sábado, 19 de abril de 2014

«Dar el paso»



«Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a  visitar el sepulcro. De pronto, ser produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos. El Ángel dijo a las mujeres. “No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba y vayan en seguida a decir a  sus discípulos: ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán”. Esto es o que tenía que decirles”. Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y corrieron a dar la noticia a los discípulos. De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: “Alégrense”. Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: “No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán».
Mt 28, 1-10

Lo primero que tenemos que saber los cristianos es que ningún hombre o mujer nace feliz o desgraciado, sino que llegamos a vivir de tal manera según los pasos que damos en nuestra vida. Que son nuestras elecciones las que nos conducen a gozar de la dicha de ser felices o vivir en la desgracia, en la tristeza o la desesperación.
Lo segundo que tenemos que aprender es que la felicidad no está a la vuelta de la esquina, ni la encontramos perdida en la calle. Que no viene de ver arruinada la vida de los que consideramos enemigos, ni de la desgracia que cae sobre aquellos que pudieron hacernos daño. Para ser feliz hace falta caminar con los ojos puestos en el cielo, y el corazón, encarnado en este mundo haciendo el bien.
Lo tercero que tenemos que aceptar es que la felicidad nunca es completa en este mundo, pero que aún así podemos llenar de suficiente alegría nuestra vida y contagiarla a los demás. No hay que renunciar a gozar de las pequeñas cosas que la vida nos da. No caigamos en la tentación de creer que la felicidad está asociada a grandes hazañas, ni a nada donde la «polilla y la herrumbre la destruyen» (Cf. Mt 6, 19). En esta vida no podremos conseguir todo lo que queremos pero, sin embargo, podemos ser profundamente felices.
Ahora bien, en referencia a las lecturas que hemos escogido esta noche, me gustaría señalar 5 pasos que necesitamos dar para gozar de felicidad junto a la resurrección de Cristo. Son 5 pasos que nos harán salir de la oscuridad de la tristeza para adentrarnos en el umbral de la felicidad que Cristo ha conquistado para nosotros.
1.        De las tinieblas a la luz (Gn 1, 1-2,2): Esto significa comenzar por valorar y reforzar lo bueno que hay en ti. Aprende a descubrir y disfrutar lo bueno que eres. Deja de compararte con los demás y reconoce lo maravilloso que hay en ti. Hay personas que buscan constantemente la aprobación de los demás, porque temen equivocarse. Existen hombres y mujeres que no saben aún lo valiosos que son. Es urgente que salgas del lamento que oscurece tu vida, y des el paso a la luz del agradecimiento. Aprende que vivir es una aventura fascinante y que las equivocaciones son un manual de futuros aciertos.
2.       De la esclavitud a la libertad (Ex 14, 15-15, 1ª): Significa asumir serenamente tus límites y debilidades. No te encierres masoquistamente en tus dolores. No vivas atado al pasado, encadenado a la añoranza y la amargura. Muchos viven con la culpa sobre sus hombros llevando una cruz que ellos mismos eligieron. Libera a las personas que has sepultado bajo el rencor y resentimiento. Libérate de la ira y de la venganza, y comienza  a vivir libremente.
3.       Del corazón de piedra al corazón de carne (Ez. 36, 17ª. 18-28); Significa vivir abiertos al prójimo. Tratar de comprender y aceptar tal y como son los demás: distintos. No son esencialmente malos, porque han sido creados a imagen y semejanza de Dios, son personas que tal vez necesitan de tus gestos de ternura y compasión para volver a creer en Dios. Busca siempre lo que te une a los demás antes que centrarte en aquello que te separa. Afirma aquello en lo que coincides más que en lo que discrepas. Aprende a renunciar en algunas cosas si es para un bien mayor, siempre que no sean valores esenciales. No mires al otro como enemigo tuyo, porque es tu hermano.
4.  De la vida del pecado a la vida de la gracia (Rm. 6, 3-11); Significa creer «descaradamente» en el bien. Tener confianza en que a la larga –y a veces muy a la larga- el bien y la verdad terminarán imponiéndose.  No desesperes si otros avanzan más rápido por caminos torcidos. Mantente firme en el camino del bien y confía en la lenta pero eficaz vida de la gracia de Dios que vive en Ti.
5.    De la muerte a la vida Mt. 28, 1-10); Significa haber descubierto que Dios es alegría y que una religiosidad que aplasta y estrecha el alma con culpabilidad y falta no puede ser verdaderamente cristiana. Dios, no es el juez que condena, sino el Dios de la vida. Saber que Dios ha vencido la muerte es un llamado a vivir con ganas. Gastar nuestras vidas por aquellas cosas que ensanchan el alma y hacen sonreír a los demás.

 Para Resucitar con Cristo es fundamental Dar el paso hacia él y como dice el P. Hurtado: Dar el paso es tomar un camino nuevo; es penetrar en un cierto orden diferente del orden común que aún no ha sido abandonado; en una palabra, traspasar la frontera del mundo para unirse místicamente... Somos apremiados a renunciar de una vez por todas  a todos los intereses, a todas las voluntades propias, a realizar el sacrificio completo; a ponernos en una total desnudez espiritual. En esta pérdida de nosotros mismos, no se ve, por un instante, más que el horror casi infinito. Se duda ante el vacío horrible que se va a producir, pero ni nos imaginamos la plenitud que le sigue si se acepta, si se abandona, si se da el paso. Solamente se experimenta que este drama íntimo es extremadamente serio, si se tiene la valentía de no retroceder. Será tomada la palabra, y uno se perderá totalmente. Se trata de una angustia totalmente distinta de aquella que precede a las resoluciones ordinarias de la vida cristiana. Ellas acarician siempre un poco más o menos de amor propio; ellas encantan la imaginación. Después de todo, no se cambia de Maestro, uno se mantiene el capitán de su alma, como dijo un poeta inglés. Aquí, por el contrario, se cede, se va a entregar todo el propio ser, lo más querido, lo más profundo. En la primera conversión, no se cede más que el uso del alma, en la segunda conversión, se cede la propiedad del alma... El hombre no vive más. Dios vive en él.
 Da el paso! Resucita con Cristo, no te quedes llorando en el sepulcro.
P. Javier  Rojas sj



María, madre de Jesucristo y madre Nuestra, tu que estás junto a nuestras cruces como permaneciste junto a la de Jesús, sostén nuestra fe, para que aunque estemos inmersos de dolor, mantengamos la mirada fija en el rostro de Cristo en quien, durante el sufrimiento extremo de la cruz se manifestó el amor inmenso de Dios. Madre de nuestra esperanza, danos tus ojos para ver más allá del sufrimiento y de la muerte, la luz de la resurrección. Danos un corazón sensible para seguir amando y sirviendo también en medio de las pruebas. María Madre, Virgen de los Dolores, ruega por nosotros para que cuando el dolor nos visite logremos decir: “Hágase tu voluntad”

Amen

jueves, 17 de abril de 2014

«¿Comprenden lo que he hecho con ustedes?»


« Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle, sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, se levantó de la mesa, se quitó sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en un lavatorio  y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido. Llego a Simón Pedro; éste le dice: «Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?». Jesús le respondió: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más tarde». Le dice Pedro: «No me lavarás los pies jamás». Jesús le respondió: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo». Le dice Simón Pedro: «Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza». Jesús le dice: «El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos». Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: «No están limpios todos». Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: «¿Comprenden lo que he hecho con ustedes? Ustedes me llaman “el Maestro” y “el Señor”, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Porque les he dado ejemplo, para que también ustedes hagan como yo he hecho con ustedes».


Jn. 13, 1-15

Jesús dijo en varias ocasiones que vino al mundo a cumplir la voluntad de su Padre. ¿Cuál es la voluntad del Padre? También dijo que: «El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que han oído no es mía, sino del Padre que me envió».
Estas palabras que hemos oído en boca de Jesús fueron expresión de la misericordia, la comprensión y el deseo de Dios de establecer una amistad con nosotros.  En cada encuentro  vimos a Jesús poniéndose en el lugar de aquellos que fue enviado a amar y servir. Los comprendía, podía entender sus miedos y anhelos, supo sentir sus dolores y angustias, por eso sus palabras penetraban tan dentro del corazón de los que lo oían que generaba conversión.
 «¿Alguien te condena?» preguntó a la pecadora pública para decir luego «yo tampoco vete y no peques más». Se detuvo ante la curiosidad de Zaqueo para decirle «baja pronto hoy tengo que alojarme en tu casa», y produjo en aquel hombre un explosión de generosidad y desprendimiento. Se acercó al paralítico que llevaba 38 años postrado esperando que se agitara el agua de aquella fuente y le dijo; «levántate, toma tu camilla y camina».
Estás palabras de Jesús, expresaban el deseo del Padre de manifestar a la humanidad entera el amor que está dispuesto a derramar sobre nosotros.
Esta humanidad cargada de dolor, de humillación, de engaño, de miedo, de pecado, siente profundamente la necesidad escuchar palabras de ternura y de amor. Palabras que no condenen sino que comprendan, que no reprochen sino que busquen conocer, y que no juzguen apresuradamente sino que abran al diálogo y la reconciliación.

Jesús, enseñó a sus discípulos todo lo que escuchó decir a su Padre, pero, ¿habían entendido bien todo?
Compartió tres años de su vida con ellos pero necesitaba sellar el mensaje del que era portador con un gesto que resumiera la misión que iba a encomendarles ahora.  ¿Habían captado los discípulos en profundidad la misión que el Padre había encomendado a Jesús?
 Jesús, conocía la dureza y cerrazón del corazón para comprender la misericordia y amor del Padre. Fue testigo de la dificultad del hombre en aceptar relacionarse con Dios como Padre, por ello quiso expresar y dejar en un signo, el gesto concreto de amor: La eucaristía.
Hoy recordamos aquel primer Jueves Santo de la historia, en el que Jesucristo se reúne con sus discípulos para celebrar la Pascua de la nueva Alianza en la que se ofrece en sacrificio por la salvación de todos.
Pero la Eucaristía, presencia real de Cristo, no puede estar separada del servicio. La eucaristía es Cristo viviendo en medio de la comunidad, y alentando, por medio de su Espíritu, la misión de la iglesia que se extiende hasta el final de los tiempos. La eucaristía es el signo de amor expresado al límite de la locura.
Al recibir la eucaristía nos comprometemos con Cristo en imitar su vida de amor y servicio a los que sufren. Nos hacemos eco de las palabras de ternura y misericordia que  Dios quieres seguir pronunciando para aquellos que se encuentran humillados y despreciados. El que ama sirviendo no se humilla, sino que se vuelve compasivo ante la miseria y  el dolor ajeno.  Cuando Pedro se negó a que Jesús le lavara los pies, le dijo «Si no te lavo, no tienes parte conmigo», y con estas palabras le estaba diciendo que el discípulo no sólo comparte con Cristo su vida en la eucaristía sino también el servicio a los demás.
El servicio a los demás nace del amor, y al comulgar nos convertimos en prójimo del que sufre como nos enseñó Jesús. La eucaristía y el servicio no pueden separarse sin que ambos pierdan el sentido más profundo.  Porque el servicio que nace de la eucaristía, no es fruto de voluntarismos ni del afán de buscar reconocimiento, sino del encuentro personal con Cristo humilde. No servimos a los demás porque creemos que somos mejores o más poderosos que los demás. No salimos al encuentro del que necesita para mostrar nuestra superioridad. El servicio, del que nos habla Jesús, es fruto del amor. Amar y servir es un binomio que convierte nuestra oración y nuestra misión como cristianos en posibilidad de mejorar el mundo al estilo de Jesus.
Asumir el estilo de Jesús, no es simplemente un lema, es un compromiso serio y exigente que requiere de oración y eucaristía. Pero que además, necesita que salgamos de nosotros mismos para acercarnos al  escuchar el clamor de ayuda de un hermano.  Al brindar una mano no nos convertimos en «mejores personas», sino en hermano del otro.
En este día en que recordamos el gesto más grande de amor y de servicio que Dios nos ha expresado en su Hijo, nos anime a alimentar nuestra vida con los principios esenciales del ser cristiano: Amar y Servir. 
P. Javier  Rojas sj

"Recibe el Evangelio de Cristo, del que ahora eres heraldo. Cree lo que lees, enseña lo que crees y practica lo que enseñas".

miércoles, 16 de abril de 2014

En mi Getsemaní (videoclip cristiano)

¿Qué le preguntaría a Cristo?
Cardenal Carlo Martini
«Le preguntaría si me ama a pesar de que soy débil y de que he cometido tantas faltas. Yo sé que me ama, pero aun así quisiera escucharlo nuevamente de sus propios labios.
· También le preguntaría si en la muerte me vendrá a buscar, o si me recibe. Le pediría que en las horas difíciles, en la despedida o en la muerte, me envíe ángeles, santos o amigos que me tengan de la mano y me ayuden a superar mi temor.
· Antes tenía otras preguntas, hoy le pido que me acepte y no me deje solo.»
Creaste los planetas desde tu poder,
hiciste el universo desde tu poder,
rompiste la tiniebla con la fuerza de tu luz,
desde tu poder, por tener poder.
Brotaron los arbustos desde tu poder,
volaron los halcones desde tu poder,
pintaron el olivo en pico de paloma,
desde tu poder, por tener poder...
Todo cuanto hay en la vida,
de ti ha recibido el aliento
y los hombres que te siguen
todos decimos saberlo.
Cuando broten los olivos
y el sol llene de luz los senderos,
nunca olvidemos jamás
que cual tú hemos de hacerlo.
Salvar al hombre quieres sin tener poder,
acampas en la tierra sin ningún poder.
Tu fuerza de ser Dios te la anulas siendo niño,
te quitas poder, pierdes tu poder.
Aquellos a quien llamas, lo haces sin poder,
les invitas a ser pobres sin ningún poder,
les dices que tan solo siendo niños servirán,
pobres de poder, niños sin poder.
Mi Dios, necesito saber
por qué tu pobreza salva al hombre,
y el misterio de la cruz nos abre un nuevo horizonte.
Hazme entender mi Señor,
por qué tu ser sobre todo nombre
ha renunciado al poder
y opta ser pequeño y pobre.

Brotes de Olivo (Mi casa está en ruinas)

El Papa Francisco regalará 1200 Evangelios a presos de Roma el Miércoles Santo

El Papa Francisco regalará 1200 Evangelios a presos de Roma el Miércoles Santo
Cuántas traiciones Jesús. Cuántos amigos que no lo son. Cuánta desolación se acerca. Un mundo te abandona y sin embargo, sigues. Tu confianza en el Padre es total. Es auténtica. Y no de decae aún ante el terremoto que se acerca…
Jesús mío, continúo acompañándote. No quiero dormirme. No deseo huir. Le ruego a tu Madre, la Fiel, que me regale una porción de su fidelidad, para no correrme del camino de tu Pasión.
Jesús desearía ser una contigo y vivir a tu lado estos días decisivos. Otórgame esa gracia. Amén.

@Ale Vallina
No es cierto que al justo le vaya bien y al malvado mal. A veces parece que a las personas buenas les suceden las peores tragedias, mientras gente sin escrúpulos ni corazón goza de todas las satisfacciones. Dios, Dios de vida, ayúdanos a comprender el dolor del hombre justo. El dolor de quien elige no dar la espalda a su hermano. El dolor de quien elige amar, aunque no sea correspondido. Ayúdanos a comprender tu justicia inmortal, también cuando el dolor golpea.
Fuente Pastoral sj

¿A quién vamos a ir? - P. Germán Pravia

martes, 15 de abril de 2014

¿Soy como Pilatos?. ¿Soy como Magdalena?. ¿ Me parezco a Caifás?. ¿ Me comporto como Pedro?. ¿ Soy como Juan?. ¿ Soy como Judas?. ¿ Me parezco a María?.
¿ Aspiro a ser, aunque sea un poco, como Jesús?

Martes Santo entre Betania y Jerusalén. Entre el hogar y la intemperie. Entre el calor de los tuyos y la frialdad de quienes no te entienden.
José María Rodríguez Olaizola sj
Tenemos, en nuestra esencia, forma de cruz. Estamos clavados a nuestro propio ser. Y debemos soportarnos a nosotros mismos con las contradicciones que amenazan desgarrarnos. Pero si las aceptamos, descubriremos en nosotros mismos un centro que sostiene todas las diferentes aspiraciones que hay en nosotros. La cruz nos hace amplios cuando la aceptamos. Y hace que seamos abiertos.
La cruz nos muestra el camino de la verdadera humanización. Para la humanización, hemos de decir sí a las contradicciones que viven en nosotros. Como personas, pertenecemos tanto a la tierra como al cielo. Estamos entre la luz y la oscuridad, entre Dios y la persona, entre el hombre y la mujer, entre las alturas y las profundidades, entre el bien y el mal. La persona es una cruz.

Anselm Grün

lunes, 14 de abril de 2014

Quién es este Jesús al que acompañamos en esta semana santa?

“Yo soy el pan que ha bajado del cielo”.
(Jn 6, 41).

“Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que Yo daré es mi carne, y la daré para vida del mundo”.
(Jn 6, 51).

"Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá luz y vida".
(Jn 8, 12).

“Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy”.
(Jn 8, 27).

"Yo soy la puerta: el que entra por Mí está a salvo".
(Jn 10, 9).

"Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por sus ovejas".
(Jn 10, 11).

“Yo soy el Buen Pastor; y conozco a mis ovejas y las mías me conocen a Mí”.
(Jn 10, 14).

“Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; Yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo”.
(Jn 10,17 - 18).

“Yo y el Padre somos uno, (...). El Padre está en Mí y Yo en el Padre”.
(Jn 10, 30. 38).

"Yo soy la resurrección. El que cree en Mí, aunque muera, vivirá".
(Jn 11, 25).

“El que me ve a Mí, ve a Aquel que me ha enviado”.
(Jn 12, 45).

"Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida".
(Jn 14, 6).

“El que me ha visto a Mí, ha visto al Padre”.
(Jn 14, 9).

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre el viñador”.
(Jn 15, 1).

.....................
¿Mi tierra?
Mi tierra eres tú. 
¿Mi gente?
Mi gente eres tú. 
El destierro y la muerte
para mi están adonde
no estés tú. 
¿Y mi vida?
Dime, mi vida,
¿qué es, si no eres tú?

Luis Cernuda
Jesús presentía que Lázaro volvía a la vida porque, por su propia entrega, Él descendía a la tumba que Lázaro dejaba vacía. Que Lázaro iba a vivir y Él a morir. Celebraba la fiesta en casa de Marta y María en donde era ungido con el perfume, porque la última pascua, sería únicamente la suya. Y lo quería, con su amor "hasta el extremo", para resucitarnos de nuestras tumbas a todos los que creemos en Él y en su Amor desmesurado...
Xavier Quinzá LLeó
Ayúdanos Señor a entender tu muerte...
Enséñanos Señor a comprender la muerte del hombre justo... 
Que comprendamos cuántas veces te crucificamos con nuestras acciones y omisiones...
Danos esta gracia, Señor...

[TEXTO COMPLETO] Homilía del Papa Francisco en Misa de Domingo de Ramos

[TEXTO COMPLETO] Homilía del Papa Francisco en Misa de Domingo de Ramos

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