sábado, 22 de marzo de 2014

Abrimos los ojos, salimos a la calle, y mil llamadas humanas nos asedian: un mendigo que pide limosna; el amigo que busca trabajo; el anuncio de una reunión política… Pero, luego matamos estas llamadas, las asfixiamos lentamente en nuestro interior. A veces, casi sentimos vértigo ante nuestro corazón de Caín, lleno de cadáveres del prójimo. La vida es dura: nos abrimos camino a hachazos, prescindiendo de los demás, atropellándoles. Buscamos la felicidad, pero no irradiamos alegría… Señor, hay algo que llamamos amor, pero, Tú sabes que es mezquino y avaro; solo es un egoísmo refinado. No nos entregamos; solamente exigimos, como un recaudador de impuestos. Por esto, señor, te buscamos en vano. Tú no vives en esta cerrazón, porque eres el amor. Pero eres tan bueno, que a pesar de todo, nos hablas. Tu amor es más fuerte que nuestra coraza de oscuridad, y vemos brillar tu luz. Jesucristo, enséñanos a amar; cada vez más, cada día con más desinterés. No, por sentir necesidad de afecto, sino porque los demás necesitan amor. Tú eres el Amor, pero estás necesitado de amor en tu Cuerpo; falta más sangre para establecer este circuito universal de amor. Queremos participar en esta transfusión, y no ser tan sólo sanguijuelas. No te pedimos nada exorbitante, sólo queremos ser discípulos tuyos, cumpliendo tu mandamiento único de: Amar a los Demás.
Luis Espinal sj

Desafío de hoy para este tiempo de cuaresma.

viernes, 21 de marzo de 2014

Nos imponen límites
y nos empequeñecemos,
pero vivimos en comunión
con El Ilimitado.
Dudamos de nosotros
y nos devaluamos,
pero vamos bajo la mirada
de la Bondad.
Nos dividimos
nos enfrentamos,
pero todos recibimos la vida
desde la Unidad.
Nos clasificamos
en perfectos y deformes,
pero todos somos habitados
por la Belleza.
Tememos nuestra oscuridad
nos escondemos,
pero somos iluminados
por la Verdad.
¿Quién puede
poner límite
al amor de Dios
por nosotros?
¿Quién puede
ponernos límites
si sólo podemos ser
en el amor de Dios?

Benjamín González Buelta sj
En un bosque muy grande y antiguo convivían muchos animales. Esta selva era un lugar plácido, tupido de árboles centenarios y abundante alimentos por doquier. 
Era un gran sitio para vivir. Debido a la ubicación geográfica del bosque existían dos estaciones climáticas: verano e invierno. Y en este bosque los animales empezaban a sentir la incomodidad por el calor sofocante que hacia debido al intenso verano que hacía en aquel momento,…
Para este tiempo escaseaba mucho el agua; la falta de agua estaba creando un ambiente desesperado para la selva y sus habitantes… Sin embargo aún faltaba un suceso más en la vida de aquel bosque…
Aquel día hubo un gran incendio en la selva, el fuego se extendía a grandes chispazos a través de los árboles, mientras tanto, todos los animales huían despavoridos…
En mitad de la confusión, un pequeño colibrí empezó a volar en dirección contraria a todos los demás.
Los leones, jirafas, elefantes, ciervos, venados,… todos muy asombrados miraban al pequeño y débil colibrí, pensando en qué hacía yendo directo hacia el fuego. Finalmente uno de los animales, que no podía creer que el colibrí hiciera toda aquella locura le preguntó: "¿a dónde vas? ¿Estás loco? ¿Qué pasa contigo? Tenemos que huir del fuego inmediatamente". El colibrí, un poco palpitante por el calor del fuego, le contestó: "¿recuerdan que en medio de la selva hay un lago?, pues voy volando a toda prisa, recojo un poco de agua en mi pico y vuelvo para ayudar a apagar el incendio" asombrado, el León, quien entró a la conversación, sólo logró decir: "Estás loco, no servirá en absoluto, tú solo no podrás apagarlo”, el colibrí, en un tono tan seguro como resuelto, respondió:
"Es posible, ¡es posible!, solo estoy cumpliendo con mi parte"
Desafío de hoy para este tiempo de cuaresma.

jueves, 20 de marzo de 2014

El Evangelio es todo lo contrario al temor, es liberación. Es todo lo contrario al peso del fardo que impide caminar, es la fuerza que ayuda a volar. El Evangelio es una forma de vida que ayuda a amar cuando es difícil amar; a esperar cuando es difícil esperar; a creer cuando es difícil creer.
Renato Hevia
Hay personas que hablan "en difícil". Son personas que consideran que cuanto más difícil hablan más intelectuales son o más profundas son sus reflexiones...
Sin embargo, nuestro Maestro, el que nos enseña palabras de Vida Eterna habló a los hombres y mujeres de su tiempo de un modo sencillo, claro y llano. Esa sencillez lleva 2000 años y no pierde ni fuerza ni vigencia. Mucho menos sabiduría...
El arte de comunicarse tiene que ver con que el que me escuche, entienda. Y que yo entienda lo que el otro tiene para decirme...
La sencillez es una virtud...
Aprendamos de Jesús.
@Ale Vallina
Desafío de hoy para este tiempo de cuaresma.
Cuanto más interioricemos que es Dios quien ejecuta nuestra trabajo, más crecerá en nosotros esa paz que el mundo no puede ni dar ni quitar, y más hacedores de paz seremos en este sentido tan especial de la expresión. Ello nos liberará de la presión de basar nuestra autoestima en nuestros éxitos y, a cambio, hará que nos planteemos prioridades diferentes y que escojamos actividades distintas y, por encima de todo, que realicemos estas actividades de otro modo.
Piet van Breemen sj

miércoles, 19 de marzo de 2014

José no era un fanático de la ley. Unía la justicia, la rectitud, con la bondad y la misericordia. Si sólo hubiera sido justo, si únicamente le hubiera interesado el cumplimiento de la ley tendría que haber entregado a su mujer a la muerte. Pero este hombre no quería ser justo frente a la ley sino ante su prometida. La justicia, tal como él la entendía, va dirigida al bien y la salvación de la persona. Sin duda que Jesús aprendió de José a interpretar las leyes de Dios con misericordia.
P. Javier Rojas sj
Me parece una grave perversión difundir esa estúpida idea de que quien recibe la Sagrada Comunión en la mano hace algo malo, o incluso que comete pecado. 
Con esta extrañeza se pierde totalmente de vista la importancia de Aquel al cual se recibe, y la importancia de cuidar la disposición con la cual se lo recibe (en gracia de Dios o en pecado).
Sería como decir que quien recibe la Comunión en la boca lo primero que hace es sacarle la lengua al Altísimo!!!
Por otra parte, si la Madre Iglesia lo permite, nadie tiene nada que objetar!
ROMA LOCUTA, CAUSA FINITA!!
P. Juan Pablo Esquivel.
Desafío de hoy para este tiempo de cuaresma.
Glorioso San José que fuiste protector de la Virgen y de Jesús, te rogamos que cuides de nuestras familias. También ponemos bajo tu amparo nuestras vidas, trabajos y proyectos.
Asístenos en todo momento, en especial en la hora de la muerte.Amén.

martes, 18 de marzo de 2014

Andre Rieu - Ave Maria


En los últimos tiempos, el hombre cansado no ha encontrado en la Iglesia más que a otro hombre igualmente cansado, el cual, por si fuera poco, añadió una falta de honradez, disimulando así su cansancio con palabras y gestos piadosos.
La tarea de la Iglesia consiste en volver a producir hombres con plenitud, llenos de fuerza divina y espíritu creativo... Hombres con madurez humana y no caricaturas angustiadas por el problema de su salvación o atemorizados oyentes de los clérigos.

Alfred Delp, jesuita ejecutado por los nazis durante la II Guerra mundial.

Francisco: El hipócrita no necesita al Señor, se disfraza de santo

Dios no actúa,..., suplantando la libertad humana, sino convocándola; es decir con la atracción o la solicitación, no sólo haciendo posible, sino preservándole y sosteniéndola. Hablando antropológicamente, ella supone un riesgo para Dios: el riesgo de que la creatura se niegue a aceptar su ofrecimiento y le impida realizar su intención. Pero supone también la oportunidad única para la expansión libre de la acción creadora. Por eso el hombre, como por desgracia lo estamos viendo cada día, puede interferir negativamente en la creación, destruyendo la naturaleza y explotando o matando al hermano. Pero también puede prolongarla positivamente, colaborando con Dios en su contínuo afán salvador al fomentar el bien y remediar el mal, amando al prójimo, creando cadenas de solidaridad, trabajando por una humanidad más libre, justa y fraternal, así como por una tierra más habitable.
Andrés Torres Queiruga sj
Desafío de hoy para este tiempo de cuaresma.

lunes, 17 de marzo de 2014

Como un ánfora de barro mi corazón se llena
cada día de Ti. Cada día que pasa
más y más Tú te adueñas de mi frágil vasija
dándome desde adentro tu luminosa altura.
Mi voz tan quebradiza atalaya las tuyas.
Estoy marcado en medio del alma por tus manos,
Alfarero tan íntimo, arcilla de los arroyos
que me salpican siempre melodiosos cantares.
¡Qué frágil es mi barro para que Tú lo mires!
Qué fuerte tu ternura para que no me raje.
Cómo sabes amarme sin que yo me haga añicos.
Sólo Tú me has cocido para tenerte dentro.
Señor, hasta los bordes de mi arcilla pequeña
lléname cada aurora de tu luz infinita.
Que no quede ni un hueco de mí mismo jamás
para otra sed distinta de la tuya, Dios mío.

Valentín Arteaga
Continuamos el recorrido a partir del libro “Los personajes bíblicos de la Cuaresma y del tiempo de Pascua. Lectio Divina” de Pier GIORDANO CABRA, conociendo a distintos personajes de este tiempo litúrgico.

En el día de hoy rezaremos con “PEDRO, SANTIAGO Y JUAN. LA TRANSFIGURACIÓN”
Meditatio
Pedro, Santiago y Juan son verdaderamente compañeros de camino en el seguimiento de Jesús hacia la Pascua. Llenos de contradicciones, son capaces de reconocer en su Maestro al mesías y, al mismo tiempo, no comprenderlo. Dentro de ellos se entrelazan y se confunden el conocimiento auténtico de él con sus expectativas y su idea de mesías. Jesús es inexorable al reeducar sus concepciones humanas y, al mismo tiempo, es paciente al crear en ellos el espacio para acoger y comprender la verdad en su totalidad mediante la experiencia de la transfiguración, de la cruz y, finalmente, de la resurrección.
Cuántas veces también nosotros, afectados por el sufrimiento o por pruebas que nos parecen incomprensibles y superiores a nuestras fuerzas, nos interrogamos sobre aquella fe que en otros tiempos parecía darnos la razón de todo con extrema claridad. Cuántas veces revestimos al Señor con nuestras ideas, nuestras expectativas y nuestros (pre)juicios; llega después la confrontación con la cruz y quedamos consternados. Se hace entonces importante saber habitar la soledad como lugar de encuentro auténtico y profundo con Dios, sin perder de vista el hecho de que la luz es don gratuito que no podemos manipular ni programar, sino solamente acoger. Así hicieron los discípulos que, a pesar de todo, se dejaron conducir por Jesús al monte, en soledad, y después continuaron su seguimiento hasta la cruz aun sin entender, aun con la dificultad y el esfuerzo de un seguimiento tan exigente.
En tiempo de duda y de desorientación se nos puede dar, como a ellos, una luz que nos confirme en la fe, y puede llegar a través de una persona, o en la oración, o escondida en la trama de la vida cotidiana. Probablemente no se tratará de una experiencia llamativa y será necesario prestarle atención para captarla; tal vez no intuyamos inmediatamente su sentido y su valor, pero se mantiene en nuestro interior y nos sostiene, como les sucedió a los apóstoles, que pudieron comprender el significado de la transfiguración solo después de la cruz y la resurrección. Como ellos, nosotros podemos ya ahora seguir a Jesús tal como somos, con nuestras contradicciones, aunque al aproximarnos a Dios experimentemos el temor al mismo tiempo que la belleza, como Pedro. A cada uno de nosotros nos dice el Padre: «Este es mi Hijo amado, escuchadle».
Oratio
Señor Jesús, Hijo amado del Padre, en la noche de la prueba, en la duda y en la incomprensión, cuando aumenta la angustia y seguirte se hace difícil, concédeme saber dejarte a ti la iniciativa. Concédeme continuar siguiéndote, aunque todo me parezca absurdo e incomprensible. Ayúdame a buscar no tanto el entender cuanto el reconocer y acoger las luces que me ofreces escuchando tu Palabra, dejándome interpelar por tu misterio. Dame un corazón humilde, que no tenga la presunción de conocerte tan bien que dé por descontado lo que eres. Fortalece en mí la valentía de volver a ponerme en juego cada vez que destruyas mis convicciones para hacer cada vez más profundo y verdadero el conocimiento de ti. La experiencia dulce y confortante de tu presencia y la percepción de un destello de tu belleza, que se trasluce por las cortinas de mis nieblas, sea dentro de mi luz resplandeciente que no me haga encerrarme en mí mismo, sino que me dé fuerza para recorrer las curvas de la existencia con la certeza de tu resurrección. Amén.
Contemplatio
«Era necesario que los apóstoles albergaran con todo el corazón aquella fuerte y bienaventurada entereza y no temblaran ante la dureza de la cruz que tenían que tomar. Era necesario que no se ruborizaran del suplicio de Cristo ni consideraran que era una vergüenza para él la paciencia con la que tenía que padecer los sufrimientos de la Pasión sin perder la gloria de su poder. Así, “Jesús tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan” (Me 9,2), subió con ellos a un monte, aparte, y les manifestó el esplendor de su gloria [...].
Sin duda, la transfiguración tenía como primer objetivo remover del corazón de sus discípulos el escándalo de la cruz, para que la humildad de la Pasión, libremente sufrida, no perturbara la fe de aquellos a los que se les había revelado(…)
Lo que la lectura de este evangelio, que nos muestra a Dios, a Cristo Hijo de Dios, quiere expresar es lo siguiente: «Los hombres lo golpearán, los hombres le escupirán, pero no es un derrotado; es él el que se abandona a los hombres por amor. Es un bien deslumbrante de victoria en la aparente derrota». Pero entiendo que en el fondo Pedro y los demás no hayan comprendido nada. Es humano, porque es muy difícil entender y comprender lo que es el punto de vista más difícil de todos: el punto de vista de Dios. Por consiguiente, entiendo cómo ante este Cristo transfigurado, misteriosamente terrible, majestuosamente grande, ante él, Pedro dijera: «Qué bien se está aquí; es hermoso estar aquí». [...], Transfiguraba en realidad objetiva lo que era realmente una transfiguración humana. Se queda tan deslumbrado por la revelación que casi quiere apartar a Cristo de su misión, de su camino a Jerusalén, y querría que cambiara de camino y de meta. También por él, pobre Pedro, siente temor; escucha de nuevo las palabras de Cristo que anuncian la Pasión y, temblando, dice: «Maestro, quedémonos aquí» [...].
Pero cuando Cristo lleva la cruz, ¡qué difícil, duro e inaceptable es seguirle! Y, sin embargo, Cristo baja del Tabor porque su misión no está allí, sino en otro lugar; está allí donde hay hombres que tienen hambre y sed; allí está su misión y la de todo cristiano.
(La voce di don Bensi. Vangeli a 5. Michelino, Librería Editrice Florenti¬na, Firenze 1986, pp. 93-95).


Desafío de hoy para este tiempo de cuaresma.
¿En alguna ocasión te has sentido marginado o excluido?
¿Has podido experimentar el dolor de no sentirte respetado ni apreciado?
Imagina ahora a las millones de personas en el mundo que hoy se sienten excluidas y expulsadas por un sistema que privilegia a unos pocos en detrimento de muchos. Según estadísticas, más o menos fehacientes, el 95% de la riqueza del planeta se halla en las manos de menos del 5% de la población mundial. Esta cifra espanta y perturba. Se asemeja a un aguijón clavado en el pie….Podemos olvidarnos de que está allí, pero cada paso que damos, nos lo recuerda.
Es cierto que cada uno de nosotros, en forma solitaria, poco podemos hacer para cambiar al mundo. Pero también es real que si nos quedamos inmóviles el sueño de un mundo más justo y equitativo no se concretará jamás.
La ayuda que podamos ofrecer soluciona una parte de la situación. Pero los problemas coyunturales no pueden ser atacados con soluciones aisladas y momentáneas. Necesitan que nos involucremos de verdad y seriamente. No sólo con el bolsillo, sino y sobre todo, con el corazón.
El papa Francisco lo decía hace pocos meses: “si das dinero a alguna persona que mendiga y no lo miras a los ojos, o si ni siquiera deseas rozarle la mano por temor a ensuciarte no estás dando por amor”. Es dar para acallar la conciencia. Nada más.
Los alimentos pueden solucionar el problema del hambre, pero la solución a largo plazo implica que todos reconozcamos que nada nos pertenece, que todo nos ha sido dado. Que compartir es lo que vino a enseñarnos Jesús quedándose en la Eucaristía. Que el pan compartido es vida nueva para quien lo da y para el que lo recibe…
Ya no podemos mirar las noticias en la tv o leer en los periódicos y espantarnos de las cifras de muertos por hambre o violencia. Tenemos que ayudar desde nuestras posibilidades. Compartir tiempo, recursos, sueños, proyectos, alegrías y tristezas…
En este día que termina podemos preguntarle al Señor dónde nos necesita, ¿en qué sitios nuestras manos pueden aliviar el dolor de otros?, ¿y a qué misión hemos sido llamados por Él?
Pasamos una sola vez por esta vida…¿Podemos hacerlo con tanta indiferencia?
@Ale Vallina

domingo, 16 de marzo de 2014


«El sentido de la cuaresma »


«Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, los llevó aparte a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús. Pero dijo a Jesús: “Señor, ¡qué bien estamos aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: “Éste es mi Hijo muy querido, en quién tengo puesta mi predilección: escúchenlo”. Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra llenos de temor. Jesús se acercó a ellos, y tocándolos, les dijo “Levántense, no tengan miedo”. Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó. “No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.».
Mt. 17, 1-9

La cuaresma no es el tiempo que elegimos los cristianos para “sufrir un poco y hacer algún sacrificio”, como si ello fuera una condición necesaria para convertirnos en discípulos de Jesús. Nuestra fe no se define ni por el dolor que padecemos ni por el sacrificio que hacemos.  Tampoco por el miedo al castigo y el infierno como creen algunos  sino por el amor que brota de nosotros como respuesta a Aquel que nos amó primero (Cfr. 1 Jn 4, 19). Sospecho que quienes tienen cierta obsesión por engendrar miedo al castigo y al infierno en el pueblo de Dios, lo hacen porque para ellos el amor no tiene la fuerza suficiente para convertirlos en mejores personas y buenos cristianos. La diferencia que existe entre el «amor a Dios» y el «temor al infierno», es que mientras el miedo te hace obediente a la ley de Dios, sólo el amor te convierte en verdadero discípulo de Aquel que nos amó primero.  Ese Dios infinitamente amoroso porque Él es el AMOR.
 Ahora bien, si por vivir el mandamiento del amor (Cfr. Jn 13, 34) pasamos por el dolor y el sacrificio eso significa que hemos asociado nuestra vida a la de Cristo.
Este tiempo de oración, penitencia y limosna como definimos a la cuaresma, tampoco es el momento del año en que nos dedicamos a hacer ayunos o dejamos de comer carne los viernes. El ayuno debe convertirse en un  gesto de solidaridad con aquellos que por injusticia social pasan hambre o se alimentan de los restos de comida que arrojamos en los tachos de basura. Si decides ayunar ofrece ese plato de comida al que no tiene. El verdadero ayuno y sacrificio es el que nos hace salir de nosotros mismos para encontrarnos con la necesidad del hermano. No juguemos a ser buenos cristianos en este tiempo para alimentar la vanidad y la soberbia. ¡Tengamos cuidado de no parecer justos por fuera pero por dentro estar  llenos  de hipocresía e iniquidad! (Cfr. Mt 23, 28)
Entonces, ¿Qué sentido y valor tiene para nosotros este tiempo especial de cuaresma?
El evangelio de la transfiguración del Señor nos ofrece la clave para comprender por qué la cuaresma es un momento especial. Del relato del evangelista podemos extraer tres momentos en los que debemos profundizar en este tiempo de cuaresma. 
El primer momento; Volver a hacernos conscientes de que somos elegidos, amados, tomados por Jesús e invitados a estar con Él. Dice el evangelio que «Jesús tomo a Pedro, Santiago, y Juan».  Jesús nos llama a vivir como él  en las alegrías y en las penas, en los triunfos y en los fracasos, en la vida y en la muerte [Cfr. EE 93]. En definitiva, vivir en la presencia de Dios con la consciencia de que nos acompaña y sostiene. Sabiendo  que lo que define nuestra vocación de cristianos es el amor a Dios y al prójimo… amando a los demás como Él nos ama.
Reflexionemos, entonces, ¿cómo es nuestro modo o estilo de vida? ¿Es sencilla y humilde como lo fue la del  hijo del carpintero o está llena de tramas y negociaciones al estilo de los integrantes de la corte de Herodes? ¿Percibes como el amor de Dios va modificando y transformando tu vida por dentro, o solo mejoras un poco la fachada mediante la formalidad de las prácticas religiosas?
El segundo momento está marcado por el tiempo que reservamos para estar a solas con Jesús. Afirma Mateo que los tres discípulos fueron «llevados a un monte elevado». Este es el momento en que nos dedicamos a crecer y madurar en nuestra fe en el silencio y la soledad de la oración, en un retiro espiritual, por ejemplo, y donde aprendemos a estar con Jesús. La experiencia de desierto nos ayuda también a tomar distancia de lo que vivimos para dejar que la perspectiva de Dios nos permita ver los acontecimientos y situaciones que vivimos de manera nueva.
Cuando dedicamos un momento a mirar lo que vivimos desde la fe, todo toma un sentido distinto. El mismo Jesús adquiere nueva presencia. Está transfigurado y lo reconocemos presente en todo como el amigo que nos acompaña en nuestro caminar. Jesús es maestro, hermano y amigo. Es  quien nos ha mostrado el corazón misericordioso de Dios.
Reflexionemos; ¿Dedico un tiempo a estar a solas con Jesús? ¿Lo considero mi amigo? ¿Puedo reconocerlo presente en lo que vivo cotidianamente?
El tercer momento clave en este tiempo de cuaresma es reconciliarnos con nuestra propia condición de creatura. No somos dioses ni podemos lograr siempre todo lo que nos proponemos. El mayor logro en nuestra vida es reconocer nuestra propia verdad que no nos limita, sino que por el contrario nos plenifica. Reconocernos limitados no nos vuelve imperfectos sino dependientes del amor de Aquel que nos ha prometido estar con nosotros siempre.
Señala Mateo que cuando oyeron la voz que decía «Éste es mi hijo muy querido, en quién tengo puesta mi predilección» los discípulos cayeron con el rostro en tierra llenos de temor.
Cuando Jesús nos ilumina con su gracia, cuando se transfigura y su luz ilumina toda nuestra existencia, nos damos cuenta que somos hombres necesitados, frágiles, incoherentes, heridos. Caemos en la cuenta que seguir a Jesús no es sólo cuestión de entusiasmo o esfuerzo sino que es la gracia de Dios quien nos «pone con su hijo», -como diría San Ignacio- para estar con Él.
Reflexionemos; ¿Recurro a Dios sólo cuando ya no tengo fuerzas para luchar? ¿Lo considero como una “amuleto de la suerte” para conseguir lo que quiero? ¿Vivo mi fe con confianza en la presencia constante de Jesús o sólo cuando lo necesito?
La cuaresma es un tiempo especial para estar a solas con Jesús. Es un ascenso hacia el corazón de Dios para comprender lo “misterioso que es su amor”. Es el momento que dedicamos los cristianos a preparar el corazón para acompañar a Jesús en su camino de la cruz.
Pidamos a Dios que este tiempo de cuaresma sea para nosotros un momento para crecer en el conocimiento de su amor. 

P. Javier  Rojas sj



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