sábado, 15 de marzo de 2014

Se dice comúnmente que “ la esperanza es lo último que se pierde”. Y realmente deberíamos sentirlo y vivirlo de este modo.
La vida se empeña en mostrarnos, si es que deseamos en verdad ver, que tras las nubes espesas y oscuras del desaliento, hay un sol esplendoroso que brilla y da calor. Es cuestión de ver “más allá”, de esperar con paciencia, y de confiar en que como Santa Teresa de Ávila decía: “Todo se pasa. Dios no se muda…”
Las nubes se disiparán amigo/a. Y el sol saldrá. Ya verás .Cuaresma es el tiempo adecuado para experimentar la esperanza.

@Ale Vallina

Jesús no se anda con chiquitas...
El seguimiento del Señor es exigente...
Desafío de hoy para este tiempo de cuaresma.

Intenciones de oración del Papa Francisco para marzo de 2014
La intención universal del apostolado de la oración del Santo Padre para el mes de marzo de 2014 es: “Para que todas las culturas respeten los derechos y la dignidad de la mujer”.
Su intención evangelizadora es “Para que numerosos jóvenes acojan la invitación del Señor a consagrar sus vidas al anuncio del Evangelio”.

viernes, 14 de marzo de 2014

Y Yo les digo que la vida es, en verdad oscuridad cuando no hay un incentivo.
Y todo incentivo es ciego cuando no hay conocimiento.
Y todo saber es vano cuando no hay trabajo.
Y todo trabajo es fútil cuando no hay amor.
Y cuando trabajan con amor, se juntan con ustedes mismos, y con los otros y con Dios.
Khalil Gibran. "El Profeta".
El trabajo es santificador en sus resultados, pues, por el trabajo el hombre colabora al, plan de Dios, humaniza la tierra, la penetra de pensamiento, de amor, la espiritualiza y diviniza. Por el trabajo el hombre contribuye al bien común temporal y espiritual de las familias, de la nación, de la humanidad entera. Por el trabajo descubre el hombre los vínculos que lo unen a todos los demás hombres, siente la alegría de darles algo y de recibir mucho en cambio. 
San Alberto Hurtado S.J.
Es bueno agradecer a Dios por todo lo que tenemos y no poner tanto el énfasis en lo que nos falta. Si vamos ejercitándonos en la gratitud cada día se vuelve sorpresa y novedad. Cada momento se impregna del dulce aroma de la “vida nueva” y cada crisis se transforma en una oportunidad.
Nos faltarán cosas. Claro que sí, siempre. Nadie puede tener todo. Pero la diferencia entre los felices y los infelices es que alaban a Dios por lo que tienen y no se quejan de lo que les falta.
Hacer la lista de logros y de regalos que posee nuestra vida, nos ayudará a mirar todo con ojos renovados. De nada nos sirve mirar al vecino creyendo que su vida es mejor. No estamos en sus zapatos.
Volver la mirada hacia las maravillas de nuestras vidas nos permite vivir en el presente, dejar de pensar en un pasado que ya pasó y en un futuro que no sabemos qué traerá. Nos invita a aplaudir, a agasajar y a sonreír. Nos mueve hacia la  glorificación y las alabanzas a Dios…
Hoy tenemos lo que necesitamos. Y más adelante llegará lo que nos conviene para nuestro crecimiento…

@Ale Vallina
Nadie puede forzar o imponer la conversión: tiene lugar sólo por la gracia de Dios. La mejor conversión consiste en ayudar a las personas a amarse unas a otras. Nosotros, que somos pecadores, hemos sido creados para ser hijos de Dios y tenemos que ayudarnos mutuamente para estar lo más cerca posible de Él. Todos nosotros hemos sido llamados a amarle.
Beata Teresa de Calcuta
Desafío de hoy para este tiempo de cuaresma.

jueves, 13 de marzo de 2014


¡UN AÑO DEL PAPA FRANCISCO!
Gracias, Francisco, por su presencia cercana y afable
Gracias, Francisco, por su sonrisa amplia y universal
Gracias, Francisco, por su mano siempre abierta
Gracias, Francisco, por llamarnos a la sencillez
Gracias, Francisco, por romper esquemas y posturas
Gracias, Francisco, por salir al encuentro una y otra vez
Gracias, Francisco, por inyectarnos valor y lucha
Gracias, Francisco, por ese aroma a pueblo y pastor
Gracias, Francisco, por sus palabras siempre claras
Gracias, Francisco, por detenerse en lo más pequeño
Gracias, Francisco, por dejarnos al descubierto
Gracias, Francisco, por mirar al fondo y no a las formas
Gracias, Francisco, por abrir un poco más las puertas
Gracias, Francisco, por llevarnos a Cristo. 
¡AD MULTOS ANNOS!
¡POR MUCHOS AÑOS!
P. Javier Leoz Ventura
En el libro del Apocalipsis se puede leer así: “Mira, estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa”. Jesús llama a la puerta de cristianos y no cristianos. Le podemos abrir la puerta o lo podemos rechazar. Pero no es lo mismo vivir con Jesús que sin él.
José Antonio Pagola

El fundador de la iglesia pentecostal más influyente de Suecia, anuncia su conversión al catolicismo

El fundador de la iglesia pentecostal más influyente de Suecia, anuncia su conversión al catolicismo
Desafío de hoy para este tiempo de cuaresma.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Mañana jueves se cumple el primer aniversario de la elección del Papa Francisco a la Cátedra de Pedro. Un año extraordinario para la vida de la Iglesia, un “tiempo de misericordia” como el Pontífice mismo ha subrayado varias veces. Entre las personas que más de cerca han acompañado al Santo Padre en estos intensísimos doce meses, está su secretario particular, Mons. Alfred Xuereb, nombrado recientemente por el Papa Secretario General de la Secretaría para la Economía del Vaticano. En esta entrevista exclusiva a Radio Vaticano, ante el micrófono de nuestro colega Alessandro Gisotti, Mons. Xuereb recorre de nuevo este primer año con Francisco a partir, justamente, de aquel inolvidable 13 de marzo de un año atrás.
R- Usted me hace revivir tantas emociones y también tantísimos recuerdos, muy profundos: eran momentos particulares, que seguramente quedarán en la historia. Un Papa que deja su Pontificado. Desde el 28 de febrero, el último día del Pontificado del Papa Benedicto, cuando dejamos para siempre el Palacio Apostólico, hasta el 15 de marzo, es decir, hasta dos días después de la elección del nuevo Papa, yo me quedé con el Papa emérito en Castel Gandolfo para acompañarlo y también para ayudarlo en su trabajo de secretaría.
El momento de la separación del Papa Benedicto ha sido para mí un momento muy atormentador, porque tuve la fortuna de vivir por cinco años y medio con él y, dejarlo, separarme de él fue un momento muy difícil. Las cosas habían precipitado, yo no sabía que justamente aquel día debía preparar las valijas y dejar Castel Gandolfo y también dejar al Papa Benedicto. Pero desde el Vaticano me pedían que me apurara, preparara las valijas y fuera a Santa Marta porque el Papa Francisco estaba incluso abriendo él la correspondencia sólo: no tenía un secretario que lo ayudara. En aquella mañana, pasé varias veces por la capilla para tener luz, porque me sentía también un poco confundido.
Pero estaba seguro, tenía la neta sensación de estar guiado desde lo Alto y me daba cuenta que estaba sucediendo algo extraordinario, también para mi vida. Luego entré al estudio del Papa Benedicto llorando y, con un nudo en la garganta, probé a decirle cuánto estaba triste y cuánto era difícil para mí separarme de él. Le agradecí por su benévola paternidad. Le aseguré que todas las experiencias vividas con él en el Palacio Apostólico me habían ayudado tanto a mirar mejor “a las cosas allá arriba”. Después me arrodillé para besarle el anillo, que no era más el del Pescador, y él, con mirada paterna, de ternura, como sabe hacer él, se puso de pié y me bendijo.
P.- ¿Qué recuerdo tiene de su primer encuentro con el Papa Francisco?
R.- Me hizo entrar en su estudio, me acogió con su bien conocida cordialidad, y tengo que decir que me hizo también una broma, una broma – si así puedo decir – ¡de Papa! Tenía una carta en la mano y con tono serio me dijo: “Ah, pero aquí tenemos problemas, ¡alguien no ha hablado muy bien de ti!”. Yo me quedé mudo, pero después entendí que se refería a la carta que el Papa Benedicto le había enviado para informarle que él me había dejado libre y que podía llamarme a su servicio. En esta carta, el Papa Benedicto había tenido la bondad de listar algunas de mis virtudes. Después el Papa Francisco me invitó a sentarme en el diván y él se sentó junto a mí en una silla. Me pidió – con mucha fraternidad – que lo ayudara en su difícil tarea. Finalmente quiso saber cuál era mi relación con los Superiores y con otras personas de una cierta responsabilidad. Le respondí que tengo una buena relación con todos, al menos por lo que me respecta.
P.- ¿Qué le impresiona de la personalidad del Papa Francisco, teniendo el privilegio de vivir cada día junto a él?
R.- Su determinación. Una convicción que estoy seguro que le viene de lo Alto, porque es un hombre profundamente espiritual que busca en la oración la inspiración de Dios. Por ejemplo, la visita a Lampedusa él la decidió porque luego de haber entrado algunas veces a la capilla, le vino continuamente esta idea: ir personalmente a encontrar a estas personas, a estos náufragos, y llorar por sus muertos. Y cuando él entendió que le venían a la mente varias veces, entonces estuvo seguro que Dios quería esta visita. La hizo, aunque no había mucho tiempo para prepararla. Él usa el mismo método para elegir a las personas que llama para que colaboren con él de cerca.
P.- En cambio, ¿qué cosa le impresiona mirando al Pastor Francisco, su dimensión pública, cómo ejercita su ministerio petrino?
R.- Alguien más me ha hecho una pregunta similar, y respondo diciendo que me viene a la mente espontáneamente la figura del misionero. Aquel clásico misionero que parte, que va entre los indígenas para hacerles conocer el Evangelio, Jesucristo. Yo veo en Francisco el misionero que está llamando a sí a la muchedumbre, aquella muchedumbre que quizás se siente perdida, con la intención de traerla de nuevo al corazón del Evangelio. Se ha transformado – por así decir – en el “párroco del mundo” y está alentando a cuantos se sienten lejanos de la Iglesia a volver con la certeza que encontrarán su lugar en la Iglesia. Él ve en el clericalismo y en la casuística fuertes obstáculos para que todos se puedan sentir amados por la Iglesia, acompañados por ella. En cambio, párrocos y sacerdotes nos dicen casi cotidianamente cuántas personas han vuelto a la Confesión y a la práctica de la fe por el aliento del Papa Francisco, especialmente cuando nos recuerda que Dios no se cansa nunca de perdonarnos. Él, como han visto, tiene una atención especial por los enfermos, y esto porque él ve en ellos el cuerpo de Cristo sufriente.
Y olvida completamente sus achaques. Por ejemplo, en los primeros meses de su Pontificado tenía un fuerte dolor a causa de la ciática que se le había vuelto a presentar. Los médicos le habían aconsejado que evitara de agacharse, pero él, encontrándose delante de enfermos en silla de ruedas o de niños enfermos en sus cochecitos, se inclina hacia ellos de todos modos, y les hace sentir su cercanía. Así sucedió también durante la celebración eucarística en Casal del Marmo, la tarde del Jueves Santo durante el lavatorio de los pies. No obstante el dolor que habrá sentido, se arrodilló delante de cada uno de los doce jóvenes detenidos para besarles los pies.
P.- El Papa Francisco parece incansable, mirándolo en los encuentros, en las audiencias. ¿Cómo vive su cotidianidad también de trabajo, en la Casa Santa Marta?
R.- Créame, ¡no pierde un sólo minuto! Trabaja incansablemente. Y cuando siente necesidad de tomarse un momento de pausa, no es que cierra los ojos y no hace nada: se sienta y reza el Rosario. Pienso que por lo menos tres Rosarios al día los reza. Y me ha dicho: “Esto me ayuda a relajarme”. Luego retoma, retoma el trabajo. Recibe una persona después de otra: el personal de la portería de Santa Marta es testigo. Escucha con atención y recuerda con extraordinaria capacidad todo lo que siente y lo que ve. Se dedica a la meditación temprano, a la mañana, preparando también la homilía de la Misa en Santa Marta. Luego, escribe cartas, hace llamadas telefónicas, saluda al personal que encuentra y se informa acerca de sus familias.
P.- Uno de los dones más hermosos de este primer año de Pontificado son seguramente los encuentros entre el Papa Francisco y el Papa Benedicto. Usted, que es como un anillo de conjunción entre ellos, ¿qué nos puede decir de esta “relación fraterna”?
R.- En una reciente entrevista, el Papa Francisco ha revelado esto: que él lo consulta, le pide su punto de vista. ¡Sería una gran pérdida no aprovechar de esta gran fuente de sabiduría y de experiencia! De hecho, lo ha dicho inmediatamente: es como tener el abuelo en casa, es como decir, tener el sabio dentro casa. He aquí que el Papa Francisco desde el principio ha visto esta presencia como un don inestimable, similar a aquel obispo sabio apenas elegido que encuentra un sabio sostén en su obispo emérito. Es significativo – por ejemplo – el hecho que haya querido arrodillarse en la capilla en Castel Gandolfo no sobre su reclinatorio, sino al lado del Papa Benedicto. Y luego, ha querido su presencia en la inauguración de la estatua de San Miguel Arcángel aquí, en los Jardines Vaticanos. Y lo convenció a participar en el Consistorio que hubo para los nuevos Cardenales. Es una presencia que enriquece el Pontificado del Papa Francisco.
P.- Por último, ¿qué le está dando personalmente este servicio al Papa Francisco, después de haber servido de cerca a Benedicto XVI y, recordémoslo, también a Juan Pablo II?
R.- Me doy cuenta que el Señor me está conduciendo por vías verdaderamente misteriosas. No habría imaginado nunca el poder cumplir este tipo de servicio. Pero Dios es así. De otra forma somos nosotros los programadores de nuestra vía de santidad. Yo encuentro una gran ayuda en el luminoso testimonio de confianza en Dios, que he tenido la gracia de recibir personalmente del Papa Juan Pablo II, del Papa emérito Benedicto, el cual – se ha transformado en un dicho para sonreír – cada vez que se encontraba de frente a una situación difícil amaba alentarnos diciendo: “el Señor nos ayudará”. Es obviamente el sostén tanto humano como espiritual de la oración, que sé que hace también por mí el Papa Francisco y me resulta de gran consuelo.
Traducción del italiano: María Cecilia Mutual

Centro Loiola
Desafío de hoy para este tiempo de cuaresma.
Cada vez más personas eligen vivir en la tristeza y la pena culpando a otros, o lo que es peor, justificándose en que cargan con la cruz que Cristo les ha dado.  El dolor no es querido por Dios, ni lo envía ni lo busca para sus hijos. Lo cual no quita de debamos aceptarlo si llega a nuestra vida, pero ello no nos exime de buscar solución a las dificultades hasta donde se pueda y luchar por vivir en paz y feliz. Por ello murió Cristo, para mostrarnos el camino de libertad, de paz y de amor y no para convertir nuestra vida en un calvario.
P. Javier Rojas sj
"Señor: no estoy seguro de que estoy haciendo tu voluntad. Es más, creo que nunca lo sabré. Pero sí quiero hacer tu voluntad. Y sé que eso te complace.” -Thomas Merton-
Cuando leí esta frase de Merton, pensé: “Qué bien lo ha expresado este monje trapense. Con mayor claridad y sinceridad, imposible.”
Es que los seres humanos somos así, incompletos, inacabados, siempre en “gerundio”. Haciéndonos en el día a día con el deseo genuino de realizar lo que Dios quiere y a la vez con inseguridades y perezas. Con marchas de paso convencido y también con esperas al costado del camino…
Pero como sabemos que Dios es Padre, el que nos reveló Jesús, confiamos en la ternura y en la firmeza con la que nos alienta y acompaña a cada uno de sus hijos… ¡Y cuánto se ha de complacer cuando al iniciar cada jornada le pedimos hacer siempre su santa voluntad…!
El Padre se complace tanto con nuestros intentos como con nuestros logros…
@Ale Vallina.

lunes, 10 de marzo de 2014

Taizé - Nada te turbe

Cada uno de nosotros, con una pizca de sinceridad, un ápice de autoconocimiento y francos deseos de mejorar como personas, debemos formularnos una pregunta que resulta ineludible: ¿cuál es mi falta o mis faltas reiteradas?, ¿cuáles son mis debilidades, allí por donde suele colarse el mal espíritu y penetrar en mi vida para destruirme y destruir mis relaciones?, ¿con qué piedra suelo tropezar continuamente?
Es bien sabido que, quién decide seguir los designios del Espíritu, será tentado por las fuerzas del mal. No hay nada que le moleste más al mal espíritu que una persona que crece y se va configurando con Cristo…
Deberemos, pues, estar muy atentos; caminar con humildad -sabiendo que pueden ser muchas las caídas- y recurrir a la oración perseverante y confiada. Orar, sin desfallecer, aconsejan los místicos. Siempre y en todo lugar.
Durante el transcurso de nuestra vida serán muchas las tentaciones que pretenderán alejarnos del camino de Jesús. Por ello es primordial conocer esas zonas grises de debilidad, aquellos errores frecuentes, esos pecados recurrentes que nos hunden. Si los conocemos, pues manos a la obra: trabajar para vencernos a nosotros mismos y pedir la gracia… Si aún no percibimos claro cuál es el resquicio por donde se introduce el mal en nuestra vida, también pedir la gracia…
En definitiva, el esfuerzo personal siempre es sustentado por la gracia divina.
@Ale Vallina.
El desafío de hoy para este tiempo de cuaresma.
Seguimos meditando con los personajes de la cuaresma.
Tal como lo hicimos con el "tentador" la semana pasada, hoy rezaremos con "el rico y el pobre Lázaro". Aunque un poco extenso este capítulo nos permitirá meditar durante todo el día la Palabra...

El libro es " Los personajes bíblicos de la Cuaresma y del tiempo de Pascua. Lectio divina." de PIER GIORDANO CABRA.
El rico y el pobre Lázaro
Había un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico... pero hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. Estando en el infierno entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: "Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama". Pero Abraham le dijo: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros". Replicó: "Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento". Le dijo Abraham: "Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan". Él dijo: "No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán". Le contestó: "Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite". Lc 16, 19-31

La parábola refleja la concepción judía de la época, según la cual los muertos, en espera del juicio final y de la resurrección, permanecían en la ultratumba -un lugar dividido en espacios distintos para los pecadores y para los justos.
El segundo punto principal de la parábola emerge de la respuesta que da Abrahám a la petición que le hace el rico de mandar a Lázaro a sus hermanos para que los llame a la conversión antes de que sea demasiado tarde (w. 27-31) y concierne a la necesidad de creer y obedecer la palabra de Dios contenida en las Escrituras (cf. 24,27.44). En efecto, solo si se está dispuesto a correr el riesgo de la fe, se puede creer también en el milagro de la resurrección. Lucas alude aquí también a la reacción de incredulidad de algunos judíos, hijos de Abrahám solo por la sangre pero no por la fe (cf. 3,8), ante los signos mesiánicos realizados por Jesús.
Meditatio
El rico lo ha experimentado: «Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de Dios»; pero ahora sabe que «lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios» (Le 18,25.27) -si los hombres están dispuestos a tomar en serio su palabra y a abrirse al don de la fe-. Es la fe la que crea en nosotros las condiciones para la conversión del corazón, la que nos hace acoger la misericordia del Padre y nos hace percatarnos del hermano que está a nuestro lado impulsándonos a amarlo.
Más que condenar la riqueza, Jesús pone en guardia contra el poder que tiene para poseer y ocupar todo el corazón del ser humano, subyugándolo a ella y no consintiéndole que le haga espacio a nadie más, ni siquiera a Dios. También nosotros tenemos esta misma experiencia cuando razonamos y nos comportamos como si todo fuera solucionable con el dinero y,
en definitiva, ponemos toda nuestra confianza en él, en vez de ponerla en Dios. Al final nos encontramos tal vez satisfechos en la superficie, pero en el fondo nos sentimos decepcionados y vacíos, infelices.
El problema, para nosotros como para el rico de la parábola, no es el dinero en sí, sino el uso que hacemos de él. La palabra de Dios nos dice que no basta con abstenerse de acciones malas, sino que también hay que hacer el bien, porque solo en el amor se encuentra la alegría del evangelio y solamente amando nos asemejamos al Padre. La conversión exigida es, por consiguiente, la de la confianza en el dinero y en todas las multiformes riquezas que pueden llenar nuestro corazón, a la confianza real en Dios. Más concretamente: ir al encuentro de las necesidades de los hermanos, aliviar sus sufrimientos, compartiendo con ellos también nuestros bienes y haciendo de nuestra vida un don.
Es difícil, porque en realidad apegamos con frecuencia el corazón a las riquezas; sin embargo, se hace posible en la medida en que estamos dispuestos a reconocer que nosotros somos los primeros que necesitamos la misericordia del Padre y la acogemos. El rico de la parábola, nuestro compañero de viaje particularmente en el tiempo de la Cuaresma, nos recuerda que ahora es el momento propicio', este es el tiempo en el que dejarse saciar por la única Palabra que salva y que nos hace capaces de vivir en el amor.
Oratio
Oh Dios, que todo lo puedes,
convierte nuestro corazón a tu Palabra,
danos una fe sincera, profunda, arraigada en la vida.
Oh Señor, que viniste a buscar lo perdido,
abre nuestros ojos para que reconozcamos nuestra pobreza
y tu misericordia que se nos ofrece continuamente.
Espíritu de amor,
que te has derramado en nuestros corazones,
enséñanos la obediencia a la Palabra y suscita en nuestra vida
el cántico de la gratitud que nos libera de la indiferencia
y nos hace capaces compartir valiente y generosamente.
Contemplatio
«Aprende del evangelio la morada del pobre y la morada del rico: el pobre reposa en Abrahám, el rico yace en el fuego. Puesto que la justicia varía los destinos, el que aquí había llorado, goza allí, y el rico pasa necesidad mientras que el pobre vive en la abundancia.
De estas enseñanzas aprendemos a vivir para Cristo la santa justicia y a dispensar una parte a los pobres. Tú, que desprecias al pobre, que te horrorizas al ver a un miserable y consideras de mal augurio el encuentro con un piadoso suplicante, que te admiras de un traje valioso y no te das cuenta de la sordidez de tu porte interior, llevas en el corazón todo cuanto consideras horroroso en el cuerpo del pobre; aunque seas rico, eres más inmundo que las telas andrajosas y que las llagas ulcerosas; desprecias al ciego, evitas tocar al leproso, oh, rico avariento, tú mismo amas tu lepra. Aquel es miserable y débil a los ojos de los hombres; tú eres infame ante Dios por la debilidad del espíritu. Improbo, desprecias al pobre que también es partícipe de tu naturaleza y por avaricia lo privas de la parte que le corresponde. Inicuo, todo lo que a ti te sobra sin utilidad alguna, lo que escondes en un hoyo cavado en la tierra, es parte que corresponde a los pobres. ¿Por qué retienes para ti lo que es de los demás?
El tiempo ha llegado; el Señor está ya cerca; apresuraos a prepararos para el encuentro con el Rey, mientras aún tenéis un poco de tiempo. Usad con benignidad vuestros bienes y arrancad del corazón la raíz del mal. Recoged en el corazón de los pobres la recompensa de vuestra vida y ungid vuestra cabeza con dádivas piadosas y besando los santos pies de
Cristo, el Señor, enjugadlos con los cabellos y lavadlos con las lágrimas».
(PAULINO DE ÑOLA, Carme XXXI, en I carmi, Cittá Nuova, Roma 1990, pp. 440-442, passim [trad. esp.: Poemas, Gredos, Madrid 2005]).
Actio
Repite con frecuencia esta invocación (cf. Le 16,29) y vívela:
«Señor, que escuche hoy tu Palabra».
Para la lectura espiritual
Los pobres no son una «clase»; de lo contrario, Cristo no habría proclamado la primera bienaventuranza, que carecería de sentido o tendría un sentido espantoso si los pobres fueran una clase.
Pobre es el hombre, todo hombre. No por los bienes que no posee, sino por lo que es, por aquello que no le basta y que le hace mendigar en cualquier parte, tanto si tiende la mano como si la cierra. El «puño cerrado» es un derecho gritado contra alguien. Aun cuando fuera satisfecho, inmediatamente después sería como si no hubiera recibido nada, porque el corazón no se reparte si uno no lo da. Nosotros necesitamos sobre todo repartir el corazón.
Me toco y me encuentro pobre. Si al menos sé pesar el valor de las cosas y no me dejo invadir por ellas. ¿Qué gano si me dejo invadir? Me convierto en dinero y estoy peor que antes: y con tanto dinero no compro el corazón del hombre. Compraré su falso homenaje, que esconde el odio de quien no tiene, la envidia de quien tiene, también de quien tiene más que yo. Con tanto dinero enfermo igualmente, lloro igualmente, envejezco igualmente y muero como quien nada tiene.
Parece esta una meditación monástica, pero se trata de un discurso común, aunque evitamos hacerlo. Sin embargo, todos lo piensan, y en primer lugar quienes no querrían pensar en él y, para no pensar, se encierran en la brevedad del tiempo y se apoyan en la fragilidad de las cosas, como si el primero no fuera breve y las segundas no fueran inconsistentes.
(P. MAZZOLARI, II coraggio del «confronto» e del «dialogo», Edizioni Club della Famiglia, Milano 1979, pp. 9s).

domingo, 9 de marzo de 2014

Desafío cuaresmal para el día de hoy.

«El bostezo del diablo»


« Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo.  2 Después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, sintió hambre.  3 Se le acercó el tentador y le dijo: - Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.  4 Él respondió y dijo: - Escrito está: "No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".  5 Entonces el diablo lo llevó a la santa ciudad, lo puso sobre el pináculo del Templo  6 y le dijo: - Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, pues escrito está: ""A sus ángeles mandará acerca de ti", "y ""En sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra".  7 Jesús le dijo: - Escrito está también: "No tentarás al Señor tu Dios".  8 Otra vez lo llevó el diablo a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos,  9 y le dijo: - Todo esto te daré, si postrado me adoras.  10 Entonces Jesús le dijo: - Vete, Satanás, porque escrito está: "Al Señor tu Dios adorarás y solo a él servirás".  11 El diablo entonces lo dejó, y vinieron ángeles y lo servían.»


Mt 4, 1-11

Por momento me inclino a pensar que el demonio también ha entrado en un tiempo de recesión laboral. Está desocupado porque ya no encuentra a quién tentar. Porque para ser tentado debe existir en el corazón del hombre un hondo deseo de crecer y madurar aprendiendo a salir de sí mismo, del propio parecer y voluntad para abrirse a la comunicación con los demás y construir –como dice el Papa- una verdadera «cultura del encuentro».
Debe albergar un anhelo profundo por buscar y hallar la voluntad de Dios, y descubrir la propia vocación y misión en la vida. Y, por último, ansia de colaborar con Jesús en su misión de convertir al mundo en un lugar más fraterno.
Pero ensimismados como estamos actualmente, enrollados sobre nuestros propios pensamientos y sentimientos, difícilmente exista la posibilidad de hacer lugar a Dios y a los demás en el propio corazón. Si no dejamos espacio a que la luz del Espíritu de Dios ilumine nuestras vidas... difícilmente encontremos una verdadera salida a nuestros problemas.
Ajenos a los demás por estar preocupados de los propios asuntos, el demonio no hace más que mantenernos bien entretenidos en nuestras fantasías haciéndonos imaginar siempre lo peor (si dejáramos de ocuparnos de nosotros mismos). Nos suministra una buena dosis de individualismo para hacernos creer que para crecer y progresar en la vida hay que luchar en contra de los demás...
El demonio bosteza de aburrimiento ante la sociedad actual. De ser considerado el «tentador» pasó a convertirse en una «babysitter». Ya no se preocupa en tentar al hombre para desviarlo del camino en la búsqueda de la voluntad de Dios y de su vocación en la vida, de enfriarlo en su devoción, de distraerlo en la oración o de quitarle fuerzas y energías para colaborar en obras de caridad...sino que los mantiene volcados sobre sí mismos pensando cómo lograr que el mundo y los demás se comporten como ellos desean e imaginan.
Hay quienes, inmersos en sus propias fantasías viven pensando como «conquistar el mundo» y hacer dinero. Se comportan como "Pinky y Cerebro" de aquella famosa historieta infantil. El hombre construye un mundo ideal en el que pretende reinar a su antojo y sujeto a sus leyes, alejadas de las de Dios...
Pero como ese mundo no existe, o mejor dicho, sólo existe en sus fantasías se vuelve violento cuando no puede lograr que el mundo y los demás actúen según sus caprichos.  
En el evangelio de Mateo, el demonio aparece como el tentador que pretende desviar a Jesús del camino que el Espíritu le ha marcado. Pero para ser tentado por el demonio debe existir en el corazón del ser humano tres convicciones claras: 1.- Deseo de crecer como persona y descubrir su misión en el mundo. 2.- Buscar y seguir la voluntad de Dios por medio del discernimiento, y 3.-Colaborar con Jesús para construir el Reino de Dios.
1.-Crecer como personas, significa abrirse al conocimiento personal que no pretende justificar ni racionalizar los errores, sino encontrar claridad en los pensamientos y sentimientos. Conocer las motivaciones y examinar la manera de actuar y proceder. En definitiva, buscar que reine en nosotros la verdad, sin mentir ni engañarnos ni a nosotros mismos ni a los demás.  Cada ser humano necesita descubrir su vocación y misión en la vida si quiere vivir plenamente. Pero para ello debe ordenar y clarificar su mundo afectivo. Y en cuanto abramos el corazón a la Sabiduría de Dios seguramente seremos tentados.
2.-Buscar y seguir la voluntad de Dios significa poner nuestra confianza en Él. Es sabido que nos cuesta abandonarnos en las manos de Dios, y tal vez se deba a que no estamos del todo dispuestos a seguir sus caminos sino los nuestros. Estamos apegados a nuestros propios criterios y pareceres y queremos que Dios venga a nuestra voluntad para que la haga suya. La acción del «buen espíritu» nos impulsará siempre a dejarnos conducir por Dios, y a abrir nuestra mente para comprender su voluntad . Mientras que la acción del espíritu del mal, no dejará que ningún otro parecer o criterio, ajeno al nuestro, se haga presente en nuestros pensamientos. Para discernir adecuadamente hay que dejarse conducir por Dios libres de apegos y ataduras. Así es es el proceso...
3.- Colaborar con Jesús en la extensión del reino de su Padre  no es otra cosa que  hacer nuestro el proyecto de fraternidad que Él vino construir. Es la misión que podemos denominar «el proyecto hermano» que nos enseña en la parábola del buen samaritano.  Si dejamos entrar al prójimo en el horizonte de las propias percepciones sin considerarlos una amenaza para los propios proyectos,  estaremos comenzando por construir una cultura del encuentro. Tan necesaria en nuestro tiempo de poderoso individualismo.
Si buscamos vivir en la verdad y descubrir la vocación y misión en la vida es muy probable que seamos tentados. Si deseamos hacer la voluntad de Dios y no la nuestra por encima de todos los demás, definitivamente seremos tentados.... Y si anhelamos construir una cultura del encuentro haciendo nuestra la misión de Jesús, sin lugar a dudas que nos encontraremos con dificultades y tropiezos. 
Pidamos a Dios que la fuerza de su Espíritu nos conduzca, como a Jesús, a las profundidades del propio desierto interior para encontrarnos con Él.
Que así sea.




P. Javier  Rojas sj

Blogroll