalla que merece la pena combatir, la única que puede hacerme redescubrir y reencontrar.
Ayúdame a recomponer la unidad de los fragmentos de mis años, los días perdidos en batallas inútiles, las horas dejadas en poder del enemigo. Ya no temo. Con las armas de la luz afronto la tiniebla que hay en mi corazón para combatir la batalla de la autenticidad, para quitarme de encima mis ambigüedades, para ridiculizar al tentador, desenmascarar sus trampas y mofarme de sus mentiras. Ya no quiero ser una mala copia de mí mismo; no seré ya lo contrario de lo que realmente soy. Y, dejando renovar mi corazón, reconduciéndolo a la autenticidad, podré estar en plena comunión contigo y con los hermanos, en Cristo, tu Hijo. Amén.
Contemplatio
«El hombre no se conoce a sí mismo como Dios lo conoce, al igual que el enfermo no se conoce a sí mismo como lo conoce el médico. El hombre es un enfermo. El enfermo sufre, no el médico, que espera oír de él qué le hace sufrir. Por eso, en el salmo grita el hombre: "Purifícame, Señor, de las cosas ocultas" (Sal 19, 13). Porque, en efecto, hay en el hombre cosas que le están ocultas a sí mismo, y no salen fuera, no se abren, no se descubren sino con las tentaciones. Si Dios deja de tentar, el maestro deja de enseñar. Dios tienta para enseñar, mientras que el diablo tienta para engañar. Si quien es tentado no le da la ocasión, el diablo puede ser rechazado y verse, así, con las manos vacías y ridiculizado. Por eso recomienda el apóstol: "No deis ocasión al diablo" (Ef 4,27).
Repite con frecuencia esta invocación (cf. Mt 4,1) y vívela: «Que tu Espíritu, Señor, me guíe en la verdad».


Libro:  Pier Giordano Cabra " Los personajes bíblicos de la Cuaresma y del tiempo de Pascua". España, Sal Terrae, 2013.
Tal como les habíamos propuesto, cada lunes, hasta la Pascua, vamos a reflexionar a partir de algunos personajes bíblicos de la mano del libro de Pier Giordano Cabra " Los personajes bíblicos de la Cuaresma y del tiempo de Pascua". España, Sal Terrae, 2013.
Dice el autor: “los hijos del viejo Adán para aceptar el ofrecimiento de rejuvenecerse con el nuevo Adán. Es el tiempo del hombre que siente la vanidad de todo, pero que al mismo tiempo advierte la lucha que debe entablar consigo mismo para dejar espacio a la acción transformadora de Dios. Es el tiempo del retorno a Dios por el camino estrecho, que invita a subir a Jerusalén para configurarse con Cristo…”
La Iglesia nos propone hacer el camino de la Cuaresma de la mano de numerosos “testigos”, nos dice Pier Giordano Cabra. Los cuales, siendo tan humanos como somos nosotros, y viviendo nuestras dificultades, pudieron elegir bien e insertarse en la historia de la salvación.
El Evangelio en Casa, a partir de esta propuesta tan concreta, va a ir subiendo material de este libro para la reflexión y meditación personal y comunitaria, siempre esperando poder colaborar con ustedes para que este tiempo sea fructífero para nuestro acercamiento a Dios.
Dice el autor: “los «personajes bíblicos» de la Cuaresma: Abrahám, Moisés, Naamán el Sirio, el anónimo Siervo del Señor, el profeta Jonás, la reina Ester y la casta Susana. Y más aún: es Jesús mismo que afronta las tentaciones en el desierto; son Pedro, Santiago y Juan en el monte de la transfiguración, la Samaritana, Marta y María, las hermanas de Lázaro y el ciego de nacimiento. Pero son también personajes de las parábolas de Jesús, como el fariseo y el publicano, el padre misericordioso con sus dos hijos, el hombre rico y el pobre Lázaro. Es un consuelo recorrer el camino cuaresmal en compañía de figuras como estas. Es un verdadero desafío tenerlas precisamente al lado, confrontarse con su testimonio, competir con sus dones de fe, hacer latir el propio corazón al unísono con su corazón y con el corazón de Dios.”

domingo, 2 de marzo de 2014

El pastor debe estar donde está el sufrimiento.
Monseñor Oscar Romero.

«Enriquecer la vida »

« 24 "Ninguno puede servir a dos señores, porque odiará al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.  25 "Por tanto os digo: No os angustiéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que el vestido?  26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y, sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?  27 ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se angustie, añadir a su estatura un codo?  28 Y por el vestido, ¿por qué os angustiáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan;  29 pero os digo que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.  30 Y si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe?  31 No os angustiéis, pues, diciendo: "¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?",  32 porque los gentiles se angustian por todas estas cosas, pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas ellas.  33 Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.  34 "Así que no os angustiéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propia preocupación. Baste a cada día su propio mal »

Mt 6, 24-34


        Cada vez que escuchamos este evangelio u otro pasaje semejante pensamos enseguida que Jesús está en contra del dinero y que lo condena. En realidad no es así. A Jesús no le preocupa el dinero, sino lo que ocasiona en el corazón del hombre cuando éste se apega o desordena por su causa.
        De lo que trata de advertir es del empobrecimiento que produce en el alma cuando se pone la confianza solo en el dinero. Estas palabras de Jesús pretenden que examinemos cuidadosamente « ¿dónde tenemos puesto el corazón?» o dicho de otro modo, « ¿Qué o quién gobierna nuestra vida?»
Según este evangelio aquel que tiene el corazón puesto en el dinero anda inquieto. Inquieto por el día de mañana, cuando no puede agregar un solo día más a su existencia. Inquieto por lo que va a comer, beber o vestir. Inquieto porque teme perder lo que pretende acumular. Inquieto, en definitiva, por miedo a la pobreza, que para el evangelio tiene una significación distinta. Jesús no alaba la pobreza que es consecuencia o resultado de la mezquindad de los particulares o de la corrupción de los gobiernos…
          La pobreza que alaba es la del hombre que ha puesto su corazón en Dios. Ya sea que tenga dinero o no. Porque el dinero no es el problema, sino el afán por convertirlo en el «señor» de nuestra vida. Cuando el dinero es el «amo» de nuestra existencia, andamos inquietos porque siempre podemos perderlo y quedar desamparados. Y éste es el miedo que tenemos. Miedo a quedar desamparados.
Jesús desea que comprendamos que aunque una madre abandone al hijo de sus entrañas, Dios jamás nos abandonará ni nos dejará desamparados. Porque valemos más que todo lo que existe  y cuida de nosotros más que a toda la creación.
         El dinero ofrece muchas posibilidades pero también exige mucho a los que se convierten en sus vasallos. Cuando el dinero, aunque también puede ser el poder, la imagen, el prestigio, etc., se convierte en el amo o señor de nuestra vida es porque nos sentimos inseguros y necesitamos algo en que apoyarnos o confiar. Y lo que Jesús quiere enseñarnos es que la manera más segura de vivir es confiar en Dios. Porque el dinero se acaba, se devalúa, se retiene, le ponen un “cepo” o queda encerrado en un “corralito”.
           Son muy ciertas aquellas palabras del P. Pedro Arrupe cuando decía «aquello de lo que te enamoras atrapa tu imaginación y acaba por ir dejando su huella en todo». Aquello en lo que pones tu confianza atrapa tu imaginación y acaba por ir dejando su huella en todo... Por eso «Nada puede importar más que encontrar a Dios. Es decir, enamorarse de Él de una manera definitiva y absoluta.»
        En lo que pongamos nuestra confianza terminará por gobernar nuestra vida, nuestras palabras y conducirán nuestras acciones. Y puede que nuestros corazones estén llenos de buenas intenciones pero sin el ejercicio de cultivar la relación con Dios por medio de la oración y de los sacramentos difícilmente podamos poner nuestra confianza en Él. Cuando el corazón reposa en Dios y encuentra en Él seguridad nuestra vida se enriquece.
        Necesitamos retornar  a Dios y que sea nuestro amor a Él quién nos brinde confianza y seguridad para vivir sin temor al futuro.

 P. Javier  Rojas sj

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